15 de junio de 2017

[Literatura] Revisitando la Dragonlance (Parte 3): "Qualinost"

Después de repasar los libros centrados en los primeros años de Raistlin, el personaje más popular de esta saga de fantasía, me apetecía hacer lo propio con los demás aventureros que protagonizan las Crónicas de la Dragonlance y rememorar así sus orígenes. Quizá esté demorando demasiado el momento de releer las Crónicas, que como ya apunté son el eje central que articula toda esta franquicia, pero no tengo prisa. Aunque iba a ponerme ya con los Preludios, que son dos trilogías ambientadas inmediatamente antes de las Crónicas, he decidido embarcarme antes en la lectura de otros seis volúmenes cronológicamente anteriores. Los Compañeros de la Dragonlance es una colección de seis libros escritos por distintos autores que narran los primeros encuentros entre quienes se convertirán en los futuros héroes (de hecho, el título en inglés de la colección es Dragonlance Meetings). Recuerdo haber comenzado a leer esta hexalogía hace años, aunque nunca llegué a terminarla. Es buen momento para enmendar ese error.

Como todas las subcolecciones de la franquicia, Los Compañeros de la Dragonlance es independiente del resto de libros aunque está plagada de guiños y referencias a su universo. No obstante, hay que tener en cuenta que la historia continúa de un volumen a otro, por lo que deben ser leídos en orden (al contrario de lo que sucede con los Preludios, que son independientes entre sí y pueden ser abordados en cualquier orden). El primer volumen se tituló Qualinost en su edición española, aunque el título en inglés es mucho más sugerente: Kindred Spirits. La historia transcurre casi por completo en la ciudad élfica de Qualinost y tiene como protagonistas a dos de los compañeros: el enano Flint Fireforge y Tanis el Semielfo. El libro no sólo narra su primer encuentro, sino también el desarrollo de su incipiente amistad. En los siguientes volúmenes se les irán uniendo los demás personajes que acabarán conformando el elenco principal de las Crónicas.

Qualinost fue escrito por Mark Anthony, un escritor habitual en el entorno de la narrativa fantástica hace ya unos años (además de este libro de la Dragonlance también firmó varios de Reinos Olvidados, la otra gran saga noventera de espada y brujería), y Ellen Porath, coautora de otros volúmenes posteriores de Los Compañeros de la Dragonlance. Ambos autores están bastante por debajo de lo que ofrecen Margaret Weis y Tracy Hickman en los títulos principales de la saga, pero Qualinost supone una historia entretenida y entrañable, aderezada con unas pequeñas notas de misterio. Si bien no llega a ser un libro notable, sí es al menos recomendable.

Como decía, el grueso de la narración se sitúa en Qualinost, capital de uno de los dos grandes reinos élficos del mundo de la Dragonlance: Qualinesti. Durante los años posteriores al Cataclismo que lanzaron los dioses sobre la tierra como castigo por la arrogancia de los hombres, Qualinesti cerró sus fronteras. Desde entonces, los habitantes de Qualinost han tenido poco contacto con el mundo exterior, aunque entre ellos ha ido surgiendo el debate acerca de si se deberían retomar los contactos comerciales que tuvo antaño el reino. Sin embargo, los tumultuosos años posteriores al Cataclismo, con toda la violencia que conllevaron, hicieron que muchos nobles elfos acabasen despreciando a las demás razas y en especial a los humanos, responsables de muchas tragedias para los suyos. Precisamente uno de nuestros protagonistas es producto de una de esas tragedias.

