7 de junio de 2016

[Videojuegos] Análisis de Brothers: A Tale of Two Sons

Esta entrada se publicó originalmente en el foro de ultimonivel.net el 29 de noviembre de 2014


Una pequeña joya. Brothers: A Tale of Two Sons es un juego pequeño, humilde en su pretensión de contar un cuento, con una mecánica estupendamente integrada con su narrativa y con una estética deliciosa.

El punto de partida del argumento es sencillo y nos resultará familiar a todos, como sucede siempre con los buenos cuentos: dos hermanos parten en un viaje para encontrar la cura que salve la vida de su padre enfermo. Dicho viaje no es sólo físico, sino también emocional, y los hermanos se verán puestos a prueba de distintas formas. Es la típica historia del viaje hacia la madurez y no es difícil darse cuenta pese a que el juego transcurre en un mundo fantástico poblado por criaturas extrañas. Se ve venir casi desde el principio que el clímax de la historia va a ser uno de esos de llorar mucho, pero aunque se anticipe su llegada el momento es igualmente devastador (a no ser que uno esté muerto por dentro y esas cosas). La historia es triste pero también inspiradora, llena de momentos cargados de lirismo. El final me ha parecido estupendo, sinceramente. Es precioso. Es triste y alegre. Es agridulce como la vida misma.

Lo mejor de todo es que la propia mecánica del juego encaja perfectamente con lo que te cuenta la historia. El juego está diseñado para que la mecánica no se limite a apoyar el argumento, sino para que también tenga un componente narrativo. Este juego con otra mecánica no sería lo mismo ni contaría lo mismo. El mando se divide por la mitad: un gatillo y un stick para cada hermano. Con la mano izquierda controlas al hermano mayor y con la derecha al pequeño. Ambos tienen que colaborar para avanzar y ahí está la gracia del juego (la gracia es doble si además conoces un poco cómo funciona el cerebro para estas cosas). Al principio cuesta un poco hacerse con el control y manejar a los dos personajes al mismo tiempo, por lo que se mueven descoordinados y con frecuencia tienes que parar un segundo para pensar a qué hermano vas a mover primero. Al principio son dos personajes a los que les cuesta coordinarse, pero a medida que avanzas en el juego y dominas el control puedes ver que empiezan a actuar como un único ente y que se mueven al unísono. Luego, cuando llegas al final, el clímax argumental viene acompañado de una ligera modificación de la mecánica que me ha parecido fabulosa, pero de la que no puedo decir nada para no estropear la sorpresa. Francamente, así es como una mecánica se integra perfectamente con la historia de forma sutil y efectiva. Consonancia ludonarrativa total.

Más allá de que al principio cueste un poco coordinar a los dos hermanos, el juego se bastante sencillo y además no es muy largo. Se puede acabar perfectamente en una tarde, aunque creo que merece la pena tomarse un tiempo para disfrutar de la belleza de los escenarios y del acompañamiento de la banda sonora. El propio juego invita a tener ciertos momentos de bucólico descanso y contemplación haciendo que los dos hermanos puedan sentarse en un banco a observar el paisaje por el mero placer de hacerlo. Aquí sentarse no sirve para nada (no es como en ICO, que se usaba como punto de guardado), más allá de para disfrutar de un momento de paz. Es impresionante lo mucho que pueden llenarte esos momentos en los que no tienes que hacer nada, salvo pararte a observar. Me gusta ese rollo zen. Por otro lado, si prestas un poco de atención y te desvías del camino principal puedes encontrar ciertas cosas que hacer: ayudar a que unos conejitos acepten en su grupo a otro conejito de un color distinto, liberar a un ave de su jaula, devolverle sus crías a una madre tortuga... Hacer estas cosas tampoco sirve para nada, pero te hace sentir bien; te hace sentir buena persona. ¿Qué más se puede pedir?

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