31 diciembre, 2019

Mis favoritos de 2019

Decir que 2019 ha sido un año difícil sería un eufemismo. El año empezó estupendamente y se derrumbó poco antes de llegar a la mitad, arrastrándome consigo durante una larga temporada. Este blog ha sido el principal afectado y de ahí su escasa actividad durante estos meses. Sin embargo, aquí estoy de nuevo para otro repaso anual. Como ya comenté en la entrada sobre mis favoritos de 2018, he acabado aborreciendo las listas que se atreven a juzgar qué es mejor y qué es peor. Las listas ordenadas, numeradas y jerarquizadas me parecen una tremenda falta de humildad, pues quiénes somos nosotros los aficionados para juzgar las cosas que vemos, leemos o jugamos como si fuésemos expertos. Por tanto, que quede claro que lo que tienes a continuación no es una lista de lo mejor del año, sino una simple enumeración de lo que más me ha gustado a mí durante este 2019 que toca a su fin. No está ordenada en categorías, no está numerada ni jerarquizada; se trata simplemente de una breve colección de comentarios sobre algunas de mis cosas favoritas de este olvidable año. Da igual si son mejores o peores: lo importante es que me hayan interesado o me hayan hecho disfrutar lo suficiente como para querer otorgarles este pequeño reconocimiento.

Cuando los tebeos eran peligrosos:
La plaga de los cómics & Los cómics de la plaga


Mi primera lectura del año vino de la mano de la fantástica edición limitada de este libro de David Hajdu realizada por Es Pop. La plaga de los cómics es algo más que la historia sobre la alarma social provocada por la popularización de los comic-books en Estados Unidos, que llegó a provocar la quema pública de tebeos y el establecimiento de un código censor que se arrastraría durante décadas; también es la historia sobre la constante lucha de la cultura popular por abrirse paso hasta las nuevas generaciones atravesando el rancio conservadurismo de los adultos. El libro se centra en la época en la que los tebeos sobre terror y sobre crímenes se consideraban el enemigo público número uno, pero en otras épocas ese puesto ha estado ocupado por la música rock, por los juegos de rol o por los videojuegos. De una forma u otra, la cultura popular siempre ha estado en el punto de mira porque supone la llegada de algo nuevo y abre la mente de los jóvenes hacia el cambio, auténtico enemigo mortal de la mojigatería de los poderosos. La plaga de los cómics narra el desigual conflicto entre el mundo del cómic, formado por adorables sinvergüenzas, humildes curritos y unos pocos genios creativos, y la supuesta autoridad moral ejercida por políticos sin escrúpulos, pastores hipócritas y profesionales farsantes como el ínclito Fredric Wertham. Por su parte, Los cómics de la plaga recoge una fabulosa selección de portadas de tebeos de la época, recreando parte de la imaginería que tanto aterrorizó entonces a los más conservadores.

Doctor Who: Las muchas vidas del Doctor


Desde el 1 de enero de 2019 al 1 de enero de 2020: 365 días sin Doctor Who son demasiados días sin Doctor Who. Por suerte, en este intervalo Fandogamia ha editado algunos cómics más basados en el universo de la longeva serie británica. Mi favorito ha sido este Doctor Who: Las muchas vidas del Doctor, que sirve tanto como prólogo a las aventuras de la decimotercera encarnación del personaje como de repaso nostálgico a sus pasadas encarnaciones. Todavía me estoy riendo de las páginas en las que el Doctor de la Guerra utiliza plátanos explosivos para destruir una fábrica de armas Dalek.

