24 de agosto de 2015

[Anime] Utena, la Chica Revolucionaria: la princesa que quiso ser príncipe

Como muchos otros de mi generación, crecí viendo muchas series japonesas que podríamos considerar convencionales, es decir, series que seguían unos esquemas rígidos y que transcurrían siempre de una manera esperable dentro de los cánones de su género. En el anime para chicos, los combates físicos y los despliegues de poder se sucedían uno tras otro hasta la esperable victoria de los héroes. Mientras tanto, en el anime para chicas las adolescentes japonesas veían cómo sus romances de instituto se veían interrumpidos por la aparición de perversas criaturas hasta que aparecía la magical girl de turno para luchar por el amor y la justicia. No obstante, los muros entre los géneros comenzaron a astillarse y a hacerse añicos cuando llegaron hasta nuestras fronteras series como Neon Genesis Evangelion, una compleja producción en la que los combates entre robots gigantes se alternaban con un profundo análisis de la psique de los personajes y un desmesurado interés por el misticismo. Para mí y para otros muchos Evangelion abrió las puertas hacia una nueva forma de entender las series de animación japonesa, en la que las peleas y el humor picante podían alternarse con sesudas metáforas sobre conceptos tan complejos como la culpa, la soledad o la búsqueda de la trascendencia. Pocas series dejaron una huella tan intensa en mí como Evangelion, que fue la vara con la que medí cualquier otra serie posterior y la que en última instancia me hizo perder el interés en el material más convencional y buscar animes más atrevidos, experimentales o directamente excéntricos. Sin embargo, ahora mismo mi recuerdo de Evangelion palidece ante la fuerza arrolladora del visionado de Utena, la Chica Revolucionaria, una serie ya añeja que sin embargo he descubierto recientemente y que me ha abierto de nuevo esas puertas hacia una nueva forma de entender el anime que antes mencionaba. De un portazo.


Algunos datos

Utena, la Chica Revolucionaria (Shōjo Kakumei Utena en el original) es una serie de 39 episodios producida en 1997 por el estudio J. C. Staff, responsable de otros animes como Sorcerous Stabber Orphen, Excel Saga o Bakuman. La serie se basa en un manga de 5 tomos obra de Chiho Saitō, aunque al parecer hay sendas diferencias entre la historia original y la adaptación animada. Por tanto, este artículo se centrará de forma exclusiva en el anime. También existe una película producida por el mismo estudio en 1999 (titulada Adolescence Mokushiroku), pero eso será materia para otra ocasión.

La serie fue emitida en España hace años, aunque sólo los primeros 13 capítulos fueron doblados al castellano. No obstante, sí que fue doblada en su totalidad al catalán. Quizá en su momento fuese popular, pero a día de hoy es una gran olvidada. Al contrario que en otros países, no se encuentra disponible en DVD en España y tampoco puede verse a través de plataformas como Crunchyroll, por lo que la única manera de descubrirla es esa bien conocida por todos. El manga por su parte sí que fue editado en nuestro país, siendo Norma Editorial la encargada de publicar esos cinco tomos que a día de hoy están más que agotados.

Decía que la serie es en la actualidad una gran olvidada, salvo por una excepción: siempre ha sido muy apreciada dentro de la comunidad LGBT por motivos que comentaremos más adelante y que son los que me llevaron a interesarme por ella. Sé que en otros países Utena fue mucho más popular que en España y el tiempo fue formando a su alrededor una aureola de serie de culto. He llegado a leer opiniones que la consideran "el Evangelion para chicas" por sus similitudes con la serie del estudio Gainax. En efecto, Utena es un anime que al igual que Evangelion desafía las convenciones y juega con un contenido simbólico de alto nivel. Ambas usan además un lenguaje visual muy particular y es difícil encajarlas dentro de un género claro al ser en sí mismas una mezcla de géneros. Sin embargo, hasta aquí llegan los paralelismos.

La princesa que quiso ser príncipe

Érase una vez una princesa que lloraba la muerte de su padre y su madre. Entonces un hermoso príncipe llegó hasta ella en su caballo blanco, la envolvió en perfume de rosas y besó gentilmente sus lágrimas. El príncipe le prometió que si conservaba su fuerza y su nobleza volverían a encontrarse en el futuro. Finalmente, el príncipe le entregó un anillo y desapareció a lomos de su montura. ¿Era aquel anillo un anillo de compromiso? Hasta aquí todo bien, como cualquier cuento de hadas. Sin embargo, impresionada por su encuentro con el príncipe, la princesa decidió convertirse ella misma en un príncipe.


La serie nos cuenta la historia de Utena Tenjou, una adolescente que viste con ropas de chico y que ejerce un rol que tradicionalmente siempre ha estado asociado a los personajes masculinos. Pero esto no quiere decir que Utena quiera ser un chico ni que se defina como tal. En las pocas ocasiones en las que viste con ropa de chica y otros personajes le comentan que "parece muy femenina" ella siempre responde "es que soy una chica". El mensaje aquí está claro: Utena se considera a sí misma chica y piensa que el hecho de llevar ropas de chico es una manera perfectamente válida de expresar su femineidad.

