6 de julio de 2017

[Literatura] Revisitando la Dragonlance (Parte 4): "El Incorregible Tas"

Hay tantas historias distintas dentro del género de espada y brujería que es inevitable que acaben mezclándose en nuestra cabeza. Después de todo, la gran mayoría comparten rasgos comunes o transcurren en mundos similares. Por este motivo es importante que cada mundo de ficción introduzca elementos distintivos propios que le permitan diferenciarse del resto y destacar en algún aspecto. En el caso de la Dragonlance dicho elemento son los kenders, unos graciosos hombrecillos con tendencia a apoderarse de las posesiones ajenas. Aunque en el fondo no son tan distintos a los halflings o medianos que presentan otras sagas de narrativa fantástica como El Señor de los Anillos o los Reinos Olvidados, la Dragonlance enfoca a los kenders de forma que consigue presentarlos como seres únicos dentro de su género. Se puede pensar en ellos como en una versión descarada y cleptómana de los hobbits si se quiere, aunque esa me parece una visión muy reduccionista. A mi modo de ver, los kenders son seres que encarnan la esencia misma de la aventura. Son viajeros por naturaleza, ignoran lo que es el miedo, no son nada conservadores, se arriesgan sin pensárselo dos veces y siempre están dispuestos a descubrir algo nuevo. Por otro lado, no comprenden las costumbres ajenas ni se sienten atados por el concepto de propiedad privada, aunque también son abiertos y sinceros. Se diría que son incapaces de pensar o hacer algo malvado, ya que son criaturas consagradas al disfrute y a la alegría.

Uno de los rasgos característicos de estos personajillos es el fenómeno que experimentan durante sus años de juventud y que supone una especie de rito de transición entre la adolescencia y la vida adulta: el "ansia viajera" (o wanderlust en el original). Se trata de un impulso innato e irresistible que hace que el joven kender abandone su hogar y se dedique a viajar sin rumbo por el mundo, viviendo aventuras y visitando tierras lejanas. Dicho impulso puede durar años y es el motivo por el cual los kenders están tan extendidos por este mundo imaginario. Quizá también es el motivo por el que son considerados una molesta plaga por otras razas, en especial por los humanos. La insaciable curiosidad de los kenders suele llevarles a meterse en problemas, para regocijo de los lectores que gozamos de sus historias.

En esta ocasión quisiera hablar de un libro protagonizado por el kender más célebre de todos, Tasslehoff Burrfoot, uno de los personajes más graciosos y entrañables de la Dragonlance. El segundo volumen de la hexalogía Los Compañeros de la Dragonlance se titula El Incorregible Tas y narra el primer encuentro del kender con Flint y Tanis durante su ansia viajera (de hecho, el título en inglés del libro es Wanderlust). Si el anterior volumen (Qualinost, comentado en la anterior entrada) era una historia reposada y tranquila en la que se iba fraguando poco a poco la amistad entre el enano y el semielfo, esta segunda entrega es como un torbellino de acontecimientos motivados por la participación de Tas. Nos encontramos ante una historia de aventuras desenfada y sin complejos, que pese a ser una precuela situada varios años antes de las Crónicas de la Dragonlance (verdadero punto de inicio de la saga) no tiene problema en recurrir a la extensa mitología de este universo de ficción o incluso en añadir elementos nuevos a dicha mitología.

Hay ciertas historias que se mencionan varias veces a lo largo de la Dragonlance sin llegar a desarrollarse nunca del todo, como el incidente de Flint con el bote que llevaría al enano a odiar cualquier medio de desplazamiento sobre el agua o las aventuras de Tas con un anillo mágico teletransportador. Una de esas historias era la del malentendido con cierto brazalete forjado por Flint que acabó en posesión de Tas por obra y gracia de sus ágiles manos de kender. Ese episodio del brazalete es el que llevaría a Tas a conocer y entablar amistad con Flint y Tanis. Pues bien, El Incorregible Tas se encarga de desarrollar ese episodio bien conocido por los lectores de la saga de maneras sorprendentes. ¿Y si el brazalete no era una simple pieza de metal sino un objeto mágico con capacidades sobrenaturales? ¿Y si hubiese sido encargado por un personaje misterioso que debía cumplir una misión? ¿Y si la intervención del kender hacía que el brazalete acabase en manos de un enemigo terrible? ¿Y si para recuperarlo los compañeros tuviesen que vivir una aventura peligrosa y excitante que les llevase a conocer tierras lejanas y seres extraños? Así, lo que había sido presentado en otro libros como una simple anécdota menor, aquí se convierte en una aventura extraordinaria.