El libro arranca con el nacimiento de Tanis, el hijo mestizo de una elfa violada por un asaltante humano. Exhausta por el parto y desolada por el asesinato de su esposo a manos de los mismos humanos que la forzaron, la madre es incapaz de reponerse y muere poco después de dar a luz. Bautizado con el nombre élfico Tanthalas, el bebé es entonces acogido por su familiar más cercano, su tío Solostaran, el Orador de los Soles (título que ostenta el gobernante de Qualinost, a quien se puede considerar rey de Qualinesti). Pese a su ascendencia humana, el Orador cría a Tanis junto a sus propios hijos, Porthios, Lauralanthalasa (Laurana para abreviar) y Gilthanas. Aunque la corte no aprueba la decisión de su gobernante, acaba aceptando a Tanis a regañadientes. Eso no quiere decir que el joven semielfo sea visto con buenos ojos ni mucho menos: los demás elfos no lo consideran semielfo, sino semihumano; alguien cuya sangre está contaminada por una especie inferior y violenta. Su sangre humana es motivo de burla constante, cuando no de abierto rechazo.

Siendo Tanis poco más que un niño para los estándares élficos (recordemos que esta raza es mucho más longeva que la humana), el Orador decide establecer contactos comerciales con un reputado artesano del metal: un enano llamado Flint que es invitado a Qualinost para que pueda ofrecer sus servicios a los elfos. La llegada del maestro enano es todo un acontecimiento, pues es el primer visitante de otra raza que atraviesa las fronteras tras muchos años de aislamiento. Flint ya no es joven (según los estándares enanos, cuya especie es tan longeva como la de los elfos), pero aún le queda suficiente espíritu aventurero como para trasladarse a Qualinost y empezar una nueva vida entre los elfos. Allí, además de entablar amistad con Solostaran, también desarrollará un profundo afecto hacia Tanis. Después de todo, ellos son los únicos habitantes del reino que no son elfos de sangre pura.

Probablemente lo más interesante del libro sea su tercio inicial, que se centra en establecer la relación entre Flint y Tanis. El enano, de carácter exagerado y gruñón, esconde un corazón tierno y no tarda en adjudicarse un rol atento y paternal. Por su parte, el semielfo encuentra en Flint a alguien a quien confiar sus sentimientos. De hecho, Flint es la primera persona a la que se abre realmente. La suya es la amistad entre dos parias, entre dos seres que no encajan en su entorno. Aunque los nobles elfos respeten las habilidades del enano con el metal, nunca será aceptado como un habitante de pleno derecho de Qualinost. Por su parte, Tanis siempre será un mestizo. Ambos encuentran refugio y solaz el uno en el otro, lo cual es muy emotivo y hace que ésta sea una lectura tan entrañable.

Si incido tanto en los prejuicios raciales es porque creo que es uno de los temas centrales del libro. Esto no es novedoso ni mucho menos; no lo era cuando fue escrito y no lo es hoy en día, pero el enfoque desde el que se aborda el tema es lo que me parece interesante. Dentro del género de fantasía no suele ser habitual ofrecer un retrato de los elfos como unos racistas obsesionados con la pureza de su sangre. Ese papel suele estar reservado a los humanos o a los enanos (cuya rivalidad con los elfos es parte integrante de casi todos los grandes universos de fantasía medieval). Lo curioso de la propuesta de estos dos autores es que el menos prejuicioso de todos los personajes es precisamente el enano, mientras que muchos de los elfos que aparecen son abiertamente racistas y rechazan de forma tajante y automática a todo aquel que no consideren puro. No obstante, los nobles elfos son conscientes de que si quieren que su reino siga prosperando es imprescindible que abra sus fronteras; no sólo para establecer rutas comerciales, sino también para permitir que artesanos como Flint traigan nuevo conocimiento a los estancados elfos. Se encuentran, por tanto, ante una paradoja, en la que están obligados a convivir con aquellos a los que desprecian si quieren sobrevivir, pues la alternativa es vivir aislados en su pequeño mundo y quedar privados de los progresos que han realizado otras razas. Visto desde una óptica actual es un tema muy vigente estos días y me parece muy apropiado para un libro enfocado sobre todo a los lectores juveniles.


