4 de noviembre de 2018

[Manga] Reseña de El jefe es una onee, de Nagabe


Nagabe es uno de los mangakas de moda, especialmente después de su asistencia al último Salón del Manga de Barcelona. Pese a su juventud (Nagabe solo tiene 25 años) y a su corta carrera profesional, este autor se ha ganado la admiración tanto de la crítica como del público. En nuestro país, la editorial ECC es la que nos está trayendo sus trabajos, entre los que destaca muy especialmente La pequeña forastera: Siúil, a Rún. No obstante, uno de los mangas de Nagabe sobre el que más se ha hablado en tiempos recientes es El jefe es una onee. Por desgracia, el motivo de tanto ruido se debió más a la polémica suscitada por la traducción que al propio contenido de la obra, como veremos a continuación.

El jefe es una onee es el primer trabajo profesional de Nagabe, surgido después de que un editor viese los diseños del personaje protagonista que el autor había subido a una red social para ilustradores. En ese momento Nagabe estaba aún terminando sus estudios de bellas artes y no tenía ninguna experiencia dibujando manga. Es importante destacar que el editor que le ofreció el trabajo pertenecía a la revista Opera, una conocida revista dirigida al público femenino y especializada en BL (Boy's Love, es decir, historias de amor entre chicos). Tras rediseñar ligeramente al personaje principal, el autor empezó a serializar la obra, que abarcó un total de 22 capítulos publicados entre 2013 y 2015 (todos ellos recopilados en un tomo único). Se trata, en efecto, de un manga BL protagonizado por animales antropomórficos.

Este manga nos muestra las aventuras y desventuras de Vincent Failnail, eficiente empleado de una empresa japonesa con capital extranjero. Además de ser un jefe brillante y admirado por sus subordinados, en especial por las féminas de la oficina, Vincent esconde un secreto: por las noches trabaja en un bar de onees. Pese a los ocasionales deslices de Vincent, que a veces se comporta de una marcada forma femenina pese a su apariencia masculina, en el trabajo nadie conoce su doble vida como onee. Las cosas comenzarán a complicarse con la llegada de George Weaver, un apuesto socio comercial que no tardará en mostrar interés hacia Vincent en sus dos facetas, tanto la masculina como la femenina. Al mismo tiempo, los intentos de George por ligarse al jefe despertarán los celos de uno de sus empleados, el normalmente despreocupado Inpas Dant.


La clave de la reciente polémica es el uso de la palabra "onee", que se conserva en el idioma original en lugar de haberse traducido. En Japón, este término proviene de "onee kotoba", una expresión que se emplea para referirse a los hombres que se sienten internamente como mujeres, se vistan como tales o no. Las onees suelen ser personas con mucho sentido del humor y grandes dotes de conversación, por lo que quien acude a un bar de onees lo hace buscando charla y consejo, no para ligar. La traductora de la obra decidió conservarlo al considerar que el término "travesti" no se ajustaba lo suficiente a la historia, lo cual provocó cierta polémica en redes que llevó a que la propia editorial explicase dicha decisión en un comunicado.

Hay quien piensa que el título de este manga debería haberse traducido como El jefe es un travesti o incluso como El jefe es trans y que conservar el término onee fue un error. Personalmente, estoy en desacuerdo. No estoy seguro de que el protagonista pueda considerarse transexual (pese a su comodidad en el rol femenino, el personaje no parece sentir un rechazo manifiesto hacia su cuerpo masculino) y el término travesti me parece escaso para expresar su realidad. La única alternativa que me parece realmente válida es drag queen, aunque este término tiene algunas connotaciones propias de occidente que se alejan de lo que se asocia tradicionalmente a las onees japonesas. No obstante, no soy un experto en el tema. Hay que tener en cuenta que juzgar la traducción sin conocer con detalle la realidad del ambiente de los bares de onees es muy arriesgado. La elección de un término u otro conlleva siempre un contexto cultural que puede alterar la obra original, por lo que en caso de duda me parece adecuado optar por no traducir los términos problemáticos. Sea como sea, un cierto grado de ambigüedad siempre es preferible al uso de etiquetas, en especial si esas etiquetas no son precisas o no se dominan del todo.

