El miedo es algo natural e incluso necesario. Pensemos en él como en una alarma que tenemos en nuestra cabeza y que nos avisa del peligro para evitar que nos metamos en problemas. Todos nacemos con una serie de miedos que tenemos en cierto modo programados y que nos ayudan a evitar situaciones potencialmente peligrosas durante períodos sensibles de nuestro desarrollo. El miedo a las alturas, el miedo a determinados animales, el miedo a las personas extrañas… son estrategias evolutivas que nos ayudan a sobrevivir. El problema surge cuando el miedo se vuelve exagerado y persistente, cuando empieza a interferir en nuestra vida diaria y nos genera un gran malestar. Siguiendo con el símil anterior, digamos que es cuando la alarma de nuestra cabeza suena con demasiada intensidad, cuando suena en ausencia de un peligro real o cuando sigue sonando mucho después de que el peligro haya desaparecido. El miedo se convierte entonces en fobia y las fobias son muy insidiosas. Las fobias son irr...