26 de diciembre de 2018

Mis favoritos de 2018

Hubo una época en la que siempre preparaba una lista de lo mejor del año por estas fechas, con todo ordenado, dividido en categorías y jerarquizado para que quedasen bien claras mis preferencias. No obstante, de un tiempo a esta parte he ido desarrollando cierta aversión hacia ese tipo de listas. Por ese motivo lo que puedes leer a continuación no es una lista de lo mejor de 2018, sino una lista de lo que más me ha gustado durante 2018. Teniendo en cuenta este importante matiz, la lista siguiente no está dividida en categorías, ordenada ni jerarquizada: es simplemente una excusa para escribir sobre algunas de las cosas que más he disfrutado a lo largo de este año y sobre las que no había tenido ocasión de escribir aún. Puedes considerarla una lista de recomendaciones, si lo deseas.

DEVILMAN CRYBABY


Masaaki Yuasa es uno de los grandes nombres de la animación japonesa. Aunque hasta ahora se le conocía especialmente por sus producciones de corte experimental, 2018 ha supuesto su entrada por todo lo alto en el mainstream. 2018 ha sido su año, con el estreno de dos películas, el anuncio de una tercera y la llegada a Netflix de su última serie: Devilman Crybaby. Esta actualización del clásico de Go Nagai es algo más que un espectacular derroche de pericia técnica; es una de las historias más emocionalmente destructivas que me he encontrado nunca. Incluso conociendo el final del Devilman original, la forma en la que Devilman Crybaby conecta con las inquietudes de la sociedad actual (en especial con las de ciertos sectores, como el colectivo LGTB+) asegura la total implicación del espectador en el momento en el que llega su devastadora conclusión. No recuerdo una serie, película, libro o cómic que me dejase tan roto por dentro como el último episodio de Devilman Crybaby. Y, sin embargo, tras darle muchas vueltas, creo que su oscuro nihilismo esconde un mensaje optimista. Si hasta el mismísimo diablo es capaz de llorar por amor, entonces aún hay esperanza para nosotros los humanos, ¿no?

DOCTOR WHO


A ningún seguidor de la veterana serie británica se le escapa la trascendencia de esta última temporada en la que el rol del Doctor ha sido ocupado por una mujer de forma canónica por primera vez en más de cincuenta años de historia. La serie ha sufrido un cambio considerable respecto a la dinámica de sus anteriores temporadas, lo cual irónicamente ha servido para acercarla a lo que se podría considerar la esencia más clásica de Doctor Who... pero con un giro muy importante: el hecho de que ahora el Doctor sea una mujer permite poner en evidencia el sexismo que siempre había estado presente en mayor o menor medida. Doctor Who ya era una serie socialmente comprometida antes, pero ahora mucho más y eso es sencillamente genial. Aún así, tanto la actriz Jodie Whittaker como los guionistas me han parecido un tanto contenidos esta temporada, como si se estuviesen reservando. Capítulos como Demons of the Punjab o It Takes You Away ya están entre mis favoritos, pero sin duda lo mejor aún está por llegar.

VENGADORES: INFINITY WAR


La película en la que matan a mi personaje favorito no una, sino dos veces. Muchas gracias, Marvel Studios.

STAR WARS: REBELS


El arranque de Star Wars: Rebels me resultó genérico y aburrido, pero cuando llegué a los últimos capítulos estaba tan emocionalmente comprometido con los personajes que lloré como un niño en más de una escena. Star Wars: Rebels ha sido un viaje de descubrimiento, en el que el desarrollo de los personajes se ha cuidado con mimo y en el que se han tratado algunos temas capaces de conectar con espectadores de todas las edades. A pesar de sus limitaciones (tanto por su presupuesto como por tratarse de un producto orientado en principio al público más joven), esta serie ha creado a una memorable familia de personajes a los que he acabado queriendo. Despedirse de ellos ha sido uno de los momentos más intensos de este año que toca a su fin.

EL LIBRO DE LA SERPIENTE: LOS LIBROS ILUMINADOS DE ALAN MOORE


La Felguera es una editorial... peculiar. La mayoría de sus libros tratan temáticas relacionadas con la magia y el ocultismo y son en sí mismos auténticos grimorios de una belleza inclasificable. El libro de la serpiente es una de estas joyas de extraña temática y preciosas ilustraciones. Recopilando cuatro textos en prosa de Alan Moore basados en sus performances mágicas, este libro se ha alzado como una de mis lecturas favoritas del año. No era difícil, ya que incluye el texto de El amnios natal, quizá una de mis obras favoritas de todas cuantas he leído a lo largo de mi vida. Adoro la adaptación al cómic y la he leído y releído hasta la extenuación, pero disfrutar del texto en prosa ha sido una experiencia nueva, refrescante e iluminadora. En realidad toda la obra en prosa de Alan Moore desde que decidió autoproclamarse mago es iluminadora y trascendente. Es complicada y retorcida, pero también conmovedora y sublime. Esta es la única y verdadera magia.

BLOODBORNE


Por norma general, las adaptaciones al cómic de un videojuego de éxito no son más que productos derivados de escasa calidad e ideados para arañar algo de dinero a los fans más acérrimos. La mayoría de ellos ni siquiera conocen con detalle el material en el que se basan, pero Bloodborne no es uno de esos cómics. Los autores no sólo conocen el material, sino que además manejan sus referentes y sus influencias. De esta forma, este cómic continúa explorando las temáticas del juego desde distintos puntos de vista, enriqueciendo la ya amplia mitología del título de From Software. Moviéndose con comodidad entre el terror gótico y el horror cósmico, Bloodborne traslada las mecánicas del juego al lenguaje del cómic con inteligencia, cargándolo de metalenguaje. Al igual que en el original, sus personajes buscan una verdad tan aterradora que enloquece a todo aquel que la atisba, llevando a cabo un descenso a los infiernos del que no hay escapatoria posible. Quizá es porque yo soy uno de esos fans acérrimos de la obra original, pero este cómic me tiene ganado desde su primer número.

JOJO'S BIZARRE ADVENTURE: GOLDEN WING


JoJo's Bizarre Adventure me gusta por varias razones. Una de ellas es su evolución estética, que supone un proceso digno de estudio, pero posiblemente la principal sea que nunca deja de sorprenderme. No hay nada demasiado extravagante ni demasiado absurdo para Hirohiko Araki. Su forma de tergiversar los tropos habituales del manga para chicos es alucinante. La adaptación al anime de su obra magna, aunque a veces adolece de una animación algo justa, compensa con un tratamiento del color que hace que me den vueltas la cabeza. Vivo para esas escenas en las que, para acentuar el carácter extraño de la amenaza con la que se han encontrado los personajes protagonistas, los coloristas pierden la cabeza y crean unas combinaciones de color imposibles y fascinantes. Además, Golden Wing supone la culminación del proceso iniciado en Diamond is Unbreakable, por el que los personajes centrales han pasado de ser unos señores enormes e hipermusculados a unos delicados y afeminados efebos. La estética del Renacimiento es una de las principales influencias de Golden Wing y está presente en todas partes, desde la ambientación de la historia hasta las poses de los personajes. Ojalá no se acabe nunca el anime de JoJo's Bizarre Adventure. Por suerte, aún queda mucho manga por adaptar.

PATRICK MELROSE


Imagina que llegas a una serie esperando encontrar a un personaje de vuelta de todo, irónico y mordaz y que acabas encontrándote con la deconstrucción de ese mismo estereotipo mientras se explora un drama de alto de nivel en el que se tratan temas como la adicción, el desarraigo, los problemas para establecer relaciones sinceras y las dificultades para superar toda una infancia de abuso. Eso es Patrick Melrose, serie en la que Benedict Cumberbatch ofrece una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. Si bien el ácido humor negro tan inglés del primer capítulo está presente a lo largo de toda la primera temporada de la serie, el contenido dramático de algunos capítulos es realmente duro. Lo peor de todo es que muchos de los problemas del protagonista sólo se diferencian de los nuestros cuantitativamente, no cualitativamente.

UNRAVEL 2


El primer Unravel fue una maravilla tanto por su belleza como por su sensibilidad. Era un juego diseñado para llegar al corazón a través de los sentidos que recurría a unas mecánicas simples y accesibles pero sólidas. Unravel 2 es aún más bonito si cabe y además lleva sus mecánicas a un nuevo nivel gracias a la posibilidad de jugar en cooperativo. Junto al modo historia cuenta con un buen puñado de desafíos que suponen todo un reto (y además permiten desbloquear nuevos y adorables Yarnys de distintos colores). No obstante, la historia vuelve a ser uno de sus puntos fuertes. Quizá su forma de narrarla ya no resulte tan novedosa, pero vuelve a poner en evidencia la sensibilidad del estudio sueco Coolwood Interactive. Con una honestidad y una calidez sorprendentes en estos tiempos que corren, Unravel 2 viene a decirnos que no debemos rendirnos ante la adversidad porque al final todo saldrá bien.