La vida de la Capitana Marvel


No puedo asegurar si descubrí a Carol Danvers en las páginas de los Vengadores o en las de la Patrulla X. Lo que sí tengo claro es que fue Chris Claremont el que me hizo enamorarme del personaje, primero con aquella historia en la que borraba todo rastro de su pasado y después con aquella otra en la que viajaba al espacio para acabar adquiriendo los poderes de una estrella. Desde entonces he seguido la trayectoria del personaje y contemplado los hitos que han marcado su carrera, siendo quizá el más importante el hecho de reclamar el título de Capitana Marvel. Estos últimos años el personaje ha tratado de compaginar con más o menos suerte sus intentos de convertirse en icono feminista con su origen como personaje femenino derivado de un personaje masculino previo. La vida de la Capitana Marvel viene a dar una solución drástica a esta cuestión, demostrando que el poder de Carol proviene de su interior y es suyo por derecho propio en lugar de ser un mero subproducto del Capitán Marvel original. Si bien no suelo ser amigo de reescribir el pasado de los personajes, en ocasiones es justo y necesario. Esta es una de esas ocasiones, sin duda. Ojalá también sea considerada en el futuro como uno de los grandes hitos de la historia de la Capitana Marvel.

Star Trek: Discovery


No quisiera repetir lo que ya comenté el año pasado, pero cada nueva temporada de Discovery es una gozada aún mayor que la anterior. La de este año, además, ha supuesto una soberana bofetada a las mediocres películas de J.J. Abrams, demostrando que entiende mucho mejor al personaje de Spock, que no se avergüenza para nada de la serie original y que no tiene miedo a mostrar una postura clara en materias delicadas. Este es el Star Trek que nos merecemos y esta es la tripulación de la Enterprise que no sabíamos que queríamos. Creo que no soy el único al que le gustaría que la serie se escindiese en dos llegados a este punto: una serie con la tripulación de la Discovery marcándose su propio Voyager en algún lugar lejano sin estar constreñida por las barreras de la continuidad y otra con la tripulación de la Enterprise convirtiéndose en ese remake/homenaje soñado de la serie clásica.

Mr. Milagro


Aunque técnicamente es un tebeo de 2018, quiero aprovechar que las últimas grapas de la edición española se publicaron a principios de este año para dedicarle unas palabras a la famosa y celebrada serie limitada realizada por Tom King y Mitch Gerads. No comulgo en absoluto con algunas constantes en el trabajo de King, como pueden ser las angustias vitales producidas por la paternidad o el matrimonio. Sin embargo, conozco la sensación de estar prisionero en un infierno creado por ti mismo. Es más, conozco muy bien la sensación que produce la certeza de ser artífice de tu propio sufrimiento y de rechazar una posible salida en el momento en el que se presenta; porque el sufrimiento es lo más cómodo, porque el sufrimiento tiene sus ventajas y porque es fácil engañarse para pensar que algo bueno puede salir de todo ese dolor. Dejando a un lado sus digresiones existenciales y olvidando las barbaridades que hace con la compleja mitología del Cuarto Mundo, Mr. Milagro me parece una interesante historia sobre convivir con la depresión cuando la depresión ya ha arrasado contigo y lo único que queda de ti es el recuerdo de lo que una vez fuiste.

The End of the F***ing World


¿Qué hacer cuando has conseguido darle el final perfecto a tu serie? Pues para los guionistas de The End of the F***ing World la respuesta estaba clara: desmitificar ese final perfecto, robándole todo el romanticismo hasta convertirlo en algo dolorosamente mundano y vulgar. Debo reconocer que tenía cierta inquietud sobre la continuación de esta serie, que también fue una de mis favoritas el año pasado, aunque en última instancia esa inquietud se demostró innecesaria. Sin perder ni un ápice de su mordaz humor negro, la segunda temporada ha sabido continuar más allá de ese cierre en apariencia perfecto que tuvo la primera para explorar algo que muchas veces se olvida en las historias de ficción: las consecuencias psicológicas. Uno no pasa por las cosas por las que pasan los personajes de esta serie sin sufrir consecuencias; al menos no sin sufrir un poquito de estrés postraumático. La cuestión es qué hacer con esas consecuencias. ¿Ignorarlas? ¿Enterrarlas en tu interior? ¿Tratar de escapar de ellas? ¿Abrazarlas y llevarlas hasta sus últimas consecuencias? El auténtico final perfecto consiste en admitir que se necesita ayuda para superarlas... y tiempo, sobre todo tiempo.

