4 de abril de 2009

[Cine] Watchmen

Lo que podéis leer a continuación es una crítica (bastante negativa además) hacia la película de Watchmen. La escribo sencillamente para desahogarme después de haberla visto y no pretendo buscar ningún tipo de polémica. En ella no sólo dejo a esta adaptación bastante mal parada, sino que también desvelo muchos spoilers (tanto de la propia película como del cómic). Podéis seguir leyengo si lo deseáis, pero hacedlo bajo vuestra propia responsabilidad. Finalmente, tened en cuenta que no sólo es una crítica demoledora hacia la película, sino también un alegato a favor de la obra original, la obra inadaptable.



En 1986 el mundo del cómic cambió para siempre. Ese fue el año en el que Alan Moore y Dave Gibbons publicaron el primer número de una maxiserie de doce (y no una novela gráfica como los spots de la película se empeñaron en indicar, pues que se publiquen recopilados en tomo en absoluto los convierte en novela gráfica) titulada "Watchmen". Moore y Gibbons quisieron explorar terrenos nunca antes explorados en un cómic, experimentando nuevas formas de narrativa y temáticas adultas de gran complejidad y profundidad. El resultado fue una obra maestra, un cómic adulto con múltiples lecturas cargado de simbolismo y de mensajes filosóficos, políticos, sociales e incluso religiosos.

Sin ninguna duda, fue un punto de inflexión dentro del mundo del cómic, pero no precisamente para bien. Es cierto que "Watchmen" sentó las bases y mostró el camino para que otras obras alcanzasen niveles absolutamente insospechados (¿Acaso hubiesen sido posibles obras posteriores como "The Sandman" o "Fables" sin "Watchmen"? Yo creo que no), pero lo que realmente perduró de ella no fue el trasfondo político o el contenido filosófico. Ni siquiera fueron los recursos narrativos que inventó. Fue lo más superficial y accesorio: el estereotipo del héroe amoral e hiperviolento para el que el fin siempre justifica los medios. Gran parte de los cómics de los 90 fueron hijos bastardos de "Watchmen", pretendidos herederos de aquello que "Watchmen" había alcanzado pero carentes de todo criterio y de cualquier atisbo de calidad. Fue la época del héroe hipermusculado e hiperhormonado, armado hasta los dientes y sin ningún tipo de moralidad. La época de las heroínas hipersexualizadas que se convertían en mortales objetos sexuales, pero objetos al fin y al cabo. Desgraciadamente, ese fue el legado más directo de "Watchmen".

¿Por qué menciono todo esto? Pues porque me parece que eso es lo que ha sucedido con la película de Watchmen. Su director, Zack Snyder, ha pretendido realizar una fiel adaptación de la obra de Moore y Gibbons. Ha querido condensar todo lo que es "Watchmen" en una película de algo más de dos horas: todos los subargumentos, todo el trasfondo político, todo el trasfondo psicológico de los personajes... ¿Habéis oído alguna vez esa expresión que dice "quien mucho abarca, poco aprieta"? Pues, a mi entender, eso es lo que le ha sucedido a Snyder. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que no sólo se queda a años luz de conseguir adaptar todo lo que es "Watchmen", sino que su pretendida "adaptación fiel" comete los mismos errores y transmite el mismo vacío mensaje que los cómics de los 90.

En el cómic de Watchmen no hay héroes, ni siquiera antihéroes. Únicamente hay personajes tristes y decadentes, sombras que se arrastran por el oscuro presente después de un pasado glorioso. Son vestigios de héroes, esperpentos que nos muestran lo débiles y estúpidos que somos los humanos a pesar de nuestros tan cacareados valores superiores. Son parodias sin voluntad, maniquíes de carne controlados por sus pulsiones sexuales y sus naturalezas violentas. Incluso el único superhombre de "Watchmen" no es más que un pelele en manos de un poder superior: el tiempo. El único que tiene la fuerza de voluntad suficiente para actuar correctamente en el momento crítico no lo hace por heroísmo, ni por defender la justicia. ¿Es eso lo que transmite la película? Yo creo que no. Lo que nos muestra está mucho más cerca de lo que mostraban los cómics de los 90.



