30 noviembre, 2021

[Videojuegos] A Plague Tale: Innocence, aprendiendo a manejar el horror

Uno de los grandes males que nos han traído las últimas generaciones de consolas ha sido la progresiva desaparición de los juegos de gama media, los que habitualmente se conocían como doble A (en contraposición a los juegos triple A, es decir, las superproducciones que cuentan con un mayor presupuesto y, como consecuencia, con muchos más recursos para su desarrollo). Esos juegos medianos, que no aspiraban necesariamente a convertirse en grandes blockbusters, se permitían riesgos impensables en las grandes franquicias de la industria y ofrecían experiencias novedosas y estimulantes. Algunos exploraban ambientaciones o temáticas poco habituales, curiosas o inusuales. Otros introducían mecánicas de corte experimental embebidas en otras mucho más familiares. Unos cuantos contaban con un diseño artístico peculiar o una estética memorable. Pero, al mismo tiempo, todos ellos tenían unos valores de producción más elevados que los juegos indie que ya entonces empezaban a despuntar. Muchos de mis juegos favoritos de la generación de PlayStation 3 y Xbox 360 se podrían considerar juegos doble A, como Majin and the Forsaken Kingdom o El Shaddai: Ascension of the Metatron. A medida que las franquicias millonarias iban sumando secuelas y que las editoras dejaban de apostar por propuestas que se desviasen de lo habitual, he ido echando más y más de menos los juegos de este tipo. No han desaparecido del todo, desde luego, pues aún quedan exponentes como la saga Life is Strange o este A Plague Tale: Innocence del que voy a hablar continuación, pero cada vez son menos frecuentes... aunque esta industria está muy necesitada de la frescura que aportan.


A Plague Tale: Innocence es un juego de Asobo Studio, una desarrolladora francesa que no cuenta con demasiados títulos de renombre en su haber más allá del celebrado Microsoft Flight Simulator. Se trata, de hecho, de su segundo juego original y corrió a cargo de un equipo compuesto por cerca de cincuenta personas. Parece que el origen del proyecto se encuentra en las nuevas tecnologías desarrolladas por el estudio, cuyos miembros descubrieron una forma de renderizar miles de objetos en pantalla sin sacrificar el rendimiento. Por algún motivo que se me escapa, decidieron que esos objetos podían ser ratas, dando lugar al elemento más llamativo de A Plague Tale: Innocence: las hordas de ratas, que pueden llegar a sumar hasta cinco mil de estos animales en pantalla al mismo tiempo. Este hallazgo llevó a que esta desarrolladora especializada en juegos de simulación desarrollase un título de acción y aventura para un jugador con claros tintes cinematográficos, inspirándose en otros como The Last of Us y Brothers: A Tale of Two Sons. Todo un acierto, desde luego.

El juego nos traslada a Francia en el año 1348 d.C., época en la que el país estaba librando la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Fue un momento de conflicto, sufrimiento, plagas y miseria, cosa que Asobo Studio muestra sin ningún tipo de miramiento. Es más, diría que el estudio aprovecha la ambientación histórica real para ir sumergiéndose más y más en un mundo de fantasía oscura que me ha recordado a otros como el de la saga Dishonored, por ejemplo. Nuestra protagonista es Amicia de Rune, una chica de quince años que pertenece a una familia noble y acaudalada, por lo que su vida ha sido acomodada y ha estado alejada de penurias hasta el momento en el que comienza la acción. Pronto descubre que su familia se ha convertido en objetivo de la Inquisición y debe escapar de casa junto a su enfermizo hermano pequeño, Hugo, al que su madre ha mantenido prácticamente aislado durante sus cinco años de vida por motivos que se descubrirán más adelante. Amicia tendrá que aprender a convivir con Hugo, con el que apenas ha tenido relación alguna, además de mantenerle a salvo de la Inquisición y de las hordas de ratas que asolan la región y transmiten una enfermedad similar a la Peste Negra que se ha empezado a conocer como "el Mordisco". Hay que tener buen pulso para manejar adecuadamente una ambientación histórica y mucho más si dicha ambientación incluye elementos fantásticos, reto del que Asobo Studio ha salido bien parado. En este caso, la fantasía no destruye la verosimilitud pese a que en la parte final del juego es el elemento principal.

Como es lógico esperar, hay un misterio que resolver y está relacionado con la misteriosa enfermedad de Hugo, pero para alcanzar las respuestas primero es necesario sobrevivir a numerosos retos que combinan el sigilo, la acción, la exploración y la resolución de puzzles. Por el camino, iremos conociendo mejor tanto a Amicia como a Hugo e iremos viendo cómo maduran y cómo se endurecen ante la crudeza de los acontecimientos que les ha tocado vivir. No es de extrañar que el juego lleve la coletilla "inocencia" en su título, pues una gran parte de la evolución de los personajes tiene que ver con el conflicto entre la inevitable pérdida de la inocencia y el deseo de mantenerla a toda costa. Después de todo, proteger al niño es nuestro principal objetivo. En lo que se refiere a la caracterización de sus protagonistas y el desarrollo de la tensión dramática, A Plague Tale: Innocence tiene un planteamiento excelente. Además, los personajes protagonistas generan una gran empatía en el jugador; no sólo por el sufrimiento en el que se ven inmersos, sino porque transmiten una gran humanidad, cosa que no siempre es fácil cuando hablamos de criaturas poligonales existiendo al otro lado de una pantalla.


En esto último influye en gran medida el extraordinario trabajo por parte de los actores de voz: Charlotte McBurney en el caso de Amicia y Logan Hannan en el de Hugo. Pese a tener relativamente poca experiencia en su campo, ambos ofrecen unas interpretaciones de primer nivel. Quizá se puede criticar el hecho de que intenten imprimir un cierto acento francés a sus personajes pese a que hablen en perfecto inglés, pero carezco de familiaridad suficiente con los matices del idioma como para juzgarlo en su justa medida. Sólo puedo decir que en ocasiones ese acento no acaba de resultarme del todo natural. No obstante, el juego también incluye la opción de jugar con voces francesas, que en este caso puede ser recomendado por estar ambientado en Francia. Parece lo más apropiado, al menos.

Otro aspecto interesante de A Plague Tale: Innocence es la habilidad con la que combina su temática oscura con un cierto tono juvenil. Sin entrar en demasiados detalles para no estropear la experiencia a los que no conozcan el juego, a partir de determinado momento se forma un pequeño grupo de jóvenes forajidos alrededor de Amicia y Hugo. Esos personajes secundarios gozan de un menor desarrollo, pero también acaban despertando las simpatías del jugador por sus acciones y su relación con los dos hermanos. En cierto sentido, nos encontramos ante una de esas historias en las que los adultos traen la oscuridad al mundo y los más jóvenes son los únicos que parecen estar dispuestos a posicionarse en contra y evitarlo. En ese sentido, es comprensible que los villanos de la Inquisición estén algo más desdibujados y rocen lo estereotípico, pues su objetivo no es buscar la conexión con el jugador sino generar un rechazo instantáneo. En ningún momento nos interesan las motivaciones de los villanos ni sus justificaciones para perseguir a Amicia y a Hugo. De hecho, cuanto más descubrimos sobre ellos más rechazo generan por ser unos adultos desagradables y crueles, la antítesis de nuestros protagonistas.

El juego, por cierto, es bastante más largo de lo que puede parecer al principio, aunque el hecho de estar dividido en capítulos hace que la experiencia resulte cómoda y agradable. Justo cuando empieza a hacerse pesado y las situaciones que propone empiezan a percibirse como algo repetitivo es cuando se acaba, por lo que es un título largo (entre diez y doce horas quizá) pero no lo suficiente como para incluir relleno innecesario. Por lo general, la partida avanza con toda naturalidad y se percibe una progresión fluida, en la que todo aporta y (casi) nada resta. Unos puntos de guardado automático justo antes de las situaciones más complicadas y unos capítulos de duración ajustada (en general no suelen superar la hora) hacen que se trate de una muy buena opción para los jugadores que prefieren dosificar su tiempo de juego o que sencillamente no disponen de mucho tiempo para jugar.

A Plague Tale: Innocence cuenta con un surtido de mecánicas limitado, pero en Asobo Studio han sabido sacarle el máximo partido. Nos encontramos ante una aventura de exploración y sigilo con algunos toques de acción, menos frecuentes en los capítulos iniciales que en los finales. Además, se trata de un juego que, pese a sus pretensiones cinematográficas, no reniega de su naturaleza videolúdica ni de las convenciones de su género, las cuales incluyen la inclusión de algunos jefes finales de los que no daré detalles para, de nuevo, no chafarle la sorpresa a nadie. La dificultad también está bien ajustada, encontrándose los únicos picos cerca del final. De todas formas, esos pocos momentos son retantes hasta el punto de requerir algunas repeticiones pero sin resultar frustrantes en exceso, aunque eso ya depende de la tolerancia de cada jugador.


Hay que reconocer que, al principio, nos encontramos con un juego de sigilo bastante limitado, pero la situación pronto va cambiando cuando Amicia, el personaje que controlamos durante la gran mayoría del tiempo, va reuniendo un pequeño arsenal de herramientas. La primera y fundamental es su honda, con la que puede defenderse de los guardias, pero utilizarla hace ruido y llama la atención de otros guardias cercanos (aunque puede mejorarse reuniendo los materiales necesarios más adelante). Por tanto, el jugador descubre muy pronto que el entorno puede ser otra herramienta que manipular, especialmente si dicho entorno incluye peligros. Las mencionadas hordas de ratas, sin ir más lejos, tienen una serie de comportamientos fáciles de predecir (no se acercan a la luz y devoran todo lo que entra en la oscuridad) y, por tanto, fáciles de manipular. De esta forma, es sencillo volverlas en contra de los guardias apagando y encendiendo antorchas o desplazando las barreras que les impiden el paso. Sin embargo, la progresión con la que están planteados los escenarios del juego es tan natural y está tan bien medida que el jugador apenas se da cuenta de la rapidez con la que pasa de huir de las ratas como si fuesen una amenaza terrible a considerarlas una pieza más en la resolución de los puzzles. Y aún así, A Plague Tale: Innocence se reserva muchas sorpresas, de forma que incluso en su tramo final se introducen mecánicas nuevas que alteran nuestra percepción del entorno y de las propias ratas, que están siempre presentes y esconden más de lo que parece.

En definitiva, puede que el suyo no sea un diseño de niveles sobresaliente. En muchos casos es convencional y, el jugador acostumbrado al género del sigilo, no se encontrará con un reto demasiado grande. En cambio, el diseño de progresión es absolutamente magnífico, en consonancia con la progresión de la historia...  y sin necesidad de subir niveles ni acumular puntos de experiencia. De hecho, la mejora de las herramientas en base a los materiales encontrados es uno de los peores elementos del juego, no por ser malo sino por ser convencional y aburrido: es relativamente fácil obtener materiales suficientes para obtener casi todas las mejoras sin arriesgarse demasiado y los recursos más frecuentes (como las piedras para la honda) nunca escasean, por lo que el jugador no llega a verse apurado ni tiene que dosificar nunca su inventario. Tampoco es que el título lo necesite, pues funciona bien tal y como está. La presencia de los inevitables coleccionables, por otro lado, está bien medida. Son suficientes como para que recolectarlos todos suponga un cierto esfuerzo pero no son demasiados como para que que buscarlos resulte tedioso. Como casi todo en este juego, ese es otro aspecto muy bien equilibrado y una muestra del buen hacer del estudio.

A este título se le puede criticar, eso sí, el control con mando. Pese a que existe la opción de activar una ayuda para el apuntado, el manejo de la honda es algo lento y torpe, sobre todo antes de mejorarla, por lo que las situaciones en las que hay que utilizarla con rapidez pueden dar lugar a algunas muertes injustas. Seguramente se juegue mucho mejor con teclado y ratón, preferiblemente en un ordenador potente. Si bien se juega sin problema en una PlayStation 4, el recorte gráfico es bastante evidente cuando se ve el juego en movimiento (no tanto en las cinemáticas). Ya existe un parche para consolas de nueva generación, pero al igual que el celebrado Microsoft Flight Simulator, A Plague Tale: Innocence parece pensado para ser jugado en el PC y seguramente sea en esa plataforma en donde mejor se puede disfrutar.


También diré que el juego no precisa unos gráficos espectaculares para que su ambientación resulte fascinante; siempre opresiva, angustiosa y, a medida que avanza el juego, más propia de un descenso a los infiernos que de una aventurilla histórica. El diseño artístico es una de las puntas de lanza de A Plague Tale: Innocence y, sobre todo, el trabajo realizado en los escenarios. Hay una amplia variedad y muchos de ellos son tan memorables como una aldea asolada por la plaga, un campo de batalla cubierto por miles de cadáveres, una madriguera subterránea habitada por incalculables ratas o una catedral que parece haber salido del Infierno de Dante. Para aumentar el impacto entre uno y otro, el juego también sabe tomarse un respiro de vez en cuando, con capítulos más tranquilos y contemplativos para enmarcar las secuencias de una acción más intensa. Incluso cuenta con alguna que otra secuencia onírica muy bien resuelta y, por supuesto, con el esperable nivel en el que pasamos de controlar a Amicia a jugar en la piel de Hugo, que además viene con girito final. El ritmo es otro de esos aspectos resueltos con una maestría y un pulso admirables. Insisto: hay algunos momentos en los que una secuencia en particular empieza a resultar cansina, pero son escasos y ya cerca de la conclusión.

De todas formas, este es un juego al que se le perdonan sin problema las pocas asperezas que tiene. Quizá es por el carisma de sus protagonistas, por lo curioso de su argumento, por la habilidad con la que se va desvelando y ampliando el misterio, por lo mucho que transmite su ambientación o por lo satisfactorias que resultan sus mecánicas. Sea como sea, es un juego que deja huella. Si te gusta la fantasía oscura incluso lo calificaría de imprescindible, porque es un muy buen exponente de ese género pese a su aparente disfraz de aventura histórica. Por suerte, al contrario que otros títulos similares, este no se va a quedar en un simple experimento con buenas críticas y poco éxito entre el público. Al parecer, A Plague Tale: Innocence ha funcionado lo suficientemente bien como para que Asobo Studio ya esté trabajando en su secuela, titulada A Plague Tale: Requiem, por lo que la historia de Amicia y Hugo continuará en el futuro. La primera entrega contaba con un final contundente y satisfactorio, pero el hecho de que se puedan seguir explorando sus misterios en una continuación me parece algo digno de celebrar.

Hacen falta más juegos como este... aunque, a ser posible, con menos ratas. Nunca he sentido ningún tipo de animadversión hacia estos animales (o al menos no más de la habitual), pero en A Plague Tale: Innocence me han parecido unos seres de pesadilla. Las hordas de ratas de Asobo Studio son una auténtica puerta hacia un horror primigenio, brutal e incomprensible, ante el que incluso los horrores ideados por los humanos, con todas sus guerras y torturas, palidecen. Cerca de su conclusión, la propuesta del estudio francés coquetea con el horror cósmico y eso me hace pensar en un prometedor futuro en el que A Plague Tale: Requiem nos ofrezcan terrores aún más fascinantes. Si este juego utilizó la tecnología como punto de partida para canalizar ese horror primigenio de forma tan efectiva... ¿hasta dónde llegará su secuela gracias al salto derivado de la nueva generación y el avance que se ha producido en estos años? Por suerte, no vamos a librarnos fácilmente de estas ratas. 


31 octubre, 2021

[Series] Misa de medianoche: La verdad os hará libres

En sus orígenes, el mito del vampiro estaba relacionado con uno de los miedos más antiguos que conoce el ser humano: el miedo a la muerte y a todo lo relacionado con ella. El vampiro primigenio era un no-muerto que se alzaba de nuevo para alimentarse de la sangre de los vivos de una forma visceral y primaria. De hecho, muchos de estos protovampiros tenían características animales, como cuerpos de serpiente o alas de ave. No obstante, ya en muchas de esas tradiciones antiguas existían otros tipos de vampiro relacionados con los impulsos sexuales. Estos eran seres cuyo objetivo era seducir a los humanos antes de alimentarse de ellos, obligándoles a cometer actos pecaminosos en contra de su familia y su religión. Son estos vampiros los que más influyeron en la concepción moderna del mito, cimentada en 1819 por El vampiro de John Polidori y en 1897 por Drácula de Bram Stoker. Esta interpretación, mediada por las ansiedades propias de la religión católica, se deriva de otro miedo mucho más reciente y más insidioso: el miedo a que otra persona se aproveche de nosotros, a que alguien se imponga sobre nuestra voluntad y nos domine, obligándonos a hacer cosas que, en circunstancias normales, nunca haríamos. Es el miedo a que alguien más fuerte que nosotros se aproveche de nuestras debilidades, las explote y se alimente de ellas.

