11 enero, 2021

[Cómic] Jaque Mate, la combinación perfecta entre espías y superhéroes

Hay dos épocas de DC Comics que me parecen especialmente memorables. Una de ellas fue la de finales de los años ochenta y principios de los noventa, cuando la encargada de publicar las colecciones de DC en España era Ediciones Zinco. Fue un momento de auténtico descubrimiento en el que adentrarse en títulos tan exóticos como Patrulla Condenada, Escuadrón Suicida o Legión de Superhéroes. Con el declive de Zinco, además, sus cómics podían encontrarse tirados de precio tanto en quioscos como en las famosas tiendas "de todo a 100", en las que podías comprar un pack con tres cómics aleatorios de esta vieja editorial por veinte duros. Gracias a esos packs conocí a personajes como Wonder Woman o el Capitán Átomo cuando era niño. Esa sensación de constante descubrimiento también la experimenté durante la segunda época que quiero recordar hoy: la que llegó cuando la licencia de DC pasó a manos de la editorial Planeta, que coincidió más o menos con el inicio del mandato de Dan Didio como editor jefe. Alrededor de 2005, las estanterías de las librerías se llenaron de nuevo de cómics DC, todos ellos interesantes, todos ellos atractivos, todos ellos interconectados de una manera asombrosa. A partir del crossover Titanes/Young Justice: Día de Graduación, con el guionista Geoff Johns como principal creativo, el Universo DC se reorganizó en un sorprendente esfuerzo de coordinación y todas sus historias se enfocaron hacia un único objetivo: le llegada de Crisis Infinita, evento que serviría para celebrar el vigésimo aniversario de la clásica Crisis en Tierras Infinitas. Además de contar con un prólogo en Cuenta Atrás a Crisis Infinita, en los meses inmediatamente anteriores al comienzo de la nueva crisis, llegaron miniseries fascinantes como El Día de la Venganza, La Guerra Rann-Thanagar, Villanos Unidos o El Proyecto OMAC. De igual forma, el cierre de Crisis Infinita nos dejó con títulos como la inolvidable 52, Shadowpact, Seis Secretos o Jaque Mate, muchos de ellos continuación directa de los anteriores.

Esta ha sido una introducción excesivamente larga, pero me parece necesario establecer bien el contexto antes de empezar a hablar sobre la colección sobre la que quiero hablar hoy. En mi recuerdo, Jaque Mate está inseparablemente asociada con aquella época en la que el Universo DC me resultaba tan fresco y novedoso como no lo había sido desde los años de Zinco de mi niñez. Es más, diría que en aquella época todas las colecciones estaban tan bien hiladas entre sí que el recuerdo de una me lleva de forma automática a otra y a otra y a otra más, formando así una compleja red de interacciones y de hilos argumentales relacionados. Esto es así porque Jaque Mate vino de El Proyecto OMAC, que a su vez vino de Cuenta Atrás a Crisis Infinita, que a su vez vino de decenas de historias previas. Estoy releyendo los cómics de esa época durante estos días y, no sólo los estoy disfrutando mucho, sino que me apetece reivindicar algunas colecciones que tuvieron poco impacto entonces y que no han sido reeditadas en España en todos estos años. Como Jaque Mate. Especialmente Jaque Mate.

Jaque Mate es una agencia de inteligencia que tiene cierta tradición dentro del Universo DC. Nacida en la década de los ochenta, desde sus inicios estuvo muy relacionada con Amanda "El Muro" Waller y su Escuadrón Suicida. Al principio dependía del gobierno estadounidense, pero con el tiempo pasó a estar supervisada por el consejo de seguridad de las Naciones Unidas. Siguiendo una estructura vagamente inspirada en la de la CIA, Jaque Mate se organizó en cuatro ramas inspiradas en el tablero de ajedrez, dos blancas y dos negras, cada una dirigida por un rey o una reina. El rey o reina contaba con un alfil que actuaba como consejero, así como con un agente de campo que recibía el título de caballo. Mientras las piezas blancas eran las encargadas de la diplomacia, las negras eran las encargadas de las operaciones. Todo parecía perfectamente organizado hasta que el Rey Negro, Maxwell Lord, un antiguo personaje secundario de la Liga de la Justicia Internacional reconvertido en villano, utilizó sus poderes de control mental para apoderarse de Jaque Mate y utilizarlo en su beneficio. Así empezaba Cuenta Atrás a Crisis Final, con el pobre Blue Beetle investigando en solitario un rastro disperso que le conducía a morir a manos de Lord. El propio Rey Negro moriría poco después cuando su plan de controlar mentalmente a Superman era frustrado por Wonder Woman, cuya única alternativa para evitar que su colega superpoderoso se convirtiera en un peón de Lord fue partirle el cuello al líder de Jaque Mate. Todo eso nos llevó hasta El Proyecto OMAC, minisierie muy relacionada con Crisis Infinita en la que el resto de integrantes de Jaque Mate trataban de evitar los planes póstumos del Rey Negro, relacionados con el satélite conocido como Hermano Ojo y con la nanotecnología OMAC, que convertía a personas normales y corrientes en ejércitos de un solo hombre.