En cuanto a la trama, quizá la mayor pega que se le puede poner es lo mucho que tarda en arrancar. Un defecto bastante común en este tipo de libros (ya sean de la Dragonlance, de los Reinos Olvidados o de cualquier otro universo nacido de un juego de rol de lápiz y papel) es que pasan más tiempo construyendo la ambientación de la historia que narrando la propia historia. Quizá sea un vicio heredado de los juegos de rol, en los que es tan importante establecer el escenario antes de comenzar la campaña propiamente dicha. En todo caso, me gusta pensar que esto hace que sean lecturas atmosféricas, es decir, libros que ofrecen una gran cantidad de información para que el lector sea capaz de reconstruir un escenario mental con todo lujo de detalles. Quizá luego la trama no sea muy original ni esté llevada con mucha destreza, pero el hecho de estar tan sumergido en el mundo que te ha presentado el libro hace que te interese y te impacte más. En este caso, la trama tarda más de doscientas páginas (de las algo menos de cuatrocientas que tiene el libro) en arrancar. Para entonces, justo en el momento en que las piezas dispersas empiezan a encajar y el misterio cobra sentido, el lector ya conoce tan bien la vida en Qualinost que, lo quiera o no, ya está implicado.

En efecto, hay un misterio en este libro; o más bien un conjunto de misterios relacionados. De manera tangencial a las andanzas de Flint y Tanis en la ciudad de los elfos, poco a poco se va desvelando una trama que implica un atentado contra el trono del Orador de los Soles, una venganza que hunde sus raíces en el pasado de la corte y un viejo secreto perdido siglos atrás en el reino (y que tiene que ver con cierto objeto legendario de la mitología de la Dragonlance: la Gema Gris de Gargath). La resolución de la trama es bastante satisfactoria, aunque muy brusca. Ciertos detalles quedan demasiado en el aire para mi gusto, lo que me transmite la impresión de que los autores se excedieron en el número de páginas y el editor tuvo que meter la tijera en el tramo final. El clímax de la trama se produce en el último capítulo y luego no hay más que un epílogo de poco más de tres páginas para abordar las consecuencias, lo cual me parece escaso y algo torpe. Irónicamente, el epílogo trata sobre Tanis quejándose por los cabos sueltos que han quedado sin resolver. Suscribo sus quejas, desde luego. El final de este volumen me parece un tanto torpe.

Obviamente no voy a estropear el misterio desvelando aquí la identidad del asesino. Sí que puedo decir, como ya he comentado, que la resolución de dicho misterio me parece satisfactoria. La trama en sí está bien llevada (prueba de ello es que el lector puede llegar a deducir la identidad del asesino antes de que el libro la desvele) y no es su cierre lo que está resuelto con torpeza, sino el posterior epílogo. Unas cuantas páginas más hubiesen bastado para redondear la lectura y casi siento que me las han escatimado, dejándome con un final excesivamente abrupto que no presta suficiente atención a las consecuencias de los acontecimientos presenciados.

Puede que esta sea una queja algo desmesurada, ya que después de todo este libro es una precuela y adolece del mismo defecto que muchas precuelas: la ausencia de sorpresa. Puesto que muchos de los personajes que aparecen aquí están presentes en libros posteriores, es fácil deducir quién vivirá y quién morirá. El lector sabe que Flint y Tanis tendrán un papel destacado en las Crónicas, por lo que no tiene mucho sentido preocuparse por su seguridad. Lo mismo se puede aplicar a Solostaran y sus tres hijos, Porthios, Laurana y Gilthanas. La familia élfica también aparece en las Crónicas y alguno de sus miembros incluso interpreta un rol importante (Laurana, sin ir más lejos). Y claro, organizar la trama de una precuela en torno al misterio de un intento de asesinato cuando sabemos que las posibles víctimas tienen que aparecen en libros posteriores no me parece lo más inteligente que podían haber hecho los autores. Ese es el gran problema de las precuelas, que tienen que contar historias interesantes sin tener demasiadas consecuencias para el futuro, ya que es la única forma de conservar algo de coherencia en la cronología. A veces esto juega en su contra.