Desde el romanticismo, el vampiro tiene una claras connotaciones sexuales, pues existe fuera de las limitaciones de la moral y satisface sus apetitos de la forma que más le complace. Por tanto, es una criatura que invita al pecado y a la condenación; una criatura egoísta que prima sus apetitos, sean los que sean, por encima del bienestar de los demás. Es más, esta idea del vampiro también tiene ciertas connotaciones de clase, pues lo habitual es que el tentador sea alguien procedente de la clase alta mientras que el tentado proceda de la baja. De ahí todas esas historias en las que el vampiro es una figura relacionada con la nobleza, dotada de riqueza e influencia, pues no es difícil imaginar al señor del castillo aprovechándose de sus humildes sirvientes. Los poderosos se alimentan de aquellos que carecen de poder, es tan sencillo como eso; es el mismo depredador de siempre vestido con capa. Pero el poder no siempre procede del dinero, de la influencia o de la sangre azul. Hay poder en la ideología. Hay poder en las creencias. Hay poder en la religión. Y ese poder también lleva a situarse por encima de la moral, a dominar a otros y, en última instancia, a la depredación. Porque el vampiro se alimenta de los débiles, los necesitados y los desesperados. Y, desde luego, los que más quieren creer son también los más fáciles de tentar y los que con más posibilidades acabarán convertidos en víctimas. En ocasiones, el depredador también se viste con casulla.

Misa de Medianoche

Misa de medianoche (Midnight Mass en su título original) es una miniserie de terror dirigida por Mike Flanagan (La maldición de Hill House, Doctor Sueño, La maldición de Bly Manor) y disponible en Netflix. Llegué a ella a través de la recomendación de una amiga, sin conocer los trabajos previos del director y sin saber siquiera que estaba relacionada con el vampirismo. Si lo hubiese sabido es probable que la hubiese visto mucho antes, pero creo que mi experiencia habría sido muy distinta. Como antiguo jugador de Vampiro: La Mascarada y aficionado a todo lo relacionado con los chupasangres, creo que me habría fijado demasiado en los elementos propios del mito y habría dejado un tanto de lado la lectura que se ofrece a través de su utilización. Misa de medianoche es una serie que, con la excusa del vampirismo, habla sobre el poder que ejerce la religión sobre las personas, en especial sobre aquellas que están solas, aisladas, necesitadas o directamente desesperadas; habla sobre aquellos que se aprovechan de ese poder, escondiendo sus deseos egoístas bajo una imagen de bondad y abnegado sacrificio; habla sobre la facilidad con la que la religión se convierte en fanatismo y en vehículo del odio hacia aquellos que son diferentes; habla, en definitiva, sobre llevar la religión hasta sus últimas consecuencias: la paranoia, la violencia, el fuego y la muerte.

Sobra decir que a partir de este punto habrá spoilers sobre la trama de la serie en este texto, pero antes de eso empecemos con un breve resumen de su punto de partida. La historia nos sitúa en Crockett Island, una pequeña isla en la que habita una comunidad de poco más de un centenar de personas que subsisten gracias a la pesca y cuyas vidas giran en torno a la humilde Iglesia de St. Patrick. Se trata de una comunidad aislada, que precisa del ferry para llegar a la península más cercana y que en tiempos recientes sufrió un problema de vertidos que puso en peligro los negocios de los pescadores. Eso llevó a que algunos jóvenes tratasen de buscar un futuro mejor fuera de la isla, aunque no a todos les fue bien. Riley Flynn (interpretado por Zach Gilford) ha regresado a Crockett Island después de haber pasado cuatro años en la cárcel por haber provocado la muerte de una joven en un accidente de coche mientras estaba bebido. Allí se reencuentra con sus devotos padres y con su hermano adolescente, monaguillo de la parroquia, los cuales tienen ciertos problemas para asimilar lo que hizo. Allí también se reencuentra con la chica de la que estuvo enamorado en el pasado, Erin Greene (interpretada por Kate Siegel), que también ha regresado a casa tras una relación tumultuosa de la que ha resultado un embarazo. Mientras tanto, a la Iglesia de St. Patrick ha llegado un nuevo y joven sacerdote, el Padre Paul Hill (interpretado por Hamish Linklater), en sustitución del viejo y enfermo párroco de toda la vida, Monseñor Pruitt. A raíz de la llegada del Padre Paul comenzarán a producirse eventos extraños en la isla, que serán interpretados como señales divinas por la comunidad religiosa pese a que la divinidad de su origen sea, cuanto menos, discutible.

La trama de Misa de medianoche se cocina a fuego lento, tomándose su tiempo para dejar que los personajes interactúen entre ellos y debatan sobre sus inquietudes y ansiedades más profundas. Esta es una serie en la que prima la introspección y en la que los diálogos tienen una importancia capital. Soy consciente de que dichos diálogos han sido objeto de discusión en las redes durante las últimas semanas, pero no quiero dar validez a los argumentos esgrimidos en contra de su longitud o densidad. El hecho es que las personas son muy complejas y, para conocerlas, no basta con escuchar durante un par de minutos a cada una de ellas. Para explorar aspectos como la culpa, la desesperanza o la fe, tan cruciales en la caracterización de los personajes principales de este relato, hay que dedicar tiempo para no caer en el error de simplificar en exceso o caricaturizar (para eso ya tenemos a un personaje en concreto, la celosamente devota hasta el fanatismo Beverly Keane, interpretada fantásticamente por Samantha Sloyan). Por tanto, buena parte de Misa de medianoche está ocupada por largas digresiones en las que los protagonistas se sumergen en sus angustias, sus miedos y sus creencias. En ellas se habla sobre la muerte, sobre la posibilidad de redención y sobre la existencia de Dios, con frecuencia contraponiendo el punto de vista de un creyente frente al de un ateo. Son precisamente estos largos diálogos, tan criticados por cierto sector de los espectadores, los que utiliza la serie para lanzar sus mensajes más impactantes, en los que desmantela con precisión milimétrica algunos de los principios que sustentan la religión en general y el cristianismo en particular.


Sirva como ejemplo una de las conversaciones entre el Padre Paul y Riley, en la que debaten acerca del sufrimiento. En ella, Riley muestra sus dudas acerca de la existencia de un Dios que permite tanto sufrimiento sobre la Tierra. Por su parte, el Padre Paul defiende que todos los aspectos de la vida han sido determinados por Dios y que, por tanto, el sufrimiento también forma parte del plan de Dios, un plan que por supuesto se escapa a nuestra limitada comprensión. Ambos puntos de vista representan los extremos de una cuestión para la que no existe una única respuesta, invitando al espectador a que realice su propia reflexión, pero eso no quiere decir que la serie evite ofrecer su propio punto de vista. La clave está en cómo las posteriores acciones de los personajes se muestran o no congruentes con sus argumentos.

Ante el sufrimiento que ha provocado en otros (recordemos que es responsable de la muerte de una chica) y el sufrimiento que él mismo ha experimentado (sus recurrentes visiones de la chica muerta están resueltas de una forma estupenda), Riley no se refugia en Dios ni en la Iglesia, sino que encuentra consuelo y significado en el amor de otra persona, Erin, que también ha pasado por su calvario particular. Por su parte, el Padre Paul, temeroso de quedarse atrás en el debate, decide que confiar en el plan de Dios no es suficiente y toma cartas en el asunto, aprovechándose de una de las personas de la isla que más han sufrido (Leeza, la adolescente postrada en una silla de ruedas) para orquestar una suerte de "milagro" que refuerce sus argumentos y enfervorice a la parroquia. Mientras uno deja atrás lo divino para ampararse en lo terrenal, encontrando un amor sincero que le devuelve el sentido a su vida, el otro se ampara en lo divino para ocultar sus manipulaciones, que a mí me parecen muy terrenales. Lo irónico es que, mientras que el amor de Riley por Erin parece devolverle de nuevo la fe en sus últimos instantes, hasta el punto de sacrificarse por amor como hizo Jesús, la férrea fe del Padre Paul se acaba desvelando al final como una simple herramienta para conseguir sus objetivos: recuperar su relevancia en la comunidad como guía espiritual para así satisfacer su orgullo y recuperar también a la mujer de la que estaba enamorado, ahora envejecida y consumida por la demencia.

Jesús predicaba a los desfavorecidos, los enfermos y los necesitados, afirma el Padre Paul en uno de los primeros episodios. Eso es justo lo que hace él, predicar a los habitantes de una isla en franca decadencia, utilizando para ello a una chica discapacitada cuando lo considera conveniente. No debería extrañarnos, por tanto, que para él los ángeles de Dios se manifiesten como vampiros bebedores de sangre, pues la religión se alimenta de los débiles y los que la esgrimen como herramienta pueden convertirse con extrema facilidad en depredadores. El Padre Paul dice tener fe en el plan de Dios y considera que el sufrimiento tiene un propósito que los humanos no podemos comprender, pero no acepta el sufrimiento de las personas que le importan. Su fe es una carcasa vacía y, por eso, cuando se encuentra con su "ángel" y descubre las maravillosas propiedades de su sangre, una de las primeras cosas que hace es alimentar con ella a su antigua amante con la excusa de proporcionarle la eucaristía a la que ya no puede asistir por estar en cama. En el último capítulo, él mismo confiesa que todo lo hizo por ella, no por su fe o por seguir el plan de Dios. En última instancia, el que defendía que debemos aceptar el sufrimiento que nos impone Dios muestra su hipocresía, pues considera que son los demás los que deben aceptarlo y no él. Él está por encima, es un "elegido de Dios" y como consecuencia no se le aplican las mismas reglas. Esto no ofrece una imagen muy halagüeña del sacerdote ni de su dogma y, por extensión, de ningún sacerdote y de ningún dogma.


A su manera, el Padre Paul está tan perdido como Riley, pues ambos carecen de las respuestas sobre las grandes cuestiones de la vida. Es más, nadie dispone ni dispondrá nunca de esas respuestas, pero todos las necesitamos y el mero hecho de necesitarlas nos expone y nos hace vulnerables. Ahí es donde entran todos esos depredadores que están deseando hincarnos el diente, ya sean sacerdotes, gurús, políticos o banqueros: todos son vampiros ansiosos por alimentarse de nosotros. Riley acepta que carece de respuestas, mostrando humildad, pero el Padre Paul tiene la osadía de afirmar que él conoce las respuestas. No sólo eso, sino que convence a otros de que él tiene razón, condenando a la isla a la que decía amar y a casi todos sus habitantes. En lugar de mostrar humildad y aceptar que algunas cosas están por encima de él, el Padre Paul elige alzarse sobre los demás y convertirse en un depredador, en un vampiro.

Nótese que he empleado el término "vampiro" en múltiples ocasiones desde el principio de este texto, aunque la serie evita hacerlo de forma deliberada. La criatura que aparece es siempre nombrada como "ángel" y nunca como "demonio" o "vampiro", porque ningún depredador considera que lo que hace tiene connotaciones diabólicas o malignas. Y el Padre Paul es tan depredador como ese extraño ser, al igual que otros parroquianos fascinados por el "ángel", como la inefable Beverly. En lugar de ver una bestia, lo que ven es un reflejo de sí mismos y de lo que podrían llegar a ser y por eso no sienten miedo o repulsión. Al fin y al cabo, lo único que le importa a la gente que desea el poder es tener más poder. Y eso es lo que ofrece la religión: poder. Poder sobre los desfavorecidos, los enfermos y los necesitados. Poder sobre los débiles. Es el entorno perfecto para que los monstruos se alimenten.

Llegados a este punto quizá debería decir que en el mejor de los días soy agnóstico, aunque la mayoría del tiempo me defino como ateo. Esto no se debe tanto a un rechazo al concepto de divinidad o a la propia espiritualidad (de hecho, en ocasiones me sorprendo a mí mismo explorando esa extraña faceta espiritual de mi persona) como a mi tajante negativa a aceptar cualquier tipo de dogma incuestionable. La religión, por su propia naturaleza, es dogmática y, como consecuencia, siento un gran rechazo hacia ella. El cristianismo, por ser la religión más presente en el ambiente en el que me he criado y a la que más me he visto expuesto, es quizá la que más me disgusta, pero todas me generan la misma repulsión. Por eso no tengo problema en decir que Misa de medianoche contiene una lectura anticristiana o incluso antirreligiosa. He visto muchas reseñas que hablan sobre la radicalización y el fanatismo, pero la serie no sólo apunta hacia los zelotes como Beverly, sino hacia cualquiera que utilice la religión para sus propios fines, como el supuestamente bondadoso Padre Paul. Una vez que la religión se convierte en una herramienta para mejorar la posición, para manipular a los demás o para justificar los prejuicios personales, todos se convierten en monstruos de la misma calaña. Y esto podría suceder en el marco del cristianismo o en el de cualquier otra religión. Eso es lo más terrible.


Pero hablemos ya sobre el vampiro propiamente dicho, pues, pese a que Misa de medianoche evita en todo momento hacer referencia a los chupasangres, como si en su mundo nunca se hubiese publicado el Drácula de Stoker ni hubiesen existido las películas de la Hammer, la serie comprende estupendamente bien la mitología de estos seres de la noche. Muchas de las críticas que he visto hacer a la gente se deben, de hecho, a que la serie comprende el concepto de vampiro mucho mejor que la gran mayoría de sus espectadores. ¿Qué es, pues, un vampiro y qué condiciones debe cumplir para considerarse como tal?

Un vampiro es un no-muerto que se alimenta de sangre, lo que quiere decir que se encuentra en un estado de suspensión entre la vida y la muerte y que se mantiene así gracias al consumo de sangre. La primera consecuencia que se deriva de esta definición es muy clara: para convertirse en un vampiro uno de los requisitos fundamentales es morir. Posteriormente, gracias a la sangre, el muerto se puede alzar de nuevo como un no-muerto. No obstante, no basta cualquier tipo de sangre para producir este efecto. Al contrario de lo que afirma la creencia popular, aquellos que son mordidos por un vampiro no se transforman automáticamente en vampiro (si esto fuese así el crecimiento de los vampiros sería exponencial y pronto se quedarían sin humanos de los que alimentarse). Ni siquiera aquellos que son asesinados por un vampiro se transforman de inmediato en vampiro. Para obrar el "milagro" de convertir al muerto en no-muerto es necesario que el fallecido ingiera sangre de vampiro. Después de todo, la sangre es la vida. De nuevo esto tiene una implicación muy importante y es que un ser humano que se haya alimentado de sangre de vampiro no se convierte en vampiro... al menos hasta que muera.

He visto que una de las quejas frecuentes sobre Misa de medianoche se debe a que el Padre Paul regresa a la isla después de probar la sangre de vampiro y sin mostrar ningún tipo de aversión hacia la luz solar. Esto es así porque en ese momento no es un vampiro, sino lo que en terminología del conocido juego de rol Vampiro: La Mascarada se denomina un ghoul, esto es, un humano que se ha alimentado con sangre de vampiro. Aunque el ghoul posee algunas cualidades sobrenaturales, como una capacidad aumentada para recuperarse de heridas y enfermedades o una cierta inmunidad al paso del tiempo, carece de la debilidad a la luz solar y de la necesidad de alimentarse de la sangre de otros seres humanos. No obstante, sí que puede sentir el ansia por volver a alimentarse de la sangre del vampiro, pues beber del preciado líquido siempre es un acto placentero que acaba imponiéndose por encima de otras necesidades. Los vampiros convierten a humanos en ghouls para utilizarlos como sirvientes o para prepararlos antes de ofrecerles la conversión completa en vampiros. Es más, un vampiro, especialmente uno muy antiguo que se haya pasado siglos en letargo, necesita de peones humanos para comprender el funcionamiento del mundo actual y necesita que esos peones sean leales. Ofrecerles su propia sangre es suficiente para asegurar su lealtad.


Cuando el envejecido Monseñor Pruitt se encuentra con su "ángel" oculto en su cueva bajo las arenas del desierto, lo primero que hace la criatura es alimentarse de él, sin llegar a matarle, y luego se abre la muñeca para ofrecerle un poco de su sangre. Así, Pruitt se recupera de su herida y, como efecto secundario inesperado, recupera la juventud y el vigor, dejando atrás su aspecto marchito y sanando su demencia. Pensando que esto es un "don de Dios" que debe ser compartido, el sacerdote crea la falsa identidad del Padre Paul y vuelve a Crockett Island llevando consigo un arcón repleto de tierra en cuyo interior se oculta el "ángel". Ese objeto se muestra ya en el primer capítulo y el espectador avispado podrá relacionarlo sin problema con la forma en la que se desplaza el Drácula de Stoker, pues durante su viaje a Londres el famoso conde se ocultaba en cajas rellenas con tierra procedente de su país de origen. Pruitt, ya convertido en el Padre Paul, es entonces un ghoul, capaz de soportar la luz del sol. No está claro si por iniciativa propia o siguiendo las sugerencias de su "ángel", que no pronuncia palabra alguna en toda la serie, el cura inicia poco después su plan de compartir la sangre de la criatura con los demás parroquianos, convirtiéndolos a su vez en ghouls. De esta forma, la anciana que sufre demencia comienza a rejuvenecer cada vez más, la madre de Riley deja de necesitar sus gafas y la joven Leeza descubre que puede caminar de nuevo pese a su lesión medular. Esos son los "milagros" que obra el sacerdote.