Uno de los grandes temas de la serie es la construcción de la identidad en base a nuestros recuerdos, nuestros ideales y la imagen que los demás tienen de nosotros. Utena decide llevar ropas de chico inspirada por su encuentro en el pasado con un misterioso "príncipe" que la consoló cuando perdió a sus padres. Para sentirse más próxima a ese "príncipe", que en el fondo no es más que un ideal al que aspirar, Utena comenzó a vestirse como él para que su imagen exterior reflejase su deseo interior. Curiosamente, esto no conllevó ningún tipo de rechazo por parte de la gente a su alrededor. Utena acude al instituto, donde es admirada por chicos y chicas por igual. Es una atleta y destaca en varios deportes, además de tener numerosas admiradoras femeninas gracias a su belleza y estilo. En algún momento hay personajes que critican o se burlan de Utena precisamente porque actúa de forma "inapropiada" para una mujer (ya en el primer capítulo una profesora protesta por su uniforme de chico), pero son ocasiones puntuales.

Por sus destrezas físicas y su interés en convertirse en un "príncipe", es decir, el típico personaje masculino que acude al rescate en su caballo blanco, podría considerarse que el rol de Utena es masculino. Algunos personajes incluso se refieren a ella como si fuera un hombre (su mejor amiga Wakaba llega a llamarla "novio" en tono jocoso), pero lo cierto es que las convicciones de Utena van más allá de los roles de género. Su ideal de "príncipe" es tremendamente inocente, por no decir ingenuo. Es un ideal propio de un cuento de hadas que a la fuerza tiene que acabar chocando con el mundo real.


La Prometida de la Rosa

En el primer capítulo, Utena acude a un elitista instituto en el que espera poder encontrar a su "príncipe": la Academia Ohtori. Podría tratarse del típico instituto que hemos visto mil veces en mil series de animación japonesas, salvo quizá por sus desmesuradas dimensiones y su peculiar arquitectura. En la Academia Ohtori los alumnos acuden a clase y después practican algún deporte, como el baloncesto o la esgrima. Pero como en cualquier otro instituto, la principal actividad es el romance. No obstante, un círculo selecto de adolescentes, el Consejo Estudiantil, tiene además un interés añadido muy poco habitual: competir en duelos a espada para hacerse con la mano de una chica a la que llaman la Prometida de la Rosa.

Utena descubre esto por casualidad, cuando observa a una pareja de lo que parecen ser novios. En ese momento el chico está gritando a la chica y acaba golpeándola. Fiel a su ideal principesco, Utena acude al rescate y se interpone entre ambos, ignorando lo que sucede en realidad. El chico es un miembro del Consejo Estudiantil y el actual poseedor de la Prometida de la Rosa, que no es otra que la joven a la que estaba maltratando. El símbolo que representa su pertenencia al Consejo es su anillo con el Emblema de la Rosa, que "por casualidad" es exactamente igual que el anillo que su misterioso "príncipe" le entregó a Utena. Al ver el anillo en la mano de nuestra protagonista, el chico la considera una rival que aspira a hacerse con la Prometida de la Rosa y la desafía a un duelo.

Así, Utena descubre que el Emblema de la Rosa de su anillo abre el camino hacia el Coliseo de los Duelos, un lugar imposible situado en mitad de un bosque sobre el que flota un castillo invertido. Los miembros del Consejo Estudiantil creen que en el interior de dicho castillo se encuentra "el poder para revolucionar el mundo" y que la única forma de acceder a él es gracias a la Prometida de la Rosa. Por este motivo, se retan en duelos para hacerse con ella. Cada duelista lleva una rosa en el pecho y el primero que deshoje la flor del contrario con su espada es declarado vencedor. Casi sin darse cuenta, Utena acaba desafiando y derrotando al poseedor de la Prometida de la Rosa y por lo tanto ella misma se convierte en su nueva poseedora.


¿Pero quién es en realidad la Prometida de la Rosa? ¿Acaso no tiene ni voz de voto en lo que sucede a su alrededor? Pues lo cierto es que no. La Prometida de la Rosa es una joven llamada Anthy Himemiya, quizá el mayor exponente que he visto nunca de ese tipo de personaje femenino pasivo tan frecuente en la cultura japonesa y que tanto odio. Anthy es literalmente un objeto cuya única función es la de ser poseído. Carece de voluntad propia y es un recipiente vacío en el que su poseedor proyecta sus deseos. Si su poseedor quiere que haga una determinada cosa o que se comporte de una determinada manera, ella lo hace sin rechistar. Su única misión es servir y permanecer en silencio, por lo que la cultura tradicional japonesa la consideraría la esposa perfecta. Anthy vive eternamente subordinada al hombre que la posea en ese momento, pero en esta ocasión ha acabado prometida con una mujer.