Capitana Marvel


Este año me ha ofrecido pocas cosas más satisfactorias que ver a Carol derribando una nave estelar a puñetazos en una pantalla de cine. Cada vez que escucho o leo una crítica absurda que incluye los términos "Mary Sue" o "corrección política" me doy cuenta de lo mucho que el mundo necesita los puñetazos de Carol.

The White Trees


Kris Anka es uno de mis dibujantes favoritos desde hace ya tiempo. Durante años he visto cómo su trabajo se veía coartado y contenido por el hecho de ser publicado por una editorial mainstream, pero en 2019 al fin se ha soltado la melena y ha dibujado la historia de fantasía erótico-festiva LGTB+ que siempre había querido dibujar... y que yo siempre había querido leer, claro. La sorpresa más agradable es que ha resultado ser mucho más explícita de lo que yo esperaba sin renunciar a una trama interesante y al siempre necesario componente dramático. En ese sentido, contar con la ayuda de un guionista competente como Chip Zdarsky ha sido un gran acierto. En lo que se refiere a la estética pura y dura, puede que este sea el mejor trabajo de Anka hasta la fecha y eso es motivo más que suficiente como para celebrar la existencia de The White Trees.

Abstract: El arte del diseño


Últimamente estoy muy interesado en el campo del diseño y, como las personas de mi entorno pueden atestiguar muy a su pesar, eso significa que estoy dedicando horas y horas a ver documentales sobre diseño en todos los ámbitos posibles, desde el diseño de vestuario hasta el diseño arquitectónico. En ese sentido, la nueva temporada de esta serie documental de Netflix ha sido una bendición. Abstract: El arte del diseño consiste en un atractivo acercamiento a algunas de las figuras más vanguardistas del diseño actual y toca disciplinas tan interesantes como la psicología de la percepción, la ergonomía y la bioingeniería. El apasionante mensaje que se puede extraer de cada capítulo consiste en lo siguiente: todo es diseño y todo diseño es susceptible de ser mejorado. Sabiendo que el diseño no sólo se circunscribe al ámbito del arte y la estética me sorprende que no haya más gente interesada en incorporar principios de diseño a su día a día.

Vengadores: Endgame


Mientras en la pantalla los Vengadores libraban su aparatosa batalla final contra Thanos, en la sala de cine yo me encontraba luchando contra un silencioso ataque de pánico. Sigo sin estar seguro de si fue producto de la emoción, de la ansiedad o de la suma de ambas, pero a partir de determinado momento empezó a costarme mucho trabajo respirar y tuve que esforzarme para no perder el control. Vi el tercio final de la película a través de un extraño velo que hacía que las escenas resultasen distantes y borrosas, pero al mismo tiempo perfectamente claras e intensas. Tengo algunas imágenes grabadas a fuego en la memoria, aunque son algo parecido al producto de un sueño lejano. Creo que esa noche lloré durante una hora entera. Recuerdo que a mi lado estaba sentado un niño pequeño que lloró incluso más. No he vuelto a ver la película ni he querido pensar mucho sobre ella, porque cuando pienso empiezo a ver todos los artificios de dudoso planteamiento y las aristas poco pulidas. Prefiero quedarme con la experiencia de aquella noche de estreno: primaria, arrolladora, agotadora y potencialmente destructiva.