Al tiempo, el Padre Paul sufre una muerte repentina... y es una muerte realmente curiosa, teniendo en cuenta que se produce no mucho después de que el borracho del pueblo (y responsable de que Leeza quedase postrada en una silla de ruedas) vea cómo su querido perro muere envenenado, supuestamente por la odiosa Beverly, que tanto desprecia tanto al animal como a su amo. La muerte de Paul es un tanto ambigua y creo que el director plantea con sutileza la duda razonable de que el cura haya podido ser asesinado. Después de todo, la espuma que expulsa por la boca mientras muere sugiere que también puede haber sido envenenado. ¿Ha sido el veneno de Beverly? ¿Ha sido de forma accidental o voluntaria? ¿Ha sido obra de otra persona o acaso su muerte se ha producido por su propia mano siguiendo las indicaciones de su "ángel"? No hay respuesta a estas preguntas, así que esto queda abierto a especulación. Lo que está claro es que a partir de ese punto deja de ser un ghoul y se convierte en un vampiro completo, con su sed de sangre humana y su incapacidad para soportar la luz solar. Esto se evidencia en sus ojos, que reflejan la luz como los de un animal nocturno en lo que supone uno de los hallazgos visuales más atractivos de esta producción.

Al final, el objetivo del Padre Paul, muy influido por Beverly, es que todos los habitantes de la isla pasen por el mismo proceso y mueran envenenados (curioso: otra vez el veneno, como si el trance previo del cura hubiese sido un simple ensayo) para luego renacer como vampiros... o no todos, pues sólo los creyentes que hayan asistido a misa y tomado la eucaristía habrán consumido la sangre del "ángel" y podrán regresar como no-muertos. Así llegamos a la orgía de sangre y muerte que resulta ser la conclusión de Misa de medianoche.


Todo lo anterior es bastante coherente con el mito del vampiro y con su concepción más moderna, aunque algunos aspectos requieren cierta suspensión de la incredulidad para funcionar. Es posible, aunque improbable, que un sacerdote pudiese recorrer medio mundo con un cuerpo encerrado en un arcón sin enfrentarse a incómodas preguntas. Algo así seguramente requeriría mucha ayuda y un montón de sobornos para mantener el silencio de los implicados, pero es algo que se perdona con facilidad por el bien de la intriga. También existen algunas asperezas respecto a Vampiro: La Mascarada, juego al que voy a recurrir de nuevo por considerarlo el mejor compendio sobre el vampirismo moderno. Por ejemplo, la sangre del vampiro debería ser capaz de hacer que los humanos se recuperen de sus enfermedades, pero no de rejuvenecerles, ya que lo que hace es, por decirlo de alguna forma, suspender el tiempo y evitar los estragos del envejecimiento y la degeneración, no devolver al humano a la cúspide de su vitalidad pasada. El vampiro, una vez transformado, queda "congelado" en el tiempo, pues nunca envejecerá y en teoría podrá seguir existiendo en su forma de no-muerto para siempre. Mientras un humano tenga sangre de vampiro en su interior verá disminuidos los efectos del tiempo, pero seguirá siendo mortal. Una vez más, este es un aspecto discutible pero fácilmente perdonable, pues cumple una función narrativa muy interesante.

Lo que no funciona tan bien es el intento de la serie de explicar el vampirismo a través de una óptica racional y científica. Entiendo que era necesario enfrentar la creencia religiosa con un punto de vista empírico, pero siempre que se intenta explicar al vampiro a través de la ciencia creo que se pierde parte de su encanto. El vampirismo tiene connotaciones sobrenaturales y considerarlo una simple enfermedad le roba ese aspecto, convirtiéndolo en algo vulgar; algo que forma parte del mundo natural y que con el tiempo se podría comprender, tratar o incluso curar. Creo que el vampiro, como no-muerto que es, no puede concebirse como un fenómeno natural y, como consecuencia, debe ser a la fuerza sobrenatural. Es una condena, una maldición (o una bendición, si prefiere verse así) que va más allá de la evidencia empírica y de la razón. Es un misterio y la porfiria es sin duda una pobre aproximación a sus secretos. Me pregunto si no es esa la intención de la serie al ofrecer una justificación científica tan escasa como esa, pues lo que hace es reforzar la idea de que el "ángel" es, en efecto, un ser sobrenatural. Puede que la porfiria y la anemia expliquen la necesidad de consumir sangre o, forzando mucho la teoría, el hecho de que un cuerpo pueda entrar en combustión al exponerse al sol, pero de ninguna forma son capaces de explicar la existencia de un ser con siglos de existencia y virtualmente inmortal dotado de alas.

El tema de las alas es especialmente divertido, ya que los apéndices de la criatura son objeto de otra de las críticas recurrentes por parte de los espectadores: ¿por qué el "ángel" se queda inmóvil mientras Erin le raja las alas con un cuchillo? La respuesta a esto también es muy sencilla. Como no-muerto, un vampiro no siente ningún tipo de placer salvo uno, el de la alimentación. Al beber la sangre de un humano, la criatura experimenta una suerte de éxtasis que no se puede comparar con ninguna otra experiencia humana, por lo que es bastante comprensible que en ese momento su percepción del dolor esté atenuada. Además, esa escena tiene una carga simbólica potentísima, pues Erin le corta las alas al "ángel" de la misma forma que su madre le cortaba las alas a los pichones que tenía en casa, tal y como rememora en una de sus conversaciones con Riley. Su madre fracasó en su intento de cortarle también las alas a la propia Erin, que huyó de la isla y vivió una vida complicada hasta regresar estando embarazada, pero la sangre del vampiro le cortó las alas a la joven vida que se estaba gestando en su interior. Al final, ella se sacrifica y deja que la criatura beba su sangre con tal de aprovechar la oportunidad de dejarla tullida. ¿Consigue pues Erin cortarle las alas al "ángel" para evitar que escape de los primeros rayos del amanecer? Esa es otra cuestión que queda en el aire. Toda buena historia debe dejar algún aspecto a la imaginación del receptor.


Por cierto, según Vampiro: La Mascarada es posible que una madre ghoul conciba a un hijo, que sería también un ghoul, pero no sería improbable que se produjese algún tipo de aborto espontáneo a causa de la ingesta de sangre de vampiro, tal y como le sucede a Erin en la serie. De nuevo según Vampiro: La Mascarada, es altamente improbable encontrarse con un vampiro con alas, pero no necesariamente imposible, lo cual permite interpretar al "ángel" según los principios del juego. No obstante, como comentaba antes, hay algunos detalles menores de Misa de medianoche que se alejan del trasfondo de Vampiro: La Mascarada, como el hecho de que el "ángel" se alimente de los gatos de la isla. Cuanto más antiguo sea un vampiro, más necesita de una sangre potente para saciarse. Un vampiro con varias décadas de no-vida podría encontrar que la sangre de animal es incapaz de saciar su sed, mientras que uno con varios siglos podría encontrar que incluso la sangre humana le resulta insuficiente. Un vampiro tan antiguo como el "ángel" debería tener problemas para saciarse usando sangre de animal y puede que incluso la de los humanos, como la del camello que se convierte en una de sus primeras víctimas. De hecho, puede que ese sea el motivo por el que le ofrece su sangre al sacerdote para convertir a los fieles de la parroquia en ghouls y luego en vampiros: porque precisa de sangre más potente para saciarse. Hubiese sido muy interesante mostrar al "ángel" alimentándose de su propia progenie para explorar esa posibilidad, pero dejaremos esa idea para otra ocasión. En general casi todo el argumento de la serie podría pasar perfectamente como una crónica ambientada en el Mundo de Tinieblas de Vampiro: La Mascarada. Eso me encanta.

Pero estoy divagando. Dejemos ya a un lado el juego de rol y hablemos sobre al conclusión de Misa de medianoche y la lectura que podemos extraer de ella. Con los parroquianos encerrados en la iglesia y obligados a suicidarse para renacer como no-muertos, la violencia latente en la isla estalla de una forma exagerada. Erin y unos pocos intentan evitar la catástrofe, pero poco a poco van cayendo ante el "ángel" y los creyentes, ya transformados. Ese es el momento en el que el Padre Paul pierde el control de su grupo, que cae bajo la influencia de Beverly. Esta mujer es el epítome de la hipocresía de los creyentes y para demostrarlo basta con recordar que se pasa toda la serie citando la Biblia para probar que sus acciones son correctas hasta que llega el momento en el que el sheriff musulmán le cita a ella un pasaje que no le hace ninguna gracia. Para hacer que se calle, Beverly le pega un escopetazo, demostrando que las palabras de la Biblia sólo le importan cuando están de su parte y prueban que ella y sólo ella tiene razón. Una vez más, nos encontramos con un depredador, con un lobo con piel de cordero oculto entre el rebaño, utilizando la religión como justificación de sus prejuicios, su odio, su necesidad de demostrar su superioridad y sus ansias de control. Con alguien así el resultado final es inevitable: un apocalipsis.

Al final toda la isla arde, destruyendo cualquier posible refugio ante la llegada del amanecer y condenando a los creyentes que han sido transformados. Aquí la serie nos pide de nuevo que forcemos un poco la suspensión de la incredulidad, porque lo que está haciendo es orquestar un apocalipsis acelerado en el que los parroquianos tendrán que enfrentarse a su fe hasta sus últimas consecuencias. Por supuesto que un vampiro con dos dedos de frente, incluso uno recién transformado, habría logrado encontrar un refugio pese a que todos los edificios estuviesen ardiendo, pero eso aquí es lo de menos. Lo importante es que el fin de la serie enfrenta a los personajes a su muerte para que estudiemos sus reacciones. En efecto, el momento en el que verdaderamente se pone a prueba la fe es el momento de la muerte. La religión surgió como respuesta al miedo a la muerte, igual que el mito del vampiro, pero mientras que este es una fuente de terror se supone que la fe es una fuente de serenidad. Un verdadero creyente debería ser capaz de alcanzar la paz en sus últimos momentos, pues sabe que va a reunirse con Dios. ¿Y qué es lo que nos encontramos entre los parroquianos de la Iglesia de St. Patrick?


Curiosamente, lo que nos encontramos es paz. Encabezados por los padres de Riley, los transformados se reúnen para cantar un último himno religioso antes de ser devorados por la luz solar. El sheriff, uno de los pocos que logran conservar su humanidad, reza por última vez junto a su hijo transformado antes de morir desangrado y de que su retoño, que ha regresado de nuevo al Islam tras sentirse atraído por los "milagros" del cristianismo, se convierta en cenizas. Pese a todo el sufrimiento, la sangre y la muerte que han experimentado, al final su fe les permite morir en paz. Es aquí cuando se muestra la otra cara de la moneda de Misa de medianoche, una serie sobre la que dije antes que podía extraerse un mensaje anticristiano y hasta antirreligioso. ¿Es genuina esta paz o sólo se debe al miedo ante una muerte inevitable? El espectador es el único que puede responder a esa pregunta, por lo que dependiendo de las creencias propias ese supuesto mensaje antirreligioso puede convertirse incluso en un alegato a favor del papel de la religión en nuestras vidas.

Pero, como dije antes, no me considero religioso, aunque sí espiritual. En ese sentido, me interesa más la muerte del Padre Paul, cuyo último acto es besar a la mujer que ama y con la que no pudo compartir su vida pese a que era lo que más deseaba. El último acto del sacerdote es, por tanto, un acto de amor. Igual que el último acto de Riley, que se sacrifica para evitar la condena que supone haber sido transformado y así demostrar a su amada Erin que está en peligro. Igual que Erin, que se sacrifica para intentar salvar a los parroquianos y entrega su vida con tal de detener al "ángel". Donde la religión es incapaz de otorgar sentido, el amor se impone como la fuerza definitiva que arrastra a los seres humanos y les ofrece el significado que tan desesperadamente necesitan. Ante la insignificancia de nuestras vidas en la escala cósmica de las cosas y la certeza de la muerte que nos espera, el amor es capaz de otorgarnos paz. Ojalá tuviésemos alguna religión que tuviese como pilar central el amor, ¿verdad?

El último personaje cuyo final merece ser comentado es Beverly, que se enfrenta sola al amanecer. Primero con resignación, después con envidia al observar al sheriff rezando junto a su hijo y, finalmente, con terror. Beverly no reza, sino que hace un vano esfuerzo por huir de su destino escarbando en la tierra para esconderse como la alimaña que ha sido siempre. Ella también acaba ardiendo y consumiéndose, imagino que renegando de su fe y maldiciendo al dios que la ha abandonado. Para ella la religión sólo fue una herramienta y por eso no le encuentra utilidad alguna en sus últimos instantes. Por desgracia, Beverly es el auténtico rostro de la religión; no ya del fanatismo, sino de la propia religión como instrumento de control social y como caldo de cultivo para todo tipo de monstruos, desde los sacerdotes católicos aficionados a manosear a sus monaguillos hasta los que justifican la violencia recurriendo a la guerra santa o se amparan en la palabra de Dios para limitar las libertades de otros. Obviamente, estos monstruos no son exclusivos de los círculos religiosos, pero los que dicen tener a Dios de su lado son siempre los peores. Para estos depredadores Dios es también un depredador y eso les proporciona la justificación suprema para cualquiera de sus actos. Y con esto me temo que volvemos a toparnos una vez más con la lectura antirreligiosa de Misa de medianoche.


Quizá el problema no está en la fe en sí misma, sino en las estructuras que surgen en torno a ella; en los credos, los dogmas, los sacerdotes y las iglesias. Quizá habría que limitar la religión al ámbito personal y no permitir que una organización externa se inmiscuya en la experiencia espiritual de cada persona. En otras palabras, que nadie te diga qué es lo que debes creer y cómo deber expresar tus creencias. Que nadie te diga lo que Dios espera de ti y lo que debes hacer para cumplir Su palabra. Que nadie se alce como representante de Dios en la Tierra y nadie se atreva a hablar en Su nombre. Busca a Dios donde quieras y como quieras. Si quieres encontrarlo en el amor, entonces Dios es amor. Si quieres encontrarlo en el sentido de la maravilla que te genera observar un cielo cubierto de distantes estrellas, entonces Dios es el sentido de la maravilla que te genera observar un cielo cubierto de distantes estrellas. Pero, por lo que más quieras, que tu dios nunca sea un depredador. Que nunca te sitúe por encima de los demás ni te proporcione carta blanca para hacer daño. Que nunca te permita creerte mejor que aquellos que hay a tu alrededor ni justificar tus prejuicios. Que nunca se aproveche de tus miedos y debilidades. Que, en definitiva, tu dios nunca sea un vampiro. Ya tenemos demasiadas iglesias, mezquitas y sinagogas repletas de vampiros; no te conviertas tú también en uno de ellos.

La verdad es que ya hay demasiados vampiros en el mundo. Algunos visten capa y otros casulla, pero no por ello dejan de ser depredadores. Renunciemos a ellos. Atrevámonos a ser distintos. Si Misa de medianoche tiene algún mensaje o moraleja, debe ser esta.

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: si vosotros permanecéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: somos del linaje de Abraham, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú que seremos libres? Jesús les respondió: en verdad, en verdad os digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre."


30 septiembre, 2021

[Anime] Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time: Cerrando heridas abiertas


Conocí Neon Genesis Evangelion recién llegado al instituto, siendo poco más mayor que su protagonista, Shinji Ikari. Recuerdo que me pasaron la serie, que había sido editada en formato vídeo VHS, poco después de haberme enseñado aquella mítica escena en la que el EVA-01 y el EVA-02 llevaban a cabo un ataque sincronizado para destruir al Séptimo Ángel. Por aquel entonces no había visto nada igual en mi vida: la calidad de la animación era superlativa, los diseños mecánicos eran asombrosos, los personajes derrochaban carisma y la banda sonora parecía diseñada para quedarse en tu memoria para siempre. Aunque era demasiado joven como para darme cuenta de lo verdaderamente especial que era este anime, que elevaba hasta su paroxismo algunas de las convenciones de su género al mismo tiempo que subvertía otras de formas sorprendentes, ya entonces podía percibir que era una serie única. Fue inevitable que me dejase impactado, fascinando y obsesionado.

Desde entonces ha pasado casi la mitad de mi vida y Evangelion ha sido siempre una presencia recurrente en ella. He visto una y otra vez Evangelion. He pensado durante horas y horas sobre Evangelion. He leído durante horas y horas sobre Evangelion. He hablado durante horas y horas sobre Evangelion. He escrito durante horas y horas sobre Evangelion. Evangelion ha sido un lugar al que volver una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, año tras año tras año tras año. He consumido Evangelion tanto como Evangelion me ha consumido a mí.

