1 de julio de 2016

[Videojuegos] Análisis de Silent Hill: Origins

Esta entrada se publicó originalmente en el foro de ultimonivel.net el 20 de junio de 2012


Por lo general siempre he evitado los juegos de terror. Tengo mucha capacidad de inmersión, por lo que con estos juegos lo paso verdaderamente mal. Sin embargo, la saga Silent Hill llevaba mucho tiempo picándome la curiosidad. Silent Hill: Origins ha sido mi primer Silent Hill (así como el primer survival horror que juego hasta el final) y me ha sorprendido. He obtenido cierto placer masoquista pasándolo mal con este juego.

No será el mejor Silent Hill ni el mejor survival horror para iniciarse, pero la experiencia ha sido satisfactoria. Eso no quiere decir que todo me haya encantado, porque hay cosas que no me han gustado nada. No obstante, las cosas que no me han gustado tienen más que ver con lo técnico (el torpe control, los movimientos ortopédicos del protagonista, la cámara...) que con lo estilístico y argumental, por lo que puedo perdonarlas.

El planteamiento del juego me ha parecido estupendo. El protagonista, Travis, un camionero con pasado misterioso, se encuentra con una extraña niña en mitad de la carretera. Tras parar el camión y salir a buscarla se adentra en la ciudad de Silent Hill, donde comienza a notar la presencia de una extraña niebla... que no es niebla, sino humo. Hay una casa ardiendo y Travis encuentra a una niña semicalcinada dentro. ¿Es la misma niña de antes? ¿Qué le ha pasado? Tratando de encontrar las respuestas Travis acabará inmerso en el misterio de Silent Hill y descubrirá oscuros secretos sobre su pasado.

La progresión que sigue el juego es genial. Al principio las calles cubiertas de niebla están desiertas. Poco a poco van apareciendo enemigos, que en un primer momento son más o menos humanoides. A medida que avanza la historia y Travis va descubriendo cosas, la cantidad de criaturas que se pasean por Silent Hill es mayor y además son cada vez más extrañas y retorcidas. Quizá un misterioso mal se esté apoderando del pueblo... o quizá Travis esté enloqueciendo cada vez más. Lo que sucede es ciertamente subjetivo y está muy influenciado por los descubrimientos de Travis acerca de su pasado.

Descubrir poco a poco la historia de Travis es una gozada. Al principio los documentos que encuentras no parecen tener sentido, pero poco a poco las piezas van encajando y sale a la luz un pasado de lo más truculento. Viajar a Silent Hill no sólo es viajar a un pueblo maldito repleto de criaturas extrañas, sino que también es viajar al interior de una mente torturada. Lo uno y lo otro están muy relacionados y es difícil determinar hasta qué punto lo que está sucediendo es real o es el producto de una mente enferma. Travis tiene que enfrentarse a sus fantasmas en Silent Hill: por un lado al recuerdo de sus padres y por otro a una criatura llamada El Carnicero que bien podría ser una representación del propio Travis. De hecho, el juego sugiere la posibilidad de que Travis sea un asesino mentalmente inestable.


La ambigüedad con la que se narra todo es uno de los puntos fuertes del juego (y supongo que de toda la saga) junto a la opresiva ambientación. En este caso, la ambientación se consigue más con el sonido que con otra cosa. Akira Yamaoka es un maestro utilizando tanto el sonido (unos pasos que parecen seguirte aunque no haya nadie detrás, la hoja de un cuchillo deslizándose por la pared...) como la ausencia de sonido (los silencios están empleados de manera magistral). El juego genera tensión recurriendo al sonido, la música y la oscuridad, aunque también hay algún susto fácil (ese enemigo que te espera justo al abrir una puerta, por ejemplo). Por suerte los sustos fáciles son escasos, mientras que los momentos en los que tienes que moverte en la oscuridad sin saber lo que hay al otro lado son muchos. Los sustos fáciles no generan terror, mientras que la incertidumbre y la sensación de indefensión sí. Éste ha sido el motivo por el que he tenido que ir jugándolo muy poco a poco (ratos de media hora como mucho) y en más de una ocasión he tenido la sensación de que ya había tenido bastante Silent Hill por esa noche. Es curioso que a la noche siguiente siempre volviese a por más. Es un placer masoquista, como decía antes.

El juego está bien equilibrado. Las zonas exteriores, cubiertas de niebla, generan agobio. Las criaturas te detectan con facilidad y te persiguen. Pelear no suele ser una buena opción, por lo que tienes que correr y buscar refugio. Las zonas interiores, totalmente oscuras, son distintas. Si no enciendes la linterna los monstruos no tienen por qué detectarte, así que puedes avanzar en la oscuridad. No obstante, la tensión aumenta exponencialmente cuando estás avanzando a oscuras y además estás intentando pasar desapercibido. Hay momentos que te ponen el corazón en un puño.

Hay algún puzzle, por lo general muy sencillito y previsible (excepto el de las pastillas, que me ha parecido muy original), aunque sería más apropiado considerar que el propio juego es un puzzle. Puesto que la mayoría de puertas están cerradas (¿qué problema tienen en Silent Hill con las puertas?) y los caminos están bloqueados, tienes que utilizar los espejos para viajar entre el Silent Hill cubierto de niebla y el "otro" Silent Hill. Las visitas a esa otra versión del pueblo te permiten acceder a nuevas zonas, aunque no es agradable pasearse por allí (es en esa versión oscura del pueblo donde la ambientación sonora está mejor implementada, habiendo estado a punto de provocarme un ataque de histeria únicamente con el sonido más de una vez).

Por desgracia, la sensación de inseguridad e indefensión se va desvaneciendo a medida que te acercas al final y encuentras armas cada vez más potentes. Al principio tienes que defenderte con lo que puedas (un palo, un destornillador, una botella de cristal...), pero después incluso llegas a tener un rifle de asalto. Desde mi punto de vista, estropea un poco las sensaciones conseguidas al principio. Esto es lo que sucede con los jefes finales. Están muy bien presentados y dan mucho mal rollo, pero el combate en sí se reduce a esquivar sus ataques y a dispararles con el arma más potente que tengas. Es irónico que lo haya pasado peor recorriendo pasillos vacíos que enfrentándome a los jefes (incluyendo al jefe final, que es un cliché muy poco original en comparación con los anteriores).

Pese a esos detalles menores, es un juego muy interesante. Si esto es lo que ofrece la saga Silent Hill estoy convencido de que me va a gustar. Además, después de lo que he visto, quiero saber más. Por tanto, mi próximo paso es empezar Silent Hill 1. Como he hecho con Origins, lo iré jugando poco a poco, en ratitos cortos cada noche. Pasarlo mal proporciona un placer masoquista, pero uno tiene un límite en cuestiones de masoquismo.


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