16 de abril de 2016

[Series] Ascension: Nada es lo que parece


En 1963 la nave espacial americana Ascensión despegó de la Tierra con destino a Próxima Centauri en un viaje que le llevaría más de cien años. Con el mundo sumido en la paranoia nuclear de la Guerra Fría, el despegue se realizó en absoluto secreto. Han pasado cincuenta años desde entonces y ahora la nave se encuentra a mitad de camino. Al tratarse de un viaje tan largo, la Ascensión se diseñó como una nave intergeneracional, de forma que en estos momentos los tripulantes pertenecen a la segunda y tercera generación, es decir, son los descendientes de los pasajeros originales. Transcurrirá una generación más hasta que lleguen al sistema estelar más cercano, donde intentarán colonizar un nuevo mundo. Los tripulantes actuales nacieron en la Ascensión y para ellos la Tierra no es más que un concepto abstracto. Muchos creen que su planeta de origen acabó consumido por la guerra nuclear y que ellos son la última esperanza de la humanidad. La Ascensión no se ha comunicado con la Tierra desde su despegue, por lo que ignora que el mundo ha seguido girando tras su marcha. De igual forma, la sociedad terrestre ignora que hay un grupo de seres humanos llevando a cabo un viaje imposible desde la década de los 60. En este contexto, el asesinato de uno de los tripulantes de la Ascensión pondrá en marcha una serie de acontecimientos que irán planteando misterios cada vez mayores y más extraños hasta que los secretos más íntimos de la Ascensión queden al fin expuestos.

Este es el argumento de Ascension, miniserie de ciencia ficción de seis capítulos emitida por el canal Syfy. Poco más se puede contar sobre su historia sin entrar en el temido terreno de los spoilers, cosa que no voy a hacer en este texto. No obstante, si has pensado en lo extraño que es que Estados Unidos tuviese la tecnología suficiente como para construir una nave capaz de alcanzar otra estrella en la década de los 60 vas por buen camino. Hay muchas cosas extrañas en esta serie y no todo es lo que parece. Empezarás a entenderlo mejor cuando llegues al final del segundo capítulo, créeme.


Pero dejemos a un lado el argumento y sus misterios y centrémonos en el fascinante ecosistema de la Ascensión. La sociedad de la nave, formada por seiscientos tripulantes, sigue anclada en los años 60 en muchos aspectos. El paso del tiempo ha moderado algunos y creado otros nuevos, pero básicamente se trata de una sociedad tan clasista y sexista como la de aquella década. Existe una clara diferencia entre los tripulantes de los muelles superiores y los de los inferiores (a los que apodan despectivamente deckers). Para los desafortunados que han nacido en esa clase social, ascender hasta los lujosos muelles superiores es un sueño hecho realidad y puesto que la Ascensión es una meritocracia (esto es, un orden social en el que se asciende en base a los méritos de cada uno y no en base al derecho de nacimiento) es posible materializar dicho sueño. Sin embargo, eso no quiere decir que sea fácil ni que el camino esté libre de prejuicios. El diseño de escenarios refuerza la ruptura entre estos dos estratos, pues los cómodos e inmaculados muelles superiores distan mucho de los oscuros y húmedos muelles inferiores. Y, sin embargo, los habitantes de esos muelles inferiores son los que desempeñan las labores más básicas que sustentan a toda la tripulación. Esto resulta familiar, ¿verdad?

Otro detalle interesante es el que tiene que ver con el papel de la mujer dentro de la nave. Todos sabemos cuál era el rol de la mujer en los Estados Unidos de los años 60, con esa imagen tan extendida del ama de casa idílica y sumisa que se encargaba de limpiar la casa, criar a los hijos y tener la cena en la mesa para cuando llegase el marido de trabajar. El machismo es algo que sigue existiendo en la Ascensión y las mujeres han aprendido a convivir con él de formas muy curiosas. Algo que llama mucho la atención es el hecho de que existen un grupo de azafatas dentro de la nave, formado por chicas jóvenes y guapas que deben pasar un riguroso criterio estético y jurar ser las "madres, esposas y cuidadoras de todos los miembros de la tripulación" (y sí, esto es una cita textual de la serie). En la práctica, esto convierte a las azafatas en una suerte de concubinas de lujo que sirven a los más poderosos de los muelles superiores y que al mismo tiempo se dedican a extraerles información y manipularles para ascender en el escalafón social. Por supuesto, casi todas las chicas quieren ser azafatas.