Pose

No somos conscientes del rol que está desempeñando Pose en materia de representación de la comunidad LGTB+ y de reivindicación de su historia. Además de tener el reparto más diverso que se ha visto nunca, dando voz a fabulosas actrices transgénero racializadas, Pose explora y celebra la cultura del ball como auténtica columna vertebral de la comunidad LGTB+. Pero no se queda en el espectáculo, sino que también está cargada de memoria y reivindicación política. La serie se adentra en circunstancias tan desoladoras como la epidemia de VIH y los impunes crímenes violentos cometidos contra mujeres transgénero. El drama, que está llevado con un pulso experto, es aquí un vehículo para empoderar e invitar al compromiso, a la protesta y a la reivindicación. Pose es un punto de reunión para la comunidad LGTB+, en el que se recuerda el pasado y se lucha por el futuro de la única manera posible: fortaleciendo los vínculos entre los miembros de la propia comunidad. Al fin y al cabo, tu familia no está determinada por la sangre y tu madre no tiene por qué ser la mujer que te dio a luz. La familia está formada por aquella gente con la que has construido fuertes vínculos y tu madre es quien te quiere, te cuida y te prepara para que puedas valerte por ti mismo, independientemente de su parentesco contigo o de su sexo biológico. En realidad Pose es una serie familiar, aunque el tipo de familia que defiende dista mucho del modelo tradicional. También es el único tipo de familia en el que creo. Quizá por eso viendo esta serie me siento en casa.

Daredevil


Mencionaba unos párrafos atrás a Chip Zdarsky alabando su competencia como guionista. El bueno de Chip lleva ya unos años ofreciendo guiones muy interesantes al mismo tiempo que sigue cultivando su fama de payasete dentro del mundillo. Tenía mucha curiosidad por conocer sus ideas para el Hombre sin Miedo y lo cierto es que su propuesta me ha parecido muy estimulante. Daredevil se ha convertido con rapidez en una de las series regulares de Marvel que he seguido con más interés a lo largo de este año. No puede decirse que su planteamiento sea original (¿lo es algo realmente dentro del cómic mainstream?), pero la idea de un Matt Murdock que se ha forzado a sí mismo hasta tal punto que ha cometido un pequeño pero letal error es un punto de partida muy bueno para la historia de deconstrucción y renacimiento que Zdarsky parece tener en mente. Adoro ese tipo de historias.  

Planeta Manga


La idea de publicar en España una revista siguiendo el modelo japonés parecía una auténtica locura, pero es justo el tipo de locura que se merece todo mi apoyo. Me encanta el formato de esta Planeta Manga, me encanta el papel elegido y, sobre todo, me encanta que se ofrezca a un precio asequible a todo tipo de bolsillos. No todas las historias serializadas en ella me despiertan el mismo interés y creo que hay algunos aspectos que se pueden mejorar, como por ejemplo las páginas de texto que se pueden encontrar al final. Sin embargo, el conjunto forma unos cimientos contundentes sobre los que seguir construyendo en futuras entregas. 

Marvel Comics 1000


Me gusta el planteamiento de este cómic y su sincero interés por homenajear las muchas décadas de historia de la editorial, pero el resultado es poco más que un catálogo de ideas pobremente conectadas. Esa supuesta trama global que debía dar coherencia al conjunto carece de interés, dejando que el peso de la lectura recaiga sobre las páginas individuales, cada una realizada por un equipo creativo distinto. Algunas son más interesantes que otras, desde luego, pero hay una que destaca por encima de todas hasta el punto de tratarse de mi página de cómic favorita de este año 2019: la que Kieron Gillen, Doug Braithwaite y Diego Rodríguez le dedican a Loki. Muy en su tónica habitual, Gillen despliega en esa página una metáfora que debería ser clasificada como arma de destrucción masiva y prohibida por la Convención de Ginebra.

El Green Lantern


Otra de mis series regulares favoritas de este año ha sido el Green Lantern de Grant Morrison y Liam Sharp. La premisa inicial es realmente simple: llevar hasta el extremo la situación de Hal Jordan como "policía cósmico". La serie está repleta de tropos policiales, de una imaginación desbordante, de diálogos chispeantes y de un despreocupado interés por divertir y hacer disfrutar al lector sin pensar demasiado en que lo mostrado pueda resultar excesivo o incluso ridículo. Como otros proyectos de Morrison, este es un cómic sin complejos que se enorgullece de ser cultura pop y no pretende ser otra cosa más que una celebración de la cultura pop. Tiene la pureza y la autenticidad de un cómic hecho por un niño de seis años unida a toda la profundidad y los juegos metanarrativos que caracterizan a los guiones de este escocés loco. El número en el que Hal se queda atrapado en el interior de su anillo es quizá mi tebeo favorito de este 2019 que se acaba.

