13 de enero de 2017

[Videojuegos] Nintendo Switch: una pequeña opinión sobre la filosofía que sustenta a la nueva consola de Nintendo


Hace ya bastante tiempo que me bajé del carro de Nintendo, pero eso no quiere decir que haya dejado de prestar atención a los movimientos de la compañía nipona. Puede que su filosofía difiera de mis preferencias como jugador, pero el impacto que ha tenido y sigue teniendo en el mundo del videojuego (y por extensión en la cultura popular) es indiscutible. Tras el descalabro de Wii U, Nintendo no está viviendo su mejor momento en términos de negocio. Sin embargo, los pilares que sustentan su filosofía permanecen sólidos como una roca y eso es algo digno de admiración. Pocas compañías tienen un compromiso tan férreo con los principios que las guían, ya que la mayoría de ellas se conforma con adaptarse a las preferencias del mercado y arriesgarse lo mínimo posible. Nintendo, en cambio, no se adapta al mercado sino que trata constantemente de crear nuevos mercados. Además, cada nueva consola que presenta supone un importante riesgo, pues implica un cierto grado de innovación. Los controladores de movimiento, las pantallas táctiles, la doble pantalla, el 3D... desde el lanzamiento de los primeros modelos de Wii y DS, Nintendo se ha dedicado a explorar nuevas formas de interactuar con la tecnología; nuevas formas de hacerla accesible a cualquier persona. A veces ese riesgo se ve recompensando, mientras que otras implica pérdidas. Pero incluso cuando una de sus consolas no funciona como se esperaba que lo hiciese, como en el caso de Wii U, se le puede adjudicar un triunfo moral. Nintendo tiene un compromiso con la diversión y el juego social que no tiene ninguna otra compañía y, pese a la inquietud que han despertado sus recientes incursiones en los dispositivos móviles, la presentación de su nueva consola, Switch, ha servido para reafirmar una vez más ese compromiso.

Hay algo que me resulta entrañable en las presentaciones de prensa de Nintendo. Quizá se deba al carácter profundamente japonés de la empresa o al hecho de que hasta cierto punto siempre resultan un tanto anacrónicas. Quizá sea algo tan sencillo como que las presentaciones de Nintendo derrochan humildad en un entorno demasiado dado a los excesos autocomplacientes. Estoy acostumbrado a que otras compañías como Microsoft o Sony realicen todo un despliegue audiovisual durante sus presentaciones (de hecho, nunca se me olvidará aquella presentación de Sony que contó con la música en directo de una orquesta, lo que fue todo un alarde de megalomanía). En cambio, Nintendo abrió la presentación de Switch, consola de la que puede depender en gran parte el futuro de la compañía, con un par de sencillas diapositivas. Es más, uno de los primeros juegos que presentó en el evento se juega mirando a los ojos al otro jugador en lugar de mirando a la pantalla, lo cual lanzaba un mensaje muy potente: la consola no es el centro de la experiencia. Mientras otras propuestas como Project Scorpio o PlayStation 4 Pro se amparan en una tecnología más potente para venderle una suerte de estatus superior al jugador, Switch deja a un lado su tecnología en favor de la interacción social más simple. He aquí la filosofía de Nintendo en todo su esplendor.

Hoy la red está plagada de artículos y comentarios sobre la presentación oficial de Switch, así que voy a ahorrarme los detalles. Lo que está claro es que esta extraña propuesta híbrida entre consola de sobremesa y consola portátil sigue haciendo el mismo hincapié en el juego social que hicieron Wii y Wii U en su momento; quizá incluso más, dada la facilidad para jugar con ella en cualquier parte y teniendo en cuenta las diversas posibilidades que ofrece el mando Joy-Con. Nintendo quiere que juguemos con nuestra familia y nuestros amigos, ya sea al aire libre o reunidos en una misma sala. Por supuesto que existe la posibilidad de jugar online con otros jugadores de cualquier parte del mundo, pero el núcleo de la experiencia que vende Switch es la interacción social directa, algo que se lleva cada vez menos. Otras plataformas ponen su énfasis sobre la potencia gráfica, el dramatismo de sus historias o el frenetismo de sus modos online mientras que los multijugadores locales son cada vez menos infrecuente. Nintendo es la más clara excepción a esta tendencia y Switch es la prueba de que su postura no ha cambiado en absoluto. Se trata de una postura muy necesaria para dar variedad a un mercado con demasiada tendencia a homogeneizarse.