Por si esto fuera poco, hay que tener en cuenta que la procreación está controlada de forma estricta en la nave. Todas las mujeres están obligadas a usar medidas anticonceptivas para que la población no exceda los recursos disponibles para mantener a la tripulación. No obstante, no olvidemos que se trata de un viaje intergeneracional y que es necesario engendrar a los futuros tripulantes que conducirán a la Ascensión hasta su destino. Por tanto, cada cierto tiempo un programa informático se encarga de emparejar a un hombre y a una mujer cuyos genes producirán la variabilidad necesaria para que la población pueda seguir creciendo pese a su limitado número. Eso implica que los matrimonios de la nave se crean no por amor sino por azar y simplemente significan que un ordenador ha determinado que los genes de la pareja harían una mezcla interesante. Como previsible efecto secundario, la infidelidad está a la orden del día en la Ascensión. A pesar de todo, el matrimonio no asegura la descendencia y hay quienes deciden saltarse el protocolo, dando  a luz a hijos descastados que no se consideran parte de la tripulación y no tienen ningún tipo de derecho.

Por otro lado, el reparto de la serie es bastante variado, con personajes de distinta clase social, etnia y sexo. Incluso hay un personaje homosexual que se plantea un tema muy peliagudo: puesto que el viaje a Próxima Centauri requería varias generaciones para completarse se excluyó de la tripulación original a los homosexuales, dado que no eran óptimos para procrear. Hasta cierto punto la sociedad de la Ascensión coquetea con la eugenesia. La moralidad de los tripulantes siempre se mueve dentro de un ámbito muy gris. Por supuesto que hay algunos soñadores ingenuos, pero la mayoría de personajes de la serie son unas víboras sedientas de poder que conspiran entre ellas para mantener su estatus, lo cual me parece maravilloso.

El nivel de los actores varía de unos a otros, desde un par de actores sobresalientes hasta algunos que parecen unos aficionados, pero en ningún momento consigue romper la ilusión que mantiene al espectador dentro de la historia. Hay que reconocer que la atractiva estética de la serie ayuda a mantener el interés, desde luego. Es muy original ver una nave espacial de estética completamente sesentera en la que escuchan discos de vinilo y tienen monitores de tubo en blanco y negro. No es algo común en la ciencia ficción y ese look retro le confiere mucha personalidad a esta producción.

Atendiendo a todo lo expuesto, no cabe duda de que Ascension es una serie con un potencial tremendo. La cuestión es: ¿llega a materializar todo ese potencial? Pues bien, esto es discutible. Ascension es una serie coral, con un gran reparto de personajes y muchas subtramas que pivotan alrededor de un misterio principal que va abriendo la puerta hacia nuevos misterios. El escenario en el que se desarrolla la historia es tan rico como fascinante y plantea cuestiones sobre las que se podría debatir durante horas. Además, los seis capítulos forman un poderoso crescendo que alcanza su cúspide con un final espectacular. Hay una palabra para definir esta serie y dicha palabra es ambición. Y claro, ya sabemos que una ambición desmedida conlleva sus riesgos. También hay que tener en cuenta que lo que en un principio parecía pensado como la primera temporada de una serie que tendría al menos una temporada más ha acaba convertido en un miniserie que la cadena ha confirmado que no va a continuar. Por tanto, parte de este tremenda riqueza queda inexplorada, las motivaciones de algunos personajes no acaban de exponerse del todo y ciertos misterios quedan inexplicados. Esto no tiene por qué ser necesariamente malo, ya que permite al espectador que juegue a rellenar los huecos, pero no todo el mundo tiene la paciencia, el interés ni la tolerancia a la frustración suficientes como para ver una serie de seis capítulos que acaba con un tremendo cliffhanger. Desde mi punto de vista, pese a que considero que la serie no tiene oportunidad de desplegar todo el potencial que podría haber alcanzado en una segunda temporada, creo que merece muchísimo la pena y aquí queda mi efusiva recomendación. Si no te molestan los finales abiertos, Ascension tiene mucho que ofrecerte.


2 comentarios:

  1. Llegué hasta acá porque estoy leyendo los New X-Men de Morrison y me encontré con tu reseña (como recién voy por el noveno número, solo le di un vistazo a tu crítica). Pero definitivamente me cuento de ahora en más entre tus lectores.

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  2. Qué decepción de serie, con los mimbres que contaba podrían haber hecho ciencia ficción de alto nivel, tiene unos errores de coherencia interna absolutos y la caída en picado empieza con la trama de la niña "Akira", que impostado todo, que fatuo y gratuito Deux ex Machina. La idea supera mil veces al desarrollo, algunos actores bastante mejorables. En el último capítulo incluso daban ganas de adelantar algunas escenas, uso (abuso) del cliffhanger. Gran decepción junto a otro gran bluff Extant

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