Suelo decir que Evangelion es como una pareja con la que he compartido tanto los mejores como los peores años de mi vida. Nuestra relación ha sido cuanto menos complicada, desde luego. Nos hemos amado intensamente y nos hemos odiado con no menos intensidad. Hemos compartido los momentos más maravillosos y también los más terribles. Ha sacado lo mejor de mí, pero también ha servido como justificación para lo peor. Ha sido un lugar seguro en el que refugiarme, pero también una excusa para torturarme y autocastigarme. Nuestra relación no ha sido del todo sana, en definitiva. A veces he llegado a fingir que la había superado, dejándola atrás por fin, pero evidentemente era mentira. Evangelion y yo nos hemos separado y hemos vuelto para volvernos a separar más adelante, perpetuando así un ciclo de amor-odio que parecía interminable. He bromeado mucho sobre esto con el paso de los años, pero tengo muy claro que Evangelion me abrió unas heridas muy graves... o quizá me desveló las heridas abiertas que yo ya tenía... y desde entonces esas heridas han estado ahí, abiertas, incapaces de cicatrizar. He intentado ignorarlas, he intentado ponerles un parche, he intentado cauterizarlas a la fuerza... pero han seguido estando ahí, bien abiertas, esperando sanar algún día. Por suerte, ese día al fin ha llegado.

Verás, esto no es un texto sobre el verdadero significado de Evangelion. Tampoco es una explicación sobre cómo se relacionan las distintas partes de Evangelion en su conjunto o sobre las conexiones entre la serie, las películas y el Rebuild of Evangelion. Ni siquiera es una reseña de Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Aquí no vas a encontrar ninguna de esas teorías locas sobre los misterios de la serie y sus secretos ocultos. Este texto es un ejercicio terapéutico. Esta es la historia de las heridas que me abrió Evangelion, en especial The End of Evangelion, y cuenta cómo esas heridas, después de tantos y tantos años, por fin se han cerrado, han sanado y me han liberado. Este viaje va a estar repleto de ideas dispersas que voy a intentar conectar sobre la marcha, de interpretaciones subjetivas que se han fraguado con el tiempo y de lecturas personales e intransferibles, además de spoilers sobre todo lo relacionado con Evangelion de principio a fin, claro. Creo que va a merecer la pena llegar hasta el final. ¿Me acompañas?


Neon Genesis Evangelion fue una serie fabulosa, pero también lo habían sido otras producciones de Gainax como Gunbuster o Nadia y el misterio de la piedra azul y no me he pasado media vida obsesionado con ellas. Está claro que había algo distinto en Evangelion y seguramente estuviese relacionado con las propias vivencias de su director, Hideaki Anno. Su historial de episodios depresivos es bien conocido y no hay duda de que el desarrollo de su obra acabó empapándose de la tristeza y del dolor que había experimentado en su vida el creativo japonés: quizá Evangelion comenzase siendo una serie de acción y misterio sobre gigantescas máquinas de combate humanoides y sobre los niños que las pilotaban, pero poco a poco se fue convirtiendo en un viaje introspectivo hacia el corazón de las personas; un viaje que nos planteaba cuestiones profundas sobre la incapacidad de los seres humanos para conectar los unos con los otros de una forma auténtica y sincera.

El famoso Campo A.T., el Absolute Terror Field al que tanto se alude en la serie, no es más que una metáfora sobre esa "muralla del corazón" que nos separa a unos de otros y nos impide conectar. Esa barrera, que se alza con especial fuerza en los momentos de tristeza, existe porque cumple una función, la de protegernos, pero también nos aísla de los demás y nos condena a la soledad. Nuestro objetivo debería ser aprender a reducir esa separación cuando crece de forma desmesurada, para así recuperar nuestros vínculos previos y poder generar nuevos lazos afectivos. Esto no implica necesariamente que debamos destruir los Campos A.T. de todo el mundo, como llega a plantear alguna de las películas, porque su presencia es necesaria. A algunas personas les cuesta entenderlo, pero la tristeza es necesaria, incluso imprescindible: se trata de una emoción primaria que ha evolucionado con los seres humanos porque cumple una función adaptativa y, por tanto, nos ha ayudado a sobrevivir hasta el día de hoy. Cuando se produce un cambio sustancial en nuestro entorno, como por ejemplo la pérdida de un ser querido, la tristeza es la señal que nos indica que debemos detenerlo todo, centrarnos en nuestro mundo interior y procesar ese cambio, porque hasta que ese cambio no sea procesado y asimilado no podremos superarlo y seguir adelante con nuestra vida. Puede que la tristeza nos aísle de los demás, pero lo hace para que reaprendamos a relacionarnos con ellos en un nuevo entorno, tras un cambio importante que nos ha afectado de forma íntima. La tristeza es, en resumidas cuentas, el principio de un viaje de redescubrimiento y reaprendizaje. El problema es cuando la tristeza no se va sino que se queda enquistada en nuestro interior, cuando se vuelve patológica y se convierte en un episodio depresivo, en una enfermedad mental que altera nuestro funcionamiento normal. En otras palabras, el problema es cuando nuestro Campo A.T. se alza con tanta fuerza que se convierte en una barrera infranqueable.

Decir que a partir de cierto momento, más o menos a partir de su decimosexto episodio, Evangelion deja en segundo plano su argumento sobre robots gigantes y misterios sobrenaturales para convertirse en una historia sobre superar la depresión es una obviedad para todos los que han visto la serie. La que en un principio parecía la trama principal, con sus oscuras referencias religiosas y sus innumerables secretos, acababa siendo canibalizada por la tristeza desmedida de Shinji Ikari, convertida en un reflejo de la depresión del propio Hideaki Anno. A veces da la impresión de que la serie se regodea en el sufrimiento de sus personajes de forma gratuita y que muestra los estragos de la depresión por algún tipo de fascinación malsana, por puro morbo o por un intento deliberado de hacer daño a sus espectadores. No creo que sea el caso. Sin embargo, me pregunto si Anno no aprovechó la producción de la serie para hacerse daño a sí mismo, para meterse el dedo en sus propias heridas con la esperanza de llegar a entenderlas. Si sus heridas nos duelen también a nosotros es porque son demasiado similares a las nuestras, no porque Anno o la serie tuviesen la voluntad de herirnos. A su manera, creo que el director tuvo una intención terapéutica desde el principio, aunque no siempre alcanzase su objetivo sanador.  


No sé hasta qué punto las experiencias de Anno son similares a las de Shinji, pero no tengo problema en admitir que la serie me produjo mucho dolor a lo largo de los años porque las vivencias de Shinji me recordaban demasiado a las mías... y no sólo porque plasmaban algo parecido a mis propios episodios depresivos. La gran mayoría de la gente acaba sufriendo un episodio depresivo en algún momento de su vida, por lo que es fácil entender lo que sufre Shinji. No obstante, hay otros elementos más específicos, como la tortuosa relación con su padre o las dificultades para asimilar su propia sexualidad que me hablaban de forma más directa. Voy a ser sincero: odié a Shinji desde el primer momento porque me recordaba a mí mismo... o más bien a ciertas partes de mí en las que prefería no pensar. Su indefensión, su cobardía, su miedo... eran también los míos. Shinji era un espejo en el que mirarme; un espejo que me mostraba toda esa oscuridad que tanto me había esforzado por ocultar. Eso es algo, como poco, difícil de asimilar, cuando no directamente insoportable. Era mucho más fácil ridiculizar a Shinji y burlarse de él que admitir lo mucho que nos parecíamos, claro que sí. Para mí, cualquier cosa relacionada con Evangelion fue de la mano de las bromas y burlas sobre el llorón de Shinji durante mucho, mucho tiempo. Cómo me arrepiento ahora de todo eso. Hoy sé que no hay nada malo ni vergonzoso en llorar o en estar deprimido. Al contrario, pues permitir que fluyan las lágrimas es siempre el primer paso hacia la sanación. Además, nunca hay que culpar a nadie por sufrir una enfermedad mental ni hay que asociar depresión con debilidad. Las personas enfermas merecen respeto, no burlas.

Me gustaría saber si el hecho de que Shinji haya sido tratado con tanta frecuencia como una parodia de sí mismo se debe a que la gente lo considerase peligroso por ser un espejo en el que mirarse. ¿Cuánta gente se habrá visto reflejada en Shinji y por ese mismo mismo motivo le ha rechazado? ¿Cuántas burlas sobre Shinji han ocultado un dolor subyacente y una tristeza enterrada? La verdad tiene el poder de herirnos, de provocarnos dolor, y, para protegernos de ese dolor, le restamos importancia, lo ridiculizamos y nos inventamos bromas sobre él. De esta forma, pretendemos robarle el poder que tiene sobre nosotros... pero lo único que estamos haciendo es poner un parche sobre una herida abierta. Yo lo sé bien.

Al contrario que otras series de su género, en las que los protagonistas vienen a ser una especie de vehículos para materializar las fantasías de los espectadores, casi exclusivamente de los espectadores masculinos, Evangelion no nos presenta a Shinji como un personaje admirable. En numerosas ocasiones nos muestra a Shinji como a un ser humano inmaduro, egoísta y carente de empatía. Tengo entendido que durante su producción Anno estaba pasando por una época en la que empezaba a ser muy crítico con la "cultura otaku", por lo que no sería raro que Shinji fuese una crítica al otaku medio que esperaba encontrar en Evangelion sus ansiadas dosis de fanservice. De hecho, el fanservice es habitual en muchos capítulos, en los que se sexualiza constantemente a personajes femeninos como Asuka y Rei pese a que son... bueno, niñas de catorce años, menores de edad. No obstante, a lo largo de la serie esos momentos de fanservice también se tergiversan y se convierten en algo incómodo para el espectador. Estoy pensando en esa escena en la que Shinji se acerca a Asuka cuando está dormida con intención de besar sus labios, pero es interrumpido por la propia Asuka, que habla en sueños llamando a su madre. De esa forma, la fantasía otaku se quiebra en mil pedazos al recordar al espectador que Asuka es una niña pequeña y que sentir algún tipo de atracción hacia ella es inapropiado y desagradable. Pero quizá la prueba definitiva de que Shinji no está pensado como un avatar agradable para vehicular las fantasías de los otakus amantes de los robots gigantes y las chicas monas, sino como una confrontación directa contra el público, sea efectivamente su progresivo descenso hacia la depresión. Al final, lo que parecía ser una fantasía escapista acaba siendo todo lo contrario.


La producción de la serie fue complicada, con Anno realizando múltiples reescrituras de diversos capítulos, con los consecuentes retrasos para los animadores y las dificultades para cumplir las fechas de entrega definidas por la emisión de cada capítulo en televisión. A esa situación se añadió el triste incidente del ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995, llevado a cabo por una secta apocalíptica que utilizaba imaginería religiosa cristiana parecida a aquella en la que Anno se había inspirado para crear el mundo de Evangelion. Parece ser que Anno y Estudio Gainax tomaron la decisión de descartar parte de las ideas en las que estaban trabajando para evitar que la serie pudiese relacionarse con el ataque terrorista... y no les culpo, la verdad. Eso contribuyó a aumentar las reescrituras, los retrasos y las dificultades para cumplir las fechas de entrega, añadiendo una carga adicional sobre el director. Además, si Evangelion ya estaba sufriendo problemas de presupuesto en ese momento, todo esto sólo sirvió para que se hiciesen aún más patentes. Recordemos por ejemplo aquel episodio en el que la historia de NERV se narraba con imágenes estáticasde casi de forma casi exclusiva, en un desesperado intento por ahorrar dinero y acelerar la producción para cumplir con los tiempos indicados. Estoy convencido de que la suma de todo lo anterior tuvo que pasarle factura al director, lo cual se vio también reflejado en la ficción que estaba creando.

Durante su último tercio, la serie se sumerge más y más en la depresión, desmontando a sus personajes y convirtiéndolos en meras carcasas vacías: Rei muere y es sustituida por un clon sin emociones, Asuka sufre algo parecido a un estado catatónico, Misato se hunde en el dolor y el remordimiento por la muerte de Ryoji... Es entonces cuando se produce la llegada de Kaworu, un evento fundamental para entender Evangelion en su conjunto. Shinji, que como todo ser humano sólo desea recibir un poco de amor, se encuentra con Kaworu, que es un ser compuesto totalmente de amor; un amor incondicional, generoso y libre de prejuicios. Shinji, que estaba encerrado por completo en sí mismo, se encuentra con Kaworu, un ser que se entrega a sí mismo sin temor ni reservas; hasta el punto de entregar su propia vida y sacrificarse para que Shinji pueda seguir viviendo. En una de las escenas más recordadas de la serie, tras una escalada de tensión que lleva tanto al personaje como al espectador hasta el límite, Shinji se ve obligado a matar a Kaworu en lo que parece una aceptación tácita del nihilismo al que estamos condenados los seres humanos. ¡Pero nada más lejos de la realidad! En última instancia, es el amor de Kaworu lo que acaba rompiendo la muralla del corazón de Shinji y su sacrificio el desencadenante del proceso que atraviesa a continuación nuestro protagonista. Es la muerte, sobre todo la muerte de un ser querido, la que nos lleva a apreciar más la vida.


Durante sus dos últimos episodios, famosos por haber sido realizados con un presupuesto irrisorio, obligando al estudio a recurrir a soluciones creativas de una imaginación sin precedentes en el medio, viajamos al interior de Shinji para asistir a su batalla más importante hasta el momento: su batalla contra sí mismo. El argumento y sus grandes misterios, ya totalmente apartados, se resuelven en un par de escenas crípticas en las que se adelanta el destino final de personajes como Misato o Ritsuko. Lo que se muestra es sin duda un futuro oscuro, adelantado parte de lo que luego veríamos en The End of Evangelion, pero ya llegaremos a eso. Lo importante aquí es lo que sucede con Shinji.

Solo y devastado tras la muerte de Kaworu a sus manos, Shinji se hunde por completo en la depresión y se encierra en sí mismo hasta el punto de que el mundo exterior deja de tener importancia. Y, en ese momento, encerrado consigo mismo, se ve obligado a confrontar por primera vez la realidad de su mundo interior; se ve obligado a confrontar su propia existencia. Como ya no puede huir más, tiene que escuchar a su propio corazón. En su fuero interno, Shinji dialoga con los personajes con los que se ha ido encontrando, en especial con Rei y con Asuka, abordando las grandes cuestiones de la serie: la soledad, la tristeza, el aislamiento, la incapacidad para conectar con otras personas... Gracias a ese diálogo, gracias a sus experiencias junto a Rei, Asuka, Kaworu y muchos otros, Shinji acaba aceptando su propia existencia y en esa aceptación encuentra significado, pues el significado no es algo que proceda del exterior sino del interior. Después de todo, nadie puede vivir nuestra vida por nosotros.

Hasta ese punto, Shinji había estado buscando la aceptación en los demás cuando debería haberlo hecho en sí mismo. Nuestro protagonista había dejado que los demás definiesen su identidad, en lugar de buscar en su interior quién quería ser. A final, lo que somos no es lo que nos imponen, sino lo que nosotros elegimos ser... y Shinji, que estaba aislado de los demás, elige volver al mundo; elige vivir. Así, es capaz de superar su tristeza, de despedirse de su madre, de perdonar a su padre, de abrirse de nuevo y de continuar viviendo. Justo al final de la serie, Shinji deja atrás el miedo, el dolor y la muerte para abrazar la vida por fin, en una metáfora bellísima sobre el proceso de superar la depresión. Es sólo tras haber pasado por nuestro momento más bajo cuando nos percatamos del valor que tiene nuestra vida y de lo importantes que son las relaciones que hemos forjado. Al final es el amor lo que acaba triunfando; el amor por la vida y por toda la gente que nos acompaña en ella.


Quiero creer que, a pesar de todas las adversidades, trabajar en estos capítulos finales llegó a ser una experiencia terapéutica para Anno; puede que hasta catártica. Para mí, verlos por primera vez lo fue, sin duda. Por desgracia, el poder sanador de esos episodios pasó desapercibido para una gran parte de los espectadores... y con razón, pues se mostraba en el marco de un suceso apocalíptico en el que se narraba el fin del mundo y la materialización del enigmático Plan de Complementación Humana, cuyo verdadero significado no había sido concretado. La serie había sido diseñada para apoyarse en rebuscadas referencias judeocristianas y había ido construyendo grandes misterios que no recibieron una respuesta satisfactoria al llegar el final. ¿Cuál era el objetivo de SEELE? ¿Qué pretendía en realidad Gendo Ikari? ¿En qué consistía el Plan de Complementación Humana? ¿Qué había pasado con Lilith? ¿Y con Adán? ¿Los EVAs tenían alma? ¿Rei tenía alma? Había demasiadas cuestiones abiertas y el creciente número de aficionados había empezado a obsesionarse con ellas para descifrar los misterios y encontrar la "verdad". Yo fui uno de ellos y durante años y años pensé que, tras Evangelion, había realmente una "verdad" que debía ser explorada, desenterrada y descifrada. Como suele decirse, a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.