Pero vayamos por partes y comencemos por el principio. No todo es malo en esta película. De hecho tiene cosas geniales, como la secuencia inicial sin ir más lejos. Tremenda selección de imágenes y, sobre todo, tremenda selección del tema que suena ("The Times They Are A-Changin" de Bod Dylan). Una secuencia magistral que nos adentra en ese pasado alternativo en el que el mundo tomó un camino diferente y que además está cargada de innumerables detalles. Merece la pena verla con atención para ver, por ejemplo, cómo el primer Búho Nocturno salva a una adinerada pareja (que bien podría ser el matrimonio Wayne) de un atracador mientras tras él podemos ver una pared repleta de carteles de Batman (un héroe que nunca llegaría a existir en ese mundo). También vemos al Enola Gay, adornado con un dibujo de la Espectro de Seda original, lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima... a Silueta, la justiciera lesbiana, usurpando el puesto del marinero en la famosa foto del beso a la enfermera para celebrar el fin de la guerra... la muerte de Dolar Bill, un justiciero patrocinado por un banco que muere tiroteado al tratar de impedir precisamente un atraco a un banco al quedar su capa enganchada en una puerta giratoria... a los Minutemen reunidos alrededor de una mesa en una imagen heredera de La Última Cena (ojo a la parte de la derecha de esa imagen, donde el Capitán Metrópolis y Justicia Encapuchada, dos personajes cuya homosexualidad se insinúa varias veces en el cómic, parecen estar flirteando)... el asesinato de Silueta y de su amante por el mero hecho de ser lesbianas... la tercera elección de Nixon como presidente de Estados Unidos... Sencillamente magistral. El único punto negativo que veo a esta secuencia es el siguiente: en el cómic el papel del Comediante en el asesinato de Kennedy únicamente se insinúa, mientras que la película lo deja bastante claro.

¿Y a partir de esta secuencia inicial qué nos encontramos? Pues una agradable sorpresa. Para ser sincero debo decir que la película comienza muy bien y adapta de una forma realmente fiel el inicio de la obra original. Quizá demasiado fiel, pues, como alguna vez que otra he comentado, al trasladar a la gran pantalla el cómic viñeta a viñeta, se pierde una gran parte de sus juegos metalingüísticos y de su magia narrativa. No obstante, eso no quita que el inicio de la historia esté bien narrado. Además tenemos la ambientación del cómic: todos esos pequeños detalles (el omnipresente reloj acercándose a las doce, el Gunga Diner, los dirigibles...) están ahí y están bien utilizados. Tenemos una gran selección de temas musicales de la época, que contribuye en gran medida a transmitir lo que las imágenes expresan (llegando a niveles orgásmicos al sonar "The Sound of Silence" de Simon & Garfunkel en el entierro del Comediante). Tenemos una gran caracterización inicial de los personajes, incluso de aquellos hacia los que yo albergaba grandes temores, como Búho Nocturno II.

Por desgracia esta ilusión de estar viendo una buena adaptación no tarda en desinflarse, como se desinfla la propia película hacia la mitad. Todo lo bueno que había conseguido hasta ese momento comienza a diluirse rápidamente mientras que comienzan a aparecer detalles que desvirtúan por completo las brillantes caracterizaciones iniciales de los personajes. Todo lo que se consigue al principio comienza a caer en picado y la adaptación fiel de "Watchmen" se convierte en un Watchmen noventero, hasta el extremo de alcanzar una mediocre conclusión que no hace justicia ni al inicio de la película ni a la historia original.

La película se queda corta. En su afán por condensar todo lo que es "Watchmen" añade elementos que resultan incomprensibles, incluso patéticos, que conviven durante un rato con otros elementos de tremenda calidad y poder expresivo antes de apoderarse por completo de la película y convertirla en un reflejo deformado de la obra original; una visión especular que lejos de alcanzar la pretendida simetría con el cómic se convierte en una burla, una broma pesada de millonario presupuesto.