No obstante, prefiero pasar de puntillas por todo lo anterior para llegar, ahora sí, al meollo de la cuestión. Finalizada Crisis Infinita, se inició la serie regular titulada Jaque Mate (o Checkmate, en inglés), que abarcó un total de veinticinco números. Planeta la editó en España en su momento en seis tomos de tapa blanda y, hasta el momento de escribir estas líneas, no ha vuelto a ser publicada por aquí. Jaque Mate es, ante todo, una serie de espionaje, conspiraciones e intrigas políticas, pero ambientada en un mundo poblado por metahumanos y superhéroes. Esto es lo que la hace realmente interesante, en mi opinión. Hace años escuché al dibujante Carlos Pacheco explicar en una charla que el género de superhéroes era en realidad un "género de géneros" en el que cabía cualquier cosa: ciencia ficción, terror, western... y por supuesto historias de espías. Jaque Mate es precisamente eso, una historia que mezcla espionaje y superhéroes. Lo que la hace destacar por encima de otras propuestas similares es que una parte no está en detrimento de la otra, sino que ambas se potencian mutuamente. La parte de superhéroes es más interesante por su relación con la parte de espionaje y la parte de espionaje gana puntos por su relación con los superhéroes. En última instancia, Jaque Mate es un cóctel mezclado a la perfección.

Mientras que algunas colecciones pierden el hilo cuando empiezan a cruzarse con personajes procedentes de otras series, uno de los puntos fuertes de Jaque Mate son precisamente sus interconexiones con la vertiente superheroica del Universo DC y la presencia de superhéroes en sus filas. Después de todo, la serie comienza con dos miembros de la Sociedad de la Justicia de América, el Green Lantern Alan Scott y Mr. Terrific, ocupando los puestos de Rey Blanco y Alfil Blanco respectivamente. Por sus páginas también se dejan caer los miembros del Pacto de las Sombras, los Outsiders, Bane, el Escuadrón Suicida, el Detective Marciano, Batman y Superman, además de otros personajes menos populares como el Augusto General Férreo, el Hombre Inmortal en las Sombras y la Asesina Zorra Fantasma (miembros de los Diez Grandes, el supergrupo chino que fue introducido en 52). Acostumbrados como estamos a que los superhéroes norteamericanos utilicen el planeta entero como su campo de juego particular, en Jaque Mate se habla sobre las consecuencias que tienen sus acciones en el marco de la política internacional y sobre cómo distintos intereses políticos utilizan a sus metahumanos para beneficio propio. Se supone que Jaque Mate es una agencia internacional, pero cada una de sus piezas procede de un país distinto con una agenda distinta, por lo que las presiones políticas, las intrigas y las conspiraciones están a la orden del día dentro de la organización. Qué interesante es que se explore el impacto que tienen los superhéroes en la política. Es un tema que me encanta.

Por supuesto, nadie sabe más sobre presiones políticas, intrigas y conspiraciones que Amanda Waller, antigua responsable del Escuadrón Suicida y ahora Reina Blanca de Jaque Mate. Conocida por ser una de las pocas personas capaces de cantarle las cuarenta a Batman sin amedrentarse lo más mínimo, Waller es una de las grandes protagonistas de la colección, moviéndose siempre dentro de un margen muy gris de decisiones cuestionables en el mejor de los casos y totalmente inmorales en el peor. Uno de los temores que marcan el devenir de la colección es que se repita lo que sucedió con el anterior Rey Negro, Maxwell Lord, por lo que desde el principio la sombra de "El Muro" se cierne sobre Jaque Mate... para disfrute del lector, claro. Evidentemente, las acciones de Waller en esta colección se expanden hacia otros títulos, como Salvation Run o Cuenta Atrás a Crisis Final, pero no entraremos en detalle sobre eso ahora. Baste decir que, si te gusta Amanda Waller y si disfrutas viendo cómo supuestos aliados conspiran entre sí para borrarse del mapa los unos a los otros, comprobarás que leer Jaque Mate te va a resultar satisfactorio.