X-MEN: GRAND DESIGN


La carta de amor de Ed Piskor a la historia mutante es uno de los tebeos del año. El hecho de revisar toda la historia de la Patrulla X, tantas veces revisitada, reescrita y ampliada mediante retrocontinuidad, ya tiene bastante mérito, pero además hacerlo creando al mismo tiempo un argumento coherente es toda una hazaña. La obra de Piskor no está exenta de pequeñas contradicciones ni de errores de continuidad, como cualquier obra que se atreve a abarcar algo que en la práctica es casi inabarcable, pero también derrocha pasión y respeto por estos personajes y sus aventuras. Es una carta de amor y amor es justo lo que me ha hecho sentir.

STAR TREK: DISCOVERY


Todavía no estoy recuperado del tramo final de la primera temporada de Star Trek: Discovery. Cualquier trekkie se podía imaginar que la nueva serie ambientada en el universo de Star Trek contendría alguna referencia al universo espejo del episodio clásico Mirror, Mirror, pero ni por asomo se podía intuir una historia de esta magnitud. Michelle Yeoh estuvo absolutamente increíble y me muero por verla de nuevo retomando el mismo rol. Por otro lado, la primera temporada de Star Trek: Discovery debe ser recordada por haber marcado un hito importantísimo para el público LGTB+ por haber mostrado el primer beso gay de la historia de la franquicia. La importancia de la pareja gay de la tripulación en el devenir de la temporada es algo que me ha dejado una profunda huella. En general, la forma en la que la serie ha abordado la relación entre estos dos personajes ha sido un tremendo acierto y ha sabido transmitir mensajes muy potentes. Lo mismo se puede aplicar al otro gran romance de la temporada, con el que se han explorado temas como la dependencia y las relaciones disfuncionales. Como buena serie de Star Trek, Discovery tiene un ojo puesto en la aventura espacial futurista y el otro en nuestras dinámicas y nuestros problemas del aquí y el ahora.

GOLDEN KAMUY


Coge el clásico anime de Rurouni Kenshin y mézclalo con unos cuantos documentales sobre caza y pesca. Añade unos cuantos villanos que sean tan ridículos como carismáticos, así como unas cuantas referencias históricas y toneladas de datos en bruto sobre la sociedad Ainu y la vida en Hokkaidō a principios del siglo XX. Ahora pon como personaje central a una niña capaz de valerse por sí misma, valiente e incansable y coloca a una colorida hueste de secundarios a su alrededor. Asegúrate de que haya muchísimo humor absurdo y de que no falten unas descacharrantes escenas homoeróticas. Luego remata la receta con un pequeño misterio sobre un crimen del pasado y un tesoro oculto. El resultado final es Golden Kamuy, una serie (tanto en su versión manga como en su adaptación al anime) en la que es difícil entrar por la cantidad de referencias culturales, el uso de terminología exótica y el siempre creciente reparto de personajes con variopintas motivaciones, pero que acaba atrapándote en cuanto le das la oportunidad. ¡Hinna hinna!

RUNAWAYS


Si quieres hacer un cómic sobre adolescentes es imprescindible que busques a un equipo creativo que esté conectado con las tendencias más actuales y sepa dirigirse de tú a tú a los lectores adolescentes. Ese equipo creativo es el que forman Rainbow Rowell y mi admirado Kris Anka en Runaways, que viene siendo una de mis lecturas favoritas de Marvel desde que arrancó su publicación. El trabajo de Anka en esta serie, sobre todo en lo que se refiere al diseño de vestuario de los personajes, es sencillamente colosal. Una vez más, se trata de una obra comprometida con el público LGBT+ que ya nos ha dejado un par de momentos para el recuerdo. Si te gusta la moda, si te interesan las historias adolescentes o si buscas un cómic mainstream gay-friendly, entonces Runaways es tu colección.

LEGION


La segunda temporada de Legion ha sido aún más inclasificable que la primera. Parece el producto de una noche de borrachera entre David Lynch y Wes Anderson. Su estética es fascinante y su desarrollo es una completa locura: combates psíquicos que se transforman en duelos de baile, mensajes a través del tiempo, héroes que se convierten en villanos y villanos que resultan ser héroes, unas perturbadoras referencias psicoanalíticas y el debate sobre la naturaleza corruptora del poder siempre presente. Hay que verla para creerla.

BANANA FISH


Adaptación de un manga viejuno de Akimi Yoshida, el estupendo anime de Banana Fish ha logrado sacarme cierta espinita que me quedó clavada al ver Yuri on ICE!! y que tenía que ver con mostrar abiertamente el romance entre dos personajes masculinos. Banana Fish es una historia sobre organizaciones criminales y bandas de delincuentes juveniles, pero también es una historia de amor que desafía las etiquetas y los roles tradicionales. El BL (Boys Love) tiene una forma muy particular de mostrar las relaciones homosexuales en la que uno de los componentes desempeña el rol eminentemente activo y masculino, mientras que el otro queda reducido al rol pasivo y por ende femenino. Aunque a veces se invierte ese esquema buscando la sorpresa o el chiste, no es común encontrarse parejas que se escapen de esta concepción. La parte romántica no es ni mucho menos el eje central de la serie, pero aún así se percibe como un avance refrescante, necesario y, sobre todo, valiente para lo que viene ofreciendo el mundo del anime.

THE DREAMING


Este año ha llegado el nuevo Sandman Universe apadrinado por el propio Neil Gaiman. ¿Era necesario regresar una vez más a estos personajes? Probablemente no. ¿Se trata de cómics interesantes? Rotundamente sí. Quizá The Dreaming sea el más sólido por su interesante premisa argumental y por su potente apartado artístico, pero también Books of Magic y House of Whispers me han resultado buenas lecturas. The Dreaming recupera una idea que nos resulta bien conocida a los lectores: el soberano de los sueños ha abandonado su reino, aunque en esta ocasión lo ha hecho por propia voluntad. Eso desencadena extraños sucesos que obligan a sus subordinados a adoptar medidas inusuales y que amenazan con cambiarlo todo. Algo está naciendo en el interior del Sueño; algo que quizá sea un nuevo Eterno emanado del momento actual en el que vivimos. Ya sólo por eso esta colección tiene todo mi interés.

MEGALOBOX


El anime que celebraba el aniversario del superclásico Ashita no Joe es otro de los grandes hitos de 2018. Con una animación extraordinaria y un diseño de personajes que homenajea y actualiza sin perderle el respeto a los personajes originales, esta serie es una delicia. Básicamente, es la historia de siempre: un donnadie intenta demostrar su valía teniéndolo todo en contra, pero en esta ocasión me sorprendió la forma en la que concluyeron la historia (algo distinta al final de Ashita no Joe). La sencilla premisa está elevada a su enésima potencia al trasladar la historia a un futuro en el que los boxeadores se dan tollinas equipados con unos arneses mecánicos que potencian su fuerza. Nuestro protagonista decidirá competir en el campeonato de mayor nivel sin usar arnés alguno, jugándose la vida en cada combate para darle sentido a su existencia. Siempre en el filo, siempre a punto de perderlo todo, sólo recibirá el apoyo de un par de marginados como él. Su principal rival es todo lo opuesto: el niño mimado de la empresa que fabrica los arneses, un genio nato del boxeo virtualmente invencible. La lucha entre ellos es la lucha entre dos filosofías, dos formas de afrontar la vida. El resultado parece esperable, sobre todo si ya has visto antes algún anime deportivo, pero el final de Megalobox no te lo ves venir.

SPIDER-MAN


Este título de PS4 ha cogido el modelo que tan bien le funcionó a la trilogía Arkham de Rocksteady y lo ha llevado al Universo Marvel. Quizá el juego del arácnido se parece demasiado a los tres títulos de Batman (nunca habría pensado que Spiderman era el personaje más apropiado para un juego con elementos de sigilo), pero derrocha confianza y buen hacer. Sabiendo que su mecánica principal, la de desplazarse en lanzarredes por la ciudad, era tan buena, los desarrolladores lo diseñaron todo a su alrededor. Es un juego en el que el desplazamiento es fundamental, de ahí que transmita de forma tan directa al jugador la sensación de haberse puesto en el papel de Spiderman. En algunos aspectos es superior a los Arkham (la integración de los desafíos en el modo historia) y en otros es inferior (los coleccionables, las misiones secundarias o el propio sigilo), pero la parte más importante, que es trasladar al personaje al medio interactivo, la borda. La historia es interesante y no decae en su tramo final, sino que acaba por todo lo alto. Pese a que no adapta directamente ninguna historia (aunque toma elementos de muchos cómics distintos), esta es una grandiosa historia de Spiderman. Sólo le falta un poco más de presencia de la Gata Negra para ser perfecto.

PATRULLA X ROJA


Este es justo el tipo de tebeo mutante que quiero leer todos los meses: una colección con un reparto diverso y un discurso actual, comprometido y combativo. Me preguntaba si la decisión de resucitar a Jean Grey iba a servir para dar lugar a alguna historia memorable y esta serie ha sido la contundente respuesta. Es una auténtica lástima que no vaya a continuar.