Cristal Oscuro: La Era de la Resistencia


No estoy seguro de si el hecho de crear una serie sobre una revolución que, como bien sabemos los conocedores de la película original, está destinada al fracaso es una genialidad o una estupidez. Lo cierto es que la serie parece sabotearse a sí misma desde el inicio, ya que deja el protagonismo en manos de unos personajes más bien sosos que palidecen ante el carisma arrollador de los divertidísimos villanos. Como sucedía en la película original, vaya. No tengo ningún problema en reconocer que el destino de todas esas criaturas tan monas del bosque me trae sin cuidado: yo estoy aquí para ver a estos endiablados pajarracos enfrascados en sus luchas de poder y sus planes genocidas. Pero, por encima de todo, estoy aquí para disfrutar de la bellísima artesanía de las marionetas de la factoría Henson.

No mires atrás


La segunda novela gráfica de Anabel Colazo tiene algunos puntos en común con la anterior, Encuentros cercanos. Ambas son historias pobladas de referencias a la cultura popular y con una suerte de componente sobrenatural que sirve como válvula de escape para las ansiedades de los protagonistas. Los temores de los personajes de la autora, lejos de situarse en el terreno de lo inexplicable, recaen sobre el ámbito íntimo y familiar de las relaciones interpersonales. No mires atrás puede parecer la historia de un misterio inexplicable relacionado con un extraño creepypasta, pero en realidad es otro certero retrato de la angustia vital de los jóvenes de la generación millennial; esa angustia difusa, difícil de expresar y producto de la conjunción de factores personales, socioculturales y económicos. La generación millennial es la generación más jodida, la que ha tenido que tragarse buena parte de las consecuencias de la última crisis y la que más está experimentando el desarraigo y la alienación de un mundo que ya no tiene sitio para ellos. No mires atrás es un cómic cuqui de bellos colores sobre la mayor tragedia de nuestro tiempo.

DCsos


Una de las cosas más refrescantes que te pueden pasar cuando lees muchos cómics todos los meses es encontrarte con una serie que no parecía especialmente interesante y comprobar que no sólo cuenta con un planteamiento sólido, sino que además es muy entretenida. DCsos podría haber sido otro anodino tebeo mezclando zombis con los personajes más populares de DC, pero en lugar de ello es una intensa historia sobre afrontar la inevitabilidad del fin del mundo. La serie está repleta de momentos memorables, de los cuales ver a un infectado Batman equipado con la armadura de Mr. Frío para ralentizar el contagio no es más que la punta del iceberg. 

Historia del universo Marvel


Mark Waid, Javier Rodríguez y Álvaro López son los responsables de la que seguramente sea mi colección favorita del año. Intentar narrar un relato coherente sobre todo un universo de ficción con décadas de historias a sus espaldas y en el que han metido mano cientos de personas distintas es una tarea de proporciones hercúleas. Siempre he disfrutado ejerciendo como historiador aficionado del universo Marvel, tratando de encontrar la manera de encajar piezas que no siempre encajan del todo bien para crear un hilo narrativo continuo, así que soy consciente de la dificultad que entraña un proyecto como este. La mitología Marvel es demasiado extensa, demasiado compleja y demasiado contradictoria. Sin embargo, los autores salen airosos de su intento de dar forma a una historia global del universo. El trabajo de auténtica orfebrería de Javier Rodríguez y Álvaro López en cada página es una fuente de gozo inagotable. Qué maravilla de composición de página. Qué capacidad de síntesis. Qué soluciones más elegantes. No me canso de mirar esas páginas.