Al vencer el duelo y ganar a la Prometida de la Rosa, Utena y Anthy se van a vivir juntas, comenzando un largo y fascinante proceso de descubrimiento mutuo que les lleva a desarrollar una amistad y finalmente a enamorarse. Antes decía que Utena, la Chica Revolucionaria era una anime muy recordado dentro de la comunidad LGBT y esto se debe a que es uno de los mayores exponentes del subgénero de romance entre chicas (shōjo ai). Aunque nunca se muestra de forma explícita, el amor entre Utena y Anthy es uno de los motores de la serie y seguir su evolución es algo apasionante. Utena se descubre a sí misma al convertirse en el "príncipe" que protege a Anthy de los duelistas del Consejo Estudiantil que pretenden hacerse con ella, mientras que Anthy comienza a mostrar lo que parece ser una personalidad propia arropada por Utena. Así pues, vemos que Anthy no es realmente un objeto pasivo ni un recipiente vacío, sino que tiene deseos e intereses como cualquier otro ser humano. Por ejemplo, le gusta cuidar de las rosas en el invernadero y tiene una conexión especial con los animales (especialmente con su mascota, un divertido monete llamado Chuchu). Poco a poco, vamos descubriendo más y más cosas de Anthy, cuya pasividad va quedando a un lado y sus auténticas emociones van ascendiendo hacia la superficie cada vez más. Y he aquí el drama: ¿esto es así porque Anthy ha comenzado realmente a liberarse de su rol de Prometida de la Rosa o simplemente se debe a que está cumpliendo los deseos que su poseedora Utena proyecta sobre ella?

Algo eterno

Conozcamos ahora a los miembros del Consejo Estudiantil, pues son los personajes recurrentes a los que Utena tendrá que enfrentarse en duelo para conservar a Anthy. El primero de ellos es Kyôichi Saionji, vicepresidente del Consejo y poseedor de la Prometida de la Rosa hasta su derrota a manos de Utena. Aunque cree estar enamorado de Anthy, su concepción del amor es inmadura y se basa en el control y la subordinación. Como si fuese un niño grande, su frustración se expresa de forma violenta, lo que le lleva a maltratar a la Prometida de la Rosa cuando se encuentra en sus manos. A pesar de ello, es uno de los estudiantes más populares de la Academia Ohtori y cuenta con una legión de fans femeninas entre las que se cuenta Wakaba, la mejor amiga de Utena. Como buen playboy, Saijonji es mezquino, egoísta y manipulador. En no pocas ocasiones se aprovecha de la atracción que despierta en las chicas para conseguir lo que necesita (aunque paradójicamente no es sexo lo que busca).


Pero en cuanto a mezquindad, quien se lleva la palma es Tōga Kiryū, el presidente del Consejo Estudiantil. Tōga es aún más popular que Saijonji y sus admiradoras son incontables. Aunque también se aprovecha de ellas de forma egoísta, a diferencia de Saijonji lo que busca es sexo. Una vez satisfechos sus apetitos, la chica es desechada sin pudor y sustituida por la siguiente. Tōga es la viva imagen del éxito y todos se dejan manipular por él porque lo consideran claramente "superior". De familia acomodada, destaca en todas y cada una de las actividades que realiza y es incapaz de concebir el fracaso. Está acostumbrado a que todo el mundo caiga rendido a sus pies porque ese es el "orden natural" de las cosas, lo que le convierte en un personaje odioso a más no poder.


Con semejante panorama no es de extrañar que Utena y Anthy huyan de estos chicos y busquen el amor entre ellas, aunque lo cierto es que se trata de personajes más complejos de lo que parece al principio. Para empezar, la relación que hay entre ellos es muy curiosa. En un primer momento pueden parecer los típicos amigos/rivales, como nos recuerdan sus constantes duelos en el club de kendo (en los que Tōga siempre sale victorioso, por supuesto), Pero a medida que vamos profundizando en ellos y conociendo sus motivos para querer reclamar "el poder para revolucionar el mundo", nuevos matices se van añadiendo a su caracterización y su amistad/rivalidad empieza a parecer... otra cosa.

Utena, la Chica Revolucionaria es un anime para chicas y cuenta con enormes cantidades de fanservice para sus espectadoras (y es bien conocida la afición de las chicas japonesas por emparejar entre ellos a los chicos guapos de sus series), pero es un fanservice subversivo que retuerce los estereotipos y juega con la ambigüedad. Es frecuente en el anime que veamos a personajes masculinos con rasgos femeninos o que rozan lo andrógino. Es una forma de exaltar su belleza según los cánones orientales. No obstante, aquí Saijonji y Tōga suelen mostrarse con un grado de feminidad que resulta cómico. Sus conquistas masculinas quedan en segundo plano cuando en privado muestran actitudes tradicionalmente asociadas a las chicas o parecen más interesados en sus propios cuerpos que en los de las mujeres. Esto no quiere decir que sean homosexuales ni mucho menos, sino que es una muestra del interés de la serie por forzar los estereotipos y los roles de género hasta el extremo.

¿Pero qué podría llevar a unos personajes como estos, que aparentemente lo tienen todo, a ansiar la capacidad de revolucionar el mundo? La respuesta a esa pregunta enlaza con otro de los grandes temas de la serie: la búsqueda de algo eterno. Quizá siendo conscientes de que la belleza de la adolescencia es algo efímero, tanto Saijonji como Tōga ansían encontrar algo eterno, algo puro, algo que pueda sobrevivir a la turbulenta época adolescente y conservarse hasta la edad adulta. Como es lógico suponer, un concepto tan abstracto tiene múltiples interpretaciones y ambos personajes tienen su propia imagen de esa cosa eterna que buscan y sus propios motivos para ansiarla.