Junto a "El Muro", la otra gran protagonista de la colección es Sasha Bordeaux, antigua guardaespaldas y amante de Bruce Wayne reconvertida en una criatura metahumana gracias a los nanomáquinas del Proyecto OMAC. Ocupando el puesto de Reina Negra, Sasha combina su papel como mujer de acción con el de astuta conspiradora que debe mantener el pulso constante contra Waller. Hablamos de alguien a quien le sobran recursos, ya que en el pasado fue capaz de descubrir por sí misma que Bruce Wayne era Batman, convenciendo al mismo Hombre Murciélago para que la entrenase. Sin embargo, su relación con Batman ya queda muy atrás en el momento de servir en Jaque Mate y, de hecho, en las páginas de la serie comienza otra interesante relación romántica con uno de sus compañeros. Por otro lado, el hecho de haber sido transformada por una Inteligencia Artificial enemiga y de tener un cuerpo cibernético hace que Sasha ponga en tela de juicio su propia humanidad, teniendo que mantener oculto su conflicto interno para no aparentar debilidad en un entorno en el que comes o te comen. Es, por tanto, el típico personaje que parece estar hecho de hierro por fuera pero que esconde grandes debilidades en su interior, lo que siempre me resulta interesante. Sospecho que el lector potencial de esta serie pensará igual.

Además de conjugar estupendamente el espionaje con los superhéroes, otro de los grandes aciertos de Jaque Mate es lo bien repartido que está el protagonismo. Si bien la Reina Blanca y la Reina Negra siempre están en el centro de atención, todas las piezas de la organización cuentan con su pequeño momento de gloria; todas cuentan con su trasfondo y su desarrollo; todas aportan algo a la lectura. Ningún personaje, incluso los que menos aparecen, se percibe como un relleno o un añadido gratuito, lo cual no es nada fácil de conseguir en una serie coral (recordemos: el reparto central está compuesto por dos reyes, dos reinas, cuatro alfiles y cuatro caballos, lo que suma doce personajes en total). Es más, hasta el último momento la serie sigue añadiendo personajes nuevos muy bien pensados y con potencial para ser desarrollados en historias mucho más amplias, como el Castellero (un viejo villano de Superman que se encarga de proteger el castillo que actúa como sede de Jaque Mate) o las misteriosas Torres (el arma secreta de la organización, que sólo puede activarse como último recurso por un motivo que no desvelaré aquí). Muchos de esos personajes tienen sus propias conexiones con el Universo DC, enriqueciendo así el contexto de la colección y expandiendo esa red interconectada de historias. Tenemos por ejemplo a Fuego (antigua integrante de la Liga de la Justicia Internacional), a Tommy Jagger (hijo del fallecido Judomaster) y a Valentina Vostok (la Mujer Negativa de la Patrulla Condenada). De alguna forma, Jaque Mate se acaba percibiendo como una organización que conecta partes muy dispersas del Universo DC, tal y como se esperaría de una agencia de espionaje real cuyos tentáculos se expandan por todo el mundo.

Aunque a la serie le falta un hilo conductor evidente más allá de las maquinaciones de Waller, lo cierto es que ninguno de sus arcos resulta aburrido. Algunos están algo más desconectados del resto, puesto que narran misiones concretas que sirven para ampliar el trasfondo de algunos personajes (a destacar el de Madame Marie, que es fantástico), pero no hay una amenaza global que conecte todas las acciones de Jaque Mate. Lo más parecido a eso que podemos encontrar es la subtrama que tiene que ver con Kobra, la organización de terroristas fanáticos obsesionados con provocar el Kali Yuga (lo que viene a ser una era de caos y conflictos). La colección se abre y se cierra con la amenaza de Kobra, dejando por medio algún que otro momento memorable como el arco en el que Jaque Mate trata de infiltrar a uno de sus peones entre los terroristas. Pocos arcos he leído que sepan manejar la tensión de esa manera, jugando con las expectativas del lector y dejándole con ganas de más. ¡Y es un arco en el que se combinan misiones encubiertas, rituales de magia arcana, terrorismo internacional y acción superheroica!