El tema de la coherencia me parece destacable, ya que tengo un vago recuerdo de las Crónicas y no sé hasta qué punto la caracterización de Solostaran y sus hijos en este volumen es coherente con la que realizaron Weis y Hickman. Gilthanas y Porthios tienen un protagonismo relativo, pero Laurana y su padre ocupan buena parte de la narración. La joven elfa, prácticamente una niña al comienzo de la historia, es una caprichosa y una mimada. Ha sido criada entre algodones y desconoce lo que es el dolor, por lo que aún está muy lejos de la regia presencia que ofrecerá en las Crónicas. Esto encaja perfectamente con lo que sé sobre el personaje, que pasa de ser una princesita repelente a convertirse en una gran líder e inspiración para hombres y elfos. El desengaño amoroso que tiene con Tanis en este libro no es más que el primer paso de su camino hacia la madurez. Solostaran, por su parte, desarrolla una amistad muy bonita con Flint, que se convierte en su confidente. No recuerdo si esto se menciona en las Crónicas, pero estaré atento cuando llegue a ellas en mi relectura. El Orador de los Soles se muestra aquí como alguien tolerante y dispuesto a combatir los prejuicios de su reino abriendo sus fronteras poco a poco y no esa no es la imagen que recuerdo de este personaje en los libros de Weis y Hickman.

Respecto a los personajes nuevos que tienen su primera y única aparición en la saga en este volumen destacaría a dos: tía Ailea, la partera que ayudó a Tanis a nacer, y Miral, el mago de la corte. Ailea viene a ser una suerte de figura maternal para Tanis y le ayuda en el proceso de aceptar su sangre humana, ya que ella misma tiene ascendencia humana. También viene a ofrecer una advertencia al semielfo respecto a enamorarse de un humano, ya que son mucho menos longevos que los elfos y sus vidas se agotan en un suspiro. No se me escapa la ironía de esto, ya que lo primero que hará Tanis en cuanto abandone Qualinost será precisamente enamorarse de una humana: Kitiara. En cuanto al mago, el personaje de Miral me ha resultado un tanto ambivalente. Los misterios que esconde le convierten casi desde el principio en el principal candidato para ser el antagonista de la historia, aunque aparentemente no tenga motivos para serlo. Los escasos detalles sobre su pasado se nos van desvelando con cuentagotas utilizando el recurso de narrar sus sueños, algo muy típico pero siempre interesante. El personaje me ha parecido atractivo, aunque no deja de ser una versión élfica de Raistlin. Parece un mago mediocre y debilucho, pero esconde un gran poder. Muestra su rostro más amable ejerciendo el rol de curandero y mentor de los hijos del Orador, pero también oculta muchos secretos. Es el tipo de personaje que me gusta, aunque no comprendo al cien por cien sus motivaciones. Hacia el final del libro, de hecho, toma alguna decisión que me parece poco justificada, pero eso al menos sirvió para generarme alguna sorpresa.

El resto de personajes que aparecen, miembros de la corte del Orador de los Soles, no me parecen dignos de mención por su escasa relevancia. Si bien es cierto que gran parte del libro se centra en las intrigas de la corte, la mayoría de los cortesanos se limitan a mostrar su rechazo hacia Tanis. Por tanto, su única función en la historia es la de constituir el elemento hostil del escenario. Aunque hay una conspiración y un intento de asesinato, esta no es una historia de suspense. Ni siquiera creo que pueda considerarse una historia de aventuras, pues la acción es limitada y los capítulos situados en el bosque que rodea a Qualinost son más bien pocos. En algún momento aparece un tylor, un gigantesco reptil inteligente emparentado con los dragones (básicamente es un dragón sin alas, para que nos entendamos), pero su presencia es anecdótica. También aparecen los misteriosos senderos mágicos que antaño usaron los sabios elfos, pero una vez más su importancia es muy relativa. Por supuesto, también están presentes los inevitables momentos de humor, protagonizados en esta ocasión por Pies Ligeros, la encantadora mula de Flint, pero las dosis de comedia están muy repartidas. Esta es por encima de todo, la historia de la amistad entre Flint y Tanis, un enano y un semielfo que forjan lazos en un entorno que les rechaza y les considera diferentes, cuando no inferiores. No será el libro más dinámico de la Dragonlance, pero sólo por el tema que trata ya me parece una lectura recomendable.