SAINTIA SHO


Estrenada recientemente, la adaptación al anime de Saintia Sho contiene todo lo que podría esperar de un nuevo anime de Saint Seiya, más conocida como Caballeros del Zodiaco: poses con elegantes armaduras, cabelleras interminables agitándose al viento, deidades orgullosas y maléficas, luchadores abnegados, lágrimas, drama gratuito... pero añadiendo el aliciente de que todos los personajes principales son femeninos. Saintia Sho corrige uno de los aspectos más aberrantemente sexistas de la obra original de Masami Kurumada, en la que las mujeres caballero tenían prohibido mostrar su rostro porque sólo los hombres podían servir a la diosa Atenea y, para que una mujer pudiese hacerlo, antes debía renunciar a su feminidad y cubrir su rostro con una vergonzosa máscara. En Saintia Sho, las Saintias son una orden de caballeros femeninos que sirven directamente a Atenea. Además de compensar ese aspecto de la serie original que tan mal ha envejecido, esta serie derivada nos ofrece un interesante drama fraternal que enfrenta a dos hermanas que acaban en bandos opuestos por los avatares del destino. Pese a que la calidad de su animación pone en evidencia lo ajustado de su presupuesto, Saintia Sho es un regalo para los fans de Caballeros del Zodiaco.

DIE


Es raro incluir en la lista un tebeo que sólo lleva un número publicado en el momento de escribir esto, pero es que se trata del nuevo tebeo de Kieron Gillen. Junto a un grupo de cómplices habituales, el bueno de Gillen se ha pasado los últimos años destrozándome la vida en el mejor de los sentidos posibles. ¿Recuerdas la conclusión de Journey into Mistery o el final del primer arco de The Wicked + The Divine? Yo desde luego que sí. Con sólo un número leído, creo que ya puedo augurar que esta historia sobre dados y jóvenes roleros cuyos deseos se cumplen de la manera más retorcida imaginable va a convertirse en el siguiente clavo en mi ataúd. Gillen ya tiene el martillo levantado. 

THE EXPANSE


No tengo ni idea de cómo son las novelas en las que se basa, pero The Expanse es una de las series de ciencia ficción más competentes que he visto en los últimos años. Su última temporada hasta el momento ha girado en torno a un tema verdaderamente fascinante: el primer contacto con una civilización alienígena. Siempre con las tensiones sociales y políticas de fondo, el argumento me ha parecido un acercamiento fabuloso al tema planteado: lo importante no es el primer contacto en sí, sino si las distintas facciones humanas acabarán matándose entre ellas antes de lograr alcanzarlo. Como soy totalmente parcial en este conflicto, toda mi admiración se dirige hacia los beltalowda, en especial a mi amada Camina Drummer. En una serie en la que abundan los personajes femeninos potentes ella ha robado buena parte de las escenas de esta temporada.

LAS INCREÍBLES AVENTURAS DE CAPTAIN SPIRIT


Uno de mis juegos favoritos del año es una simple demo. Si eso no es una prueba de lo mucho que me gustan los juegos desarrollados por DONTNOD en general y los juegos de la franquicia Life is Strange en particular, nada lo es. La experiencia de ponerse en la piel del pequeño Chris mientras reinventa su vida cotidiana echándole un puñado de imaginación es tan hermosa como triste. Este niño de diez años que juega a ser un superhéroe de cómic usa la fantasía como una vía de escape de una vida que no parece reservarle nada bueno. De hecho, mientras Chris recorre la casa y el jardín inventando historias maravillosas y esperanzadoras, su padre se emborracha delante del televisor hasta quedar inconsciente. De una forma muy sutil, Las increíbles aventuras de Captain Spirit nos habla sobre esas ocasiones en las que la fantasía y la creatividad se convierten en el único salvavidas capaz de mantenernos a flote cuando la vida nos da la espalda. Puede que sea sólo una simple demo, pero el escaso tiempo que dura me ha hecho sentir más cosas que muchos juegos completos a lo largo de decenas de horas.

GO FOR IT, NAKAMURA!


Este es un manga BL de hace unos años que al fin ha logrado editarse en occidente. Ya lo tenía fichado desde antes de su publicación porque me parecía una cucada y, efectivamente, ha resultado serlo. Go for it, Nakamura! no es muy distinto de los típicos mangas de romance de instituto tan típicos de finales de los ochenta y principios de los noventa. De hecho, incluso su estilo gráfico es heredero directo de esa época. Por encima de todo es una comedia con un humor delirante y absurdo que surge de las desventuras del patoso protagonista, un chico llamado Nakamura que está perdidamente enamorado de uno de sus compañeros de instituto. El de este manga es un humor muy tonto, pero tiene un puntito de malicia y de picardía muy agradecido. Además, el final es una preciosidad. Es bastante meritorio lo que consigue la autora, que logra que pases de ver al protagonista como un bicho raro del que te apartarías inmediatamente si te lo cruzases por la calle a animarle fervientemente para que logre su objetivo gritándole en cada viñeta "Go for it, Nakamura!" hasta dejarte los pulmones. Ojalá poder hacerlo pronto en castellano si alguna editorial patria se anima a publicar este manga.

THE END OF THE F***ING WORLD


Basada en un cómic, esta serie de Netflix está protagonizada por dos adolescentes disfuncionales que comparten una huida hacia adelante de la que no pueden salir bien parados, como si fuesen una suerte de Bonnie y Clyde de la generación millennial. Con una banda sonora indie absolutamente espectacular y con unos diálogos cargados de humor negro y mala leche, la serie hace un trabajo extraordinario desarrollando a su dúo protagonista y transmitiendo esa sensación de alienación, vacío existencial y desarraigo que tanto caracteriza a la adolescencia pero que el mundo moderno parece haber acentuado hasta el extremo en los tiempos que nos ha tocado vivir.

SAGA


Otro año más en el que Saga es uno de mis tebeos favoritos. Menuda novedad. Si hiciese una lista como esta todos los años estoy seguro de que este cómic aparecería siempre.

WESTWORLD


Creo que Westworld ya había perdido un tanto el norte en su primera temporada, aunque era fácil perdonárselo. Sin embargo, los vicios de la serie, como su abuso hasta la extenuación del recurso narrativo de mezclar acontecimientos situados en momentos distintos de la línea temporal, son mucho más palpables en su segunda temporada. Es más, diría que dicha temporada es incluso más pretenciosa que la anterior, llegando a rozar la pedantería en algún que otro momento. Westworld está muy pagada de sí misma... pero merece la pena seguirla para ver a Dolores pegando furiosos escopetazos desde su caballo. Lo mismo se podría decir de Maeve, que ha protagonizado una trama apasionante esta segunda temporada que nos ha llevado a conocer el ansiado Samurai World (y que ha incluido la reproducción de la mítica escena del atraco al Salón Mariposa de la primera temporada con sus homólogos del Japón feudal). Son ellas las que hacen que este viaje por el oeste merezca la pena pese a que la carreta en la que vamos subidos vaya desmoronándose un poco más a cada capítulo.

KOKKOKU


El premio para el anime más estrafalario y desconcertante del año estaba disputado entre Karakuri Circus y Kokkoku. Finalmente me he decantado por el segundo porque, dentro de lo que cabe, Karakuri Circus sigue las conocidas convenciones del manga para chicos. Kokkoku, en cambio, entra dentro del terreno de lo inclasificable. ¿Es una serie sobre intrigas sobrenaturales? ¿Es una comedia negra? ¿Es una fantasía sobre viajes en el tiempo? ¿O es una historia sobre legados familiares y relaciones disfuncionales? No lo tengo claro. Un poco de todo, quizá, aunque la mezcla es tan heterogénea que resulta complicado valorar las distintas facetas de Kokkoku como parte de una unidad integrada. Es una serie que me deja descolocado y confuso... y eso me encanta.

THE PROMISED NEVERLAND


The Promised Neverland ha sido uno de los mangas más populares del año y bien se merece el reconocimiento. Además de ser una historia muy competente con un fantástico reparto de personajes, su forma de transformar lo cálido y hogareño en algo surgido de la peor de las pesadillas es sorprendentemente efectiva. Este manga juega con temores muy simples, muy primarios, que todos hemos experimentado alguna vez a lo largo de nuestra infancia, construyendo una trama cargada de tensión en la que los protagonistas no tienen que ser los más fuertes ni los más poderosos para superar el peligro que se esconde en su propio hogar, sino los más astutos. Bajo su adorable estética, The Promised Neverland esconde una historia de terror. De hecho, trata sobre el mayor terror que puede experimentar un niño: ¿y si los adultos que están aquí para cuidarme en realidad quieren hacerme daño?

