Cuando leemos un libro pensamos que queremos conocer el final, pero esta idea es engañosa. En el fondo ya conocemos el final, pues sabemos que todas las historias acaban de la misma forma si les damos el tiempo suficiente: con la muerte de los personajes. La muerte espera, inevitable, tras el final de cada historia. Incluso cuando se han agotado las páginas del libro y sus personajes siguen adelante sabemos que la muerte prepara su llegada. Desde este punto de vista, las sorpresas y el misterio no tienen cabida real en ningún libro. Por mucho que nos dejemos engañar y que deseemos el ansiado final feliz para los personajes cuya trayectoria seguimos página a página, no debe sorprendernos que su destino les conduzca irremediablemente hacia la muerte. Al fin y al cabo, todos morimos. Toda historia, real o ficticia, alcanza su auténtica conclusión con la muerte. Por tanto, ¿quién puede narrar mejor mejor una historia que la propia muerte? En "La Ladrona de Libros", de Markus Zus...