El jardín soleado

El siguiente miembro del Consejo Estudiantil es Miki Kaoru, un muchacho superdotado del club de esgrima al que se le dan muy bien las matemáticas y además es un genio tocando el piano. Miki no se separa nunca de su cronómetro, que utiliza constantemente para medir lo que parecen ser intervalos de tiempo al azar. Esto no es más que, en mi opinión, una metáfora sobre el paso del tiempo y el interés de Miki por dejar atrás cuanto antes la adolescencia y convertirse en un adulto. Pero para ello primero debe alejarse de la alargada sombra de su hermana gemela Kozue y de un recuerdo que ha acabado marcando a fuego su personalidad.

Siendo niños, Miki y Kozue acostumbraban a tocar el piano juntos en el jardín y acabaron componiendo un tema (cuyo título es "El jardín soleado") que se hizo muy popular. Incluso se organizó un concierto para que los jóvenes hermanos pudiesen mostrar su talento delante de toda la ciudad, pero justo ese día Miki cayó enfermo y Kozue tuvo que tocar ella sola el piano. El resultado fue que todo el mundo descubrió sorprendido que Kozue no tenía ninguna aptitud para la música y que toda la genialidad de la pareja provenía exclusivamente de su gemelo. Desde entonces, la relación entre ellos se fue deteriorando y ya no volvieron a tocar juntos, quizá porque Kozue ya no soportaba estar a la sombra de su hermano o quizá porque Miki nunca se perdonó haberle fallado ese día.

Miki ha buscado la inspiración desde entonces y cree encontrarla en Anthy, pues cuando toca el piano con ella siente lo mismo que sentía en el pasado al tocarlo con su hermana. Eso le llevará a retar a Utena por la posesión de la Prometida de la Rosa en varias ocasiones. Su hermana Kozue también acabará siendo rival de Utena por motivos bien distintos, a medida que vamos conociendo las intimidades de esta disfuncional y en ocasiones obsesiva relación fraternal.


Todo menos ser una más

Hablando de peculiares relaciones entre hermanos, el siguiente personaje que debemos comentar es Nanami Kiryū, hermana de Tōga y una de las figuras más estrafalarias, cómicas e interesantes de la serie. Nanami podría parecer la típica antagonista de serie de instituto y en cierto sentido lo es. Es rica, es elegante, es popular e incluso tiene a un séquito que la acompaña a todas partes y que obedece sus órdenes. Pero como todos los personajes de la serie tiene un deseo que le consume: su hermano.

Aquí entramos en los resbaladizos terrenos de las relaciones incestuosas que aparecen en ocasiones en el anime, pero en este caso el deseo que siente Nanami no es físico. Cuando eran niños, Nanami y Tōga compartían un amor infantil como sólo los niños pueden sentir: un amor puro, inocente e incondicional carente de cualquier componente sexual. Es la idealización máxima del amor fraternal. Sin embargo, al ser el mayor Tōga fue el primero en crecer y dejar atrás ese ideal de amor puro para buscar otras formas de amor. Ese fue el momento en el que entró en la adolescencia y descubrió el amor físico y el placer del sexo. Nanami no puede compartir esa forma de amor con él ni volver al pasado, por lo que enfoca toda su frustración y su ira hacia las mujeres que entran en la órbita de su hermano (y como ya hemos dicho, Tōga es un playboy y son muchas las mujeres que se acaban acercando a él). Desde el momento en que Nanami descubre el interés de su hermano hacia Anthy y Utena, ambas se convertirán en su principal objetivo y llegará a organizarles encerronas propias de la peor telenovela para hacerlas quedar en ridículo... normalmente con el resultado opuesto al esperado. Nanami no tardará en entrar al Consejo Estudiantil sólo para poder cruzar su espada con la de Utena.


Pero creo que lo que hace interesante a Nanami es el uso que se hace de ella para mostrar el tema de la construcción de la identidad. Nanami es una adolescente muy insegura y su identidad se basa en gran parte en elementos externos a ella misma: su hermano es lo que la define y sin él su vida no parece tener sentido. En determinado momento se plantea la posibilidad de que ambos no sean hermanos de sangre y eso hace que todo el mundo de Nanami se tambalee al borde del precipicio, porque toda su personalidad estaba construida en base a la admiración hacia Tōga. ¿Qué es ella sin su hermano? ¿Qué le hace especial más allá del afecto de Tōga? Sin eso sólo sería una más de las innumerables admiradoras de usar y tirar de su hermano y eso sería insoportable. Por si esto fuera poco, Nanami también es extremadamente susceptible a las opiniones que tienen los demás sobre ella, hasta el punto de que llega a sufrir auténticas crisis nerviosas imaginando lo que podrán decir los rumores del instituto sobre ella. Esto puede parecer una tontería pero no lo es en absoluto. Durante la adolescencia estamos construyendo nuestra personalidad y la imagen que tienen los otros sobre nosotros (especialmente nuestro grupo de iguales, esto es, los amigos y compañeros de clase) ejerce un papel importantísimo en ese proceso.