TETRIS EFFECT


Decía al principio que esta no iba a ser una lista ordenada ni jerarquizada, pero mentiría si dijese que Tetris Effect no es lo que más me ha gustado este 2018. Llegué a este juego atraído por la gloriosa sinestesia que persiguen todos los títulos en los que se ha involucrado Tetsuya Mizuguchi desde el mítico Rez y lo que me encontré superó mis fantasías más alocadas. Mediante la combinación de una de las mecánicas más veteranas de la historia del entretenimiento interactivo y el constante bombardeo sensorial, Tetris Effect provoca que el jugador alcance un estado de flujo en el que el mundo a su alrededor se difumina para dar paso a una realidad de puro orden geométrico. He jugado a decenas de variantes del Tetris clásico a lo largo de mi vida, pero ninguna me había absorbido ni me había llevado a apreciar las sutilezas del juego como esta. Leí una vez que el Tetris era uno de los grandes juegos de la historia de la humanidad y que no tenía nada que envidiar al ajedrez. Ahora que Tetris Effect me ha abierto los ojos lo creo sin lugar a dudas. Este juego ha hecho muchísimo por mí en el último tramo de este año: me ha llevado a explorar mis procesos cognitivos, me ha servido para desarrollar nuevas y más eficaces estrategias mentales, me ha proporcionado un subidón de autoestima al ver cómo iba ascendiendo en las tablas de puntuación y me ha ayudado a sobrellevar la ansiedad con la que convivo en mi día a día. Por si todo lo anterior fuera poco, Tetris Effect también es una de esas escasas obras que logran devolverme la fe en la humanidad y hacerme creer que hay esperanza para nosotros como sociedad y como especie. Uno de los mayores aciertos de este juego consiste en los mensajes optimistas y empoderantes que transmite de forma delicada, honesta y rebosante de convicción. Por ejemplo, la forma en la que el globo terráqueo se va llenando de luz a medida que los jugadores van acercándose al objetivo conjunto de puntos en los rituales de fin de semana lanza un mensaje sutil, pero muy potente: todos juntos somos capaces de iluminar el mundo.

Mis momentos favoritos de 2018 pasan por recorrer las arenas de un caluroso desierto que de repente se transforma en la fría superficie lunar, por nadar junto a un grupo de delfines inquietos, por atravesar la estratosfera para alcanzar el espacio, por cantar junto a un grupo de medusas, por retozar junto a una pareja de distantes sirenas o por recorrer el cielo junto a una plétora de globos aerostáticos. La banda sonora de 2018 pasa por el sublime gozo electrónico de las melodías de Tetris Effect y el mensaje de 2018, si es que hay algún mensaje que merezca la pena ser recordado, pasa por las letras de las canciones de este juego.

We embark
On this ride
To find out who we are
We look up
To the sky
To realize
Nothing can stop us
Nothing can stop us
WE CAN TOUCH THE SKY

4 de noviembre de 2018

[Manga] Reseña de El jefe es una onee, de Nagabe


Nagabe es uno de los mangakas de moda, especialmente después de su asistencia al último Salón del Manga de Barcelona. Pese a su juventud (Nagabe solo tiene 25 años) y a su corta carrera profesional, este autor se ha ganado la admiración tanto de la crítica como del público. En nuestro país, la editorial ECC es la que nos está trayendo sus trabajos, entre los que destaca muy especialmente La pequeña forastera: Siúil, a Rún. No obstante, uno de los mangas de Nagabe sobre el que más se ha hablado en tiempos recientes es El jefe es una onee. Por desgracia, el motivo de tanto ruido se debió más a la polémica suscitada por la traducción que al propio contenido de la obra, como veremos a continuación.

El jefe es una onee es el primer trabajo profesional de Nagabe, surgido después de que un editor viese los diseños del personaje protagonista que el autor había subido a una red social para ilustradores. En ese momento Nagabe estaba aún terminando sus estudios de bellas artes y no tenía ninguna experiencia dibujando manga. Es importante destacar que el editor que le ofreció el trabajo pertenecía a la revista Opera, una conocida revista dirigida al público femenino y especializada en BL (Boy's Love, es decir, historias de amor entre chicos). Tras rediseñar ligeramente al personaje principal, el autor empezó a serializar la obra, que abarcó un total de 22 capítulos publicados entre 2013 y 2015 (todos ellos recopilados en un tomo único). Se trata, en efecto, de un manga BL protagonizado por animales antropomórficos.

Este manga nos muestra las aventuras y desventuras de Vincent Failnail, eficiente empleado de una empresa japonesa con capital extranjero. Además de ser un jefe brillante y admirado por sus subordinados, en especial por las féminas de la oficina, Vincent esconde un secreto: por las noches trabaja en un bar de onees. Pese a los ocasionales deslices de Vincent, que a veces se comporta de una marcada forma femenina pese a su apariencia masculina, en el trabajo nadie conoce su doble vida como onee. Las cosas comenzarán a complicarse con la llegada de George Weaver, un apuesto socio comercial que no tardará en mostrar interés hacia Vincent en sus dos facetas, tanto la masculina como la femenina. Al mismo tiempo, los intentos de George por ligarse al jefe despertarán los celos de uno de sus empleados, el normalmente despreocupado Inpas Dant.


La clave de la reciente polémica es el uso de la palabra "onee", que se conserva en el idioma original en lugar de haberse traducido. En Japón, este término proviene de "onee kotoba", una expresión que se emplea para referirse a los hombres que se sienten internamente como mujeres, se vistan como tales o no. Las onees suelen ser personas con mucho sentido del humor y grandes dotes de conversación, por lo que quien acude a un bar de onees lo hace buscando charla y consejo, no para ligar. La traductora de la obra decidió conservarlo al considerar que el término "travesti" no se ajustaba lo suficiente a la historia, lo cual provocó cierta polémica en redes que llevó a que la propia editorial explicase dicha decisión en un comunicado.

Hay quien piensa que el título de este manga debería haberse traducido como El jefe es un travesti o incluso como El jefe es trans y que conservar el término onee fue un error. Personalmente, estoy en desacuerdo. No estoy seguro de que el protagonista pueda considerarse transexual (pese a su comodidad en el rol femenino, el personaje no parece sentir un rechazo manifiesto hacia su cuerpo masculino) y el término travesti me parece escaso para expresar su realidad. La única alternativa que me parece realmente válida es drag queen, aunque este término tiene algunas connotaciones propias de occidente que se alejan de lo que se asocia tradicionalmente a las onees japonesas. No obstante, no soy un experto en el tema. Hay que tener en cuenta que juzgar la traducción sin conocer con detalle la realidad del ambiente de los bares de onees es muy arriesgado. La elección de un término u otro conlleva siempre un contexto cultural que puede alterar la obra original, por lo que en caso de duda me parece adecuado optar por no traducir los términos problemáticos. Sea como sea, un cierto grado de ambigüedad siempre es preferible al uso de etiquetas, en especial si esas etiquetas no son precisas o no se dominan del todo.

Sin embargo, la polémica surgida en torno a este tema me resulta francamente desmesurada. El jefe es una onee es una comedia ligera que carece de pretensiones o de mensajes reivindicativos explícitos. Reconozco que me acerqué a esta obra esperando un ácido comentario sobre el mundo del travestismo y la transexualidad en Japón y lo que me encontré en realidad es una sucesión de chascarrillos y situaciones graciosas que generan reacciones desmesuradas en el protagonista para provocar la risa del lector. No es una historia seria ni pretende serlo y en más de una ocasión recurre a los típicos clichés que hemos visto mil veces (tanto en el manga romántico en general como en el BL en particular). Si bien es cierto que toca temas como la necesidad de explorar la propia identidad o de expresarse con libertad en una sociedad en la que los roles nos vienen impuestos de forma rígida, es principalmente una comedia ligera. Una comedia muy divertida, por cierto.

Si lo reducimos a su mínima esencia, El jefe es una onee es la típica comedia romántica con triángulo amoroso. Cuenta con bastantes elementos de humor absurdo y juega con astucia con esos clichés tan típicos que habíamos comentado (un buen ejemplo sería el capítulo en el que el protagonista sueña con sus dos pretendientes, que Nagabe dibuja con la estética del manga shojo más clásico para convertirlo en una parodia hilarante). El mensaje sobre descubrirse a sí mismo no es más que un simple aderezo sobre el conjunto; un aderezo que, siguiendo la metáfora culinaria, se agradece y se degusta, pero que no alimenta ni sacia. Para encontrar un auténtico reflejo de la realidad LGBT en Japón hay otras obras mucho más apropiadas.


Pasando al apartado estético, la predilección del autor por los personajes no humanos es evidente ya desde esta primera obra. Parece que a Nagabe le gusta más dibujar animales antropomórficos que personas. De hecho, el nivel de detalle está cuidado por encima de lo habitual en este tipo de historias, respetando muchos de los elementos característicos de la anatomía de los referentes reales de los personajes. Exceptuando a Vincent, que es un dragón, los demás personajes se basan en animales reales: George es un pájaro, Dant es un perro y las empleadas del bar de onees son un tigre, una cabra y un tiburón, respectivamente. Entre todos ellos, es posible que Dant sea el personaje más conseguido y que mejor aprovecha a sus referentes perrunos, aunque quizá esta percepción se deba a que se trata del personaje con mayor rango de expresiones distintas a lo largo de la obra. También es mi personaje favorito de la obra.

