13 de noviembre de 2016

[Cómic] Poe Dameron: Soy sexy y toda la galaxia lo sabe

Mi interés hacia la franquicia Star Wars estaba bajo mínimos cuando se estrenó El Despertar de la Fuerza. De hecho, la película me dejó bastante frío la primera vez que la vi. También es cierto que en ese momento mi percepción estaba condicionada por el constante bombardeo que supuso la vuelta a la actualidad de la moda Star Wars tras varios años de letargo. Tantas voces hablando al unísono, ya fuese para proclamar sus bondades o para denunciar sus fallos, no tuvieron otro efecto en mí más que llevarme hasta el punto de saturación y provocar el subsiguiente rechazo a todo lo que tuviese que ver mínimamente con la saga galáctica. Sin embargo, durante estos meses en los que el fenómeno volvía a enfriarse a la espera de que se renueve el bombardeo con la promoción de la nueva e inminente película, me he dado cuenta de que he vuelto a acercarme a la franquicia poco a poco con un renovado interés. La causa de esto no es El Despertar de la Fuerza, que sólo he vuelto a ver una vez desde el día de su estreno, sino los productos que se han ido lanzando dentro del universo canónico amparado por Disney. Los auténticos responsables han sido la serie de animación Star Wars Rebels, cuyos personajes se han ganado mis simpatías, los cómics de Marvel encabezados por la inteligente serie de Darth Vader de Kieron Gillen y Salvador Larroca y también alguna novela como Star Wars Consecuencias de Chuck Wendig. Puede que estos no sean más que obras derivativas dirigidas hacia los seguidores más consumistas, pero a mí me han devuelto la pasión por un universo del que ya estaba casi desconectado del todo. Por tanto, ahora que volvía a estar receptivo hacia Star Wars, estaba deseando que los personajes de El Despertar de la Fuerza diesen el salto a otro medio para comprobar si podían resultarme más apasionantes de lo que me resultaron en mi primer contacto con ellos. En especial estaba deseando que el piloto Poe Dameron diese el salto al cómic y pasase a protagonizar su propia serie, cuyos primeros números ya están disponibles en España en formato grapa.


Quizá no fuese el personaje más brillante ni el mejor presentado del Episodio VII, pero Poe Dameron me resultó uno de los más atractivos; eso sí, no tanto por el atractivo intrínseco al personaje como por el propio atractivo natural del actor que lo interpretaba, Oscar Isaac. Es más, diría que Poe me interesa más por todo lo que se ha montado a su alrededor fuera de la película que por su participación en el arranque de la nueva trilogía, que es bastante simple. No obstante, la peculiar interpretación del actor y sus declaraciones durante la promoción de la cinta alimentaron las dudas acerca de la sexualidad de Poe y abrieron la puerta hacia una posibilidad estupenda: tener un personaje LGBT entre los protagonistas no sólo de una película de gran presupuesto, sino de una de las franquicias más poderosas de la historia del cine. Pese al compromiso que parece haber adquirido Disney con la diversidad a la hora de afrontar el reto de continuar la saga galáctica, de momento esto no es más que una mera posibilidad y quizá se quede en agua de borrajas en el futuro. Mientras tanto, algunos seguiremos soñando con ella. Para mí sería todo un acierto que un personaje tan carismático acabase siendo gay o bisexual de forma explícita. En cierto sentido, parece que Oscar Isaac lo interpretaba como si lo fuese.

No hay nada de esto en las primeras entregas del cómic de Poe Dameron, aunque me gustaría poder verlo en el futuro. Lo que sí creo que captan bien estas primeras entregas de la colección es el magnetismo que le imprimió Oscar Isaac al piloto de la resistencia rebelde. Poe es un personaje nacido para molar: virtualmente perfecto, habilidoso, carismático, con un punto de picaresca y condenadamente sexy. Puedes sustituir cualquiera de sus diálogos en cualquier número por la frase "soy sexy y toda la galaxia lo sabe" y encajará sin problema con su postura y su expresión facial (yo mismo lo he probado, aunque jamás lo admitiré en público). Trasladar algo tan abstracto como el carisma de una persona real al papel no me parece una labor sencilla, pero este cómic lo consigue de forma más que adecuada. Todo en esta colección parece estar subordinado ante su personaje central, ya que todo es un escenario orientado a proporcionar mayores oportunidades de lucimiento a Poe. La historia en sí es una simple excusa para que Poe luzca palmito, aunque no seré yo quien se queje de ello.


La premisa parte de algo que ya vimos en El Despertar de la Fuerza: el encuentro entre Poe Dameron y Lor San Tekka, el personaje que le entrega el mapa que conduce hasta la ubicación de Luke Skywalker. El cómic nos sitúa algún tiempo antes de la película y su primer arco se centra en el comienzo de la búsqueda de Poe, a quien la general Organa ordena encontrar a Lor San Tekka. Siguiendo sus pasos, nuestro protagonista y sus compañeros (un grupo de pilotos apodado el Escuadrón Negro y el adorable droide BB-8) llegan a un planeta en el que reside un culto subterráneo erigido alrededor de un misterioso huevo gigante. Hasta allí llega también la Primera Orden, con el objetivo de apresar al peligroso piloto rebelde. Los villanos han encargado la misión de detener a Poe a un nuevo personajes llamado Agente Terex, cuyos raíces parecen hundirse hasta el Imperio que gobernó la galaxia años atrás. El conflicto con nuestro protagonista está servido.