En el siguiente volumen de Los Compañeros de la Dragonlance, Flint y Tanis, tras abandonar la ciudad élfica, se encuentran con un nuevo amigo: Tasslehoff Burrfoot, el kender. Este divertido personaje siempre consigue hacerme reír, por lo que apuesto a que el siguiente libro va a resultar entretenido. No sé por dónde tirará el argumento y si habrá una trama de fondo relacionada con el misterio de la Gema Gris que se introduce aquí, pero estoy dispuesto a averiguarlo. La próxima lectura de la lista se titula El Incorregible Tas y hablaré sobre ella en la siguiente entrada de esta serie.

2 de junio de 2017

[Literatura] Revisitando la Dragonlance (Parte 2): "Raistlin, mago guerrero" y "Raistlin, el Túnica Roja"

Superado mi primer contacto con la saga después de muchos años y con ganas de seguir rememorando los viejos tiempos, la siguiente parada de este viaje para revisitar la Dragonlance parecía obvia. Raistlin, el aprendiz de mago y Raistlin, crisol de la magia tuvieron su continuación directa en Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja. Los cuatro libros se editaron en su momento en España dentro de la colección llamada La Forja de un Túnica Negra, un título bastante desafortunado por estropear un acontecimiento de gran importancia en las Crónicas de la Dragonlance (una trilogía publicada con anterioridad pero cronológicamente posterior). En cualquier caso, los títulos en castellano poco o nada tenían que ver con los originales. Raistlin, el aprendiz de mago y Raistlin, crisol de la magia eran en realidad un único libro dividido en dos, The Soulforge, y lo mismo sucedía con Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja, que en su edición original se publicaron como Brothers in Arms. De nuevo escritos por Margaret Weis, co-autora de las Crónicas y las Leyendas y escriba principal de la saga (aunque no en solitario esta vez, ya que Don Perrin aparece acreditado como co-autor), estos libros son una secuela directa de los anteriores. No obstante, creo que están un escalón o dos por debajo en cuanto a su calidad e interés.

El anterior volumen terminó con la narración de uno de los eventos cruciales de la Dragonlance: la Prueba a la que se sometió Raistlin en la Torre de la Alta Hechicería para convertirse en mago. En ese examen se jugó algo más que la posibilidad de seguir estudiando la disciplina por la que tanto había sacrificado, ya que arriesgó su propia vida, su salud física y hasta su propia alma. Así, los primeros capítulos de Raistlin, mago guerrero se centran sobre todo en explorar las consecuencias físicas de la Prueba, ya que el cuerpo del recién nombrado Túnica Roja (consagrado por tanto a Lunitari, diosa de la magia neutral) acabó prácticamente destruido. Si ya desde niño había sido enfermizo y debilucho, desde su paso por la Prueba su cuerpo siempre está al límite del colapso. Además del evidente cambio en su apariencia (su cabello encanecido, su piel dorada y sus pupilas en forma de reloj de arena), sus pulmones tienen que realizar un esfuerzo extra para seguir respirando y frecuentes ataques de tos dejan al joven indefenso. Si da la impresión de que lo único que lo mantiene vivo es su fuerza de voluntad es porque así es (bueno, eso y la voluntad de cierto Túnica Negra llamado Fistandantilus que tiene un interés especial en él).