Los capítulos centrados en Nanami suelen ser los de tono más cómico, llegando a ser absurdos e hilarantes, pero siempre esconden una lectura sobre la construcción de la identidad. Por ejemplo, en el capítulo más surrealista de toda la serie, Nanami decide llevar un cencerro alrededor del cuello creyendo que se trata de una pieza de joyería. Eso hace que los estudiantes comiencen a cuchichear sobre ella hasta el punto de que los rumores acaban dominando el instituto. Ignorante del contenido de dichos rumores, Nanami sigue llevando una vida normal con su cencerro al cuello, pero poco a poco empieza a obrarse una transformación en ella. El llevar ese objeto propios de las vacas hace que Nanami acabe convirtiéndose en vaca. Literalmente. De nuevo insisto en que esto puede parecer una tontería, pero lo importante es el subtexto: la imagen de Nanami cambia para adaptarse a la imagen que los demás tienen de ella, porque durante la adolescencia nuestra propia imagen depende en gran medida de la imagen que tienen los demás de nosotros. Si nos ven gordos, nos creeremos gordos. Si nos ven feos, nos creeremos feos. En la serie los estudiantes empiezan a ver a Nanami como una vaca, haciendo que ella empiece a comportarse como tal de forma inconsciente y finalmente acabe convertida en lo que los demás creen que es. ¿Una exageración? Quizá, pero yo no lo veo tan exagerado ni tan alejado de la realidad.


El poder de los milagros

Finalizamos el repaso a los miembros del Consejo Estudiantil con el que es personalmente mi favorito: Juri Arisugawa, capitana del club de esgrima. Como el resto de miembros del Consejo, es una de las figuras más populares de la Academia Ohtori, admirada por chicos y chicas por igual y toda una triunfadora. Sin embargo, como los demás miembros del Consejo, también está consumida por un deseo insatisfecho. En su caso, tiene que ver con un triángulo amoroso que se formó en el pasado entre ella, su mejor amiga Shiori y un chico anónimo del instituto. Shiori pensaba que Juri estaba enamorada del chico, pero ansiaba sentirse querida, sentirse "especial". Ella no era una triunfadora como Juri y jamás gozaría de la misma admiración, por lo que su envidia le llevó a "robarle" al chico y comenzar una egoísta relación con él aún a sabiendas de que acabaría mal y de que eso rompería su amistad con Juri. No obstante, Shiori ignoraba que el verdadero objeto del amor de Juri no era el chico anónimo (que precisamente por eso es anónimo, porque en realidad el pobre no importa nada en esta historia), sino ella misma. En efecto, Juri estaba secretamente enamorada de Shiori y tras su ruptura siguió prisionera de ese amor imposible. Esto queda simbolizado por el colgante que lleva al cuello y cuyo interior esconde una foto de Shiori.

"Cree en los milagros y todo será posible", solía decirle Shiori, pero Juri rechaza la existencia de los milagros. Algunas cosas son imposibles y no hay milagro que pueda arreglarlas... como el hecho de enamorarse de una persona que no comparte tu misma orientación sexual. El amor imposible de Juri se ha convertido en una cárcel que no le permite avanzar y le mantiene anclada en el pasado, hasta el punto de que podemos plantearnos si Juri está realmente enamorada de Shiori o del recuerdo de Shiori que alberga en su memoria y que el tiempo se ha encargado de idealizar. Precisamente por esa razón uno de los capítulos más interesantes es aquel en el que Shiori regresa a la Academia Ohtori y la persona real se contrasta con el preciado recuerdo.

No obstante, Juri es quizá el personaje que más contiene sus emociones, ocultando su tumultuoso interior bajo una fachada de disciplina y autocontrol. A pesar de ello, cuando se enfrenta en duelo es implacable. Ella no desea encontrar algo eterno ni alcanzar el poder para revolucionar el mundo, sino que combate para demostrar que todo eso son chorradas y que los milagros no existen (que viene a ser lo mismo que decir que Shiori estaba equivocada). De todos los adversarios que luchan en el Coliseo de los Duelos Juri es el único que nunca es derrotado por la destreza de Utena con la espada, sino que sus derrotas se producen por circunstancias... especiales. Algunos las llamarían milagros.


Un insecto conservado en cristal

Aunque no hay una división clara, se considera que la serie consta de cuatro arcos. Tras el primer arco centrado en el Consejo Estudiantil comienza el arco de la Rosa Negra, en el que unos oponentes misteriosos se aprovechan de las debilidades de los personajes que hay alrededor de Utena, Anthy y los miembros del Consejo para hacerles luchar contra Utena en el Coliseo de los Duelos. Este arco destaca por ser un viaje al interior de los pensamientos más tenebrosos de esos personajes secundarios que nos hemos acostumbrado a ver pulular por la serie pero que hasta ese momento no nos habían llamado la atención por ningún motivo en especial.

Se podría decir que todos escondemos pensamientos y emociones que no son aceptables, ni siquiera para nosotros mismos. Sobre eso trata el arco de la Rosa Negra, pues aquellos que reciben una de estas flores sacan a relucir dichos pensamientos y emociones como si hubiesen sido poseídos por la parte de sí mismos que nunca mostrarían a los demás. Como no podía ser de otra forma, la carga dramática de esta parte de la serie es de una intensidad considerable, aunque más que hablar sobre la oscuridad que todos escondemos, el tema principal del arco de la Rosa Negra son los recuerdos del pasado y la manera en la que conforman nuestro presente y nuestro propio yo (la construcción de la identidad, una vez más).