Llama la atención la transformación que sufre Vincent al adoptar su apariencia de onee y cómo detalles tan sutiles como quitarle las gafas y añadirle un lacito cambian por completo la imagen del personaje que percibe el lector. Por otro lado, si los dragones musculados te parecen atractivos, esta manga te gustará sin lugar a dudas. Si hay algo que puedo decir con seguridad de las onees que aparecen en esta historia es que resultan ser tremendamente atractivas. No sé si a Nagabe la va este rollo, pero de no ser así lo disimula bastante mal. Después de todo, los editores de Opera se fijaron en él por alguna razón.

En resumen, y dejando la mencionada polémica a un lado, El jefe es una onee es un lectura ligera y divertida. No se le puede exigir un comentario social profundo porque carece de él, aunque toca ciertas cuestiones interesantes que podrían suscitar una amplia discusión con posterioridad. Gráficamente es muy agradable, con unos personajes muy cuidados y con un amplio abanico de expresiones emocionales. Se trata de una comedia por encima de todo y, sin ser especialmente brillante u original, sí que resulta muy divertida. Sorprende que se trate del primer trabajo de un autor novel, ya que muestra un gran control sobre los mecanismos que hacen funcionar este tipo de historias. Cabe preguntarse hasta qué punto eso se debe al propio Nagabe o es producto de la influencia del editor. Desde luego, el resultado final está muy pulido para un debut profesional. Recomendaría El jefe es una onee a los curiosos, a quiénes tengan interés en el BL o a quiénes sientan debilidad por las animales antropomórficos marcadamente musculados.


16 de septiembre de 2018

[Literatura] Harry Potter y el cáliz de fuego, o cómo crear un monstruo


Si Harry Potter y la Piedra Filosofal era poco más que un cuento para niños que se podía leer en un par de tardes, Harry Potter y la Cámara Secreta fue el refinamiento de la propuesta inicial de J. K. Rowling, mucho más cuidada en sus aspectos narrativos y estilísticos. Harry Potter y el prisionero de Azkaban, por su parte, empezaba a insinuar una ambición que iba mucho más allá de un mero relato infantil y dicha ambición estalló en toda su desmesura en la cuarta entrega de la saga: Harry Potter y el cáliz de fuego. Durante el tercer libro tuve la impresión de que la autora primaba la construcción de su mundo de fantasía por encima incluso del desarrollo de algunos personajes considerados protagonistas y esa impresión ha quedado confirmada con la lectura de esta cuarta parte de la saga del niño mago. En poco más de cuatro libros, el tono de la historia ha pasado de ser un simple e inocente divertimento a aspirar a convertirse en narrativa épica con todas las de la ley. En efecto, las simples aventurillas mágicas han ido dejando paso a una auténtica guerra entre el bien y el mal que se dibuja en el horizonte. Hay que reconocer que se trata de un cambio de enfoque impactante dentro de este tipo de literatura.

Imagino que el efecto se acentúa al leer los libros uno a continuación del otro (tal y como estoy haciendo yo en estos momentos) en lugar de haber seguido el ritmo de publicación original. Se suele hablar con frecuencia de que el personaje de Harry Potter fue creciendo a medida que lo hacían sus lectores, aunque quizá sería más apropiado decir que fueron los lectores los que fueron creciendo a medida que la autora que había detrás de Harry iba desarrollando su propuesta y mejorando sus habilidades. Aún así, la primera entrega se publicó en 1997 y la cuarta en 2000. Este es un cambio muy pronunciado para haberse producido en un intervalo de tan solo tres años y, por lo que he podido comprobar tras empezar el siguiente libro, está marcando el camino a seguir por la saga de ese punto en adelante. Por supuesto que es lógico que la madurez del personaje se vaya produciendo a medida que la propia autora va madurando como escritora, pero no estoy refiriéndome a un simple cambio en la manera de tratar al protagonista, sino más bien al enfoque global con el que se abordan los libros. Si el primero era un cuento humilde con bastantes carencias, el cuarto es un auténtico monstruo con una extensión ocho o nueve veces mayor y con un interés casi obsesivo en referenciar continuamente a los anteriores para potenciar la sensación de que nos encontramos ante una saga épica en la que todo obedece a un plan premeditado.

Espero que se me permita que ponga en duda la existencia de ese "gran plan" de J. K. Rowling, al menos durante la elaboración de las dos primeras partes de su saga. Dicho plan empieza a intuirse en Harry Potter y el prisionero de Azkaban, pero donde se deja sentir por primera vez con claridad meridiana es en Harry Potter y el cáliz de fuego. Hablamos de un libro gigantesco, casi desmesurado, en el que pasan tantas cosas, aparecen tantos personajes y se tratan tantos temas, que resulta costoso estructurar cualquier reseña. Vayamos por partes.

En primer lugar, la mayor extensión de páginas permite a la autora extenderse a gusto en los eventos previos al inicio de un nuevo curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. De hecho, el segmento dedicado a los mundiales de quidditch abarca una considerable cantidad de páginas que se antojan un tanto gratuitas... hasta que sucede cierto evento que se convierte en el primer gran misterio de esta nueva aventura: ¿quién invocó la Marca Tenebrosa en el cielo? Es una pena que el quidditch solo tenga relevancia en esta primera parte del libro, ya que en este cuarto año se suspende el campeonato de quidditch de Hogwarts con motivo de la celebración del Torneo de los Tres Magos. No esperaba echar de menos los momentos dedicados al ficticio deporte, tan comunes en anteriores entregas. Parece que al final yo también he acabado aficionándome.

Imagino que la escritora no quería repetir el mismo esquema de los tres libros anteriores, consistente en que un evento maligno (el intento de robo de la Piedra Filosofal, la apertura de la Cámara Secreta o la fuga de un peligroso criminal de la prisión de Azkaban, respectivamente) interrumpía la normalidad del curso de la famosa escuela de magia. En su lugar, su siguiente propuesta pasó por la llegada de... un evento benigno (el Torneo de los Tres Magos, en este caso) que interrumpe la normalidad del curso. Si bien el recurso no es original ni tampoco narrativamente brillante, su desarrollo es lo bastante atractivo como para capturar el interés del lector más escéptico. A raíz del mencionado torneo se van hilando otras tramas paralelas de forma bastante habilidosa y todas se entrelazan de forma casi perfecta al final. Solo hay una subtrama que no parece conducir a ninguna parte y que se antoja gratuita, pobremente justificada y surgida de ninguna parte: el repentino interés de Hermione por el bienestar de los elfos domésticos. La relación de esta subtrama de la señorita Granger y su P.E.D.D.O. (Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros) con la trama principal es anecdótica en el mejor de los casos y no acaba llegando a ninguna conclusión. Es de suponer que volverá de alguna forma en siguientes entregas, ya que aquí no aporta gran cosa. Me cuesta ver a dónde puede conducir, desde luego.

Este cuarto libro arranca con una ominosa escena en la que el maligno Voldemort va recobrando fuerzas gracias a la ayuda de Colagusano, personaje presentado en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. De forma muy efectiva, se crea una sensación de amenaza que está presente durante todo el argumento aunque no hace acto de presencia hasta su conclusión. Así, el final del Torneo de los Tres Magos coincide con el regreso del villano, la resolución del misterio sobre quién invocó la Marca Tenebrosa y la confirmación de las sospechas sobre las verdaderas lealtades de algunos personajes (tales como Lucius Malfoy o Severus Snape). En en ese segmento final en donde más se evidencia el "gran plan" de J. K. Rowling, que incluso dejar caer algunos nombres de personajes que tendrán un papel importante en posteriores entregas. Llegados a este punto, creo que la autora ya sabía a dónde quería conducir su historia. Las tiernas andanzas del ingenuo niño mago están a punto de convertirse en una guerra atroz entre el bien y el mal y yo, personalmente, no estoy seguro de preferir este enfoque a la ingenuidad infantil con la que se abrió la saga. De momento, al menos.

Un aspecto que sí que me ha parecido muy disfrutable de este libro es la entrada de los personajes en la pubertad. Aunque no se aborda de forma explícita, su comportamiento delata que las hormonas empiezan a agitarse en el interior de Harry, Ron y Hermione. Nuestros protagonistas han entrado en la época de los primeros amores y desamores, lo que añade una capa muy interesante en lo que a sus interacciones se refiere. Que las dinámicas que se forman entre ellos sean tan evidentes (el continuo tira y afloja entre Ron y Hermione, la atracción de Harry hacia Cho Chang, los celos de Harry hacia Cedric Diggory...) no impide su disfrute ni mucho menos. Si algo es sin duda positivo del paso de un relato infantil a una novela adolescente es el añadido que suponen los exagerados dramas emocionales tan propios de esa época de la vida. Esto incluso se refleja en el lenguaje de los personajes, que si mal no recuerdo pronuncian por primera vez en la saga la palabra "mierda". Supongo que eso es lo más próximo que puede estar un perfecto niño británico de entrar en la etapa rebelde de los inicios de la adolescencia.