Por una parte, convertir ese pequeño incidente en la chispa que pone en marcha una cadena de acontecimientos que acaba desembocando en una historia de altos vuelos me parece un gran acierto. El libro es un continuo crescendo que empieza con una simple feria y acaba con una batalla enorme contra un hechicero oscuro, un gigante y dos minotauros de piedra, por lo que deja poco espacio para el aburrimiento y no deja de sorprender hasta su conclusión. No obstante, por otro lado me parece que resulta un tanto excesivo como precuela que es. Me explico: el punto de partida que suponen las Crónicas indica que en ese momento se cree que los dioses han abandonado el mundo de Krynn y uno de los motivos que lleva a los protagonistas a reunirse tras varios años separados es precisamente poner en común los hallazgos obtenidos durante su búsqueda de pruebas de la existencia de los viejos dioses. Teniendo esto en cuenta, hay que mencionar que El Incorregible Tas fue escrito mucho después de las Crónicas, aunque cronológicamente sea anterior. En este libro los personajes se enfrentan a un mago malvado que está en comunión con uno de los viejos dioses. Tas incluso llega a escuchar la voz del dios hablando con su esbirro, lo cual  no encaja del todo bien con esa posterior búsqueda de pruebas de la presencia de las divinidades. Es más, al final el kender acaba en posesión del objeto que usaba el mago para comunicarse con el dios. ¿Y dicho objeto no es acaso una prueba de la presencia de las divinidades en Krynn? Diría que este problema  de coherencia es común en la mayoría de las precuelas de esta saga y sólo resulta molesto para aquellos que están obsesionados con su cronología, lo cual no es mi caso. Soy consciente de que tener a los personajes expuestos a la influencia de un dios maligno debería darles pocos motivos para dudar de la influencia de las deidades en el futuro, pero hay que concederles cierto margen a las precuelas para que usen aspectos de la saga posteriores a las Crónicas. De lo contrario, estos libros tendrían muchos menos elementos con los que construir sus historias.

Quería mencionar esa circunstancia porque es algo que he pensado varias veces mientras leía el libro, pero incido en que no es algo que me haya impedido disfrutar de su propuesta ni mucho menos. El Incorregible Tas tiene un historia muy entretenida y bastante más sólida que la del anterior volumen, cuya principal tara era una conclusión demasiado apresurada. En ese sentido, los responsables (Mary Kirchoff y Steve Winter en este caso) firman un trabajo muy competente, que hace buen uso de varios elementos bien conocidos por lectores de la saga (por ejemplo, los elfos dragonestis o elfos marinos) y además introduce algunos nuevos (principalmente los faetones, unos seres con alas de fuego salidas de la mitología griega). Por otro lado, el libro consigue transmitir ese aire de campaña de juego de rol de lápiz y papel que le faltó al anterior. Como derivados que son de Dragones y Mazmorras, los libros de la Dragonlance que narran una historia que no desentonaría dentro de una partida de rol tradicional son los que mejor funcionan, al menos desde mi punto de vista. Si bien es cierto que esperaba alguna conexión con lo sucedido en Qualinost y no la he encontrado, aún tengo que leer los siguientes volúmenes de Los Compañeros de la Dragonlance antes de concluir que no hay ningún hilo argumental que conecte los distintos volúmenes de la hexalogía. Todo parece indicarlo, pero quiero ser optimista.


Pero es el momento de pasar a lo verdaderamente reseñable de este libro: el kender. Leyendo esta saga a veces he tenido la sensación de que se transmitía una imagen demasiado infantil de Tas, como si fuese un niño que acompañase a los demás aventureros y de vez en cuando hiciese alguna trastada para generar los momentos de comedia. No estoy en contra ni mucho menos de que se use al personaje como alivio cómico, pero en ocasiones echaba en falta que se explorase más la vertiente pícara y astuta del kender. Después de todo, se trata de un trotamundos que ha recorrido buena parte de Krynn antes de acabar en Solace conociendo a Flint y a Tanis. Por suerte, este libro le dedica casi de forma exclusiva los primeros capítulos, dibujando una imagen mucho más próxima a lo que yo esperaba que fuese la vida de un kender que sufre el ansia viajera de su raza. Por ejemplo, algunos comentarios que hace Tas sobre el tiempo que pasó en cierto burdel sirven bien para alejarle de esa imagen infantil y mostrar que se trata de un hombrecillo inocente pero no ingenuo. El kender ya ha viajado mucho y ha pasado tanto por buenos como por malos momentos antes de comenzar esta historia, por lo que desde luego no es estúpido. Otra cosa es que su presencia genere al caos allá por donde va, lo cual no es intencionado por su parte sino fruto de su ruptura con las reglas de convivencia convencionales y de su curiosidad sin límites. Tas es como un huracán, un fenómeno natural al que no se le puede poner freno y que actúa sin ningún tipo de malicia; simplemente hace lo que le dicta su naturaleza.

La caracterización del kender es lo que más he disfrutado del libro, en especial durante el tramo inicial y durante los últimos capítulos. Aunque hacia la mitad del volumen el protagonismo se reparte entre Tas, Flint, Tanis y un nuevo personaje llamado Selana (una elfa dragonesti), quien lleva la batuta tanto al principio como al final es el alocado kender. Esto justifica el título en castellano del libro, aunque la nomenclatura original me parece más atractiva. Tas es aquí el motor que pone en marcha los acontecimientos, así como quien juega un papel fundamental en su resolución. Esto hace que el tono de la historia sea ligero, tendiendo hacia lo hilarante en más de una ocasión. Incluso en los momentos más graves, las acciones del hombrecillo invitan a la risa. La narración también tiene algunos giros inverosímiles, en consonancia con ese tono de comedia que lo impregna todo. Baste mencionar la pequeña odisea por la que pasa el famoso brazalete "extraviado" (que no "robado"), que pasa por varias manos por mediación del kender hasta acabar en poder del villano de la historia. No faltan tampoco las constantes historietas de Tas ni las menciones al Tío Saltatrampas, una especie de figura mítica para la raza de los kenders que parece tener una relación familiar con todos y cada uno de sus congéneres.