Al igual que rechacé a Shinji porque verme reflejado en él me dolía, rechacé ese mensaje de amor por la vida porque ofrecía una respuesta a mis problemas que me daba miedo poner en práctica. Era mucho más fácil ceder al cinismo y perseguir una verdad alternativa que aceptar que el mensaje último de Evangelion, su única verdad, era un mensaje de amor. Todo lo demás, SEELE, NERV, los Ángeles, el Fruto de la Vida, los Lilim... todo eso era superficial; todos esos supuestos grandes misterios eran lo de menos, porque en realidad no te enseñan nada sobre ti mismo. Eran un adorno, una distracción, un pasatiempo, un rompecabezas, pero no contenían ninguna verdad que mereciese la pena descubrirse.

Con el tiempo aprendí a valorar adecuadamente esos dos últimos episodios y hoy los aprecio más que nunca. Con toda certeza fueron un punto de inflexión y uno de los motivos por los que Evangelion se convirtió en una serie de culto. Pero, como adelantaba antes, no todo el mundo se sintió satisfecho con ellos... y seguramente Hideaki Anno fue uno de los primeros insatisfechos. Me pregunto por qué la gente no se quedó satisfecha con ese final feliz para Shinji y los suyos. Es más, me pregunto por qué Anno no se quedó satisfecho; por qué no pasó página y siguió adelante...  en lugar de arrastrarnos a todos con él.


Se dice que llegaron cientos de cartas al Estudio Gainax tras el estreno en televisión de estos episodios finales y que algunas de ellas no fueron amables. De hecho, desde hace años ha existido el rumor de que Hideaki Anno recibió amenazas de muerte por haber acabado la serie de esa manera; amenazas instándole a que se retractase, a que llevase a cabo el "auténtico final" porque aquel final emitido debía ser una especie de broma retorcida. No sé hasta qué punto este rumor es cierto, ya que las evidencias que he encontrado son contradictorias. Por un lado, se dice que algunas de esas amenazas de muerte acabaron apareciendo en una rápida secuencia de The End of Evangelion, en la que se muestran mensajes reales de espectadores, aunque hasta donde yo sé esto no es más que una leyenda urbana. Salvo un par de ellos, que en efecto dicen "Muere" y "Anno, te mataré", el resto de mensajes que aparecen en la película hace tiempo que fueron traducidos y resultaron ser positivos, en su mayoría incluso elogiosos con Evangelion y con Anno. Por otro lado, sí se sabe a ciencia cierta que la sede de Gainax fue vandaliza con grafitis, probablemente llevados a cabo por integristas religiosos que se habían sentido ofendidos por las escenas de sexo y las referencias judeocristianas de la serie, y que esa imagen fue incluida en The End of Evangelion. El Red Cross Book que se vendió como complemento durante el estreno japonés de la citada The End of Evangelion también incluía declaraciones de Anno en las que mencionaba que algunos espectadores habían considerado el final de la serie como algo "incompleto" e "insultante", pero de ahí a hablar de cientos y cientos de amenazas de muerte hay una diferencia. No descarto que las recibiese, pero me da la impresión de que este rumor se ha exagerado mucho con el tiempo.

En cualquier caso, el mero hecho de incluir mensajes reales de los espectadores en la película, además de la foto de la puerta del estudio pintarrajeada, implicaba un cierto reconocimiento hacia la realidad externa en la que se produjo Evangelion: Anno escuchaba a sus fans... y sobre todo a sus críticos. Se dice que el director estuvo atento a las respuestas de los espectadores durante la emisión de la serie y que en alguna que otra ocasión alteró sus planes en base a los comentarios que recibió por parte de los seguidores más inconformistas. No sé hasta qué punto es cierto, pero encaja con la imagen que tengo de él. Parece que su visión artística estuvo muy influida por la percepción que los demás tenían de su creación... y lo estaría aún más poco después.


Lo que más me llama la atención es que, de una forma u otra, muchos de los espectadores de Evangelion ignoraron la auténtica valía del final original. Quizá fuese porque habían sentido que se les habían escatimado las respuestas que se merecían o porque se habían sentido engañados por un producto que en verdad estaba incompleto a causa de sus problemas de producción, pero aquel mensaje a favor del amor y la vida no les alcanzó del todo. Imagino al pobre director recibiendo mensajes preguntando por el significado de la serie tras haber lanzado ese admirable mensaje, esa llamada a abrazar la vida como cura para la depresión... y lo imagino derrumbándose. ¿Cuánta gente había permanecido encerrada en sí misma, impermeable a ese mensaje de amor, de autoaceptación y de apertura hacia los demás, mientras veía esos dos últimos episodios? ¿Acaso la gente estaba más allá de la redención? ¿O puede que el problema fuese otro? ¿Puede que el fracaso del mensaje se debiese al fracaso de su director? ¿Había transmitido mal sus ideas? ¿Había contado de forma errónea lo que quería contar? Imagino a Anno ponderando estas preguntas una y otra vez. Lo imagino dándole vueltas y vueltas al tema hasta acabar odiando su propio trabajo; por las limitaciones de tiempo, presupuesto y medios, claro, pero también por las soluciones por las que optó en el guion, por las cosas que decidió contar y las que dejó a un lado, por lo que hizo explícito y lo que dejó a nuestra imaginación. Sí, imagino a Anno llegando a odiar Evangelion. No me cuesta mucho, ya que mi propia relación con Evangelion ha sido bastante tumultuosa. Creo que, pese a todo su poder terapéutico, ese final tan maravilloso no logró cerrar del todo las propias heridas de Hideaki Anno. El director se quedó ahí, enquistado, reviviendo el final de su obra una y otra vez, rehaciéndola una y otra vez en busca de una sanación que no terminaba de llegar. Y nosotros le seguimos.

Una de las cartas recibidas tras finalizar la emisión de la serie, procedente de Ami Watanabe, de la prefectura de Kanagawa, y publicada en el primer artbook de la serie editado por Norma Editorial hace muchos años, decía lo siguiente: "Sinceramente, a veces pienso que habría sido mejor que no me hubiese encontrado con Evangelion. Porque, si no me la hubiese encontrado, seguro que no pensaría que está bien que me dé tanto miedo estar con otras personas". He pensado a menudo en esa carta y en lo que pretendía expresar, como he pensado en las reacciones que tuvo que suscitar en Hideaki Anno y el resto del Estudio Gainax. Imagina ofrecer tu trabajo al mundo y que el mundo te diga que hubiese preferido no conocerlo. Has tenido que hacer algo muy mal... o muy bien.

Puede que Anno recibiese amenazas. Puede que la serie recibiese críticas. Pero Evangelion tuvo éxito. Muchísimo éxito. Un éxito desmesurado. El oscurantismo de su argumento, sus complejas referencias, su polémica conclusión... sirvieron para crear un nuevo mito. Evangelion se confirmó como una creciente franquicia que sería explotada de todas las formas posibles durante los años posteriores. El paso del tiempo la convirtió en una serie de culto y creó un mercado inmenso de consumidores dispuestos a hacerse con cualquier producto relacionado con su serie favorita: las cintas VHS, los láser-discs, los DVDs, los artbooks, el manga de Yoshiyuki Sadamoto, las figuras, los model kits... Había nacido un hambre implacable por consumir más y más Evangelion y, evidentemente, el estudio se aprovechó de ese filón. La serie debía continuar.


No sé muy bien de dónde surgió la idea de que Evangelion no había terminado en realidad, pero el hecho es que no tardó mucho en empezar a hablarse de que los dos infames capítulos finales iban a ser rehechos por completo, que sólo habían sido de esa forma por las restricciones del presupuesto y que el "auténtico final" acabaría llegando más pronto que tarde. Es relativamente frecuente que una serie anime sufra ciertas modificaciones tras su emisión en televisión con motivo de su edición en formato doméstico, pero no conozco muchos casos en los que se haya decidido ignorar dos episodios completos para continuar narrando la historia por otro lado como si no pasara nada. El hecho es que Evangelion sufrió múltiples añadidos y transformaciones menores en sus diversas ediciones y que además se puso en marcha un largo proceso que acabó ofreciéndonos las películas Death and Rebirth y The End of Evangelion, las que, según el propio Hideaki Anno, serían mucho más cercanas a su visión original. Por fortuna aquellos dos episodios finales originales se conservaron, aunque, eso sí, técnicamente habían dejado de ser canon. Qué duro golpe para nuestro mensaje de amor por la vida.

Como es de esperar, no tengo ningún conocimiento real sobre los pensamientos o emociones de Hideaki Anno durante aquella época. Las pocas entrevistas de esos años que he leído lo muestran contento, pues por fin se había puesto en marcha el proceso que llevaría a materializar los dos últimos episodios de Evangelion tal y como habían sido concebidos antes de los problemas económicos y la escasez de recursos por los que había pasado Gainax durante la producción. No obstante, durante mucho tiempo se ha percibido al Anno de esa época como a un hombre amargado y resentido por la recepción que había tenido el final de la serie. De hecho, se dice que tanto Death and Rebirh como The End of Evangelion se realizaron desde la rabia, el cinismo y el resentimiento hacia los espectadores. Como si el bueno de Hideaki hubiese pensado algo como "¿No os gustó el final? ¿Queréis ver el final de verdad? Pues agarraos", justo antes de lanzarnos a esa espiral de locura que acabó desembocando en The End of Evangelion y su angustioso One More Final. Es más, al parecer la mera existencia de ese One More Final, que carece de todo sentido de la conclusión y deja la historia más abierta que nunca, es la broma definitiva del director a nuestra costa. Aquí es donde entra otra de esas leyendas urbanas, en concreto la que apoya la teoría de que The End of Evangelion es una especie de venganza de Anno hacia los fans desagradecidos. Aunque en el pasado he pensado que esto podría ser así, lo cierto es que ahora tengo mis dudas.

Lo que sí creo es que, mientras que el final original fue concebido desde una perspectiva terapéutica, desde un lugar de sanación, Death and Rebirth y The End of Evangelion fueron concebidas desde una perspectiva autodestructiva; la de una persona que vuelve a enfrentarse a la depresión y a la ansiedad, que juzga con dureza sus pasadas acciones y que siente que al fin y al cabo nada tiene sentido. Dicho de otra forma, mientras que el final original pretendía cerrar heridas, Death and Rebirth y The End of Evangelion pretendían abrirlas de nuevo y hurgar en ellas. Si el final original era la aceptación de la vida, The End of Evangelion era la negación de la vida. ¿De qué otra forma se puede interpretar una película en la que el mundo llega a su fin mientras suena una canción cuya letra parece una apología del suicidio?


La célebre Komm, süsser Tod ("Ven, dulce muerte", en alemán) contiene fragmentos como "con toda la tristeza de mi corazón siento que lo mejor que puedo hacer es acabar con todo y marcharme para siempre" o "lo que una vez fue feliz ahora es triste, no volveré a amar jamás, mi mundo se acaba". Adoro esta canción, pero estoy seguro de que surgió de un lugar oscuro. Es una canción sobre el dolor y la pérdida, sobre el olvido y la muerte, sobre el suicidio... y, sin embargo, parece un tema calmado y feliz. Las personas que llevan a cabo un intento de suicidio a menudo refieren que, en los instantes anteriores al suceso, sintieron una profunda calma o una alegría rayana en la euforia, pues por fin el dolor que les atormentaba se acercaba a su final. Creo que la canción captura a la perfección ese momento. Es pura desesperación hecha música y la desesperación es el mejor predictor del suicidio. La desesperación, muy asociada también a la depresión, es algo más que la ausencia de esperanza; también es la pérdida de sentido, la falta de asideros a los que agarrarse, el inmovilismo y la apatía llevados hasta el extremo. Cuando Shinji se derrumba en el suelo, incapaz incluso de moverse, lo que está sintiendo es desesperación. En esos momentos, su interior es un vacío absoluto en el que sólo cabe el dolor y su único deseo es ponerle fin. Una vez más diré que no tengo ni idea de lo que le estaba pasando por la cabeza a Anno mientras compuso la letra de esta canción, pero tengo la impresión de que el corazón de este hombre ha estado muchas veces en ese lugar oscuro que decíamos antes: Anno conoce la desesperación como sólo se puede conocer cuando la has sentido dentro de ti.

Algo sé sobre la desesperación y el suicidio. He tratado con personas que han experimentado ideación suicida o han llegado a cometer un intento de suicidio. Yo mismo pasé por una época en la que pensaba a menudo en morir y un día triste subí a la terraza de mi edificio para mirar hacia abajo en busca de una respuesta. Por eso, Komm, süsser Tod siempre golpea muy cerca de casa, siempre duele. Nunca me he atrevido a decir cuánto llega a doler. 

Es curioso cómo los aficionados a Evangelion hemos abrazado esta canción y la hemos elevado al estatus de himno. Parece que todos nos hemos puesto de acuerdo de forma tácita en que Komm, süsser Tod debería ser la banda sonora del fin del mundo... o al menos del fin de nuestro mundo, el mundo humano. Este es un tema sobre el suicidio y, después de todo, el suicidio no siempre es individual. Todos nosotros, como sociedad, parecemos abocados a un suicidio colectivo provocado por nuestras propias decisiones a medida que se aproxima el apocalipsis climático y nuestros sistemas políticos y económicos ejercen más y más presión sobre nosotros, llevándonos hasta un punto de ruptura en cuyas consecuencias prefiero no pensar. ¿Y cómo deberíamos sentirnos ante esta situación? The End of Evangelion parece decir que deberíamos sentirnos... bien. "El destino de la destrucción es también la alegría del renacimiento", proclama uno de los integrantes de SEELE en la película, justo antes del inicio del Tercer Impacto. Me da miedo aceptar esa forma de pensar, pese a que yo mismo la he defendido en ocasiones.

Una de las cosas que más me ha costado entender es que abrazar el "fin del mundo" no es más que una forma de evitar los problemas que deben ser afrontados. Augurar el apocalipsis climático y pronosticar el fin de la sociedad, por ejemplo, es pensar en ese oscuro mañana que nos acecha en lugar de pensar en el hoy, que es donde están los problemas y, por tanto, las posibles soluciones; soluciones que no vamos a poder encontrar mientras nuestro foco esté colocado sobre el futuro. Abrazar el "fin del mundo" es, pues, una respuesta de evitación, una triste manera de eludir nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos y hacia el mundo que nos rodea. Es tentador caer en la idea de que el mundo merece arder para que los supervivientes lo reconstruyan sobre las cenizas, dejando que la responsabilidad recaiga sobre esas generaciones futuras, pero pensar así es un ejemplo de cobardía. Si tuviésemos valor suficiente trataríamos de evitar que el mundo ardiese ahora, cuando aún se puede poner freno al daño realizado. Créeme, nadie desea realmente el futuro de The End of Evangelion, ni siquiera Anno en sus peores momentos. Quien afirme lo contrario está huyendo de la verdad.


En efecto, ni siquiera The End of Evangelion, con toda su tristeza y su nihilismo, carece por completo de esperanza. En cierto sentido, el final de la película no es tan distinto al final de la serie, pues en ambos Shinji elige vivir aunque la vida no le reserve más que sufrimiento. Durante el Tercer Impacto y la realización del Plan de Complementación Humana, todos los Campos A.T. de los seres humanos se rompen, reduciendo a las personas al caldo primordial del que surgieron y eliminando las barreras que separan una identidad de otra. En esos instantes en los que los límites de su propia identidad se han desintegrado, Shinji conversa con Rei mientras ambos aparecen semifusionados. Es en esa conversación en la que Shinji reconoce que son las barreras entre nosotros las que nos producen tristeza y dolor, pero que un mundo sin barreras, es decir, un mundo sin dolor, también es un mundo vacío. Una existencia en la que todos los seres vivos son una única unidad no es una existencia deseable y por eso Shinji decide recuperar su forma humana, aún sabiendo que levantar de nuevo su Campo A.T. supondrá exponerle otra vez al dolor.

Tengo la impresión de que esta lectura de The End of Evangelion siempre ha quedado oscurecida por otros elementos de la película, notablemente crítica con la cultura otaku y, por extensión, con lo que había logrado la serie. Repito que tengo mis dudas de que The End of Evangelion sea una especie de venganza de Anno hacia sus críticos, pero algunas escenas de esta película parecen un ataque directo hacia su público. Para empezar, cualquier posible empatía hacia Shinji queda destruida ya en su secuencia inicial, en la que el muchacho se masturba hasta eyacular sobre el cuerpo catatónico de Asuka. Evangelion había sido crítica con el personaje de Shinji, como hemos visto antes, pero nunca hasta este extremo repugnante. En esta película Anno parece interesado en destruir cualquier posible conexión entre Shinji y los espectadores, generando rechazo y vergüenza ajena... lo cual suena mucho como una venganza, lo admito, ¿pero hacia quién? ¿Hacia los espectadores o hacia el personaje de ficción? ¿Era una venganza del director contra su propio trabajo previo? ¿Era una muestra de desprecio hacia esa creciente cultura otaku amante del fanservice? Sólo Anno lo sabe.