La justificación para este revuelo hormonal no es otra que traerse a unos cuantos alumnos de otras escuelas de magia con motivo del Torneo de los Tres Magos. Así entran en la historia los estudiantes del Instituto Durmstrang y la Academia Beauxbatons, de las cuales los únicos que tienen auténtica relevancia son Viktor Krum de Durmstrang y Fleur Delacour de Beauxbatons. Ambos son los campeones que representan a sus respectivas escuelas en el torneo, mientras que el campeón de Hogwarts acaba siendo Cedric Diggory, un personaje recuperado del anterior libro cuya mayor obra es hacerle ganado un partido de quidditch a Harry y al resto del equipo de Gryffindor. Es importante destacar que ganó un único partido y no la copa, que ese año se llevó Gryffindor, por lo que resulta un tanto complicado creer que sea un auténtico rival para nuestro protagonista. Es más, la rivalidad entre ellos es más enconada en el terreno afectivo que en el propio Torneo, ya que Cedric se convierte en pareja de Cho Chang, la única chica por la que Harry se ha sentido atraído hasta el momento. Como era de esperar, Harry también acaba participando en el Torneo de los Tres Magos pese a todas las medidas de control que en teoría impedían a los alumnos más jóvenes postularse para la competición (he aquí otro de los misterios de esta entrega de la saga). De esta forma, el desarrollo de las tres pruebas del torneo es una de las grandes tramas del libro.

Para la llegada de la tercera prueba, el ritmo de la narración se ha acelerado tanto que dicha prueba se convierte en un auténtico carrusel de sorpresas que acaba desembocando en el esperado regreso de Voldemort. Es justo en ese momento cuando la autora vuelve a mostrar, en mi opinión, cierta torpeza al abusar de la excesiva exposición de la que ya hizo gala en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Si en el tercer libro había dos capítulos en los que los personajes no hacían nada más que hablar entre ellos mientras iban atando cabos y resolviendo los misterios planteados, en Harry Potter y el cáliz de fuego hay un total de tres capítulos de exposición pura y dura. No contenta con dedicar un capítulo a atar cabos, la autora dedica dos más, cortando el perfecto ritmo que había logrado para la conclusión de su libro y convirtiendo el tramo final en una sobredosis de información. Por supuesto, parte de esa exposición es conveniente y puede que hasta imprescindible, pero el resto incluso un niño la puede deducir por sí mismo. Una vez más, J. K. Rowling parece confiar poco en las capacidades de sus lectores y les ofrece todos los datos que necesitan saber bien masticaditos. La escasa información que no termina de explicar es porque se la reserva descaradamente para más adelante y eso se nota. Este es quizá el punto en el que más choco con la escritora y lo llevo haciendo desde Harry Potter y la Piedra Filosofal. Algo me dice que seguiré chocando exactamente en lo mismo hasta la última entrega. Tantísima exposición es más propia de una novela negra en la que deben explicarse todos los detalles del crimen, por nimios que sean, pero en una historia de fantasía chirría demasiado. Seguro que había mejores formas de atar cabos.

También es cierto que la exagerada ampliación del trasfondo y la aparición de tantísimos personajes nuevos requiere algo más de exposición, aunque desde luego no justifica esos tres capítulos tan seguidos en los que hasta tres personajes distintos narran mediante sus diálogos lo sucedido para aclarar el misterio. Decía que la autora da rienda suelta a su ambición en este libro y eso supone un buen montón de personajes nuevos y toneladas de trasfondo para sus creaciones. Entre tantos rostros nuevos, personajes que parecían tener cierta relevancia como Ginny Weasley o Remus Lupin son apenas mencionados o directamente ignorados. El desarrollo de personajes que realiza J. K. Rowling está subordinado a ciertos altibajos: a veces dedica un libro entero a presentar a un personaje con todo detalle y luego se olvida de él durante toda la entrega siguiente sin ninguna razón en particular.

Una de las incorporaciones más destacas de esta entrega es Alastor "Ojoloco" Moddy, el nuevo ocupante del gafado puesto de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Si bien Remus Lupin ya había demostrado ser un buen maestro de dicha disciplina, Ojoloco llega incluso a superar a su predecesor... aunque lo hace mediante unas clases muy poco ortodoxas que además suponen bastante sufrimiento para sus alumnos. Se trata de un personaje de lo más interesante y le sobra carisma para competir con Lupin o con Gilderoy Lockhart, los anteriores profesores de Defensa contra las Artes Oscuras (y a, título personal, los personajes que más me han gustado hasta el momento). No obstante, cierta revelación final lleva al lector a replantearse todo lo que sabía sobre Ojoloco. Es una buena jugada por parte de Rowling de la que no daré muchos detalles para no estropear ninguna sorpresa a quien no conozcan el libro o su adaptación al cine.

En cuanto al trío protagonista, Harry Potter y el cáliz de fuego parece empeñado en demostrar lo falibles que son nuestros tres héroes. Harry se comporta en más de una ocasión como un niño inmaduro y celoso, en especial en lo referente a Cedric y Cho. Ron y Harry pasan buena parte del libro sin hablarse a causa de una pelea bastante estúpida. Finalmente, la pareja formada por Ron y Hermione (me referiré a ellos como pareja aunque en este punto de la historia aún no lo sean de forma oficial) también tiene sus roces. Quizá sea a causa de las traviesas hormonas, que hacen que todo parezca más intenso de lo que es en realidad, pero me encanta ver que los personajes son imperfectos o incluso inmaduros. Leyendo más de una escena me he quedado con ganas de darle un capón a Harry para ver si dejaba de comportarse como un niñato, pero así es como son las personas reales en muchas ocasiones: desagradables, inmaduras, estúpidas, irascibles... en definitiva, imperfectas.

No deja de sorprenderme que se haya establecido una relación de confianza tan pronunciada entre Harry y un personaje como Sirius Black, con el que apenas se ha encontrado en dos o tres ocasiones. La justificación argumental me parece cogida con pinzas, a lo sumo. Para que una relación así sea creíble es necesario permitir que los personajes tengan tiempo para conocerse y llevar a cabo actividades juntos, cosa que Harry y Sirius no han tenido ocasión de hacer: toda su relación se basa en dos encuentros apresurados y unas cuantas cartas enviadas por lechuzas. Tampoco deja de sorprenderme lo plano y ridículo que resulta Severus Snape en cada una de sus apariciones. Imagino que algo debe tener el personaje para resultarle tan atractivo a los lectores, pero en los cuatro primeros libros no ha hecho más que comportarse de forma tan prepotente que roza el ridículo. Veremos qué sucede con él en siguientes entregas, ahora que las cosas se han puesto tan interesantes.

Lo que desde luego me parece muy conseguido en el último tramo de Harry Potter y el cáliz de fuego es la sensación de que ya nada puede volver a ser normal. Ya no son sólo las consecuencias que tiene el regreso de Voldemort tanto para nuestro protagonista como para el resto de personajes, sino la manera en la que se refleja el shock emocional de lo sucedido y las diferentes maneras de afrontarlo. Algunos personajes quedan tan impactados que no saben cómo actuar, otros optan por negar completamente lo sucedido y unos pocos deciden que ha llegado el momento de actuar con convicción, poniendo en marcha acontecimientos que se revelarán en Harry Potter y la Orden del Fénix. Al menos en lo que se refiere a la manera que tiene Harry de afrontar el mundo, este libro supone un punto y aparte. Hasta entonces sus aventuras mágicas podían ser peligrosas, pero siempre estaban exentas de consecuencias, tanto para él como para sus amigos. Ahora Harry ha aprendido que nadie está realmente a salvo y que su propia vida está en juego. El joven aprendiz de mago ya ha presenciado una muerte y me juego lo que sea a que no será la última ni mucho menos. Por lo poco que he podido leer hasta ahora de Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry parece sufrir algo parecido a un trastorno de estrés postraumático tras lo sucedido aquí. Esto no sólo me parece de lo más adecuado, sino que multiplica mi interés por proseguir con la lectura de la saga.

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26 de agosto de 2018

[Literatura] Harry Potter y el prisionero de Azkaban, trasfondo desmedido


Si Harry Potter y la Piedra Filosofal fue una presentación un tanto dubitativa cuya fama excedió a sus méritos reales, Harry Potter y la Cámara Secreta supuso la confirmación de que había auténtico talento detrás de la propuesta inicial de la autora. La tercera entrega, Harry Potter y el prisionero de Azkaban vino a desarrollar aún más los puntos fuertes de la anterior, a expandir la mitología que se había creado en torno a sus personajes y a consagrar a la saga del joven aprendiz de mago, ya convertida en un incipiente fenómeno. Eso no quiere decir que este libro carezca de aspectos discutibles, ya que, por ejemplo, la trama no se resuelve de una forma tan redonda como lo hace la del segundo libro ni el peso de sus diferentes elementos está tan bien equilibrado, pero desde luego se trata de una lectura amena y absorbente que sigue construyendo sobre los cimientos plantados en los anteriores y dando lugar a un universo rico, en constante expansión y con una personalidad cada vez más marcada.