Evidentemente, una serie tan buena no surge de la nada. Toda la responsabilidad se debe, por supuesto, a sus autores. Los guiones son obra de Greg Rucka, máximo responsable de esta encarnación de Jaque Mate y buen conocedor del mundillo del espionaje gracias a trabajos anteriores. Rucka siente un aprecio especial hacia Sasha Bordeaux por ser un personaje creado por él mientras escribía la colección de Batman, cosa que resulta evidente en su forma de escribirla, con tanto mimo y cuidado. Pero ese mimo y ese cuidado no se quedan en Sasha, sino que se extienden hasta todos y cada uno de los miembros del reparto. Además, el guionista contó con un equipo artístico de lujo para plasmar visualmente su propuesta. Tanto en la miniserie de El Proyecto OMAC como en los primeros números de Jaque Mate, Rucka colaboró con el dibujante Jesús Sáiz, que para mí es un artista de primera fila cuyo trabajo siempre disfruto. A lo largo de los veinticinco números de la colección, podemos encontrar a otros dibujantes como un Chris Samnee que aún no se había convertido en la gran estrella que es hoy en día (¡y ya entonces era un genio de mucho cuidado!) o el mismo Joe Bennett que dibujó algunos de los números más interesantes de 52.

Había talento de sobra para continuar, desde luego, pero por desgracia las bajas ventas propiciaron la cancelación del título. Aunque no quedó ninguna trama sin resolver, lo trágico del asunto es que la serie cerró justo en su mejor momento, después de que Jaque Mate asestase un duro golpe a Kobra usando su arma secreta y de que la propia organización estuviese pasando por su enésimo proceso de restructuración. Con toda sinceridad puedo decir que habría pagado mucho dinero por ver más números de Jaque Mate dibujados por Samnee, pero así es el mundo del cómic de superhéroes.

Aunque esta fantástica colección tuvo un pequeño epilogo durante Crisis Final, prácticamente fue olvidada durante los años posteriores. Alguna que otra trama se recuperó luego en la miniserie JSA vs. Kobra, pero más allá de eso Jaque Mate quedó enterrado en buena parte. El lío provocado por Crisis Final, la cuestionable decisión de traer de vuelta a Maxwell Lord para convertirlo de nuevo en Rey Negro en un historia que al final no llegaría a ninguna parte y el salto hacia el escenario de Los Nuevos 52 colocaron la última piedra sobre el ataúd de la propuesta que tan hábilmente manejaron Rucka, Saíz, Samnee y el resto de autores que participaron en las páginas de Jaque Mate. Por si esto fuera poco, la caída en desgracia de Jaque Mate coincidió también con la caída del propio Universo DC: toda esa red interconectada que tanto me había fascinado se fue deshilachando a marchas forzadas, mientras que las ediciones de Planeta se volvían cada vez más erráticas y menos cuidadas, dificultando el hecho de tener una visión global del panorama DC en España. Los Nuevos 52, si bien contaron con algunos títulos notables, acabaron de matar mi renacido interés por DC, así que por mucho que ECC subiese el listón respecto a la editorial previa yo ya había pasado página.

Pese a todo, de vez en cuando vuelvo a aquellos años en los que la sensación de novedad y descubrimiento eran constantes, en los que cada nueva serie tenía algo que me llamaba la atención y en los que el Universo DC parecía ser un auténtico cosmos interconectado con una dirección bien establecida en lugar del pollo sin cabeza que ha sido desde entonces. De vez en cuando vuelvo a Crisis Infinita, a 52, a Shadowpact, a Seis Secretos, a Jaque Mate... y se me ilumina la mirada. Qué buenos tiempos fueron aquellos, en los que todos los títulos resultaban exóticos y fascinantes, en los que los personajes estaban tan bien escritos y en los que realmente apetecía saber más sobre DC. Hace falta reivindicar más aquella época.

02 enero, 2021

[Series] Doctor Who: Revolution of the Daleks, un especial muy poco revolucionario


Advertencia: el siguiente texto asume que ya has visto Revolution of the Daleks.