Watchmen


El fanfic más caro de la historia es una producción de la HBO que tiene la osadía de continuar Watchmen donde la dejaron Alan Moore y Dave Gibbons. No quiero entrar a valorar la fijación de la gente por una historia que se publicó hace más de treinta años y de la que uno de sus creadores se ha desentendido por completo. Después de todo, vivimos en el mundo de Antes de Watchmen y El reloj del juicio final. Al menos el Watchmen de HBO entiende un poco mejor la obra original y sus personajes, que no es poca cosa. A su favor tiene el hecho de tratarse de una serie comprometida en su discurso político, pero en contra tiene el uso de las típicas triquiñuelas argumentales típicas de series como Perdidos, The Leftovers o Westworld (escenas que transcurren en otro momento temporal sin que se indique que son anteriores a la trama principal, planteamientos excesivamente ambiguos para crear la sensación de misterio y que se acaban cerrando de formas cuanto menos discutibles, metáforas visuales presentadas con una sutileza inexistente, etc., etc.). Este Watchmen es en apariencia un suntuoso festín, pero en realidad alimenta bien poco. Visualmente es interesante y tiene algunos capítulos muy bien planteados, pero sus mejores recursos no dejan de ser una repetición de recursos que ya empleó el Watchmen original hace más de tres décadas. Es, en definitiva, un fanfic que juega a continuar Watchmen aunque sabe que lo mejor que puede ofrecer en una mera repetición; un fanfic con presupuesto millonario, pero fanfic en última instancia. Ah, pero resulta que a mí me gustan mucho los fanfics.

Héroes en crisis


Hay dos tebeos dentro de Héroes en Crisis y ambos están enfrentados. El primero es una historia bastante manida sobre unos misteriosos asesinatos que se desarrolla con poco tino y se resuelve de la peor manera posible, usando un recurso más viejo que el mundo y cargando la culpa de forma incoherente sobre un personaje que no merecía semejante losa. El segundo es una fascinante exploración sobre las consecuencias psicológicas de una vida de heroísmo y sacrificio, sobre la angustia de saberse un símbolo para los demás, sobre el temor a no ser digno y sobre el desgaste que genera el hecho de tratar constantemente de cumplir las expectativas que otras personas han depositado sobre ti. El primero me parece un tebeo mediocre, mientras que el segundo me parece un tebeo excepcional. Quizá sea por deformación profesional, pero esas páginas en las que personajes como Wonder Woman, Batgirl o Harley Quinn acuden a terapia y se abren, exponiendo sus inquietudes y debilidades más íntimas, me han llegado muy hondo. La página de Canario Negro es la que más me hace sonreír. 

Spiderman: Lejos de casa


Tercera producción de nuestros todopoderosos amos corporativos de Disney que se cuela en mi lista de favoritos de 2019. En esta ocasión los directivos de la empresa del famoso ratón se empeñaron en hacer que un villano cutre como Mysterio me resultase interesante... y vaya si lo consiguieron. Previamente ya habían conseguido algo similar con el Buitre, lo cual me pone los pelos de punta. En algún momento lanzarán una película en la que uno de los actores que me gustan interpretará al villano Pete Pote de Pasta y entonces no sé qué será de mí. Bromas aparte, el proceso de refinamiento de la fórmula de Marvel Studios, que se ha traducido en taquillas estratosféricas y legiones de seguidores fanáticos, es digno de estudio. Incluso una película un tanto rutinaria y artificiosa como Lejos de casa está diseñada para alcanzar al público de una manera tan efectiva que asusta. Sería algo digno de admiración de no ser producto de una despiadada maquinaria corporativa sin corazón.