Supongo que la mayor parte del desprecio generalizado hacia nuestro protagonista se debe a esta película. Si hasta entonces Shinji había sido un espejo en el que mirarse para descubrir nuestra parte más oscura, en The End of Evangelion se convirtió en un espejo deformante que ofrecía una imagen tan distorsionada que apenas se podía distinguir nada de la realidad que había debajo. Una vez el personaje se había convertido en caricatura, su capacidad para revelar la verdad del espectador desapareció... y ese fue un gran error, pues la importancia de Shinji radicaba en su capacidad para conectar con nosotros tanto a través de sus escasas virtudes como a través de sus numerosos defectos. Los mensajes positivos de la serie eran efectivos porque venían de un personaje tan imperfecto como nosotros mismos, mientras que el mensaje positivo de la película estaba oscurecido por un personaje despreciable, odioso y repulsivo, incapaz de redimirse y, como consecuencia, incapaz de redimirnos a nosotros.


En The End of Evangelion, Shinji fracasa en controlar sus impulsos más básicos y acaba reducido a un cuerpo inerte que ni siquiera tiene energía para ponerse a salvo cuando le ponen un arma en la cabeza. Misato tiene que arrastrarle hasta el EVA-01 aún a costa de su propia vida, aunque eso tampoco acaba marcando ninguna diferencia. Shinji fracasa en salvar a Asuka y fracasa en evitar el Tercer Impacto. De hecho, Shinji acaba siendo el catalizador que provoca el fin del mundo. Es francamente complicado conectar con él en esta película porque durante buena parte del metraje se presenta como un personaje irredimible a todas luces. En los instantes previos al inicio del Tercer Impacto, en esa escena onírica en la que Shinji se reencuentra con Asuka y acude a ella en busca de ayuda, se comporta como un niño pequeño, inmaduro, egoísta, necesitado y ansioso. Luego, cuando Asuka le rechaza y le lanza unas cuantas verdades hirientes a la cara, la respuesta del muchacho es... estrangular a Asuka. El objeto de su deseo, cuando no se comporta de la forma que él esperaba, cuando no responde a sus necesidades infantiles, cuando no le da lo que él necesita... se convierte en el objeto de su rabia y de su odio. Si es cierto que aquí hay una crítica al espectador o a la cultura otaku, entonces es una crítica durísima por parte de alguien que no tiene en ninguna estima a sus espectadores y que desprecia la cultura otaku.

Recordemos que esa cultura otaku nació como algo eminentemente masculino y con un cierto componente sexual alimentado por el fanservice, dando lugar a actitudes claramente machistas. Recordemos también que, en sus inicios, el término otaku era despectivo y que pertenecer a ese colectivo se veía como algo poco deseable. No obstante, siempre me ha resultado irónico que sea la propia Evangelion la que venga a criticar las consecuencias del fanservice cuando desde sus inicios se sustentó en gran medida en el fanservice y ofreció toneladas y toneladas de fanservice. Ya en el primer capítulo teníamos a una Rei herida, recostada en una camilla, gimiendo. No mucho después la veíamos desnuda en su apartamento y Shinji tenía un pequeño "tropiezo" que le hacía caer sobre ella, apoyando su mano sobre su pecho y desparramando el cajón de su ropa interior sobre ellos. Rei, Asuka, Misato... estos personajes se abordan casi siempre desde una mirada masculina. ¿Y qué es todo esto sino fanservice puro y duro? Todas estas escenas son alimento para las fantasías masculinas y contribuyen a objetificar a los personajes femeninos. ¿Qué tipo de espectador puede encontrar atractivas estas escenas? ¿El mismo que se masturba pensando en estos personajes? Cuando Shinji se masturba sobre una Asuka inmóvil, pasiva, sumisa, totalmente inerte cual imagen de un póster o una revista... ¿acaso no está reflejando lo repugnante que resulta esta conducta?

Desde mi punto de vista, el problema no radica en sentir deseos sexuales o en masturbarse pensando en una chica atractiva, aunque sea un personaje de ficción. El problema es reducir a la mujer a un objeto sexual cuyo único objetivo es complacer al hombre. El problema es criticar a un personaje cuando se aleja del estereotipo deseable a ojos masculinos. El problema es creer que la violencia es una respuesta adecuada cuando a un hombre se le niegan sus necesidades. En ese sentido, el mensaje de The End of Evangelion parece claro: el fin del mundo comienza con un hombre que ejerce violencia contra una mujer cuando esta se niega a darle lo que quiere. Es un mensaje durísimo, toda una bofetada de realidad, aunque por desgracia creo que pocas veces se le ha prestado la debida atención. Es tan difícil conectar con el Shinji de la película y cuesta tanto ponerse en su lugar que la reflexión no tiene cabida. Sólo hay espacio para el rechazo porque mirarnos en ese espejo oscuro nos hace demasiado daño.


The End of Evangelion es una película extraña, violenta y desasosegante. Trata sobre la desesperanza y la muerte, sobre lo irredimibles que somos los seres humanos y sobre cómo nos dejamos arrastrar por nuestras propias angustias psicosexuales. Encuentra sentido en la aniquilación y el fin del mundo, hasta el punto de que los presenta como un objetivo deseable. En definitiva, parece diseñada para hacer daño, para abrir heridas. Es auténtica autodestrucción.

Nunca sabré con seguridad qué estaba pensando Anno en ese momento ni qué tipo de cacao psicoanalítico se había metido en la cabeza para plantear la película de esta forma. Es sabido que el director se informó mucho sobre la depresión mientras trabajaba en la serie, de forma que parte de sus lecturas se vieron reflejadas en la historia. Sospecho que la mayoría de ellas partían de una perspectiva psicoanalítica y... bueno, tengo algunas cosas que decir sobre el psicoanálisis. Yo soy psicólogo, lo que quiere decir que he cursado la carrera de Psicología. La Psicología, al menos la de orientación cognitivo-conductual, es una ciencia porque usa el método científico. Eso significa que está basada en la evidencia, en lo que puede ser observado, medido y estudiado. El psicoanálisis, en cambio, no es una ciencia porque no usa el método científico, sino un método propio llamado método psicoanalítico. Por tanto, el psicoanálisis no se basa en la evidencia, no parte de lo observable y medible. El psicoanálisis se basa en una serie de asunciones sobre el funcionamiento interno de las personas que, con frecuencia, son pura palabrería imposible de demostrar. Si ya dentro de la Psicología se pueden encontrar corrientes de pensamiento bastante criticables en cuanto a su laxa relación con el método científico, como la llamada "psicología positiva" o el "mindfulness", el psicoanálisis es un terreno fértil para los cuentistas y los engañabobos. Por tanto, mi recomendación para una persona que esté sufriendo un episodio depresivo siempre será que busque ayuda en la ciencia. No negaré que el psicoanálisis puede ser una herramienta interesante para explorar la experiencia humana y para encontrar significados en el arte, la literatura y el cine, pero para mí la frontera está muy clara: en caso de trastorno mental, la terapia debe ser siempre psicológica y no psicoanalítica.

Puede que a Anno el psicoanálisis le ofreciese las respuestas que buscaba o puede que no. Eso no puedo saberlo. Lo que me parece indudable es la gran influencia del psicoanálisis sobre Evangelion y muy especialmente sobre The End of Evangelion, lo cual contribuyó sin duda a su aura de misterio y extrañeza. Después de todo, la gran mayoría del público no tiene conocimientos sobre el psicoanálisis. Yo mismo, que me he visto obligado a estudiar a los principales psicoanalistas en mi formación, tengo un conocimiento escaso y parcial sobre el psicoanálisis. Lo que sinceramente puedo decir es que si las respuestas sobre la experiencia humana que nos puede ofrecer esta disciplina son las que aparecen en The End of Evangelion no las quiero para nada. No son constructivas. No son sanas. No son terapéuticas. Son todo lo opuesto. Son la autodestrucción.

Cuando llegó The End of Evangelion yo estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida. De hecho, estaba pasando por un largo episodio depresivo, aunque entonces no supe identificarlo como tal. Así que, en lugar de ayudarme, la película vino a reforzar todas las ideas negativas que tenía en la cabeza y a apoyar la peor de las actitudes: la de abrazar el "fin del mundo", asumiendo que ninguna de nuestras acciones tiene valor y que, en cierto sentido, estaríamos mejor muertos. Con el tiempo he llegado a ver la influencia que ha tenido The End of Evangelion en mi propio desarrollo como persona... y no ha sido lo que se dice una influencia positiva. En mi progresivo desencanto hacia la sociedad actual siento la mano de The End of Evangelion. En mi actitud hacia la inminente crisis climática siento la mano de The End of Evangelion. En mis dificultades para perdonar a las personas que me han hecho daño siento la mano de The End of Evangelion. En la facilidad con la que abrazo la soledad y el aislamiento siento la mano de The End of Evangelion. Esta película me provocó mucho dolor, me hizo mucho daño, me abrió unas heridas muy profundas... o quizá reabrió las heridas ya existentes, que nunca habían llegado a cicatrizar, esas heridas que siempre habían estado ahí. Si todo hubiese acabado en The End of Evangelion, esta sería una historia de amargura, resentimiento y resignación... pero Evangelion no acabó ahí. Afortunadamente, no acabó ahí.


Si algo está dejando claro este texto es lo complicado que me resulta hablar sobre cualquier aspecto de Evangelion sin acabar desviándome. Hay demasiado contexto que abordar, demasiadas temáticas interconectadas que explicar, demasiadas emociones contradictorias que expresar. Ya decía al principio que mi relación con Evangelion era complicada y en gran medida la causa fue The End of Evangelion. He amado esta película tanto como la he odiado. La he abrazado tantas veces como la he rechazado. He intentado analizarla y entenderla tantas veces como la he tachado de desvarío sin ningún tipo de sentido. Si tuvieses que elegir varios momentos de mi vida al azar, encontrarías que en uno estoy obsesionado con los significados secretos de Evangelion mientras leo imposibles teorías sobre la Puerta de Gauf o intento memorizar la estructura del Árbol de la Vida, en otro escucho de forma compulsiva Komm, süsser Tod mientras pienso que los humanos estaríamos mejor muertos, en otro defiendo que The End of Evangelion es la venganza definitiva de Hideaki Anno contra todos nosotros y en otro he dejado completamente de lado la franquicia por creer que al fin había logrado pasar página. Cuando llegó el Rebuild of Evangelion, esa nueva reimaginación de la historia en forma de cuatro películas, estaba pasando por uno de esos momentos de rechazo en los que daba de lado a todo lo mínimamente relacionado con Evangelion.

En aquel momento estaba cansado sobre la eterna discusión sobre cuál era el "auténtico final" de Evangelion. Ya había pasado por el final de la serie, por Death and Rebirth, por The End of Evangelion, por el One More Final, por el manga de Yoshiyuki Sadamoto y por unos cuantos spin-offs, así que consideraba que ya sabía todo lo que hacía falta saber sobre esta historia. Entonces creía en esa vieja teoría que empezó a sonar con fuerza tras The End of Evangelion en la que se afirmaba que la historia de la franquicia era cíclica y se repetía eternamente; un ciclo interminable de creación y destrucción que hablaba sobre la muerte y el renacimiento, tanto en sentido literal, mostrando el fin del mundo, como en sentido figurado, representando la experiencia de superar un episodio depresivo y "renacer" al mundo tras haber estado muerto en vida. Para mí tenía todo el sentido del mundo, ya que en mi interior el ciclo de Evangelion se había repetido innumerables veces, tantas como veces había amado la obra de Anno para luego odiarla y volverla a amar al final. El único significado que tenía para mí Evangelion en aquel tiempo era representar la prisión a la que estamos condenados, esa prisión llamada existencia contra la que estamos destinados a chocar eternamente. El dolor y las heridas eran la prueba de que uno estaba vivo, pero la esperanza de curación era un imposible al que aspirar, una vana ilusión para seguir adelante. En el fondo, todos estamos rotos. No tenemos arreglo. Eso es lo que creía en lo más profundo de mi fuero interno.

Creía en estas ideas a pies juntillas y, por eso, cuando comenzó el Rebuild of Evangelion, lo que deseaba era una confirmación. Quería repetir el mismo ciclo una vez más y demostrar que tenía razón. Quería llegar otra vez a The End of Evangelion y afirmar: "¿Lo veis? Todos estamos rotos. Estaríamos mejor muertos. Deberíamos desaparecer". Cuando al fin llegó Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone y vi que se empezaban a intuir algunos cambios respecto a "mi" Evangelion, tengo que admitir que no me los tomé demasiado bien. Escribí un texto al respecto en este mismo blog hace años, pero no voy a enlazarlo aquí porque no estoy muy orgulloso de él. Fue la opinión de una persona cerrada a la posibilidad de cambio, una persona que estaba cómoda con sus heridas y no quería que sanasen. Cómo me hubiese sorprendido entonces descubrir que aquel Rebuild of Evangelion iba a tratar en última instancia sobre la sanación, rompiendo el ciclo de una vez y para siempre.


Seamos claros: al igual que la serie original, el Rebuild of Evangelion es una confusa mezcolanza de ideas y conceptos abstractos envueltos en una animación espectacular, unos diseños mecánicos asombrosos y una banda sonora en la que Shirō Sagisu da rienda suelta a todo lo que tiene, remezclando temas clásicos con los coros más apocalípticos imaginables. Además, uno de los principales atractivos del Rebuild es, como no podía ser de otra forma, el fanservice más descarado. Estas cuatro películas son, ante todo, una actualización de una franquicia muy lucrativa y su objetivo último era hacer mucho, muchísimo dinero. Podrían haber repetido exactamente lo mismo que hizo la serie original punto por punto con una nueva animación capaz de quitarle el hipo al público y nadie las habría criticado por ello. De hecho, muchísima gente habría pagado encantada por ver algo así, entre ellos yo mismo. No obstante, Rebuild of Evangelion no es una réplica de la serie original ni un proyecto acomodaticio. Ya desde Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone, que es la película más convencional de las cuatro en el sentido de que es la que menos altera la historia original, se intuyen cambios profundos sobre la figura de Kaworu y el papel que desempeña. Ya en Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance los cambios se hacen innegables... y son cambios que afectan a aspectos mucho más importantes que ligeras alteraciones en el diseño del EVA-02 para poder vender más figuras o la inclusión del personaje de Mari para seguir alimentando el fanservice.

Creo que Rebuild of Evangelion partió de una idea clara; una idea que no suponía rehacer Evangelion punto por punto... o al menos no sólo eso. Sin embargo, creo que su producción tuvo tantos problemas como la de la serie original. Quizá el presupuesto ya no fuese una preocupación, pero creativamente debió suponer más de un conflicto. Los avances que pueden verse al final de Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance y Neon Genesis Evangelion 3.33 You Can (Not) Redo no tienen nada que ver con las películas que hay a continuación, lo que me hace pensar en las numerosas reescrituras y cambios de planes que debieron producirse durante los años de producción del Rebuild. Es más, los constantes retrasos de Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time también apuntan en esa dirección. Sospecho que Hideaki Anno tuvo ciertos problemas con el Rebuild y que la identidad del proyecto se fue alterando con el tiempo, si bien su base se mantuvo más o menos constante. Al fin y al cabo, Evangelion es una franquicia viva y sus distintos productos se han ido retroalimentando unos a otros. El Rebuild se alimentó de la serie original, Death and Rebirth y The End of Evangelion, pero también del manga de Yoshiyuki Sadamoto, de los spin-offs, del fanfic, del cosplay y del merchandising. Eso por no hablar de que, para cuando se produjo el estreno de Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time, Anno ya era un director consagrado más allá del mundo del anime, con películas tan exitosas como Shin Godzilla. Estoy convencido de que el Rebuild acabó siendo como es por una suma de influencias y circunstancias, algunas intencionales y otras no; algunas conscientes, otras no; algunas deseadas, otras no.

Lo cierto es que resulta muy difícil desligar cualquier aspecto de Evangelion de la maraña de influencias de la que se derivó. Por ejemplo, cabe destacar que uno de los primeros trabajos de Anno como animador fue encargarse de la secuencia del despertar del Dios Guerrero de Nausicaä del Valle del Viento, el clásico de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli. Creo que la imagen de esa gigantesca figura ultraterrena dotada de un poder destructivo inimaginable que, sin embargo, estaba compuesta por carne y sangre que se descomponía con rapidez, fue una de las influencias más claras a la hora de idear a los EVAs. Unos años después, Anno escribió y dirigió Top wo nerae! Gunbuster, una serie de OVAs en las que se cimentó el compromiso del Estudio Gainax por el subgénero real robot. Entendido como opuesto del super robot, en el que los robots gigantes tienen capacidades que van más allá de la ciencia, el real robot presta una especial atención a la verosimilitud del funcionamiento de los robots, que se definen tanto por sus propias limitaciones como por las limitaciones de su piloto. En Gunbuster, sin ir más lejos, se tiene incluso en cuenta la teoría de la relatividad y el hecho de que el tiempo no transcurre a igual velocidad para un objeto que permanece en tierra y para otro que se desplaza por el espacio a la velocidad de la luz. De la influencia de Gunbuster vienen el cable umbilical de los EVAs y su límite de cinco minutos de energía cuando no están conectados, entre otras muchas cosas. Pero claro, el real robot nunca habría existido como tal sin la serie original de Mobile Suit Gundam y sus derivados, como Space Runaway Ideon, ambas de Yoshiyuki Tomino, una de las influencias más directas sobre Anno y, por extensión, sobre Evangelion. Si Gundam no hubiera existido, la mezcla de los géneros real robot y super robot de Evangelion no habría resultado tan sorprendente ni tan revolucionaria. Si Ideon no hubiera existido... bueno, teniendo en cuenta que se dice que el tono de The End of Evangelion se debe en gran medida a la dramática conclusión de Ideon, es posible que nos hubiésemos ahorrado bastante sufrimiento.