La llegada del nuevo año nos ha dejado con el ya tradicional estreno del especial de Doctor Who, que, como suele ser costumbre, ha mostrado una vez más el buen hacer de la veterana serie británica. No obstante, este año la dosis de aventuras ofrecida por la BBC se me ha antojado insuficiente. La espera desde el último episodio de la serie regular ha sido larga, al igual que en otras ocasiones, pero con la particularidad de que esta vez ha coincidido con uno de los peores años de mi vida. Cuando se estrenó The Timeless Children el día 1 de marzo de 2020 el mundo parecía sin duda un lugar muy distinto y hoy, tras la pandemia, los confinamientos, la crisis que hemos pasado y la crisis que aún nos espera, aquel episodio me resulta tan lejano que apenas recuerdo su final. ¿Qué pasó con el Master? ¿Qué fue de Gallifrey? ¿Por qué acabó la Doctora en prisión? Reengancharme a la trama me ha resultado mucho más difícil que otros años y el hecho de que Revolution of the Daleks sea un especial más bien rutinario y con escasa brillantez no ha ayudado; como tampoco ha ayudado que se estrenase la misma semana que sendos capítulos de Star Trek: Discovery y The Expanse, muy superiores tanto en recursos visuales como en intensidad dramática.

En general, Revolution of the Daleks me ha parecido algo pobre, no tanto por el presupuesto con el que contaba como por lo poco que ha sabido aprovechar las posibilidades que presentaba. Por ejemplo, el escenario inicial con el que se abre esta historia, esa prisión en la que ha estado recluida la Doctora, podría haber dado mucho más juego. Casi hubiese preferido que todo el especial girase alrededor de la fuga de prisión en lugar de narrar el enésimo intento fallido de los Daleks por conquistar la Tierra. Así todas esas escenas del principio del especial podrían haber tenido un mayor peso simbólico, teniendo en cuenta que la Doctora ha estado confinada entre cuatro paredes al igual que nosotros nos hemos pasado buena parte de 2020 encerrados en casa. Además, el mundo se fue al carajo justo después de que la Doctora fuese apresada. ¿Por qué no aprovechar esa circunstancia? ¿Por que incluirla en la ficción? ¿Por qué no decir que el mundo se fue al carajo precisamente porque la Doctora no estaba ahí para protegerlo? Pero claro, estamos hablando de Doctor Who, no de Torchwood. Hay que tener en cuenta que Doctor Who es una serie para todos los públicos y que está enfocada en particular hacia los espectadores más jóvenes. Quizá la BBC no quería estresar más de la cuenta a los niños evocando la pandemia y el confinamiento, sobre todo con la sombra de nuevas restricciones amenazando en el horizonte. En ese sentido, a Revolution of the Daleks le ha faltado valentía para atreverse a ser algo más que mero escapismo y diversión sin pretensiones. Le ha faltado mensaje.

Lo mismo se puede aplicar al auténtico villano del especial, que no son los Daleks sino el capitalismo... o más bien una parodia bastante condescendiente del capitalismo representada por el personaje del empresario Jack Robertson. Este personaje pone en peligro a todo el planeta con tal de conseguir beneficio económico, pero se presenta más como un alivio cómico que como el terrible villano que es. Jack Robertson consigue la carcasa destruida de un Dalek usando malas artes e incluso provocando la muerte de un inocente en el proceso. Después hace que su especialista replique la tecnología y usa sus contactos políticos para vender el producto resultante que, como era de esperar, acaba siendo usado por los Daleks en su intento de conquista. Hemos visto a decenas de personajes así en Doctor Who a lo largo de los años, pero en Revolution of the Daleks me ha dado la impresión de que el estereotipo de villano graciosete se ha forzado un poco más de la cuenta, suavizando así cualquier lectura subversiva que pudiese tener. En efecto, Jack Robertson acaba siendo una metáfora fallida: en lugar de ser usado para criticar el sistema de forma sutil acaba despertando simpatía hacia el sistema porque el personaje es un divertido sinvergüenza que hace reír al espectador. Mientras que otros personajes similares de la serie acabaron perdiendo la vida a causa de sus propias intrigas, Jack Robertson se va de rositas al final de Revolution of the Daleks... ¡e incluso se deja caer la posibilidad de que vaya a convertirse en candidato presidencial en el futuro! No sé hasta qué punto esto es una crítica intencionada al sistema o una mera excusa para recuperar al personaje en el futuro, pero no se me ocurre mejor metáfora sobre cómo funciona el capitalismo: al final los más ricos siempre salen ganando, independientemente de las barbaridades que hayan cometido.