Detrás de todo esto hay un gran fallo de casting, sin duda. El actor que interpreta a Ozymandias, lejos de suscitar las emociones encontradas que suscita el personaje del cómic (en parte admiración y en parte repulsión), es una especie de Ken cinematográfico (sin Barbie incluida), un muñeco de plástico sin expresividad alguna y completamente artificial. En ningún momento llega a mostrar la ambiguedad del original, resultando a todas luces incapaz de interpretar el papel que se le concedió. Lo mismo se podría decir de ambas Espectro de Seda (tanto madre como hija), que no son más que muñecas de silicona (he aquí las Barbies que antes mencionaba), encargadas únicamente de lucir palmito y de mostrarse atractivas y sexys cual vacía heroína de cómic de los 90. Además, el "maquillaje envejecedor" de la Espectro de Seda original se nota excesivamente falso, lo cual no ayuda precisamente a hacer creíble su ya de por sí mala interpretación. En cuanto a su hija Laurie, pues poco más puedo añadir a lo que ya he dicho. Sólo me queda maldecirla por echar a perder una de las mejores escenas del cómic (la conversación con Manhattan en Marte) con una actuación digna de una telenovela venezolana, completamente irreal y sobreactuada hasta el extremo.



¿Y qué pasa con los actores que realmente dan la talla? ¿Qué pasa con los que interpretan al Doctor Manhattan, al Comediante o a Rorscharch? Pues que a pesar de sus brillantes caracterizaciones, fallan en los momentos clave por culpa de esos detalles añadidos por la película que mencionaba antes. Quizá esos detalles añadidos (y diferentes al cómic) sirvan para acelerar el ritmo de la película o para hacer más clara la historia, pero en mi opinión se cargan a los personajes. Vamos a ir concretando.

La aparición de la ex-novia de Manhattan durante su entrevista en televisión da pie a una nueva escena digna de la peor telenovela y desvirtúa por completo al buen doctor, que desde ese momento cae en picado hasta la conversación en Marte, donde se muestra como un romántico empedernido al que las circunstancias han dejado en una posición en la que ya no puede amar como un humano, pues de hecho él mismo ya no es humano. ¿Así es el verdadero Doctor Manhattan? No, no y no. ¿Manhattan huye a Marte por la culpa de ver a su antiguo amor muriendo de cáncer? ¿Y vuelve a la Tierra en busca de Laurie porque ella es el último vínculo que le queda con la humanidad? De nuevo no, no y no. El Doctor Manhattan no es humano, sólo intenta comportarse como humano porque está atado a un pasado que, por su particular concepción simultánea del continuo temporal, sigue siendo presente. No es amor lo que siente. Es nostalgia. Es un dios que añora ser humano, pues sólo un humano puede comprender a los humanos, cosa que ahora él es incapaz de hacer (he aquí la gran ironía del personaje: puede comprender los más inimaginables secretos del cosmos, pero no los secretos de la mente humana). El hierático Doctor Manhattan del cómic, que más que un hombre es una partícula cuántica con forma humana, se convierte en una especie de dios de la sensiblería en la película; no merced a la actuación del actor, que cumple realmente bien, sino por el guión y sus cambios incomprensibles.



Pero el verdadero crimen lo encontramos en el personaje de Rorscharch. Rorscharch, ese personaje cuyo creador definió como "personaje fracasado", pues nunca llegó a cumplir la función para la que fue ideado (que no era otra más que generar repulsión en los lectores, en lugar de convertirse en un personaje admirado por razones completamente erróneas). El actor que le da vida en la película consigue una gran caracterización, que de nuevo queda absolutamente estropeada por el guión y la labor de montaje. Si ya era difícil resumir el número centrado en Manhattan en diez minutos, resumir el número de Rorscharch y el psiquiatra en cinco ya era algo imposible. ¿La solución rápida? Pues hacemos que Rorscharch le meta un tajo en la cabeza al asesino de la pobre niña. Después de todo Rorscharch es un tío violento y cree en el ojo por ojo, ¿no? Y ya está. Nada de angustia existencial ni de extrema crueldad sin sentido (lo que hace en el cómic es mucho, mucho, muchísimo peor). A eso queda reducido todo el gran secreto de Rorscharch: a un situación cruel que solucionó tomando una vida con gran saña y violencia. Volvemos a los estereotipos de los 90 y a sus héroes violentos porque sí. ¿El verdadero Rorscharch es así? Rotundamente no. Lo que muchos espectadores han visto en la película, esa actitud de tipo duro que hace lo correcto aunque para ello tenga que derramar sangre, no define al verdadero Rorscharch. Es sólo una carcasa, un envoltorio que queda muy lejos de la verdad.