Los responsables de corromper a los elegidos por las rosas negras son Mikage Souji y Mamiya Chida, dos chicos que guardan un sospechoso parecido con Utena y Anthy. Al parecer, Mamiya fue candidato a convertirse en Prometida de la Rosa, pero fue rechazado por ser un chico y no una chica. En consecuencia, Mikage planea utilizar las rosas negras para obligar a los duelistas a acabar con la vida de Anthy de forma que Mamiya pueda sustituirla. La relación entre ambos personajes está mediatiza por un suceso del pasado en el que un incendio acabó con la vida de cien estudiantes del instituto, pero la serie lo muestra de forma difusa y fragmentada, como si fuese un recuerdo apenas recordado. Uno de los grandes peligros de los recuerdos es que, aunque influyen poderosamente en nuestro desarrollo personal, pueden no corresponderse por completo con la realidad.

Mikage también busca la eternidad, aunque más bien se podría decir que busca que un recuerdo en particular permanezca eterno e inalterado como si se tratase de un insecto conservado en cristal. Su relación con Mamiya es una relación de humo y espejos en la que nada es lo que parece, lo que la convierte en algo fascinante.

El arco de la Rosa Negra es un importante punto de inflexión para el espectador, pues es el momento en el que uno descubre que no sólo se encuentra ante una serie extraña sin más, sino ante un complejo laberinto de espejos repleto de símbolos empleados con un lenguaje visual bastante excéntrico. De no ser porque las motivaciones de uno de los duelistas de la rosa negra para enfrentarse a Utena no me acaban de encajar, sería un arco perfecto. De cualquier forma, es uno de los que más he disfrutado. La conclusión de esta parte de la historia es toda una tragedia que haría que los dramaturgos griegos se sintiesen satisfechos y muestra que al menos existe un castigo peor que la muerte: ser olvidado.


Teatro de sombras

Antes de comentar los dos últimos arcos argumentales (que bien podrían considerarse uno solo por lo relacionados que están), merece la pena dedicar un momento a hablar del lenguaje visual de la serie y de su uso de los símbolos. No hay nada que represente mejor esto que los dos personajes más curiosos del reparto, cuyos rostros no llegamos a ver nunca y cuya auténtica naturaleza queda en al aire. Se trata de las actrices del teatro de sombras chinescas que aparecen en todos los episodios y que suelen ser utilizadas (normalmente de forma cómica) para hablar sobre el subtexto del propio episodio o para recalcar los puntos clave. Estos personajes, que tanto confunden al espectador al principio, acaban siendo una herramienta fundamental para sacarle todo el jugo a la serie y de nuevo enlazan con su gran tema central: la construcción de la identidad. En ese sentido, la percepción de nosotros mismos y de nuestro mundo es otro elemento fundamental del proceso. Tu realidad se define por lo que perciben tus sentidos, pero estos están limitados, son imperfectos y están sujetos a engaño. Son, por lo tanto, incapaces de mostrarte la auténtica realidad, la realidad ideal que sólo podemos alcanzar mediante la razón. En otras palabras, lo único que vemos son las sombras proyectadas sobre la caverna, pero no la realidad que las proyecta. Efectivamente, las actrices de las sombras chinescas nos llevan a pensar en la alegoría de la caverna de Platón.

En el contexto de la serie, la adolescencia de los personajes es su principal limitación. Su inmadurez de cuerpo y mente (por no hablar de sus revoltosas hormonas) les impide usar la razón para percibir el mundo como es y por eso viven en un cuento de hadas donde habitan príncipes y princesas. Quizá no sea el mundo real, pero sí es el mundo en el que ellos viven y nada más importa. Por este motivo, la serie en su totalidad transcurre dentro de la Academia Ohtori. Hasta el bosque que esconde el Coliseo de los Duelos con su majestuoso castillo en el cielo se encuentra dentro de los límites del instituto. Los personajes incluso viven dentro de él porque ese es el mundo del que forman parte. Más allá existe otro mundo que no les interesa y en el que aún no pueden participar: el mundo de los adultos (¿el mundo real quizá?), pero para conocerlo tendrían que salir de la caverna y eso es algo que no pueden ni quieren hacer. ¿Quién quiere vivir en la realidad pudiendo hacerlo en un cuento de hadas?


El componente teatral de las sombras chinescas también nos dice mucho acerca de la serie. "El mundo es un teatro", llega a proclamar uno de los personajes y esto es más cierto de lo que sospechamos. Especialmente dentro del mundo de cuento de hadas de la adolescencia, los personajes no se limitan a "ser" sino que "actúan" en el sentido teatral de término: actúan para parecerse a su yo ideal, para satisfacer las expectativas de los demás o para conseguir su admiración. Esto es algo que hacen todos los personajes en mayor o menor medida. Como Prometida de la Rosa, todo lo que hace Anthy es una "actuación" para satisfacer a su poseedor. Por su parte, Utena "actúa" como el príncipe al que desesperadamente desea parecerse.