El especial también desaprovecha la presencia del carismático Capitán Jack Harkness, que vuelve a Doctor Who después de su pequeño cameo en la anterior temporada. Si bien el personaje conserva su frescura, el argumento no hace nada destacable con él más allá de utilizarlo como una pobre excusa para sacar a la Doctora de prisión. Lo que podría haber sido una cuidadosa planificación culminada por una huida trepidante se queda al final en una fuga rápida y un tanto mediocre que pone en cuestión los mecanismos de la prisión y a los propios carceleros. Además, el hecho de escapar de la cárcel parece tener poca o ninguna consecuencia: nadie persigue a la Doctora ni a Jack tras su fuga. Insisto en la idea de que el especial habría ganado puntos si se hubiese centrado por completo en la fuga de la prisión, sobre todo en lo referente a Jack: una vez concluido ese segmento, la presencia de Jack apenas afecta al resto del argumento de Revolution of the Daleks. Jack es la llave que saca a la Doctora de la cárcel, sí, pero no hace nada para detener a los Daleks que no pudiese haber hecho cualquier otro personaje. No sé mucho sobre narrativa, pero sé que cuando un personaje es intercambiable por cualquier otro eso quiere decir que su papel no está aportando nada a la historia. Evidentemente, que el Capitán Jack Harkness se convierta en ese personaje que no aporta nada me parece algo criminal.

Al menos la presencia de Jack vuelve a poner sobre la mesa uno de mis temas favoritos de la serie: lo que sucede con aquellos que se quedan atrás. Muchos de los que han viajado junto a la Doctora a lo largo de sus numerosas encarnaciones se han quedado por el camino; algunos por voluntad propia y otros a causa de las circunstancias, pero entre ellos son frecuentes los sentimientos de abandono y la alienación. ¿Cómo se vuelve a vivir una vida normal y corriente después de haber sido testigo de las maravillas del universo? ¿Cómo puede uno abrazar lo común después de que lo extraordinario haya sido la norma? ¿Cómo dejar atrás a la Doctora, en definitiva? Los diez meses que han transcurrido para los tres acompañantes de la Doctora entre The Timeless Children y Revolution of the Daleks sirven como excusa para que se planteen estas preguntas y cada uno de ellos encuentra sus propias respuestas. Mientras que Yasmin aún no es capaz de separarse de la Doctora, Ryan se siente preparado para volver a su vieja vida equipado con todo lo que ha aprendido en sus aventuras y con sus inseguridades ya superadas. Graham, por su parte, descubre que para él las aventuras no tenían valor por sí mismas sino por compartirlas junto a su nieto Ryan. De esta forma, el especial se convierte en una aventura de despedida para estos dos últimos personajes.

Creo que Graham ha sido una notable aportación para el equipo TARDIS, tanto por sus numerosos momentos humorísticos como por el hecho de ser un hombre mayor viajando por el espacio y el tiempo, cosa poco frecuente en la serie y que aporta una perspectiva única. En cambio, Ryan es un personaje cuyo desarrollo nunca ha acabado de convencerme. Se trata una vez más de un personaje desaprovechado, no sólo en Revolution of the Daleks sino en todas sus apariciones previas. Es posible que esta percepción se deba a que la serie no ha sabido abordar bien uno de los elementos que mejor podrían haberle caracterizado: el hecho de sufrir dispraxia, un trastorno psicomotor que afecta a la coordinación. La gran mayoría de capítulos en los que ha participado Ryan han ignorado por completo este hecho, por lo que la escena final de Revolution of the Daleks en la que se muestra aprendiendo a montar en bici al igual que en su primera aparición no tiene apenas efecto dramático. El personaje dice haber tenido un crecimiento interior que le ha preparado para seguir con su vida lejos de la Doctora, pero la serie no ha sabido mostrarlo con claridad. De hecho, su despedida lo ha dejado exactamente en el mismo punto en el que se nos presentó, anulando así cualquier ilusión de progreso. Hemos perdido una gran oportunidad: la oportunidad de ver a un personaje enfrentándose a un trastorno que puede dar lugar a una importante discapacidad y superándolo gracias a sus aventuras con la Doctora, lo que habría sido un ejemplo positivo y empoderante. En cambio, haberse enfrentado a los Daleks, haber luchado contra los Cybermen y haber viajado hasta los confines del universo no parece haberle servido al pobre Ryan ni para pedalear un poco mejor de lo que pedaleaba antes de encontrarse con la Doctora.