Puestos a comentar los nuevos elementos que aporta esta entrega, me quedo con el personaje de Remus Lupin, el nuevo ocupante del gafado puesto de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Como de costumbre, se trata de un personaje que oculta algún que otro secreto y que sabe más sobre nuestro protagonista de lo que deja entrever en un primer momento. J. K. Rowling lo describe como un hombre desgarbado, delgaducho y con apariencia débil que viste con ropas remendadas, lo cual contrasta con su talento como maestro. Como los propios personajes no dejan de comentar, Lupin es el primer profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que realmente les enseña Defensa contra las Artes Oscuras. Esto es algo que queda patente en la narración, que cede cierta importancia a las clases del nuevo maestro (en especial a los ejercicios prácticos con el boggart), aunque esto tampoco es especialmente meritorio, ya que en los libros anteriores las clases habían tenido un papel tan nimio que casi pasaron desapercibidas. Sabíamos que Harry, Hermione y Ron acudieron a un montón de clases, pero la narración nunca se había centrado en ellas más allá de contar alguna anécdota puntual. Quizá por eso las clases de Lupin resultan tan memorables, porque en ellas se transmite al lector que los personajes están aprendiendo cosas útiles que además van poniendo en práctica a medida que progresa la narración. En efecto, así es como se transmite el aprendizaje que experimentan los personajes. Por primera vez, las clases tienen un impacto tangible sobre las aventuras de los personajes y no son la mera excusa para que dichas aventuras se pongan en marcha. Le ha costado tres libros, pero al fin el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería me ha parecido una auténtica escuela.

Lupin también me ha resultado interesante por su conexión con Harry... o más concretamente con el pasado de Harry. La apuesta de la autora es un arma de doble filo muy peligrosa, ya que quiso presentar un nuevo misterio que sirviese para conocer más sobre el trasfondo de Harry... pero ese misterio implicaba a tantos personajes secundarios y se adentra tanto en su pasado que a veces da la sensación de que nuestro protagonista tiene un peso menor dentro de la trama. Si el personaje de Lupin, que es el responsable de vehicular ese misterio no funcionase de cara al lector, habría sido un desastre. No obstante, funciona estupendamente bien. Es más, creo que la relación que se establece entre Harry y Lupin en este libro es muy beneficiosa para caracterizar mejor al protagonista, que empieza a dar rienda suelta a su complejo mundo interior, en el que conviven emociones ambivalentes: amor y rabia, orgullo y tristeza... Puesto que la figura paternal para Harry es sin duda Dumbledore, Lupin viene a ejercer un papel cercano al de hermano mayor. La trama lleva a un pequeño choque entre ambos, pero eso acaba reforzando su vínculo y aumentado su verosimilitud.

Pero volviendo a lo que decía de que el papel de Lupin me parece un arma de doble filo, quisiera explicar esta afirmación con más detenimiento. La presencia del nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras acaba trayendo consigo la historia de sus compañeros de clase en Hogwarts, lo cual es a su vez la solución al misterio de esta entrega: la huida de Sirius Black de la prisión de Azkaban. Por muy interesante que me haya parecido el trasfondo del personaje, me ha quedado cierta sensación de insatisfacción con el clímax. Es tan compleja la trama entre Lupin y Black que para desvelarla la autora requiere casi dos capítulos completos (los que se desarrollan en la Casa de los Gritos) de exposición pura y dura. Tratándose de un libro de aventuras juveniles, no creo que optar por un clímax consistente en un montón de personajes contando historias sobre el pasado sea la mejor opción. Si bien el clímax de Harry Potter y la Cámara Secreta también tenía su dosis de exposición respecto al diario de Tom Ryddle, la cantidad era mucho menor y no le robaba espacio a la batalla contra el basilisco, esto es, a la acción. En cambio, Harry Potter y el prisionero de Azkaban dedica tanto tiempo a exponer la historia del pasado que la propia resolución del libro parece apresurada... y no sólo porque se trate de una carrera en contra del propio tiempo. Se trata de un inconveniente menor, pero que transmite la sensación de que la narración queda algo descompensada; quizá incluso falta de equilibrio interno. Es por cierto la misma sensación que me transmitió la primera entrega de la saga.

No puedo decir gran cosa sobre Sirius Black, porque su aparición es fugaz y no me ha transmitido una impresión destacable. No obstante, imagino que tanto él como Lupin jugarán papeles importantes en posteriores entregas. Por otro lado, Harry Potter y el prisionero de Azkaban supone una inyección de carácter para el trío protagonista. Puede que quien más de beneficie de ello es Hermione, que goza de un par de momentos muy interesantes en este libro en los que empieza a romper ese estereotipo de chica estudiosa, callada y obediente para mostrarse desafiante y combativa. Su desplante a la profesora de Adivinación, por ejemplo, me parece antológico. Por otra parte, Harry, que en libros anteriores me parecía un tanto vacío en tanto que ejercía el rol de recipiente de las proyecciones del lector, también gana en personalidad en esta entrega, demostrando que también tiene una faceta oscura: las críticas de Snape no están del todo faltas de razón, ya que el joven Harry se comporta de una manera que sobrepasa la negligencia en esta historia, poniéndose a sí mismo y a otros en peligro y mostrando una arrogancia que parece impropia de la imagen adorable del personaje que antes tenía. Empiezo a pensar que, más que resultar impropia, es en realidad esa faceta oscura del personaje que ya se ha insinuado en ocasiones anteriores: el Sombrero Seleccionador barajando la posibilidad de enviarlo a Slytherin, el hecho de hablar lengua pársel... Hay algo oscuro en el interior de Harry que a veces sale a la luz de forma sutil y eso hace que el personaje gane en interés. Finalmente, la pelea entre Ron y Hermione sirve para darle más verosimilitud a ambos personajes. Después de todo, nada es más característico de esas edades que una pelea entre amigos que parecen volverse irreconciliables sólo para dejarlo todo olvidado y actuar como si nada hubiera sucedido poco después.

En cuanto al resto de elementos del libro, continúan en su misma tónica pero aumentando en intensidad. El Quidditch sigue siendo emocionante, aunque en este libro se transmite mejor la sensación de competición y se coloca un objetivo en la mente del lector desde el principio (ganar la copa antes de que el capitán de Gryffindor acabe su último año en Hogwarts), por lo que se siente que hay algo de peso en juego en cada partido. Esto aumenta la implicación del lector en los pasajes relacionados con el juego. Por otro lado, Hagrid continúa metiéndose en líos con sus animalitos en este libro, una circunstancia que en esta ocasión está mucho mejor hilada con la trama principal. También es esta tercera entrega la que introduce a los Dementores, personajes con los que Rowling se muestra especialmente hábil: en lugar de centrarse en sus características físicas como cualquier otro estaría tentado de hacer, la escritora ofrece una descripción más bien emocional de estos seres, poniendo el foco sobre el efecto psicológico que producen en las personajes a los que se acercan. De esta forma, sus apariciones siempre resultan impactantes y sugerentes. Más que tratarse de una amenaza física, los Dementores son una amenaza íntima y emocional; una amenaza que ataca los pensamientos felices dejando la tristeza y la pérdida. Tengo que reconocer que la idea de que existan unos seres que se alimenten de la felicidad y las ganas de vivir, dejando a sus víctimas consumidas por la desesperación, si bien no me parece completamente original, sí que me resulta atractiva en grado sumo.

Hay algún que otro detalle que me gustaría comentar extensamente, pero prefiero no entrar en demasiados detalles sobre las sorpresas de la trama. Baste decir que Harry Potter y el prisionero de Azkaban me ha parecido la consagración de los aciertos que encontré en la anterior entrega de la saga. El único temor que tengo respecto a los libros posteriores es que la autora se pierda demasiado en el denso trasfondo que ha preparado para su personaje central y que el foco, que debería estar sobre Harry, Ron y Hermione se desplace demasiado hacia los personajes secundarios o las historias del pasada. No hay que olvidar que tanto los personajes secundarios como el propio trasfondo están ahí para enriquecer a los protagonistas y contribuir a su desarrollo como personajes, no para eclipsar el interés que despiertan en el lector. El momento en que empiece a sentirme más interesado por Lupin o Black, por poner un ejemplo, que por el propio Harry, será el momento en el que la propuesta de la autora empiece a perder efectividad. No obstante, este temor convive con la convicción cada vez más clara de que el universo creado por Rowling ya era lo suficientemente sólido llegados a este punto y que la forma en la que todo empieza a interconectarse cada vez más delata la existencia de un complejo plan ulterior. Sólo la lectura de los siguientes libros puede confirmar o desmentir dicha convicción.

