25 de junio de 2009

[Series] Carnivàle

El panorama de las series de televisión estadounidenses está cambiando. Cada vez más canales se desmarcan de las típicas series orientadas a un público poco exigente y apuestan por historias diferentes y arriesgadas; historias que se salen de lo común. En estas series de nueva hornada no tienen cabida la falsa moralidad y la censura que durante mucho tiempo ha caracterizado a la televisión americana, ya que se dirigen a un público adulto que busca algo más que simple divertimento. Las cadenas han descubierto que este tipo de público existe y, lo que es más importante, que está ansioso de nuevos contenidos. Por lo tanto, estas cadenas cada vez realizan más y mejores proyectos orientados a este tipo de espectadores. Es el caso de Showtime con series como "Queer as Folk" o "Dexter", o de HBO con "A dos metros bajo tierra", "Los Soprano" y la serie que ahora nos ocupa: "Carnivàle".


"Carnivàle" consta de dos temporadas de doce episodios cada una y, por desgracia, tras la emisión de la segunda temporada fue cancelada a causa de los altos costes de producción y el relativamente bajo nivel de audiencia. A pesar de ello, son muchos los espectadores que quedaron maravillados por la estética y la peculiar narrativa de esta serie y que demandan una continuación.

No es fácil explicar el argumento de "Carnivàle", ya que es una serie densa, compleja y, en ocasiones, difícil de asimilar. Obviamente, no se trata de una serie apta para gente habituada a las "series ligeras" de FOX y canales similares, sino que está orientada a esa creciente minoría de espectadores mucho más exigentes que mencionábamos antes.

"Carnivàle" nos sitúa en 1934, en la América más profunda y rural. Estados Unidos sufre la peor crisis económica de su historia tras el crack del 29, por lo que son tiempos difíciles para todos. Es la América temerosa de Dios, pero también la América de la superstición y de la superchería. En este contexto asistimos a una historia de misterio con tintes sobrenaturales. La trama gira en torno a dos historias paralelas cuyo destino es acabar cruzándose, cada una de ellas centrada en un personaje.

Por un lado tenemos al joven Ben Hawkins. Siendo niño descubrió que no era una persona corriente, sino que era una especie de "curandero". Por ello su madre le rechazó, considerando que su don no provenía de Dios, sino del mismísimo Diablo. Cuando ésta enfermó, no permitió que su hijo usase su poder sobre ella, sino que eligió morir entre terribles dolores. Perseguido por la ley por un crimen de asesinato del que apenas se nos dice nada, tras perder a su madre y quedarse sin casa, Ben se encontrará con una única opción: unirse a una siniestra feria ambulante llamada Carnivàle, a la que le unen vínculos que es incapaz de comprender.


Por el otro lado tenemos al Hermano Justin Crowe, un sacerdote de una humilde congregación metodista. Obsesionado con servir a Dios y a su Iglesia, bajo su apariencia de hombre bondadoso se esconden oscuros secretos. Al igual que sucedió con Ben, el Hermano Justin también descubrió en su infancia que no era un hombre normal. Sin embargo, esconde sus secretos bajo su descomunal fé en la gracia de Dios. Sus intentos de ayudar a los más pobres de su congregación chocarán con los intereses de hombres poderosos, lo que provocará que la oscuridad de su interior salga al exterior.


En un principio la serie nos habla de la eterna lucha entre el bien y el mal. Nos dice que en tiempos pasados el conflicto se resolvía mediante el enfrentamiento entre un avatar del bien y otro del mal, pero que en la actualidad la gente ha perdido la fé y ya no cree en esas cosas. ¿Son Ben y el Hermano Justin avatares de las fuerzas del bien y del mal? ¿Es su destino enfrentarse? Aunque les separan miles de kilómetros, sus sueños les unen, mostrándoles crípticas visiones del pasado y del futuro. Incluso llegan a encontrarse en el plano onírico.