Puede que esté juzgando con demasiada severidad este especial, cuando su mayor problema radica en ser más o menos lo esperable de Doctor Who. En efecto, Revolution of the Daleks no es ninguna revolución sino otra ración del mismo plato de siempre que, por llegar en el momento en el que llega, resulta escasa y poco sabrosa. A otros capítulos les he perdonado mucho más, mientras que he visto este especial tomando notas sobre todo lo que no me encajaba. Si tan fácil era escapar de la prisión, ¿por qué no encontró la Doctora la forma de escapar por sí misma? ¿Por qué nadie investigó la misteriosa desaparición de los restos de un Dalek? ¿Dónde estaban las agencias secretas inglesas mientras desaparecía un objeto que suponía un peligro para su nación? ¿Qué estaba haciendo UNIT mientras la Primera Ministra aparecía en televisión rodeada de lo que eran evidentemente Daleks? ¿Por qué nadie recordó que el Reino Unido ya intentó utilizar algo parecido a esos supuestos drones de seguridad durante la Segunda Guerra Mundial? Maldita sea, ¿por qué nadie recuerda nunca las numerosas ocasiones en las que los Daleks han intentado conquistar la Tierra? ¡Si no ha pasado tanto tiempo desde la última vez que atacaron el Reino Unido! El especial no tiene la culpa de ser lo mimo de siempre, pero es una pena que Doctor Who haya regresado siendo lo mismo de siempre en un momento en que tanto necesitábamos que Doctor Who regresase siendo lo mejor que puede llegar a ser.

En un momento en que necesitamos más que nunca el optimismo y la esperanza de Doctor Who, Revolution of the Daleks se ha despedido sin ni siquiera ofrecer un tráiler que nos haga esperar ansiosamente la nueva temporada. Lo único que nos emplaza al futuro es el descafeinado anuncio del actor que encarnará al nuevo acompañante de la Doctora, lo cual no es suficiente ni de lejos. Al menos para mí no lo es. Vengo del peor año de mi vida y lo que toca ahora no va a ser precisamente un camino de rosas. Necesitaba saber que Doctor Who seguía en plena forma y que aún se reservaba muchas sorpresas para la nueva temporada. Necesitaba tener esa certeza, ese confort. Entiendo las dificultades a las que se enfrenta la serie en estos tiempos de pandemia y puedo aceptar que aún no tengan ni un triste tráiler para mostrar, desde luego, pero es duro tener que afrontar 2021 sin tener ni un pequeño avance de los nuevos capítulos de Doctor Who para pensar esperanzado en el día de mañana.

Pese a todo, no quiero acabar este texto con una nota tan deprimente. En gran parte porque, insisto, Revolution of the Daleks no ha sido un mal especial. Me he extendido mucho sobre lo que considero sus problemas, pero apenas he hablado sobre sus aciertos. No he comentado nada sobre lo sugerente que me ha resultado el funcionamiento completamente automatizado de la prisión en la que estaba presa la Doctora ni sobre lo agradable que ha sido volver a ver a John Barrowman vistiendo el abrigo de Jack Harkness. Tampoco he dicho nada sobre lo mucho que he disfrutado de lo irónico que resulta que unos seres que son a todas luces producto de la mutación estén tan obsesionados con la pureza de su especie ni sobre lo gracioso que me ha parecido que el método para detener una invasión Dalek sea precisamente provocar otra invasión Dalek. Quizá haya sido muy duro con algunos aspectos de Revolution of the Daleks, lo admito, pero lo cierto es que he pasado un buen rato con este especial y, si bien no me ha dejado con un tráiler con el que soñar, me ha regalado una pequeña referencia a Gwen Cooper que me permite fantasear con un posible regreso de Torchwood más allá de los audios de Big Finish. No es poca cosa viniendo del año del que venimos.