Para Nintendo lo importante no es la consola, sino las personas que la usan. La consola es sólo una excusa para relacionarse, hablar y jugar con la gente que te rodea. Todo eso puede hacerse a través de la red, claro está, y personalmente no tengo nada en contra de que se haga. No obstante, creo que las relaciones indirectas en las que la comunicación está mediatizada por una máquina pierden algunos de los componentes más importantes de cualquier relación: la cercanía, el contacto físico, la posibilidad de mirar directamente a los ojos al otro; el genuino calor humano, en definitiva. Admiro a Nintento por apostar por experiencias que implican de forma tan fuerte esta relación directa con otros jugadores en un mundo en el que las relaciones cada vez están más mediatizadas por máquinas, ya sea el teléfono móvil que usamos para consultar las redes sociales y los servicios de mensajería o la consola con la que jugamos online junto a jugadores de cualquier parte del mundo. Pero tampoco quiero pecar de idealista, porque la propuesta de Nintendo no deja de ser un ideal al que aspirar y no una norma. Me cuesta creer que la mayoría de futuros jugadores de Switch sea igual que los modelos de los anuncios de la consola, esos que se llevan la consola a la fiesta inesperada que sus vecinos han organizado en su terraza o que son capaces de organizar toda una competición en el parque de su barrio. Imagino que gran parte de los compradores tendrá un perfil bastante distinto, en el que el juego social tenga una importancia considerablemente menor. Si yo me hiciese con una Switch mi perfil no sería el del jugador social de los anuncios, desde luego. Aún así, el mensaje de Nintendo me parece tan acertado como necesario: la consola, como cualquier otro aparato tecnológico, sólo es importante en tanto en cuanto te pone en contacto con otras personas, en especial aquellas personas con las que puedes interactuar directamente. Switch no sólo es una forma de diversión, sino también de comunicación social.

Es posible que parezca una estupidez considerar que una videoconsola puede ser un dispositivo de comunicación social, pero no hay más que echar la vista atrás para ver el impacto que tuvieron Wii y DS en ese sentido: hicieron que los videojuegos fuesen accesibles incluso para aquellos que no los habían probado nunca, lo que supuso que jugar en familia fuese verdaderamente posible pese al absoluto desconocimiento tecnológico de los más mayores de la casa. Yo nunca fui especial partidario de la apuesta tan poco tradicional que supuso Wii, ya que en su momento me pareció muy alejada de mi zona de confort, pero con el tiempo me he percatado de su valor y de su valentía. Recuerdo una visita que hice a un centro de rehabilitación neuropsicológica en el que, entre otras muchas actividades con los pacientes, se jugaba a la Wii. En ese caso, la consola se había convertido en una estupenda forma de comunicarse con el paciente y de ayudarle en su terapia. Dudo mucho que Xbox One o PlayStation 4 pudiesen desempeñar el mismo rol en un centro de esas características, mientras que a la vieja Wii le venía como anillo al dedo. Wii, en definitiva, además de divertir con sus juegos, era una herramienta estupenda que permitía interactuar con facilidad con los demás, incluyendo personas con necesidades especiales. Este tipo de cuestiones no suelen preocupar al jugador medio, mucho más interesado en su propia satisfacción personal, pero ahí es donde radica la verdadera importancia social de todo producto tecnológico.

Supongo que Switch es el siguiente paso en el camino que inició Nintendo con Wii, aunque no dejo de pensar que es una propuesta bastante más conservadora de lo que esperaba. Wii U ya me pareció demasiado conservadora en su momento, ya que parecía estar a medio camino entre Wii y la consola que quizá debería haber sido. Por su parte, Switch no me parece ninguna revolución sino una evolución lógica que combina todo aquellas innovaciones que tan bien funcionaron en Wii y DS pero también hace algunas concesiones al mercado actual. Tanto su presentación como el marketing que rodea a la nueva consola han dejado un tanto de lado esas típicas imágenes de familias felices jugando en el salón de casa que tanto caracterizaron a los anuncios de Wii, lo cual me parece llamativo. Quizá la apuesta de Nintendo ya no vaya dirigida a un público tan amplio, ya que de hacerlo tendría que competir con los móviles y las tabletas, que parecen haber ocupado el nicho que en su momento ocupó Wii en el salón de casa. Switch parece enfocada a un público más juvenil, a esos adultos de mediana edad que se han criado jugando y son ávidos consumidores de tecnología, y no tanto a las familias. No hay abuelas jugando a la Switch en los anuncios y su ausencia también transmite un mensaje.

