Batman puede ser cualquier cosa: un colorido y absurdo superhéroe al que le gusta bailar, un torturado justiciero urbano que actúa con excesiva violencia, un meticuloso detective capaz de resolver los más intrincados acertijos, el padre de una extensa y disfuncional familia compuesta por múltiples niños huérfanos vestidos con pantaloncitos ridículos, un enfermo mental que salta de azotea en azotea disfrazado de rata voladora… Mucho se ha escrito sobre la naturaleza icónica de Batman; una naturaleza que le ha permitido mutar y evolucionar según el devenir de los tiempos para alcanzar a públicos de distintas generaciones sin renunciar a su idiosincrasia. Batman es un concepto fluido e incluso hoy se encuentra en estado de flujo. Forma parte de nuestra cultura popular, impregna muchas de nuestras historias y mitos modernos… y lo seguirá haciendo en el futuro de formas inesperadas y sorprendentes. Conocemos al Batman del ayer y al Barman de hoy, pero el Batman del mañana es una incóg...