¿Sabéis cuál es la verdad? La verdad es que Rorscharch no es un héroe que lucha por hacer justicia. La verdad es que Rorscharch es un hombrecillo patético que probablemente tenga un cierto grado de discapacidad mental. La verdad es que Rorscharch es un niño perdido, traumatizado por el maltrato y el desprecio de su madre prostituta. La verdad es que Rorscharch es probablemente un homosexual que reprime sus impulsos sexuales y los sublima en forma de violencia desatada. La verdad es que Rorscharch es un fascista que se encuentra mucho más cerca de lo que cree de los nazis a los que tanto critica. La verdad es que Rorscharch es el único cuerdo en un mundo de locos, el único que ha mirado al vacío y ha descubierto que nada tiene sentido, que no existe el destino, ni Dios, ni siquiera la propia humanidad... que sólo somos animales que piensan en comer y follar y que estamos deseando matarnos entre nosotros. La verdad es que Rorscharch no actúa por justicia, sino porque se deja llevar por el sinsentido del mundo que le rodea. Es la parodia del héroe, el esperpento definitivo. Y su único acto de verdadero valor, negarse a aceptar la mentira de Ozymandias, no es producto del heroismo, sino de la comprensión de que el caos del que forma parte toca a su fin, de que su papel insignificante en el devenir de los acontecimientos ha concluido y de que todo lo que ha hecho no ha significado ni significará nunca nada. Es un acto suicida, una forma de buscar la redención en su último aliento y de sentir que al menos algo de lo que ha hecho en su patética existencia tiene sentido. Por eso muere sin su máscara, no bajo la identidad que se había apoderado de él, sino como un hombre triste y enloquecido por todo lo que ha contemplado. Ése es el verdadero Rorscharch.

¿Entendéis ahora por qué digo que la peli de Watchmen comete los mismos errores que los cómics de los 90? En su afán por plasmar "Watchmen" en su totalidad, la película se queda a medio camino y sólo muestra una pequeña parte de su superficie; una parte que, además, desvirtúa el mensaje original, lo altera y muestra una imagen errónea al espectador (una imagen que, por desgracia, es congruente con lo que el espectador actual desea ver en una película).

Así es la película, una imagen deformada y capaz de confundir al espectador. A pesar de su gran inicio, la película acaba convirtiéndose en algo completamente ajeno a la esencia de "Watchmen". Las promesas se diluyen, perdiéndose rápidamente, y nos queda un cutre cómic noventero llevado a la gran pantalla. La película funcionará mejor o peor, pero una cosa tengo clara: no es "Watchmen". No lo es.

¿Golpes demoledores y peleas coreografiadas? ¿Saltos descomunales y escenas en cámara lenta hasta la saciedad? Eso no me cuadra con lo que es "Watchmen". En la película todos parecen tener superpoderes y ser luchadores geniales y fantásticos, lo cual quedará muy bien en pantalla pero no tiene nada que ver con lo que muestra el cómic. ¿Innumerables escenas de vísceras y sangre gratuita? Claro que en "Watchmen" hay sangre (diablos, en "Watchmen" hay océanos de sangre), pero la película usa la sangre y la violencia como una forma de impresionar al espectador, una manera de mostrar escenas molonas que no son realmente necesarias. Un ejemplo: el Doctor Manhattan haciendo que unos criminales hagan boom, estallando en una bonita lluvia de sangre que salpica a la típica señorita guapa que hay al lado. ¿Realmente era necesario cebarse de esa manera en esa escena? Ni siquiera el cómic lo hace. Curiosamente, cuando verdaderamente llega el momento de mostrar la sangre y la barbarie, la película no lo hace. El plan maestro de Ozymandias crea un bonito agujero cubierto de escombros que se nos muestra durante veinte segundos escasos, pero no vemos nada más. Y ese es el momento en el que debería verse la sangre, deberían verse las inhumanas consecuencias de sus actos, deberían verse los cuerpos retorcidos, debería verse la crueldad, la barbarie, la masacre... pero no. La película no la muestra. Es mejor usar la violencia para hacer escenas molonas en cámara lenta que para mostrar a qué conduce la mentalidad de "el fin justicia los medios".



