11 de junio de 2016

[Videojuegos] Análisis de Outland

Esta entrada se publicó originalmente en el foro de ultimonivel.net el 22 de julio de 2012


Probé la demo hace tiempo y me gustó, pero lo dejé pasar. Después de ver muy buenos comentarios sobre el juego decidí ponerme definitivamente con él. Me ha gustado mucho, pese a que se me ha hecho muy corto y en algunos momentos la dificultad me ha resultado algo excesiva.

El planteamiento inicial, que mezcla un plataformas de toda la vida con la dinámica de cambiar de color de Ikaruga, es un gran acierto y lo convierte en un juego ameno y original. No sólo hay que estar pendiente de calcular los saltos y de combatir a los enemigos, sino que también debes tener en cuenta el color (tanto el tuyo propio como el de los enemigos). Para poder hacer daño a un enemigo de un determinado color, debes ostentar el color contrario. De igual forma, para ser invulnerable a la energía de un determinado color, debes mostrar ese mismo color. Hay fases en las que la pantalla se llena de proyectiles de colores al más puro estilo "bullet hell". Esta dinámica de cambio de color está bien relacionada con el argumento, aunque éste es bastante escaso y no deja de ser la excusa que sustenta la acción. Un elegido que repite una lucha mitológica que se desarrolló miles de años atrás; este argumento suena bastante típico y tópico.

No obstante, la estética contribuye a proporcionar una personalidad propia a Outland. Se trata de una estética sencilla, casi minimalista, pero muy elegante. Personajes, objetos y plataformas se ven reducidos a siluetas oscuras con algunos toques de color, lo cual contrasta con los maravillosos, cuidados y detallistas fondos. En el diseño de escenarios y enemigos pueden verse ecos de las culturas precolombinas (azteca, maya, inca), lo cual no es muy común en un videojuego.

Los escenarios están diseñados con muy buen gusto y en ellos hay lugares de difícil acceso en los que encontrar objetos secretos (llamados "marcas de los dioses", que desbloquean diversos artworks al recogerlos) o lugares donde comprar mejoras que aumentan las barras de vida y magia. También hay varios jefes finales, cada uno de ellos con sus propias rutinas y su manera distinta de combatir.

Si bien el nivel de dificultad aumenta de forma progresiva en los primeros tramos del juego, hacia el final la dificultad resulta bastante elevada. Quizá demasiado. Los últimos jefes, especialmente el jefe final, son muy exigentes y pueden requerir varios intentos antes de acabar con ellos. La dificultad excesiva es una de las pocas pegas que se le pueden poner al juego. En cuanto a su duración, pese a que Outland puede durar unas siete u ocho horas dependiendo de la habilidad de cada uno, el modo historia se hace bastante corto. Para compensar esto cuenta con diversos extras, como poder teletransportarse a los escenarios ya visitados para buscar las marcas de los dioses o conseguir todas las mejoras, así como misiones cooperativas online. Esto puede alargar un poco su duración, que a mí se me ha antojado algo escasa.

Finalmente, un último apartado a destacar es la fantástica banda sonora compuesta por Ari Pulkkinen (autor de las bandas sonoras de Trine y Trine 2). La música contribuye perfectamente a la ambientación mágico-mitológica del juego con temas melódicos de distinta índole, desde temas más sosegados como el Main Theme a temas que apuestan por un tono épico como los que se escuchan en los últimos niveles, como Trail of Tears.

En definitiva, el juego tiene un apartado artístico muy vistoso, una excelente banda sonora y una jugabilidad mucho más compleja y retante de lo que puede parecer en un primer momento. Está entre los mejores juegos descargables que he probado últimamente, desde luego.

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