Lo que en definitiva estoy intentando transmitir es que el Rebuild es algo más que una serie de cuatro películas: es la suma de todas las historias previas de Evangelion, de todas sus influencias y de todo lo que esta franquicia ha supuesto para el mundo; es la suma de la experiencia vital de Hideaki Anno como persona y como director, la conclusión de un diálogo de años y años con sus espectadores, su mensaje final al mundo. Es un proyecto comercial, sí, pero también una obra de autor, comprometida con una visión que se ha ido alterando con los años, que ha ido creciendo, madurando, y que, ahora, al fin, ha alcanzado lo que parece ser su forma definitiva. Dicho de otra manera, era necesario que pasásemos por todo lo que hemos pasado para que el Rebuild of Evangelion sea como es. Esta es la culminación de toda una carrera creativa y de toda una vida tratando de encontrar significado a unas experiencias oscuras y dolorosas, buscando la luz. El Rebuild ha sido algo vivo y, con su final, nos ha dejado una enseñanza igualmente viva, que seguirá creciendo con nosotros durante los años venideros.


Pero estoy siendo demasiado críptico y me estoy yendo otra vez por las ramas. Pongamos los pies en el suelo y pasemos a algo más concreto: Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone. La primera de las cuatro películas del Rebuild es quizá la menos interesante y la que menos novedades aporta, pero también es un importante paso adelante en la intención de ofrecer una versión coherente y comprensiva de la historia de Evangelion. La serie se hizo popular, en parte, por su oscurantismo, porque para seguir su argumento era necesario estar familiarizado con toda una colección de términos extraños y principios extravagantes. Este oscurantismo se vio acrecentado por su primera adaptación al castellano, plagada de traducciones cuestionables, cambios inexplicables y pronunciaciones poco acertadas. De hecho, la edición de la serie en vídeo VHS destacó por gazapos tan curiosos como llamar "Campo Anti-Tanque" al Campo A.T. o por denominar "Ángeles" a lo que seguramente debía haberse traducido como "Apóstoles", tal y como se tradujo poco después en el manga para disgusto de muchos aficionados. Si ya costaba seguir la historia, hacerlo en semejantes condiciones lo hacía aún más complicado... pero también acrecentaba su aura de misterio y la hacía más atractiva. Pues bien, Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone hizo lo posible por reducir el oscurantismo al máximo, eligiendo qué misterios merecían ser explorados en el Rebuild y cuáles podían ignorarse; una labor que luego continuó Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance.

Creo que, intencionalmente, el Rebuild dejó a un lado algunos misterios que sólo servían para distraer la atención sobre los temas principales de la serie. Algunos de esos misterios incluso se contradecían entre sí. Por ejemplo, el misterio sobre el alama que habita en el interior del EVA-00. Si Shinji puede pilotar el EVA-01 porque el alma de su madre, Yui Ikari, está en su interior y Asuka puede pilotar el EVA-02 por su conexión con el alma de su madre, también contenida por su robot gigante, ¿qué conexión existe entre Rei y el alma del EVA-00? ¿Hay un alma en el EVA-00? ¿Y cuál es? ¿La de Lilith? ¿La de la Doctora Naoko Akagi? ¿La de Rei I, el primer clon infantil de Rei? El consenso general a lo largo de los años ha llegado a la conclusión de que se trata del alma de Rei I, pero... ¿acaso importa para la historia de Rei y su desarrollo como personaje? El Rebuild opta por ignorar este misterio e incluso cambia el origen de Asuka para que nos olvidemos también del alma del EVA-02 y nos centremos en la del EVA-01, que no sólo es central en la historia sino también en los temas que se tratan en Evangelion. Es, desde mi punto de vista, una decisión acertada: reduce la cantidad de ruido ambiental y permite escuchar la melodía principal con más claridad, por expresarlo en forma de metáfora.

Lo mismo se puede aplicar a la confusión entre Adán y Lilith. En la serie original, los personajes tienen dudas sobre la identidad del "gigante del sótano" de NERV y se refieren a él como Adán en alguna que otra ocasión. En ese punto, el Adán ya había aparecido previamente en su estado embrionario, por lo que la serie nos invitaba a pensar que ese embrión se había desarrollado hasta convertirse en ese "gigante de sótano". No es hasta el antepenúltimo episodio, con la llegada de Kaworu, que se descubre que ese gigante es en realidad Lilith y no Adán; una revelación que recontextualiza las acciones de los Ángeles pero que sólo sirve para descolocar al espectador y hacer que se pregunte por la localización del Adán, uno de los temas estrella en las discusiones antes del estreno de Death and Rebirth y The End of Evangelion. El Rebuild se ahorra todo esto y llama Lilith al "gigante del sótano" desde el principio. Es más, incluso reduce sustancialmente el papel del Adán, eliminando de un plumazo la trama sobre el embrión que, en la serie, acaba implantado en la mano de Gendo Ikari. Su función aquí es sustituida por algo llamado la "llave de Nabucodonosor", que sirve de excusa para despojar a Gendo de su humanidad y no tiene más trascendencia. Todo ello para reducir el ruido y dejar que la melodía haga su trabajo.


Por desgracia, no todos los cambios narrativos del Rebuild funcionan igual de bien, en parte por las múltiples reescrituras por las que supongo que pasó a lo largo de su desarrollo. Veamos un ejemplo concreto de esta situación. La primera película del Rebuild prescinde de la escena en la que Shinji se encuentra con Kensuke en su huida de NERV y se queda con él en su campamento. Esa escena hubiese aportado poco a Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone, pero habría asentado de una forma estupenda las bases de Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Kensuke es algo más que un otaku de lo militar, sino que también es lo que hoy llamaríamos un "survivalista": además de ser aficionado a las armas realiza ejercicios de supervivencia, preparándose para la llegada de un supuesto conflicto futuro y aprendiendo a subsistir por sus propios medios. Mostrar eso habría ayudado a entender mejor el papel de Kensuke en ese idílico pueblo en el que refugian los supervivientes del "Casi Tercer Impacto". Pero claro, en el momento en el que se escribió la primera película del Rebuild no había una dirección clara que llevase hasta la cuarta, que entonces no sería más que vago conjunto de ideas inconexas que se irían quedando por el camino con los años. Hay muchos casos así en Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) AloneNeon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance: pequeñas escenas de la serie que podrían haber aportado mucho al conjunto y que se echan en falta. También se da el caso contrario, pues a veces se introducen escenas nuevas que aportan poco pese a su gran espectacularidad. En cualquier caso, son pequeñas asperezas fáciles de pasar por alto.

Lo más importante es que, pese a todos esos cambios sobre la marcha, sí que se percibe un hilo temático a lo largo de tobo el Rebuild. En Neon Genesis Evangelion 1.11 You Are (Not) Alone, Shinji descubre algo por lo que merece la pena luchar. Ese algo es Rei, por supuesto, cuyo cascarón ha empezado a romperse, abriéndose a la vida y al mundo. Rei, que hasta entonces era poco más que una muñequita obediente para Gendo, empieza a sentir emociones genuinas gracias a Shinji, que la invita a sonreír y la valora como un ser humano, no como un muñeca de la que se puede disponer sin problema. Evidentemente, Shinji no conoce que Rei es en realidad un clon del cuerpo de su madre, Yui, al que de alguna forma se le ha insuflado el espíritu de Lilith, madre de la humanidad: para Shinji, Rei es un ser humano. Es más, quizá sea el primer ser humano por el que siente algo auténtico. Así que, cuando Rei se encuentra en peligro al final de Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance, Shinji actúa como se supone que debe actuar el héroe de un anime y lo arriesga todo para salvarla. Ese momento es el punto de inflexión en la historia global del Rebuild y de él surge el tema principal  sobre el que tratan estas películas en realidad: la vida no es un anime, los héroes no existen y los problemas no se solucionan a golpes.


Al intentar salvar a Rei, Shinji provoca el "Casi Tercer Impacto" y arrasa el mundo, lo que nos lleva hasta Neon Genesis Evangelion 3.33 You Can (Not) Redo. En su momento fue una película muy polémica y sufrió el rechazo de muchos de los seguidores más recalcitrantes de Evangelion. Esta fue la película que decidió distanciarse de la historia original de la serie y seguir por un camino nuevo, mostrando las consecuencias del supuesto "heroísmo" de Shinji: un mundo herido y casi muerto, una Rei que vuelve a ser una muñeca sin emociones, los antiguos amigos de Shinji en su contra... Vista de forma independiente, esta película es dura. Shinji actúa como un héroe anime y es castigado por ello, lo cual hace que el espectador acostumbrado a los tópicos del anime se sienta un tanto traicionado. La conclusión de Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance, que bien podría haber aparecido en cualquier anime heroico como Tegen Toppa Gurren-Lagann, con quien muchos la compararon en su momento, fue un ilusión. Porque la vida no es un anime, los héroes no existen y los problemas no se solucionan a golpes. Cuando creemos que la vida es un anime y tratamos de abordar los desafíos que nos presenta como si fuéramos los héroes de uno estamos abocados al desastre, como Shinji. La vida es demasiado compleja. Las personas son demasiados complicadas. Nadie entra en razón a base de golpes. El mundo no se puede cambiar a puñetazos. Al contrario, el mundo se rompe si intentamos cambiarlo a puñetazos.

Neon Genesis Evangelion 3.33 You Can (Not) Redo resulta dura al considerarla en solitario porque a su devastador mensaje le falta la alternativa que ofrece la cuarta y última película, la que conecta temáticamente todo el Rebuild. Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time nos dice, literalmente, que hay batallas que no se ganan a golpes. El combate final entre Shinji y su padre, con el destino del mundo en juego, empieza como podría empezar cualquier enfrentamiento de cualquier anime, pero pronto toma un giro inesperado y se convierte en un diálogo que obliga a Shinji a escuchar, a empatizar y a comprender. Dicho combate, que emula con toda la intención los episodios de Ultraman que Anno veía de niño, es puro teatro y, de hecho, se muestra como una coreografía, una falsedad, un artificio. Pronto se distancia con rapidez de los clichés típicos del anime y se convierte en otra cosa. Los niños creen que la vida es un anime y que los problemas se pueden solucionar por la fuerza, siendo el más fuerte, el más listo, el más valeroso, el mejor. En cambio, los adultos entiende que la vida es compleja, que las personas son complicadas y que los problemas requieren saber escuchar, saber empatizar y saber comprender. El mundo se rompe si intentamos cambiarlo a puñetazos... pero siempre se puede arreglar con un poco de diálogo sincero. Porque así es como arreglan sus problemas los adultos: hablando. Así pues, Shinji madura al fin y hace lo impensable, lo que nunca se había atrevido a hacer: habla con su padre. Ambos se abren el uno al otro y se comprenden como nunca se habían comprendido. Y el mundo se arregla. El dolor queda atrás. La vida continúa. El futuro se abre ante Shinji tras tantos y tantos años atrapado en una adolescencia interminable.


Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time consigue hacer algo sorprendente que tanto la serie como las películas anteriores no lograron del todo: conseguir que el espectador empatice con Gendo Ikari. Creo que no es casualidad que nosotros, en el mundo real, conectemos con Gendo y lo humanicemos justo en la misma película en la que su hijo lo hace también. Puede que conociésemos la motivación oculta de Gendo desde hace mucho tiempo y que supiésemos que detrás de sus acciones se escondía la intención de reunirse de nuevo con Yui, pero aún así resultaba complicado sentir algo hacia él que no fuese desprecio. Pero el final del Rebuild nos hace sentir simpatía hacia él. Nos hace entenderle. Puede que incluso nos haga quererle un poco. Quizá nosotros habríamos hecho lo mismo en su lugar, después de todo. Eso es lo que consigue el diálogo: que entendamos a la gente, que empaticemos con la gente. Eso es lo que supone madurar y dejar de ser un adolescente que sólo piensa en sí mismo y en sus necesidades. Cuando Shinji intenta rescatar a Rei en Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance lo hace por egoísmo, para no quedarse solo, para no perder lo que había ganado. No piensa en las consecuencias que sus acciones pueden suponer para los demás y no le importa destruir el mundo con tal de obtener lo que necesita. En cambio, cuando Shinji rescata a Gendo de sus propias maquinaciones en Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time lo hace de forma desinteresada, por el bien del propio Gendo y del mundo entero. En esa diferencia radica el mensaje del Rebuild; ese es el hilo temático que lo conecta todo. La última historia de Evangelion nos habla sobre madurar, sobre abandonar el egoísmo, sobre cerrar heridas a través del diálogo, la empatía y la comprensión.

Dicho de otra forma, el mundo no se cambia por la fuerza, a puñetazos: el mundo se cambia hablando con la gente y llegando a un entendimiento sincero. Cualquier acción que nazca del egoísmo sólo conduce al desastre, mientras que las acciones desinteresadas abren el camino hacia el futuro. Ese es el mensaje último que emana de estas cuatro películas, no exento de cierta crítica hacia la cultura anime y su eterna adolescencia plagada de héroes que superan cualquier adversidad a base de pura fuerza de voluntad. El mundo real no funciona así. Shinji no es el héroe de un anime, como no lo somos nosotros. Ha llegado el momento de aceptarlo y crecer.

Es necesario valorar las cuatro películas en su conjunto para llegar a entender qué es lo que pretenden contarnos, ya que, una vez más, sus temas quedan un tanto diluidos por el oscurantismo de sus conceptos y los misterios a los que se alude en todo momento. Una vez más, abogo por no dejarse caer en el pozo que supone la búsqueda de los supuestos "significados ocultos" en favor de una lectura más humana. El viaje de los personajes puede ser extraño, pero es algo que todos podemos entender. Después de todo, el viaje de Shinji no es nada más que la llegada a la madurez.


Otro elemento que une las cuatro películas y sirve como hilo conductor de sus temas es el personaje de Kaworu. Presente ya desde la primera cinta, Kaworu desempeña un papel parecido al que desempeñó en la serie hace tantos años, pero con un matiz diferenciador muy importante: el personaje es consciente de que esta no es la primera vez que se encuentra con Shinji. "Esta vez conseguiré hacerte feliz", le dice a Shinji en un momento determinado, como si supusiese que ha fracasado en su objetivo en muchas ocasiones anteriores. De hecho, así ha sido: ya en la cuarta película se desvela que Kaworu está atrapado en una especie de ciclo eterno de creación y destrucción. Cuando se despierta en la Luna y se encuentra en algo parecido a un sarcófago, a un lado puede ver una hilera interminable de sarcófagos vacíos (las vidas anteriores que Kaworu ya ha vivido) y, al otro, una hilera de sarcófagos cerrados (las vida futuras que aún está por vivir). Parece que Kaworu se ha despertado allí muchas veces y ha vivido su vida muchas veces, encontrándose con Shinji y acabando siempre muerto. También parece que ha intentado alterar su destino de alguna forma, llevando a cabo distintas acciones en busca de su objetivo, que no es otro que hacer feliz a Shinji. La cadena de sucesos es algo distinta en el Rebuild, pero el papel de Kaworu es el mismo: justo en el momento más bajo de Shinji, cuando más se ha encerrado en sí mismo, aparece Kaworu y le ofrece un amor puro e incondicional.

Hasta ahora he evitado comentar el tipo de relación que existe entre ambos personajes, pero el tema merece al menos un par de pinceladas. No tiene mucho sentido hablar sobre lo que siente Kaworu hacia Shinji porque es evidente. Kaworu ama a Shinji de una forma completa, auténtica y, como decía antes, incondicional. Sin embargo, me atrevería a decir que Kaworu ama en realidad a todo el mundo, pues cuando se sacrifica no lo hace sólo por Shinji, sino por la humanidad al completo. Kaworu ama la vida misma y a todos los seres vivos porque en su interior esconde la semilla de la vida: su alma es la de Adán, el primer Ángel reencarnado en un cuerpo humano, igual que el alma de Lilith se encuentra en el interior del cuerpo clónico de Rei. No obstante, la cosa se complica si hablamos de lo que siente Shinji hacia Kaworu. ¿Ama Shinji a Kaworu? Y de ser así, ¿de qué tipo de amor estaríamos hablando? ¿Sería un amor abstracto y conceptual, es decir, un amor platónico? ¿Un amor fraternal quizá? ¿Puede que un amor romántico? Las películas tienen mucho cuidado de no mostrar demasiado para mantener siempre cierta ambigüedad y, de esta forma, dejar que el espectador pueda pensar lo que quiera. En ese sentido, mi lectura personal es tan válida como la de cualquier otra persona. Yo creo que, en efecto, Shinji ama a Kaworu y, de hecho, la relación entre ambos personajes ha sido un elemento en el que he querido buscar validación y reafirmación muchas veces. Al mismo tiempo, también ha sido una gigantesca fuente de frustración. Como alimento para los aficionados al BL y enésimo ejemplo de fanservice dentro de la franquicia Evangelion es un asunto divertido, pero la pareja formada por estos personajes deja mucho que desear como representación LGBT+. Mari, personaje del que hablaré un poco más adelante, es mucho mejor representación LGBT+ que Shinji o Kaworu. Como poco es una representación menos engañosa, más sincera y más abierta.