The Witcher


Muchas adaptaciones se conforman con quedarse en la superficie del material que pretenden adaptar, ofreciendo una ilusión de fidelidad que en realidad carece de todo compromiso. La adaptación de The Witcher de Netflix es una de ellas. Un simple vistazo saca a relucir su confusa manera de adaptar la narración fragmentada en relatos breves de los primeros libros y su carencia del humor afilado que tanto caracteriza a la obra original (y los videojuegos que se derivan de ella). Esta serie es perezosa y se conforma con lo mínimo. No pretende aportar ninguna visión nueva al material original sino comercializarlo de la forma más descarada y banal posible. Quiere ser un nuevo fenómeno como lo fue Juego de Tronos y por eso apela al público más generalista cuando quizá las historias de Geralt de Rivia no sean las más apropiadas para ese fin. Personalmente, me disgusta que la serie sea tan mojigata como para mostrar a las actrices con los pechos al aire pero se corte en el momento de enseñar el culo de Henry Cavill. Es más, las escenas de contenido sexual son risibles, lo cual es una buena prueba de su interés por agradar al público sin resultar demasiado escandalosa. No veo mucho mimo por su universo ni por sus personajes y está claro que Cavill está aquí sólo para lucir palmito. Quitando quizá las fantásticas coreografías con espada, la actuación del protagonista me resulta bastante pobre. Es el resto del reparto el que tiene que levantar la serie, empezando por una fantástica Anya Chalotra como Yennefer. The Witcher es un divertimento torpe y simplón, sí, pero no puedo decir que me haya desagradado. Incluso a mi madre le ha gustado... y quién soy yo para contradecir a mi madre.

Dinastía de X & Potencias de X


Continuando este pequeño bloque de cosas que me han gustado pero a las que les veo pegas por todas partes tenemos el ambicioso relanzamiento mutante orquestado por Jonathan Hickman, que arranca en las dos series hermanas de Dinastía de X y Potencias de X. Me chifla el trabajo de diseño de estos tebeos y salta a la vista el talento de los autores, sobre todo el de un Pepe Larraz que está mejor que nunca. No obstante, tengo un importante problema ético con el nuevo enfoque de los mutantes de Marvel. En efecto, esta no es una historia sobre la Patrulla X sino una historia sobre los mutantes en general; sobre los mutantes como una especie escindida de la humanidad con la que ya no puede convivir. Siempre he pensado que la Patrulla X existía para alcanzar la coexistencia pacífica entre humanos y mutantes, pero esta nueva Patrulla X parece ser el brazo armado de un grupo de separatistas y supremacistas mutantes. Los mutantes no sólo se han declarado una nación soberana, sino que están chantajeando al resto de naciones humanas y mercadeando con drogas para obtener ventajas políticas. Si esto es lo que hay que hacer para sobrevivir... pues no sé, quizá merezca la pena abrazar la extinción. Insisto en que puedo entender el planteamiento de Hickman y soy consciente de que se trata de una visión a largo plazo, pero los pilares de su gran historia mutante atentan directamente contra mis creencias éticas más profundas respecto a los mutantes, las cuales he interiorizada a lo largo de casi treinta años leyendo sus historias. Pese a todo, Dinastía de X y Potencias de X son uno de los grandes acontecimientos del año. Habría que ser estúpido para no darse cuenta.

Good Omens


Hace mucho tiempo, unos jóvenes Neil Gaiman y Terry Pratchett que aún no eran famosos escribieron un librito titulado Buenos presagios con la esperanza de llevarlo algún día al cine o a la televisión. Muchos años después, ya con el pobre Pratchett desaparecido, aquel sueño se ha hecho realidad de la mejor forma posible. La serie de Good Omens es todo lo que se puede esperar de una adaptación y más: es fiel al material original cuando tiene que serlo y es capaz de adaptar al lenguaje visual muchas de las peculiaridades del libro. El soberbio reparto de actores, la imprescindible banda sonora de Queen, los créditos iniciales reminiscentes del Monty Python's Flying Circus... pocas veces me he encontrado una serie tan redonda, tan perfecta, tan indiscutiblemente maravillosa. Good Omens es el fin del mundo que siempre quise ver.