El equipo creativo al que Marvel puso al frente de la serie no es nada desdeñable. Los guiones corren a cargo de Charles Soule, un escritor cuyos guiones siempre me han parecido bastante solventes pese a haber tenido algún tropiezo que otro. Este no es su primer cómic dentro del universo Star Wars, donde ya se encargó de las miniseries Lando (ya publicada en España) y Obi-Wan & Anakin (que acaba de empezar a publicarse). y parece bastante cómodo dentro de la franquicia. Por otro lado, el apartado gráfico es obra de Phil Noto, un dibujante por el que siento cierta debilidad. Si bien es cierto que me parece mejor ilustrador que dibujante, en el sentido de que a veces creo que necesita pulir un poco más su narración, no tengo problema en perdonarle ciertos detalles por el acabado general que consigue. Hay que tener en cuenta que este artista no se encarga sólo del dibujo, sino también del color, con todo lo que ello supone durante la realización de una serie regular con sus exigentes plazos de entrega.

Habrá que ver qué planes tienen los dos autores para darle vidilla a la colección más allá de su premisa inicial, que se me antoja demasiado simple y poco llamativa. Como he dicho antes, entiendo que todo lo que se plantea es un escenario construido para ensalzar a Poe, pero espero que la serie se tome su tiempo de forma que tras unos cuantos números podamos conocer algo mejor al resto del reparto. Ya sé que Poe y BB-8 son geniales, así que ahora espero que se le otorgue el debido trasfondo a los secundarios, en especial a los miembros del Escuadrón Negro (entre los que se encuentra un personaje de Star Wars Consecuencias que me interesa bastante). Por lo visto en los primeros número se intuye que esa es la intención de los autores, aunque se necesitará tiempo para conseguir que esos personajes se hagan un hueco en el corazón del lector. Teniendo en cuenta que las series de Star Wars que publica Marvel huyen de los cuadros de texto y de los monólogos interiores, el desarrollo de personajes debe hacerse de formas mucho más sutiles que mediante la clásica exposición a base de texto. Creo que este aspecto le falla un poco a Soule en esta cabecera, cuyo primer número reposa demasiado en los diálogos con función expositiva, pero esto no es nada que no pueda mejorarse en el futuro. Por otro lado, también espero un villano a la altura del héroe protagonista. El Agente Terex tiene potencial para serlo, aunque aún está bastante lejos de convertirse en un personaje memorable. El tiempo dirá.

Finalmente, una última expectativa que me gustaría que cumpliese esta colección tiene que ver con el asunto de la sexualidad de Poe. Imagino que cualquier revelación sobre este aspecto se habrá reservado para la trilogía cinematográfica, pero los cómics podrían seguir dando pequeñas pistas que alimenten la rumorología asociada al piloto rebelde. Bastaría con algo tan simple como mostrar a Poe flirteando con algún personaje masculino al más puro estilo del Capitán Jack Harkness de Torchwood para dejar que el fandom siguiendo soñado. Y yo con él, por supuesto.


Para acabar estas rápidas impresiones sobre el arranque de esta cabecera sólo me resta decir que, como los demás cómics de Star Wars de Marvel, la serie de Poe Dameron ofrece un entretenimiento fácil y accesible. No es necesario estar al día acerca de todos los detalles del universo expandido para poder seguir la trama y su lectura es apropiada para todas las edades. Se trata de un cómic agradable de leer, con un apartado gráfico resultón, mucha acción y un protagonista carismático. No es ni mucho menos una serie sobresaliente, pero su inicio es sólido como una roca. Hay algunos aspectos que podrían mejorarse, pero se compensan con el gran potencial desplegado para futuras historias. No todas las series tienen que estar por encima de la media: a veces basta con que sean entretenidas y te hagan pasar un buen rato. Ésta es una de esas series.

Personalmente, agradezco este tipo de obras ligeras. De hecho, considero que son el auténtico motor de una franquicia tan masiva como Star Wars. Las nuevas películas irán llegando a su debido tiempo y propiciarán nuevos arranques de euforia colectiva, por supuesto. Durante esos momentos, Star Wars será la moda imperante y todo el mundo hablará sobre la franquicia y querrá saber más sobre ella, lanzándose al consumismo compulsivo de todo tipo de material. Sin embargo, cuando pase la fiebre y el interés general empiece a flaquear, la franquicia quedará de nuevo en manos de los productos menores, como Star Wars Rebels, los cómics de Marvel o las novelas. Al menos en mi caso, son esos productos menores los que consiguen que la saga galáctica me interese y me apasione, no por una fiebre momentánea sino por la progresiva acumulación de horas y horas de buen entretenimiento a base de propuestas sólidas y agradables.


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