Sin embargo, la genialidad de la serie radica en que se aleja de las típicas historias de índole sobrenatural. Aquí en ningún momento está claro si ese conflicto entre el bien y el mal del que tanto se habla es real o, en cambio, no es más que una fantasía creada por fanáticos religiosos siglos atrás. Tampoco están claras las motivaciones de los personajes principales, cuya tremenda ambiguedad nos impide definirlos como "buenos" o "malos". Ni Ben es un santo ni el Hermano Justin es un demonio.

Además, ellos no son los únicos personajes relevantes. Carnivàle es en realidad una serie coral, en la que los miembros de esa siniestra feria que acoge a Ben tienen una gran importancia. De hecho, muchos de ellos saben más cosas sobre Ben que él mismo y albergan también un gran misterio. El propio patrón de la feria es un misterio en sí mismo. Nunca sale de su caravana y no permite que nadie lo vea, salvo el director de dicha feria: un enano llamado Samson.


El resto de habitantes de la feria también son bastante "especiales": una vidente gitana en estado vegetal, una tarotista, un mentalista ciego capaz de leer los sueños de los demás, una encantadora de serpientes, dos hermanas siamesas unidas por la cintura, una mujer barbuda, un hombre con escamas de reptil en lugar de piel...

A pesar de lo llamativos que resultan los personajes, la ambientación no se queda atrás. Todo tiene un aspecto ajado, sucio y polvoriento. Los entornos en los que se establece la feria en su recorrido hacia un destino que sólo su patrón conoce son lugares yermos, vacíos, solitarios. Es una América cadavérica y hostil la que se nos muestra.

Al soberbio tratamiento de la historia y de los personajes y a la evocadora ambientación se une el tremendo subjetivismo que transmite la serie. Es una serie de intriga y misterio, sí, pero no podemos esperar que se nos explique la verdad detrás de las incógnitas que plantea. Y esto es así porque detrás de los misterios de "Carnivàle" no existen verdades absolutas ni explicaciones definitivas, sino que todo queda abierto a la libre interpretación del espectador. Las pistas se nos muestran mediante sueños y visiones de los personajes, siempre cargados de un cierto simbolismo y de crípticos mensajes que deben ser descifrados. Por lo tanto, es una serie que exige cierto esfuerzo intelectual por parte del espectador para poder ser comprendida. En ese sentido muchos la comparan con la clásica "Twin Peaks", mítica serie televisiva de David Lynch y Mark Frost caracterizada por su gran subjetividad y su capacidad de desconcertar al espectador.

Las respuestas no son fáciles, pero la serie no nos las ofrece. Debemos ser nosotros mismos los que las encontremos y, más importante aún, los que las interpretemos. ¿Es "Carnivàle" la historia de la eterna lucha entre el bien y el mal? Depende de cómo lo interpretes. ¿Es una historia con carga religiosa? Depende de cómo lo interpretes. El bien y el mal están presentes. Ciertos elementos religiosos están presentes. Se habla de Dios y del Diablo. Pero todo está abierto a la interpretación. De hecho, según mi propia interpretación, el "bien" y el "mal" de los que se habla en la serie están bastante alejados de las figuras religiosas de Dios y del Diablo y se aproximan más a un debate filosófico (acerca de la viabilidad del libre albedrío) que a un debate teológico.

En cualquier caso, "Carnivàle" es una serie inquietante, evocadora y fascinante. Creo que su visionado merece mucho la pena (aquí en España ha sido - y, si no me equivoco, continúa siendo - emitida por el canal Buzz). Es un producto muy diferente a lo que se suele ver habitualmente en televisión. Un producto de una soberbia calidad, orientado a un público adulto y exigente. Por desgracia, también es un producto para el que el panorama de las series de televisión aún no estaba preparado (de ahí que la serie finalizase tras su segunda temporada, cuando aún conservaba potencial para continuar durante otra temporada más). El panorama de las series de televisión estadounidenses está cambiando. Pero aún no ha cambiado lo suficiente.

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