2 de abril de 2012

[Cómic] Reseña de "Violent Cases", de Neil Gaiman y Dave McKean

Recientemente Planeta DeAgostini ha tenido a bien reeditar "Violent Cases", el primer cómic realizado por dos autores imprescindibles: Neil Gaiman y Dave McKean. Se trata de su primera obra común, la primera de una larga lista de grandes trabajos como "Orquídea Negra", "La trágica comedia o la cómica tragedia de Mr. Punch", "Signal to Noise" o "El Día que Cambié a mi Padre por Dos Peces de Colores".


Publicado originalmente en 1987, cuando ambos autores aún eran unos desconocidos para el gran público, "Violent Cases" supuso la primera de sus colaboraciones. Gaiman era un joven periodista y McKean aún estaba estudiando Bellas Artes cuando les contrataron para participar en una antología del nuevo cómic británico para la revista "Escape", de Paul Gravett. Mientras preparaban ese trabajo que nunca llegó a publicarse comenzaron a dar vueltas a la idea de publicar algo distinto. Su intención era alejarse de los géneros habituales del cómic y publicar un cómic adulto, sin superhéroes ni ciencia ficción. Buscaban un cómic para la gente que no leía cómics, algo innovador y llamativo. El resultado fue "Violent Cases", una novela gráfica de 44 páginas en la que se conjugaron los talentos de los dos artistas de una forma única.

La primera edición, publicada en blanco y negro por Titan Books, no hizo justicia al trabajo de McKean. El excepcional artista había desplegado sus trazos usando azules, grises y marrones, que se vieron reducidos a un único espectro cromático. Hasta su edición de 1991 en Estados Unidos, "Violent Cases" no fue publicada tal cual había sido concebida. Para entonces ambos autores ya habían sido consagrados dentro del mundo del cómic. Gaiman había comenzado "The Sandman", su obra magna acerca del rey de los sueños, y McKean había triunfado gracias a su concepción artística de los villanos del Hombre Murciélago en "Batman: Arkham Asylum", junto a Grant Morrison. Su nombre ya era bien conocido entonces y, como se suele decir, el resto es historia. La valía de "Violent Cases" radica en que nos permite regresar al mismísimo principio de dicha historia.


El cómic comienza con un hombre adulto que narra uno de los sucesos más peculiares de su infancia en Portsmouth (Inglaterra). Tras lesionarse en el brazo a los cuatro años, su padre le conduce a la consulta de un curioso osteópata, un anciano que años atrás había trabajado para el célebre Al Capone. Fascinado por este encuentro, el niño comienza a hacer preguntas acerca del anterior cliente del osteópata. De esta manera descubre el fascinante mundo del Chicago de los años 20: las fiestas, los juegos de cartas, los ajustes de cuentas, los gángsters vestidos con sombrero y gabardina...

Mientras el narrador intenta ordenar sus confusos recuerdos, que se suceden en diversos flashbacks y se van modificando a medida que surge nueva información, la historia comienza a alcanzar un tono que roza lo onírico. Los recuerdos, las referencias históricas y las fantasías infantiles comienzan a confundirse, hasta tal punto que resultan difíciles de distinguir. La narración alcanza su clímax en el momento en el que el niño y el osteópata de Al Capone se encuentran por última vez, en una escena con regusto noir en la que se referencian grandes clásicos del género negro como "El Halcón Maltés" (John Houston, 1941) o "El Hombre que Sabía Demasiado" (Alfred Hitchcock, 1956) .

"Violent Cases" es una historia sobre la violencia, sobre sus consecuencias y sobre el extraño atractivo que ejerce sobre las personas. Habla sobre la violencia idealizada, pero también sobre la violencia más cotidiana. Habla sobre la infancia, sobre épocas pasadas y sobre la construcción del mundo subjetivo de un hombre. Gracias a la sugestiva prosa de Gaiman se convierte en una historia extraña, fascinante y melancólica.


En cuanto al apartado gráfico, Dave McKean despliega su arrollador talento en "Violent Cases". Su estilo puede recordar en algunos momentos al de Bill Sienkiewicz, aunque su sello personal es inconfundible. Sus capacidades narrativas, su sentido del drama y su sensibilidad estética se manifiestan en cada una de las composiciones de página, en las que las viñetas adquieren disposiciones inusuales, se muestran ángulos extraños o aparecen fotografías de la época y carteles de cine integrados en el dibujo. Su estilo oscila continuamente entre un realismo altamente detallista y una visión caricaturesca, tosca y sucia. La peculiar disposición de las viñetas crea efectos curiosos y paralelismos entre conceptos dispares que hacen que la historia adquiera nuevas interpretaciones, complementándola y creando un resultado final que va más allá de la mera suma de sus componentes.

Como curiosidad, el lector avispado detectará con rapidez que McKean dibujó al narrador a imagen del propio Gaiman, pese a tratarse de una historia ficticia y no de una historia autobiográfica (aunque el argumento sugiera lo contrario). Es uno de los muchos detalles que salpican "Violent Cases" y que contribuyen a dotar a esta obra de un aire especial.

"Violent Cases" es una pieza imprescindible en la biblioteca de todo amante del buen cómic. Es una obra que evoca sensaciones extrañas y se adentra en el misterio de una época fascinante y truculenta. La reconstrucción del pasado del narrador es un ejercicio cargado de simbolismo, como toda historia salida de la pluma de Gaiman, y muestra que incluso los eventos más simples y cotidianos esconden gran profundidad. Las páginas de McKean, repletas de belleza, son un regalo para la vista. La compenetración entre los dos autores roza la perfección, impulsando la obra hasta cotas extraordinarias para una ópera prima.

La nueva edición de Planeta, en un libro cartoné de 48 páginas a color, cuesta 9,95 euros y está bastante cuidada. Es el momento perfecto para hacerse con este clásico de dos de las figuras más importantes del mundo del cómic. Es el momento de sumergirse en la magia de estos casos violentos.

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