Si todo el libro se hubiese centrado en desarrollar las consecuencias de la Prueba, tanto respecto al estado de salud del mago como a su relación con su hermano gemelo, Caramon, hubiese sido una lectura fascinante. La relectura de sus primeros capítulos me resultó absorbente por su tono reposado, intimista e introspectivo. Hay una tensión tremenda entre los dos hermanos tras lo sucedido en la Prueba que podría haber destruido cualquier relación fraternal entre ellos, pero siguen juntos porque no tienen otra alternativa. Raistlin había deseado ser mago para poder reivindicarse y no depender del apoyo de su gemelo, pero después de conseguir su objetivo su dependencia de Caramon se ha multiplicado y, con ella, su amargura. Por su parte, el musculoso guerrero ha sido testigo de la ambición y el rencor de Raistlin y ha visto con sus propios ojos lo que es capaz de hacer por la magia (y más concretamente lo que que es capaz de hacerle a él, su propio hermano). Cualquier otro habría salido huyendo de allí abandonando a Raistlin sin ningún remordimiento, pero en cambio él demostró una fidelidad a prueba de bombas al permanecer a su lado. Sus esfuerzos por tratar de racionalizar lo sucedido en el anterior libro me parecen especialmente conseguidos, ya que aunque Caramon no es muy inteligente tampoco es estúpido. Estoy convencido de que entendió lo que había visto y sus intentos de racionalizarlo para restarle culpa a su hermano son tan patéticos como humanos.

Por desgracia, no todo el libro sigue esa tónica. La exploración de la psique de los personajes pronto queda en segundo plano para narrar una aventurilla sin demasiada trascendencia en la que los gemelos ingresan en un ejército de mercenarios y libran su primera batalla como soldados profesionales. La historia en cuestión alberga algunos guiños claros hacia lo que se estaba gestando en ese momento de la cronología de la Dragonlance, con el despertar de los dragones tras miles de años de letargo, el regreso de la maligna diosa Takhisis y los ejércitos del general Ariakas agrupándose para conquistar el continente. Sin embargo, le falta algo de garra al conflicto que narra, probablemente por lo mal estructurado que está el argumento. Raistlin, mago guerrero es un libro sin una línea narrativa clara, ya que se limita a ir relatando acontecimientos que se suceden sin que parezca haber una trama que los relacione. Dicha trama no aparece hasta el siguiente volumen, Raistlin, el Túnica Roja, pero lo hace de forma irregular y con una conclusión apresurada. Pero quizá el mayor problema es que los personajes principales no tienen un arco argumental claro: Raistlin se convierte en mago guerrero y Caramon en soldado, sí, pero más allá de eso no se obra ninguna transformación especial en ellos, no avanzan en su desarrollo como personajes ni salen cambiados por estos acontecimientos. El único que sale enriquecido de esta historia es el mago, que averigua algunos secretos sobre su cayado, el Bastón de Mago que le entregó el líder del Cónclave de magos tras superar la Prueba y que perteneció mucho tiempo atrás a Magius, hechicero legendario que combatió en la primera Guerra de los Dragones.

Sólo un personaje tiene algo parecido a un arco argumental y es Kitiara, que de nuevo vuelve a tener cierta presencia en la historia aunque no llegue a cruzarse directamente con sus hermanos (y ellos por su parte no lleguen a ser conscientes de su implicación). En efecto, Kitiara acapara una buena porción de los capítulos de Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja, por irónico que esto sea teniendo en cuenta sus títulos. Se trata de un buen momento para centrarse en este personaje, ya que los acontecimientos se sitúan en los años previos a las Crónicas, cuando Kitiara entra en los ejércitos de Ariakas después de haber abandonado a sus hermanos y a sus amigos. Abandonar, que no olvidar, pues Kitiara aún está resentida por su fallido romance con Tanis el Semielfo. Fruto de ese resentimiento tendría un breve escarceo amoroso con Sturm Brightblade, otro de sus compañeros, que acabaría con un embarazo no deseado y un bebé abandonado (que aquí apenas se menciona de pasada pero tendría su peso en otros libros de la saga).