Sin embargo, la polémica surgida en torno a este tema me resulta francamente desmesurada. El jefe es una onee es una comedia ligera que carece de pretensiones o de mensajes reivindicativos explícitos. Reconozco que me acerqué a esta obra esperando un ácido comentario sobre el mundo del travestismo y la transexualidad en Japón y lo que me encontré en realidad es una sucesión de chascarrillos y situaciones graciosas que generan reacciones desmesuradas en el protagonista para provocar la risa del lector. No es una historia seria ni pretende serlo y en más de una ocasión recurre a los típicos clichés que hemos visto mil veces (tanto en el manga romántico en general como en el BL en particular). Si bien es cierto que toca temas como la necesidad de explorar la propia identidad o de expresarse con libertad en una sociedad en la que los roles nos vienen impuestos de forma rígida, es principalmente una comedia ligera. Una comedia muy divertida, por cierto.

Si lo reducimos a su mínima esencia, El jefe es una onee es la típica comedia romántica con triángulo amoroso. Cuenta con bastantes elementos de humor absurdo y juega con astucia con esos clichés tan típicos que habíamos comentado (un buen ejemplo sería el capítulo en el que el protagonista sueña con sus dos pretendientes, que Nagabe dibuja con la estética del manga shojo más clásico para convertirlo en una parodia hilarante). El mensaje sobre descubrirse a sí mismo no es más que un simple aderezo sobre el conjunto; un aderezo que, siguiendo la metáfora culinaria, se agradece y se degusta, pero que no alimenta ni sacia. Para encontrar un auténtico reflejo de la realidad LGBT en Japón hay otras obras mucho más apropiadas.


Pasando al apartado estético, la predilección del autor por los personajes no humanos es evidente ya desde esta primera obra. Parece que a Nagabe le gusta más dibujar animales antropomórficos que personas. De hecho, el nivel de detalle está cuidado por encima de lo habitual en este tipo de historias, respetando muchos de los elementos característicos de la anatomía de los referentes reales de los personajes. Exceptuando a Vincent, que es un dragón, los demás personajes se basan en animales reales: George es un pájaro, Dant es un perro y las empleadas del bar de onees son un tigre, una cabra y un tiburón, respectivamente. Entre todos ellos, es posible que Dant sea el personaje más conseguido y que mejor aprovecha a sus referentes perrunos, aunque quizá esta percepción se deba a que se trata del personaje con mayor rango de expresiones distintas a lo largo de la obra. También es mi personaje favorito de la obra.

Llama la atención la transformación que sufre Vincent al adoptar su apariencia de onee y cómo detalles tan sutiles como quitarle las gafas y añadirle un lacito cambian por completo la imagen del personaje que percibe el lector. Por otro lado, si los dragones musculados te parecen atractivos, esta manga te gustará sin lugar a dudas. Si hay algo que puedo decir con seguridad de las onees que aparecen en esta historia es que resultan ser tremendamente atractivas. No sé si a Nagabe la va este rollo, pero de no ser así lo disimula bastante mal. Después de todo, los editores de Opera se fijaron en él por alguna razón.

En resumen, y dejando la mencionada polémica a un lado, El jefe es una onee es un lectura ligera y divertida. No se le puede exigir un comentario social profundo porque carece de él, aunque toca ciertas cuestiones interesantes que podrían suscitar una amplia discusión con posterioridad. Gráficamente es muy agradable, con unos personajes muy cuidados y con un amplio abanico de expresiones emocionales. Se trata de una comedia por encima de todo y, sin ser especialmente brillante u original, sí que resulta muy divertida. Sorprende que se trate del primer trabajo de un autor novel, ya que muestra un gran control sobre los mecanismos que hacen funcionar este tipo de historias. Cabe preguntarse hasta qué punto eso se debe al propio Nagabe o es producto de la influencia del editor. Desde luego, el resultado final está muy pulido para un debut profesional. Recomendaría El jefe es una onee a los curiosos, a quiénes tengan interés en el BL o a quiénes sientan debilidad por las animales antropomórficos marcadamente musculados.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios serán moderados antes de ser publicados.