Respecto al villano de la historia, su presencia no se deja sentir hacia la mitad del libro (descontando su breve presentación en un confuso prólogo que no adquirirá sentido hasta más adelante). Se trata de un hechicero renegado que ha jurado lealtad a un dios oscuro y pertenece a esa categoría de villanos histriónicos que tanto me gusta. Es uno de esos villanos conscientes de su propia maldad y tan seguros de su supremacía que ni siquiera conciben la posibilidad de ser derrotados; de esos que disfrutan exponiendo sus planes delante de sus enemigos y riendo de forma siniestra poco antes de acabar derrotados de la forma más contundente imaginable. En su caso, su final es una cuestión de justicia poética y reconozco que me parece muy bueno. Sin embargo, este es el segundo volumen de Los Compañeros de la Dragonlance y, al igual que sucedió en el primero, el villano es un mago renegado con intenciones siniestras. Espero que las siguientes entregas añadan algo más de variedad respecto a sus antagonistas.

Por otro lado, el libro juega bien sus cartas respecto al cuarteto protagonista. Como ya he mencionado antes, Tas es el personaje mejor caracterizado, pero Flint y Tanis no se quedan muy atrás. Sin ignorar lo narrado en Qualinost y referenciándolo en la medida de lo posible, los autores muestran una imagen coherente e interesante del dúo formado por el enano y el semielfo. Flint sigue siendo la figura entrañable y paternal, además del personaje gruñón y cabezota por antonomasia, mientras que Tanis tiene madera de líder pero sigue afectado por su naturaleza mestiza y por sus sentimientos conflictivos hacia su hogar élfico. También se intuye que Flint ha envejecido mucho más de lo que aparenta y que Tanis empieza a encontrar su propio lugar en el mundo. Estos serán aspectos que se explorarán más adelante, ya durante las Crónicas, pero prueban que al menos los autores conocían el material sobre el que estaban trabajando. Queda un último personaje que comentar y es el último miembro del cuarteto: Selana, la elfa dragonesti. No es habitual encontrarse con elfos marinos en la Dragonlance más allá de su puntual participación en las Crónicas, por lo que se agradece que se proporcione al lector la oportunidad de conocer mejor su cultura. Por desgracia, el personaje de Selana es bastante estereotípico y resulta demasiado familiar. Entiendo que la intención era la de introducir a una figura similar a la de Laurana, una elfa de familia noble que ha sido criada entre lujos y que tiene que endurecerse y aprender a valerse por sí misma una vez que sale al mundo exterior, pero Selana se queda a medio camino. En algunos momentos se muestra como alguien muy competente, pero hacia el final del libro acaba ejerciendo el rol de damisela en apuros que tanto detesto. Por tanto, se trata de un personaje que me ha generado cierta ambivalencia y, puesto que ya no aparece en más libros, no podrá redimirse de esa impresión.

Pero como de costumbre estoy siendo demasiado puntilloso en mi comentario. Los libros de la Dragonlance ofrecen diversión sin pretensiones y no es justo exigirles algo que vaya más allá de eso. El Incorregible Tas, como muchos otros de su saga, es un libro entretenido que se lee en un suspiro y deja muy buen sabor de boca. Tiene sus pequeños aspectos criticables como cualquier otro, pero en su caso es fácil olvidarlos y dejarse llevar por el tono alegre y despreocupado de la historia del kender. Hay escenas muy divertidas en este volumen, como la visita de Tas a la feria, la borrachera en la posada El Último Hogar o el momento en el que Tas toma una poción mágica de polimorfismo que le permite transformarse en varios animales. Me quedo también con el episodio de los sátiros, que narra entre líneas cómo nuestros queridos personajes acaban participando en una orgía en mitad del bosque. Ese es justo el tipo de cosa que te puede pasar cuando te dejas enredar por un kender como Tasslehoff.

La siguiente parada de este viaje a través de la Dragonlance supone otro libro que no leí en su momento, el tercer volumen de Los Compañeros de la Dragonalnce. Su título deja pocas dudas sobre lo que se puede esperar de él: Kitiara Uth Matar. El personaje de Kit siempre me gustó mucho, aunque tenía la impresión de que no se había explotado tanto como otras figuras ilustres de la saga. No parece que Flint, Tanis y Tas vayan a tener presencia en este tercer volumen, pero cualquier lector de la Dragonlance sabe que allá donde esté Kitiara los gemelos Raistlin y Caramon no andarán muy lejos.

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