El juego online de pago también puede considerarse una concesión al mercado actual, pero no debería sorprender a nadie teniendo en cuenta que tanto Xbox One y PlayStation 4 requieren un pago para jugar online. Tendremos que ir acostumbrándonos a pagar si queremos jugar online en consola o ir pensando en pasarnos al PC. Sin embargo, no deja de ser chocante que una compañía tan preocupada por la diversión de los jugadores ponga una barrera tan sonada a dicha diversión como exigir un pago previo para poder disfrutar del componente online.

Finalmente, otro aspecto que me genera cierta controversia tiene que ver con la concepción de la propia consola. Leí hace tiempo que Nintendo no es una compañía tecnológica sino una empresa juguetera y hasta cierto punto estoy de acuerdo. Switch va un paso más allá de lo que llegaron Wii y Wii U en la tendencia de considerar que la consola es un juguete más que un aparato de alta tecnología. Eso es más propio de la competencia que de Nintendo, que parece más que dispuesta a seguir explotando el filón que abrió con los Amiibo. Como otros muchos han augurado antes que yo, los mandos Joy-Con de colores serán el complemento más discreto que veremos para Switch. Es lógico esperar que haya mandos decorados con motivos de diferentes juegos, permitiendo que el jugador pueda personalizar su consola. Quizá incluso haya mandos especiales que permitan realizar tareas concretas en algunos juegos, de forma similar a los periféricos que tuvo Wii. Y, por supuesto, basta con que Nintendo repita la misma estrategia que tan bien le ha funcionado con los Amiibo o con la NES Mini (lanzar tiradas iniciales pequeñas para crear una alta demanda y una sensación de urgencia en los consumidores) para asegurarse unos ingresos considerables. Personalmente, no me gusta esta estrategia ni me gusta esa concepción de "juguete tecnológico" que parece defender Nintendo, como tampoco me gusta el hecho de tener que pagar por jugar online, pero entiendo que muchas de estas decisiones han sido cuestión de supervivencia para la empresa.

Tras el relativo fracaso de Wii U y la muerte de Satoru Iwata, había cierta incertidumbre sobre el futuro devenir de Nintendo. Su incursión en los teléfonos móviles fue percibida en términos generales como una concesión desesperada a las exigencias de un mercado que ya la había dejado atrás. Es posible que Switch comparta la misma filosofía que sus predecesoras, pero no es una innovación tan arriesgada ni peculiar como lo pudo ser Wii. También es cierto que las constantes filtraciones han estropeado cualquier atisbo de sorpresa. Pese a todo, el ruido mediático que ha causado ha sido notable y quizá eso baste para tranquilizar a los inversores de la compañía durante el próximo periodo fiscal. El futuro de la compañía nipona pinta como poco interesante y merecerá la pena ser testigo de los juegos que van a ir llegando a la nueva consola. Además de lo ya visto, con esas nuevas entregas de la sagas Mario, Zelda y Xenoblade tan atractivas, habrá que ver si los desarrolladores consiguen aprovechar las peculiaridades de Switch para llevar a cabo juegos innovadores; juegos que le saquen partido al Joy-Con y a la posibilidad de jugar en cualquier parte. En cualquier caso, el compromiso de Nintendo con la diversión y el juego social siguen mereciendo todo el respeto del mundo. No puedo hacer más que desearle lo mejor a Switch ahora que ha comenzado de forma oficial su carrera, ya que el mundo de los videojuegos sigue necesitando que la filosofía de Nintendo está presente. Esa alternativa tan distintiva, tan centrada en la diversión y en la comunicación, debe estar presente y debe ser una alternativa a tener en cuenta.

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