En cualquier caso, la presencia de Kaworu es tan fundamental en el Rebuild como lo fue en al serie original. Su muerte, algo distinta en esta ocasión pero también responsabilidad de Shinji al fin y al cabo, es el golpe definitivo que termina de hundir a este en el abismo... y cuando se ha llegado hasta lo más bajo ya sólo queda buscar la forma de volver a subir: procesar la pérdida, asimilarla, aceptarla y seguir adelante, un proceso para el que Shinji necesita buena parte de la siguiente película. Me resulta interesante pensar que el papel de Kaworu siempre incluye su propia muerte, ya sea a manos de Shinji como en la serie original (y el manga) o por el collar explosivo de Neon Genesis Evangelion 3.33 You Can (Not) Redo. Atrapado como está en esa especie de ciclo de muerte y renacimiento, eso quiere decir que Kaworu ha muerto múltiples veces, que ha aceptado su sacrificio todas y cada una de las veces, que Shinji ha sido lo último que ha visto en cada una de esas ocasiones. ¿Cuántas veces ha muerto? ¿Cuántos ciclos ha completado? ¿Decenas? ¿Cientos? ¿Miles incluso? Y aún así, llegado el momento de sacrificarse para salvar a Shinji y a toda la humanidad, siempre acepta su destino con una sonrisa. Incluso después de haber muerto múltiples veces a manos de Shinji, Kaworu siempre toma la misma decisión. Si eso no es amor, ¿qué otra cosa lo es? ¿Cómo no amar a Kaworu sabiendo esto?


El ciclo de muerte y resurrección de Kaworu sirve para, de alguna forma, oficializar esa vieja teoría que mencioné antes y que ha estado circulando por la red desde el estreno de The End of Evangelion: la que dice que la historia de la franquicia es circular, que Evangelion se repite continuamente en un ciclo eterno de destrucción y renacimiento. No está exenta de contradicciones y críticas, pero entiendo el gran atractivo de esta teoría. Si nos atenemos a ella, cada historia particular ambientada en este universo no contradice a las demás, sino que puede coexistir con ellas argumentando que se trata de una vuelta distinta del ciclo. La serie original sería el primer ciclo, con la introducción de Shinji, la llegada de Kaworu, la destrucción del mundo durante el Tercer Impacto y el nacimiento de un mundo nuevo gracias a la decisión de Shinji. Death and Rebirth y The End of Evangelion serían otro ciclo, lo que nos ahorraría tener que discutir sobre cómo encajan los dos últimos capítulos de la serie original en la versión del Tercer Impacto que muestra The End of Evangelion. El manga, con todos sus puntos en común con la serie y las películas, así como con todos sus puntos divergentes, podría ser otro ciclo. Y, por supuesto, las cuatro películas del Rebuild podrían ser otro ciclo. Es más, serían el último ciclo, pues lo que nos muestran es cómo se rompe ese ciclo interminable. Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time es la película que rompe el ciclo para Kaworu y también para nosotros, los espectadores. Es la película que ha venido con intención de sanarnos, de liberarnos. No espero que haya más Evangelion después de esta película. Ni siquiera lo deseo. Ya no lo necesito.

Si The End of Evangelion estaba narrada desde un lugar oscuro, Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time está narrada desde el lugar completamente opuesto. Su objetivo es sanar en lugar de herir, cerrar heridas en lugar de abrirlas. Para ello, recurre a recuperar gran parte de la célebre imaginería de The End of Evangelion para despojarla de su capacidad de hacer daño. Incluso la gigantesca figura de Lilith, tan solemne y terrible en su primera aparición, aparece aquí en una versión mucho más amable, menos abstracta, más "humana". Esto es intencional, por supuesto. El director conocía perfectamente el material con el que está trabajando y por eso supo cómo tergiversarlo, alterándolo de formas sutiles pero muy significativas. Al propio argumento de Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time, ya de por sí complicado, se la añade así toda una capa de metaficción que sólo tienen sentido cuando se conoce la obra original. En su última entrega, Evangelion es consciente de sí misma y del ciclo en el que ha estado atrapada; el mismo ciclo que ha tenido atrapados a sus fans y que tan beneficioso ha sido para los productores. Llegado el momento decisivo, el ciclo se rompe, sí, pero no lo hace sin ayuda. Ese ayuda, por cierto, llega desde el lugar más inesperado.


Llegados a este punto tenemos que hablar sobre Mari Illustrious Makinami, el personaje nuevo que introdujo el Rebuild. En su momento pensé que su presentación no era más que una excusa para aumentar la cantidad de fanservice de las películas y, de paso, vender más figuras. También creí que este nuevo personaje obedecía a motivos más enrevesados, como el de ser una especie de "tercera vía" para uno de los dilemas más absurdos que han tenido a los fans debatiendo durante años: ¿Con quién debería quedarse Shinji? ¿Con Rei o con Asuka? Confieso que llegué a pensar que Mari llegaba para convertirse en la nueva "pareja" de Shinji, evitando así que se ofreciese una solución definitiva a la cuestión que tan agitados ha tenido a los otakus de Evangelion. Sin embargo, Mari resultó ser un personaje bastante más complejo.

En realidad no lo supe hasta que leí el final del manga. Lo he mencionado varias veces a lo largo de este texto sin entrar en detalle, pero el manga de Yoshiyuki Sadamoto ofrece una versión fascinante de Evangelion. El hecho de haber comenzado poco después del estreno de la serie original y de haberse extendido en el tiempo durante años, hasta que el Rebuild ya estaba en marcha, ha dejado a este manga en una posición privilegiada y esto, a su vez, le ha permitido tomar elementos tanto del "viejo" Evangelion como del "nuevo". También le ha permitido influir en el Rebuild, pues por ejemplo las escenas de Shinji y Kaworu al piano en Neon Genesis Evangelion 3.33 You Can (Not) Redo tienen mucho que ver con la presentación de Kaworu en el manga. El caso es que lo más cercano que tenemos a una explicación sobre el origen de Mari es el capítulo extra que se incluyó en el último tomo del manga de Sadamoto.

En ese capítulo, nos trasladamos hasta la época universitaria de Yui Ikari, justo cuando comienza su relación con Gendo. El floreciente romance es visto con malos ojos por una joven compañera de Yui, que se siente atraída por ella y le embargan los celos. Yui lo sabe y, pese a todo, no rechaza a la muchacha. Al contrario, pues después de oír su confesión sigue mostrándose igual de amable. La chica acaba aceptando la situación y, finalmente, le dice a Yui que rezará para que ella y Gendo acaben estando juntos. Esa chica es, por supuesto, Mari, y ese capítulo extra del manga sirvió para que cambiase por completo mi percepción del personaje. Todas las escenas que comparte con Asuka en el Rebuild, en las que se refiere a ella constantemente como "princesa", pasaron a tener una interpretación distinta al conocer que Mari era un personaje LGBT+. Y, como no podía ser de otra manera, todas sus acciones en Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time tenían que ser interpretadas en base a su promesa a Yui. Lo cierto es que, en ese sentido, todo encaja: Mari interviene en los acontecimientos de la cuarta película para conseguir que Yui y Gendo acaben reuniéndose de nuevo, ayudando a romper el ciclo y liberando a Shiji y a sí misma de la "maldición del EVA" que los tiene atrapados en una adolescencia interminable. Al final del Rebuild, Shinji ha crecido y ha seguido adelante gracias a la ayuda de Mari, con quien comparte la última escena, ambientada en un nuevo mundo renacido; nuestro mundo, el mundo real.

¿Significa eso que Shinji y Mari acaban juntos? Parece poco probable si tenemos en cuenta ese capítulo concreto del manga, pero una vez más el director elige la ambigüedad con toda la intención. En el nuevo mundo, además de Shinji y Mari, también están Asuka, Rei y Kaworu, que pueden verse en la periferia. El espectador es libre de elegir cómo continúa la historia a partir de esa conclusión tan abierta, claro. Me gusta pensar que tanto Shinji como Mari han conseguido dejar el pasado atrás, haciendo borrón y cuenta nueva; que su futuro será completamente nuevo y no consistirá en revivir otra vez su pasado. Por tanto, Shinji habrá dejado atrás a Asuka, a Rei y a Kaworu, mientras que Mari habrá hecho lo propio con Yui. Shinji encontrará otro chico del que enamorarse y Mari a otra chica, de forma que todos tendrán su merecido final feliz. Pero claro, en este caso, igual que en el anterior, mi lectura personal es tan válida como la de cualquier otra persona.


Si pienso que Shinji y Mari dejan atrás sus fallidos romances anteriores es porque, en gran parte, Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time aborda el tema de la sanación tras una gran catástrofe. La película se refiere al "Casi Tercer Impacto", claro, pero sirve como metáfora para cualquier acontecimiento dañino o lesivo, desde un episodio depresivo hasta un conflicto bélico. Uno de los aspectos que más me sorprendieron y más me hicieron disfrutar de esta cuarta entrega es la estética de ese pequeño pueblecito en el que los supervivientes del "Casi Tercer Impacto" han hecho lo posible por reconstruir sus vidas. Allí, Tōji ejerce de médico mientras que Kensuke hace de "manitas". Jóvenes y viejos contribuyen a cultivar en la poca tierra disponible, resultando especialmente brillantes las escenas en las que Rei y las ancianas del pueblo ejercen de labriegas antes de ir a descansar a los baños. Existe una permanente sensación de temor, pues, más allá de los límites de ese reducido paraíso, enormes EVAs sin cabeza vagabundean sin destino por la tierra muerta. Pero al mismo tiempo, y esto es lo importante, se percibe una sensación de auténtica esperanza. El mundo puede sanar. Es más, el mundo ya ha empezado a sanar. Mientras Shinji llora la muerte de Kaworu, Rei es la primera en sentir esa esperanza, esa vida que renace, y queda embargada por ella. Cuando su cuerpo artificial muere, Rei ha abrazado la vida, ha amado la vida y ha sentido esa esperanza tan ingenua, tan humana.

Todas esas secuencias del pueblecito me retrotraen automáticamente al Japón de la posguerra. La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto incalculable sobre el país nipón y no sólo por la derrota o el lanzamiento de las bombas atómicas. Japón pasó a estar ocupado por los aliados y se instauró una censura que se mantuvo durante décadas. El espíritu nacional, enaltecido por el imperialismo y sus ansias expansionistas, quedó gravemente herido y la moral del pueblo se desplomó. El poderío militar japonés había sido aplastado y la creencia en que su victoria era inevitable por intervención divina resultó ser una mentira. Con muchas ciudades destruidas, la hambruna fue inevitable y, con ella, el auge del mercado negro. El consumo de alcohol se disparó a medida que la gente buscaba evadirse y escapar de ese panorama tan desolador, dando lugar a lo que hoy se conoce como kyodatsujoutai (literalmente, "estado de letargo"). No obstante, el país consiguió salir adelante y, con el tiempo, acabó convirtiéndose en una de las grandes potencias económicas y culturales.

Los japoneses llaman Yamato-damashii o "Espíritu de Yamato" al carácter propio de su país. Aunque los ultranacionalistas lo usaron en el pasado como propaganda, lo cierto es que el concepto existía desde mucho antes, al menos desde el siglo XI. El Espíritu de Yamato es una especie de sentido común o de sabiduría compartida que ha permitido a los japoneses salir adelante frente a la adversidad. Es, por tanto, un símbolo de resiliencia nacional al que se apela en momentos de gran dificultad. En Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time, la última operación de NERV para evitar los planes de SEELE se llama "Operación Yamato" y no creo que sea casualidad. En Neon Genesis Evangelion 2.22 You Can (Not) Advance, Shinji y sus amigos visitan un centro de conservación marina en el que sobreviven los animales que perdieron su hábitat tras el Segundo Impacto. Por su parte, Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time abre con una escena en la que NERV lucha para devolverle la luz y la vida a la ciudad de París y, poco después, nos muestra a los supervivientes del "Casi Tercer Impacto". La resiliencia es otro de los grandes temas del Rebuild, sin duda.


Resiliencia es lo que hemos necesitado los que vimos la serie original en su día y creímos a pies juntillas en ese mensaje de amor por la vida con el que terminaron sus dos últimos episodios. Después tuvimos que pasar por The End of Evangelion y tuvimos que cargar con toda esa amargura, ese resentimiento y esa resignación. Tuvimos que aceptar que aquel final que tanto habíamos apreciado no era el "auténtico final" y caímos en ese pozo insondable de supuestas teorías y explicaciones que nunca acabaron de llenarnos del todo. Afortunadamente, nuestra resiliencia nos ha permitido llegar hasta Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Al menos en mi caso, poder ver esta película ha sido una experiencia totalmente terapéutica y espero que para el bueno de Hideaki Anno haya supuesto una vivencia similar. Su mensaje sobre la esperanza y la sanación, incluso cuando todo parece perdido, me ha calado hasta lo más hondo y ha conseguido cerrar esas heridas abiertas con las que he cargado durante tantos años. Ahora me siento feliz porque he podido decirle adiós a Evangelion en los términos que siempre he deseado.

Para mí, Evangelion siempre ha estado asociada con ese ciclo de amor-odio que mencionaba al principio de este largo y confuso texto. No podía seguir adelante y siempre "recaía" en ella una y otra vez. Hasta ahora. Hasta Neon Genesis Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Siento que esta película es el final feliz que siempre he deseado. Siento que su mensaje es exactamente el mensaje que siempre he necesitado escuchar. Siento que esta es la despedida de Anno de estos personajes con los que ha debido compartir una relación tan conflictiva como la mía propia. Siento que es el indiscutible final verdadero de esta historia... y estoy muy agradecido por ello. Ha sido un auténtico privilegio poder vivir la historia de Evangelion desde sus inicios, con todas sus idas y venidas, sus polémicas, sus discusiones, sus aciertos y sus errores. Evangelion es imperfecta, pero su final... su final ha sido perfecto más allá de toda duda.

Ahora llega el momento más importante. El ciclo se ha roto y debemos mirar hacia adelante, hacia el futuro. Debemos sanar. Debemos madurar. Debemos crecer. Debemos dejar atrás Evangelion. Aunque estoy convencido de que tarde o temprano alguien querrá que vuelva, pues es una franquicia demasiado jugosa y demasiado rentable, tengo la impresión de que incluso Anno ha conseguido dejarla atrás. Y si Anno, que tan implicado ha estado en Evangelion y tanto ha puesto de sí mismo en ella a lo largo de los años, ha conseguido superarla... todos podemos hacerlo. Si hasta el llorón de Shinji ha podido avanzar al final, ¿por qué no voy a poder hacerlo yo? ¿Y por qué no vas a poder hacerlo tú?

Uno de los aspectos más admirables de los seres humanos es que somos capaces de reconstruir. Destruir es fácil; no tiene mérito alguno. Pero reconstruir... ah, eso es complicado. Muy complicado. La depresión destruye, pero su poder es limitado. Siempre se puede reconstruir. Siempre queda esperanza para el día de mañana, aunque no seamos capaces de verla. La muerte destruye, nos quita aquello que más apreciamos, pero su poder es limitado. Nuestra vida se puede reconstruir después de la pérdida de un ser querido, aunque al principio nos parezca imposible. El mundo puede derrumbarse ante nuestros pies en cualquier momento, la catástrofe siempre está a la vuelta de la esquina y el apocalipsis climático es una realidad con la que vamos a tener que aprender a convivir. ¡Pero aún así se puede reconstruir! ¡Se puede seguir adelante! Al igual que los habientes de ese maravilloso pueblecito que sobrevivieron al "Casi Tercer Impacto", nosotros también podemos seguir avanzando aunque todo parezca perdido. Sobre eso trata Evangelion, al fin y al cabo: reconstruir, sanar, cerrar heridas abiertas. Las nuestras propias. Las de los demás. Las del mundo mismo. Qué feliz estoy de haberlo entendido. Qué feliz estoy de creer esto de corazón por primera vez en mucho, muchísimo tiempo.

Este es el fin del viaje... pero también es el principio del viaje. Adiós, Shinji. Adiós, Evangelion. Gracias por todo y adiós.