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19 de agosto de 2018

[Literatura] Harry Potter y la Cámara Secreta, un paso de gigante


Harry Potter y la Piedra Filosofal me pareció exactamente lo que es: un obra de una autora con poca experiencia que aún estaba lejos de alcanzar su madurez creativa. Si bien es cierto que en sus páginas se pueden encontrar aciertos notables, incluso los elementos más originales beben de fuentes más o menos conocidas. Además, su clímax se construye de forma un tanto irregular y se desarrolla con tanta brevedad que la conclusión del libro se antoja apresurada e incluso insuficiente. También podría decir que el enfoque claramente infantil de esta primera entrega de la saga no contribuye a que los lectores adultos se adentren en ella con interés. Harry Potter y la Piedra Filosofal es una obra simple y orientada a niños pequeños que queda lejos de poder calificarse como brillante debut. No obstante, me alegra comprobar que J. K. Rowling no tardó mucho en madurar como escritora, porque el segundo libro de su famosa serie supuso en salto gigantesco en cuanto a calidad literaria. Harry Potter y la Cámara Secreta me ha parecido mucho mejor libro en todos los sentidos: construcción de la trama, desarrollo del clímax, caracterización de personajes... todo mejora. Aunque admito que la primera entrega me dejó algo indiferente, la segunda me ha atrapado por completo.

Uno de los factores que sin duda contribuyen a que este libro sea mucho más redondo es su mayor extensión. El número de páginas crece considerablemente respecto a Harry Potter y la Piedra Filosofal y, como consecuencia, la autora puede planificar con cuidado la evolución del misterio en torno al que gira la trama. Mientras que en el primer libro dicho misterio es algo anecdótico que incluso el más joven de los lectores no debería tener problema en deducir por sí mismo, en la segunda entrega es un misterio con todas las de la ley. La información está muy bien dosificada a lo largo del texto y la autora incluso juega a ofrecer pistas que al final se desvelan como medias verdades o directamente como mentiras. En ese sentido, me da la impresión de que Harry Potter y la Cámara Secreta se aleja un tanto de la literatura infantil y aspira a ser una obra orientada al público más juvenil. Con esto quiero decir que se trata de un libro que exige un poco más al lector, lo cual siempre es de agradecer. Aunque sigue teniendo la manía de excederse en las explicaciones para dejarlo todo bien masticadito, parece un libro orientado hacia un lector mucho más activo, capaz de hacer sus propias deducciones y de descubrir que no todos los datos que se le ofrecen encajan bien en la narración... o son demasiado convenientes como para confiar en su validez. La forma en la que se plantea el misterio de la Cámara Secreta y del monstruo que la habita es muy hábil: es sutil y progresiva, está conectada con el trasfondo de los personajes y, además, enriquece el escenario sobre el que se desarrollan los acontecimientos.

La propia forma de escribir de J. K. Rowling evidencia una mejoría en esta entrega. No puedo decir hasta qué punto se debe a la intervención de sus editores, pero desde luego Harry Potter y la Cámara Secreta está mucho más pulido que el anterior libro. Un detalle que me chirrió mucho en la primera incursión de la autora fue la marcada ausencia de descripciones. Pues bien, ese es uno de los primeros aspectos que la autora corrige aquí. Aunque no llegan a ser tan extensas y detalladas como a mí me gustaría, al menos existen descripciones como tales en este segundo libro. Al fin he podido construir una imagen mental de algunos aspectos que antes me parecían demasiado vagos y que fueron solidificándose en mi mente casi sin darme cuenta a medida que avanzaba en la lectura.

No obstante, el punto fuerte de esta entrega quizá sea la caracterización de personajes. Tras haberse quitado de encima la pesada tarea de presentar a sus protagonistas y antagonistas, la autora se dedica en este libro a desarrollarlos y a insuflarles auténtica vida. Es posible que quien más se beneficie de todo esto sea el gran villano, Lord Voldemort, que en el primer libro era poco más que el típico villano de opereta cuya única justificación parecía ser la necesidad de tener un antagonista para Harry. Hay quien piensa que la calidad de una historia se mide por la calidad de sus villanos. En ese sentido, el Voldemort de Harry Potter y la Piedra Filosofal, pese a haber cometido la gran maldad de asesinar a los padres de nuestro protagonista, no era gran cosa. En cambio, el Voldemort de Harry Potter y la Cámara Secreta es un personaje tridimensional, con un justificación para sus acciones y un trasfondo interesante. J. K. Rowling optó por establecer un paralelismo entre el héroe y el villano, haciendo que ambos fuesen huérfanos que encontraron su verdadero lugar en el mundo mágico gracias al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. No se puede decir que sea el recurso más innovador del mundo, pero desde luego es efectivo. Además, al autora juega al despiste con el lector, ya que en principio Voldemort no parece ser el villano en esta ocasión. Sin embargo, cuando nos cuenta la historia de Tom Ryddle a través de su diario, lo que está haciendo en realidad es contextualizar a su villano. Si es cierto que los villanos son la vara con la que se mide la calidad de una historia, entonces está claro que la calidad de Harry Potter y la Cámara Secreta se dispara en comparación con la del arranque de la serie.

Otro aspecto destacado de esta segunda parte es su sentido de la comedia, mucho más marcado y con cierta tendencia a desviarse hacia el humor negro. Se trata de un libro elaborado para el disfrute de los niños, pero teniendo también presentes a los adultos. Destacaría al personaje de Gilderoy Lockhart, un mamarracho encantador y divertidísimo. Más allá de ser un personaje cómico para los jóvenes lectores, los adultos verán en él al estereotipo de cierto tipo de persona desgraciadamente común en el mundo académico o laboral. Junto a los pasajes centrados en Tom Ryddle, la escritora pone lo mejor de sí en los capítulos en los que aparece el narcisista profesor Gilderoy Lockhart. Hay algunos momentos especialmente brillantes en los que la ambientación y el contexto de una escena trabajan juntos para caracterizar al personaje, como las escenas que transcurren en el despacho de Lockhart bajo la atenta mirada de las fotografías de su rostro que reaccionan de distintas formas a lo que sucede.

En cuanto al trío protagonista, me da la impresión de que J. K. Rowling ya tenía muy claro qué pensaba hacer con ellos desde el momento en que empezó a trabajar en este libro. Por ejemplo, la dinámica entre Ron y Hermione sigue a rajatabla ese viejo dicho que afirma que los que se pelean se desean. El personaje de Harry es el que sigue estando algo más vacío en su caracterización, en tanto que no se define tanto por su relación con el resto de personajes como por la relación que ellos tienen con él. Harry sigue siendo en cierta medida un recipiente sobre el que el lector puede proyectar sus propias filias, aunque me sorprendería que esto se mantuviese en las siguientes entregas de la saga. Imagino que la autora colocará el foco sobre el mundo interior de Harry a medida que progresen sus estudios en Hogwarts, porque en Harry Potter y la Cámara Secreta dicho foco no se coloca sobre lo que Harry siente sino sobre lo que los demás personajes sienten hacia él: la descarada fascinación de Ginny Weasley, el cariño paternal del profesor Dumbledore, el desprecio de Draco Malfoy... Las emociones del elenco están claras, mientras que las de Harry se intuyen más que expresarse. Igual este es uno de los motivos por los que es tan popular: porque, al menos en gran parte, Harry es el lector y el lector es Harry.

Ya que lo he mencionado, diría que otro de los antagonistas, en esta caso el insufrible Draco Malfoy, también gana bastantes puntos en esta entrega. Una vez más, que se aporte el trasfondo que ofrece su padre, Lucius Malfoy, así como los orígenes de Slytherin y la filosofía racista del fundador de la casa, que despreciaba a todos aquellos magos que no fuesen de sangre pura, ayuda a que la caracterización del personaje resulte mucho más saliente y memorable. Este pequeño y mezquino mequetrefe tiene un papel más destacado en este segundo libro y sus intentos por hacer quedar mal a Harry evidencian la envidia que siente hacia él, así como su inseguridad y su temor a ser superado por el objeto de sus burlas. Para cuando termina el segundo curso en Hogwarts, Harry ha abierto la Cámara Secreta, ha vencido al basilisco, ha salvado la vida de Ginny y ha vuelto a derrotar a Voldemort. En cuanto a Draco, su mayor hazaña hasta entonces consiste en entrar en el equipo de quidditch de Slytherin gracias al dinero de su padre. Tan evidente es su problema de autoestima que casi resulta adorable. Casi.

Respecto a lo demás, continúan las líneas maestras que se establecieron en Harry Potter y la Piedra Filosofal: continúa el quidditch (ahora más personal gracias a la incorporación de Draco al equipo de Slytherin en la misma posición que Harry), el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras continúa gafado y Neville Longbottom sigue siendo igual de torpe (¡o puede que incluso más!). Con los nuevos alumnos de primer año que se suman a la lista de personajes secundarios, en alguna que otra ocasión conviene echar un vistazo a la Wikipedia para seguirle la pista a tanto nombre, pero este sigue siendo un libro ameno, sencillo y fácil de leer. Creo que he tardado menos tiempo en leerlo que el anterior, pese a tener casi el doble de extensión. Ese hecho transmite mejor mi impresión sobre Harry Potter y la Cámara Secreta que cualquier reseña que pueda elaborar. Es más, en el momento de escribir estas líneas ya llevo buena parte del siguiente libro leída. Para mi sorpresa, estoy empezando a entender qué tiene esta historia de especial para haber encandilado a tanta gente.

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