Mientras que los segmentos de Raistlin y Caramon son un viaje de madurez y descubrimiento, los de Kitiara son un descenso voluntario a las tinieblas. Los gemelos prueban por primera vez la vida como mercenarios y demuestran su valía, mientras que su hermana hace una apuesta arriesgada para conseguir poder entre las fuerzas de la oscuridad que comienzan a alzarse en ese momento. No tengo ningún reparo en decir que los capítulos de Kitiara son, por lo general, más interesantes que los de Raistlin y Caramon. No obstante, en última instancia saben a poco. Hay una razón por la que podía recordar buena parte de Raistlin, el aprendiz de mago y Raistlin, crisol de la magia pese a no haberlos leído en años, en tanto que Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja se habían borrado de mi memoria casi por completo. Estos dos son libros entretenidos, pero no memorables ni trascendentes. No son fundamentales para el desarrollo de ninguno de sus personajes centrales y se pueden pasar por alto sin mayor pérdida. Desde luego, si el objetivo es seguir la trayectoria de Raistlin, estos libros se pueden considerar prescindibles al depositar gran parte de su peso en Kitiara.

Su narración también es bastante más farragosa que la de los volúmenes anteriores, con una tendencia algo molesta a recurrir al vocabulario medieval más rebuscado. En más de una ocasión me he visto a mí mismo recurriendo al diccionario para maravillarme con las mil y una maneras de referirse a una misma prenda de vestir de uso militar. Que no se me interprete mal: jamás me molestaré por tener que consultar el diccionario y aprender nuevo vocabulario, pero es fácil detectar los casos en los que el uso indiscriminado de una terminología concreta obstaculiza el ritmo de la narración. Éste es uno de ellos.

Pese a todo, el gran problema de estos libros es quizá su conclusión, demasiado apresurada y carente de contundencia. Casi parece que la intención era dejar la historia en suspenso hasta una supuesta secuela que nunca llegó y es una pena, porque el resultado final habría sido más memorable con un final más rotundo. Hay un asedio a una ciudad amurallada y una batalla entre dos ejércitos, sí, pero ninguno de los personajes principales participa en ella. Raistllin usa el Bastón de Mago para combatir contra un Dragón Rojo... aunque no sabe que es un dragón, ya que ha adquirido forma humana. Esa es un poco la impresión general que deja su lectura: pasan cosas, pero alrededor de los personajes, sin que sean capaces de entenderlas del todo ni de sobrecogerse con su alcance. Supongo que es la consecuencia natural de presentar un argumento relacionado con dragones en una precuela cuando, según la cronología de la saga, no se puede hablar abiertamente sobre el despertar de los dragones hasta las Crónicas. Sólo el buen conocedor de la Dragonlance sabrá apreciar la importancia de los acontecimientos que se relatan aquí y su relación con libros posteriores (por la importancia de los huevos de dragón que aparecen en estos libros con la creación de los perversos draconianos de las Crónicas). siendo para los demás una simple aventurilla.

Aún así, Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja tienen sus momentos. Una vez más, Margaret Weis se desvela como una gran arquitecta de mundos, ofreciendo un contexto complejo, rico y atractivo en el que enmarcar su narración. También sabe proporcionar a Raistlin y Caramon los compañeros apropiados para que puedan mostrar sus mejores virtudes. En este caso, Caramon entabla amistad con Cambalache, un semikender (una mezcla muy poco habitual en la Dragonlance) poco apropiado para el combate para diestro en el arte del trueque. El conflicto entre sus dos naturalezas tan aparentemente opuestas es bastante curioso, aunque no se explora demasiado (y el personaje no volvió a aparecer en ningún otro libro, por lo que no es más que una nota a pie de página dentro de la saga). Por su parte, Raistlin tiene que trabajar para el Maestro Horkin, un hechicero que sirve en el ejército de mercenarios aunque no haya pasado la Prueba ni forme parte de una de las tres Órdenes. Siempre es interesante comprobar cómo reacciona Raistlin ante alguien a quien no respeta por considerarlo un inferior intelectual, por lo que la relación entre ellos es muy curiosa. Las tiranteces iniciales acaban dando paso a un agradable respeto mutuo, pero no antes de que el joven Túnica Roja ponga a prueba tanto su valía como su paciencia, sobre todo esto último.