Die


Kieron Gillen. Kieron $@%& Gillen. Nadie entiende mejor los tropos de la cultura popular. Nadie los tergiversa mejor. Nadie te hace sentir más miserable con una historia que el $@%& Gillen. Si la fantasía épica suele ser empoderante y sirve para que el lector descubra a través de los personajes que puede superar sus miedos y lograr así grandes hazañas, Die es una fantasía épica desempoderante que enfrenta al lector a lo peor que lleva dentro y le hace sentir como una mierda. Si los juegos de rol son la máxima expresión de la libertad, Die es un juego de rol que te roba tu libertad, te atrapa y te obsesiona. Die es el producto de un sociópata adolescente que ha leído demasiado Tolkien y demasiado Moorcock, que ha jugado demasiado a Dragones y Mazmorras y ha realizado demasiadas tiradas de dados. Este cómic de Kieron Gillen y Stephanie Hans es el infierno para los que son como yo. Menos mal que soy masoquista.

The Expanse


Pensar que debo agradecerle la existencia de la cuarta temporada de The Expanse a Jeff Bezos me hace sentir sucio, pero para salvar esta serie merecía la pena hacer un pacto con el mismísimo diablo. The Expanse es quizá la mejor serie de ciencia ficción actual; una que utiliza su visión del futuro para hablar sobre los problemas del presente como siempre ha hecho la buena ciencia ficción. De hecho, esta temporada trata básicamente sobre la crisis de la inmigración y sobre cómo los políticos la utilizan como herramienta para conseguir votos. En lo que a la construcción de la tensión dramática se refiere, la serie no tiene rival. Cada capítulo forma parte de un crescendo majestuoso que te deja sin aliento y cuya conclusión es una promesa de que las cosas aún pueden ir a más. Por si fuera poco, a cada temporada se le va notando más el puntillo de horror cósmico, la sensación de que los personajes se encuentran en situaciones que escapan aún más a su comprensión y de que hay un peligro inconcebible acechando cada vez más cerca. Aunque lo verdaderamente inconcebible es el talento de las actrices que participan en esta serie: Dominique Tipper, Cara Gee y, sobre todo, la inmensurable Shohreh Aghdashloo son un regalo, un auténtico regalo.

Jerusalén


La nueva y gargantuesca novela de Alan Moore es lo más estimulante y lo más desafiante tanto intelectual como espiritualmente que me he encontrado en todo el año. Es un libro dificilísimo, con una sintaxis compleja hasta decir basta y un lenguaje retorcido, barroco, bellísimo. Es un libro sobre el Northampton natal de Moore, sobre sus peculiaridades, sobre sus gentes y sobre sus pequeñas historias. Como su anterior novela, La voz del fuego, Jerusalén es un intento por inmortalizar Northampton, por demostrar que una ciudad puede ser un mundo entero; un universo incluso. En este libro lo más mundano es el camino hacia lo más trascendente y por eso Moore nos dice que nuestro barrio de mierda puede ser la puerta hacia el Cielo. Siguiendo su interés por la psicogeografía, el autor concibe la historia como una sucesión de estratos de tiempo que crean una estructura invisible, como los pisos inferiores de un edificio que crece a lo alto. ¿Hay un diseño tras esa estructura? ¿Hay un arquitecto? ¿O quizá nosotros mismos podamos ser los arquitectos? La respuesta de Moore está en alguna parte entre las páginas de este libro, que es más extenso que la Biblia y requiere un considerable esfuerzo intelectual. Aún no llevo ni un tercio leído y ya estoy agotado, exhausto pero satisfecho. La lectura de Jerusalén me está proporcionando una plenitud que no soy capaz de describir. Me llena de ganas de saber, de ganas de crear. Me llena de fuego.

Ojalá ese fuego me consuma.

Ojalá nos consuma a todos.