La serie es consciente de ello. Es más, diría que los propios personajes son conscientes de ello y "actúan" en el escenario que les proporciona la historia como si se supiesen observados por los espectadores o como si su existencia dependiese de esa observación (lo que nos llevaría a otras cuestiones filosóficas que de momento tendrán que esperar). Los personajes exageran, declaman y posan como si estuviesen haciendo una performance para su audiencia. Uno podría decir que esto es lo habitual en cualquier serie dramática y en especial en cualquier anime para chicas, pero pocas veces he visto semejante descaro. Sus actitudes incluso llegan a resultar cómicas pese a mostrarse en momentos de gran carga dramática. Esta estilización extrema de la realidad no obedece sólo a cuestiones estéticas como en otras producciones, sino que forma parte del propio contenido narrativo. Volvemos al mismo tema sobre el que hemos estado dando vueltas desde el comienzo de este texto: la importancia de la imagen en la construcción de la identidad.


El mismo descaro con el que "actúan" los personajes está presente en el lenguaje visual de la serie, que incluso lleva a señalar los momentos en los que aparece un símbolo importante o tras el que se oculta una metáfora. Lo hace de forma literal, poniendo una mano en pantalla con un dedo apuntando hacia el símbolo en cuestión, a pesar de que el espectador ya hace tiempo que se ha fijado en ese tipo de detalles. La serie no oculta sus misterios ni pretende resultar oscurantista como pueden serlo otras (aquí podríamos volver a sacar a colación a Evangelion). Más bien al contrario, pues pretende ser jocosa, burlona y críptica al mismo tiempo. Utena, la Chica Revolucionaria juega con las convenciones incluso en este aspecto. Todo es humo y espejos. Todo es un escenario. Todo es ficción y simbolismo.

La teatralidad de los personajes y la manera de mostrar visualmente los símbolos nos llevan a plantearnos otra cuestión: ¿qué parte de lo que sucede en la serie es "real" y qué parte es simbólica? Series como Evangelion tienen una división narrativa bastante clara, de forma que sabemos qué parte de los acontecimientos transcurren en el mundo físico y tangible y qué parte lo hace en un plano etéreo, onírico o subjetivo. Pero esta división no existe aquí. Por lo que al espectador respecta, toda la serie puede transcurrir en un plano simbólico sin llegar a ser "real" en ningún momento. ¿De qué otra forma se podrían explicar sucesos como la transformación de Nanami en vaca? ¿Cómo se podría justificar la existencia de un lugar imposible como el Coliseo de los Duelos si no es aludiendo a que se trata de un lugar simbólico en vez de una localización física? Todo esto puede ser una ficción dentro de otra ficción, un escenario dentro de otro en el que todo es una metáfora y todo lo que importa es el simbolismo que subyace tras lo mostrado.

Sí, hay infinidad de símbolos en esta serie. El primero y más obvio son las rosas, casi omnipresentes, que se usan para todo tipo de cosas: desde tergiversar los roles de género al ser asociadas tanto a hombres como a mujeres hasta representar las emociones de cada uno de los personajes (como es lógico esperar, cada miembro del Consejo Estudiantil se asocia con una rosa de un determinado color, mientras que las rosas blancas, las que simbolizan la pureza, se asocian con Utena y por extensión con su misterioso "príncipe"). Hay otros muchos: los insectos conservados en cristal, el coche acelerando por la autopista, el cronómetro... Todos ellos constituyen un maravilloso vocabulario visual que refuerza las temáticas implícitas en el argumento y que constituye una estupenda narrativa. Quizá sea una narrativa un tanto hiperbólica e hilarante a veces (véase cualquier reunión del Consejo Estudiantil, en la que lo que muestran las imágenes choca con la seriedad del diálogo), pero esto en lugar de restarle valor le añade un sabor propio que diferencia a esta serie de otras.


Apocalipsis, revolución, adolescencia

Los dos últimos arcos de la serie apenas están delimitados y comparten la importancia de un personaje que desde su introducción comienza a acaparar más y más protagonismo: Akio Ohtori, hermano de Anthy y director de la Academia Ohtori. Este nuevo personaje hará que Utena crea haber encontrado al fin a su "príncipe" y en efecto la actitud de Akio es verdaderamente principesca, siempre dispuesto a acudir al rescate de una damisela en apuros. Sin embargo, Akio oculta intenciones oscuras y desde el primer momento queda claro que la relación que mantiene con su hermana no es normal ni sana (y eso quiere decir que en este caso sí que llegamos a traspasar las fronteras del incesto, aunque como todo aquí es tan teatral y ambiguo uno nunca puede estar seguro de nada). Además, Akio conoce el secreto tras el Consejo Estudiantil y la verdadera naturaleza de los duelos; un secreto que no se nos desvelará hasta los capítulos finales.

En un primer momento, Akio intentará convencer a los miembros del Consejo para que vuelvan a enfrentarse a Utena por la posesión de la Prometida de la Rosa (y lo hará en las escenas más hiperbólicas de la serie, a bordo de su coche y medio despelotado mientras habla de misterios y conspiraciones acelerando a toda velocidad). Cuando estos fracasan una vez más, su siguiente estrategia será mucho más sibilina: conquistar a Utena para que renuncie a su rol de príncipe en favor de un cómodo rol de princesa pasiva y subordinada. Jamás he visto maldad más grande que ésta y jamás he visto unas escenas que me revolviesen tanto las entrañas como las que se muestran en estos últimos capítulos en los que Utena es completa y sistemáticamente despojada de su identidad para recibir una nueva impuesta por Akio. Estos son también los capítulos en los que descubrimos que Utena aún está lejos del ideal principesco que la ha movido durante toda la serie, pues su inmadurez y su falta de comprensión emocional le hacen incapaz de apreciar el efecto que todos esos acontecimientos tienen sobre Anthy hasta que ya es demasiado tarde y el drama se ha vuelto arrollador.