También me gusta el personaje de Immolatus, un Dragón Rojo obligado a tomar forma humana (una capacidad que estos reptiles siempre han poseído de manera innata en la saga) en contra de su voluntad que se basa buena parte de la historia quejándose, presumiendo, insultando a todos los que hay a su alrededor y, en resumen, pidiendo a gritos que alguien le clave un puñal entre los omóplatos. Siempre disfruto de los villanos ostentosos y pagados de sí mismos, tan seguros de su poder que se creen por encima de todo y se encargan de dejarlo claro con su actitud. Immolatus es uno de esos personajes y me ha resultado deliciosamente insoportable.

Me hubiese gustado que el libro se hubiese centrado más en la dureza de la vida del ejército de mercenarios, pero me da la impresión de que la presenta de una manera bastante edulcorada. Después de todo, el líder del ejército, el Barón Ivor de Arbolongar, es un noble que sigue el código de caballería y sus mercenarios sólo aceptan los contratos que él considera moralmente apropiados. Quizá hubiese sido más interesante que se tratase de un auténtico ejército de mercenarios en el que el dinero estuviese muy por delante del honor. En cuanto a la narración del asedio de la ciudad en la que participa el ejército del Barón, hay una escena que en mi opinión destaca por encima de las demás y es la que muestra el primer e infructuoso ataque, en la que Caramon sobrevive a duras penas mientras sus colegas mercenarios caen ante los arqueros y las catapultas de las murallas enemigas. Es el equivalente medieval a narrar el desembarco de Normandía y quizá por ello es una escena tan cruda e impactante. El resto de escenas de combate son poco más que escaramuzas, en comparación. Ni siquiera el combate final contra Immolatus le hace sombra a esa escena. Habría sido interesante que la narración siguiese por ese camino, pero la Dragonlance es una saga donde prima la fantasía por encima del realismo. Incluso estos libros, que están tan alejados de los excesos fantásticos de las Crónicas y las Leyendas, no dejan de ser relatos típicos dentro del género de espada y brujería.

En resumidas cuentas, Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja son dos libros de espada y brujería del montón. No son especialmente malos ni tampoco especialmente buenos, sino eso, del montón. Cumplen con su objetivo de entretener, pero poco más. Es un tanto frustrante, ya que se intuye su potencial en algunos puntos pero no llega a terminar de concretarse y el final deja al lector con cierta sensación de vacío. Como continuación de The Soulforge, Brothers in Arms está bastante por detrás, aunque dentro de la media de muchos libros de la saga. Quizá se podría esperar más de Margaret Weis, creo yo. En cualquier caso, no me arrepiento de haber vuelto a leer estas dos entregas menores de la Dragonlance. Una vez terminadas, se puede dar el salto hasta los Preludios de la Dragonlance (donde los gemelos protagonizan un volumen) o directamente hasta las Crónicas, donde está el grueso de la acción. Sin embargo, a mí me apetece permanecer durante una temporada más en esta época germinal en la que aún se están cociendo los grandes acontecimientos. Unas vez refrescados los orígenes de Raistlin, Caramon y Kitiara, puede ser buen momento para hacer lo propio con el resto de los Compañeros de la Dragonlance: Tanis el Semielfo, Flint Fireforge el enano, Tasslehoff Burrfoot el kender y Sturm Brightblade el caballero. Tocará empezar a hablar sobre ellos en la próxima entrada.