Entiendo que Snyder quisiese cambiar el final y evitar sacar al calamar gigante en pantalla, aunque no entiendo el final por el que ha optado. ¿Qué sentido tiene hacer que las dos potencias se alíen contra el Doctor Manhattan? Sería como firmar una alianza de hormigas para luchar contra un huracán. No debería surgir convicción de esa alianza, sino un miedo incomprensible, pues si el buen doctor así lo quisiese el mundo se acabaría en poco más de un parpadeo. Al menos el calamar no es un dios cuántico, sino un bicho horrible al que se puede matar. Además, quitar al calamar de naturaleza supuestamente alienígena es eliminar la deliciosa ironía del final original (que parodia las conversaciones que pusieron fin a la Guerra Fría en el mundo real, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se plantearon la posibilidad de un ataque extraterrestre y decidieron que en ese hipotético caso ambas potencias se aliarían para luchar contra el enemigo común). El final de la película queda carente de dramatismo y de ironía. Es un final vacío, que no suscita nada (al menos a mí, que conozco el final original, no me suscitó nada) por mucho "Requiem" de Mozart que sonase en ese momento.

Demasiados contrastes. Un gran inicio. Un patético final. Escenas extraordinariamente brillantes, como la mesiánica aparición del Doctor Manhattan o el polvo entre Búho Nocturno II y Espectro de Seda II, dejándose llevar por el fetichismo del cuero y el látex, negando su propia identidad y asumiendo como real algo que no es más que una mera fantasía sexual idealizada. Escenas extraordinariamente cutres, como el acelerado diálogo entre Rorscharch y el psiquiatra o el encuentro entre el hundido Comediante y su viejo enemigo Moloch; escenas que lejos de ser puntos cumbre dentro de la película se convierten en momentos vacíos, mal llevados y mal explicados (y, sobra decirlo, carentes de la fuerza de sus contrapartidas en el cómic). Y también muchas ausencias incomprensibles, pues aunque están los coches estrafalarios, el Gunda Diner y los dirigibles, no están los perfumes (y al no estar ellos, tampoco está presente el simbolismo que encierran). ¿Dónde está el frasco de Nostalgia atravesando el tenue aire marciano antes de estrellarse contra la fortaleza de cristal del Doctor Manhattan? ¿Dónde está su simbolismo acerca del pasado y de lo que en él se quedó para nunca más regresar? ¿Dónde está el anuncio de Millennium y su siniestra profecía sobre el nuevo mundo deseado por Ozymandias? Éste es el tiempo. Éstos son los sentimientos. Millennium by Veidt. Y un hombre y una mujer perfectos, rubios, arios, mirando hacia la derecha.

Y, claro, tampoco está la historia de piratas, la metáfora perfecta que explica todo lo que sucede en Watchmen. Estará en el DVD, supuestamente, pero no la veréis en la película. Sí, luego está el epílogo con el friki con la camiseta del smiley manchada y el diario de Rorscharch, cerrando el círculo que se inició al comienzo con la imagen de ese mismo smiley manchada con la sangre del Comediante (las historias de Alan Moore suelen ser cíclicas), pero ese detalle apenas compensa todas las cosas que están alteradas y todo lo que falta.

Así es la película de Watchmen: excepcionales aciertos acompañados de fallos garrafales. Es una película de contrastes, un reflejo alterado y deformado de uno de los mejores cómics de todos los tiempos. Un reflejo que pretende ser simétrico y fiel, pero que únicamente alcanza una retorcida simetría que queda muy lejos de la perfección de la obra original. Todo queda alterado, mutilado, incluso violado en algunos momentos, pero es una película sólida y atractiva. Los jovenzuelos fácilmente impresionables con las escenas de sangre y sexo, los pseudointelectuales que disfrutan creyéndose más listos que nadie y siendo "alternativos" y los desconocedores del cómic original disfrutarán de la película. Y pensarán que eso es "Watchmen" y que "Watchmen" mola mucho. Y pensarán que Rorschach mola mucho. Y quizá algún día lean el cómic y piensen: "Joder, esto no mola nada", porque esperarán ver un cómic noventero lleno de sexo, violencia y frases rimbombantes y lo que encontrarán será una obra reflexiva acerca de la naturaleza humana. Ojalá esos sean los menos y los que se decidan a leer el cómic después de ver la peli descubran que la historia original está a años luz de la adaptación de Snyder.

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