A medida que nos acercamos a la conclusión, descubrimos la verdad sobre el "príncipe" de Utena y sobre la Prometida de la Rosa, así como la razón que justifica los duelos y el secreto del castillo en el cielo. Es también el momento en el que cada uno de los personajes concluye la evolución de su respectivo arco argumental y alcanza un clímax emocional. Cuanto más se acerca uno al final de la serie, más imperiosa se vuelve la necesidad de tener un paquete de pañuelos cerca durante el visionado.

Finalmente, una Utena derrotada y despojada de su identidad tratará de luchar por Anthy una última vez y se verá incapaz. A las puertas de obtener el poder para revolucionar el mundo, lo único que podrá hacer será confesar la única verdad que le queda, su amor sincero hacia Anthy, y eso será lo que en última instancia revolucione el mundo... o al menos una parte del mundo, pues la revolución de la que habla la serie no es una revolución exterior, sino una revolución interior. Este es quizá el tipo de revolución más importante que puede existir y nos lleva a cerrar el círculo conectando con el tema que ha vertebrado todo este texto. Una vez más tenemos que hablar de la construcción de la identidad, porque esa es la auténtica revolución: el paso de la adolescencia a la edad adulta y, más importante aún, el paso del amor soñador, idílico y propio de un cuento de hadas de la adolescencia a un amor maduro, realista y alejado de romanticismos infantiles.


En el mundo real no existen los príncipes ni las princesas de cuento de hadas, porque las personas son infinitamente más complejas que esos estereotipos. Eso por no decir que son estereotipos sexistas, clasistas y anticuados, impropios del mundo moderno, con su riqueza y diversidad. El amor ya no puede ser vivido como en los cuentos de hadas, porque el mundo hace tiempo que superó la limitada visión de los cuentos y trajo nuevas y maravillosas formas de amor. Y si esto suena como un alegato a favor del amor homosexual es simplemente porque lo es. Pero el final de Utena, la Chica Revolucionaria no sólo es el triunfo del amor homosexual, sino el triunfo del amor en toda su extensión. Utena y Anthy machacan estereotipos y roles de género, escapando de las ilusiones de la adolescencia... aunque eso no quiere decir que vayan a acabar felices y comiendo perdices, porque como hemos dicho esto ya no es un cuento de hadas.

La conclusión de la serie mantiene el juego de ambigüedades y puede considerarse tanto un final trágico como un final feliz. Es lo suficientemente abierto como para que el espectador pueda realizar sus propias interpretaciones, pues son muchas las lecturas posibles. Todo este largo texto se ha basado en mis interpretaciones personales, pero otro espectador tendrá con toda seguridad interpretaciones distintas mediatizadas por su propia identidad y sus recuerdos pasados. No obstante, si hay algo de lo que se puede estar seguro acerca del final de esta historia es de que resulta muy esperanzador.


Conclusión

Comentar una serie tan caleidoscópica como Utena, la Chica Revolucionaria no es tarea fácil. Por un lado es un drama de instituto, por otro es una historia de espada y fantasía y por otro es una compleja metáfora sobre el paso de la adolescencia hacia la madurez. Es una comedia absurda, pero también un drama y una historia de amor. Hay personajes sexualmente ambiguos, roles de género intercambiados y relaciones extrañísimas entre amigos, amantes e incluso entre hermanos. Todo son facetas distintas de un complejo caleidoscopio, de un laberinto de humo y espejos en el que el simbolismo de lo que se cuenta es más importante que los propios hechos que se cuentan.

Echo la vista atrás y una vez más pienso en Neon Genesis Evangelion. La definición del párrafo anterior se parece mucho a la que habría dado de Evangelion hace unos años, con la diferencia de que ahora Evangelion me parece cargada de simbolismos pretenciosos y pueriles en comparación con el descaro, el atrevimiento y el buen gusto de Utena, la Chica Revolucionaria. Y esto es así porque tengo la fuerte convicción de que esta serie, con su extraño lenguaje visual, habla sobre las cosas que importan de verdad. Qué logro tan encomiable para una serie de animación. Creo que después de todo Evangelion se ha quedado anclada en la eterna adolescencia mientras que Utena logró alcanzar la edad adulta. 

Soy consciente de que en todo este artículo no he mencionado el elegante diseño de personajes ni la estupenda banda sonora (destacando los contundentes temas corales que acompañan a los duelos a espada), pero me parece que no son más que el bonito envoltorio que contiene lo que importa en última instancia. Para mí esto son las emociones de los personajes y la temática que se despliega mediante el uso de símbolos, por lo que eso ha sido lo que ha centrado mi comentario. No he pretendido hacer un análisis sino simplemente expresar mi humilde pasión hacia esta serie que pese a tener casi veinte años me ha parecido tan rompedora. ¿Es desmesurada dicha pasión? Eso es algo que tendréis que juzgar por vosotros mismos.

No sé si Utena logró finalmente revolucionar su mundo, pero lo que sí sé es que ha logrado revolucionar el mío.