6 de febrero de 2012

[Cómic] Reseña de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos"


Desencantado con el rumbo que ha tomado la editorial en los últimos tiempos, sigo recuperando viejos cómics DC que considero merecedores de atención. Es el caso de la miniserie de tres números titulada "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", publicada hace algún tiempo por Planeta en un único tomo que incluía diversos bocetos e ilustraciones.

Antes de comentar estos cómics es necesario repasar algunos antecedentes sobre el personaje de Adam Strange. Este aventurero espacial fue creado en 1958 por Gardner Fox y Mike Sekowsky, quienes muy probablemente se inspiraron en grandes clásicos como "Flash Gordon" o "John Carter de Marte". Adam Strange era un arqueólogo que gracias al poder de los Rayos Zeta inventados por el científico Sardath era transportado al exótico planeta Rann. Armado con una mochila propulsora, Adam se convertiría rápidamente en el héroe de Rann, un lugar de maravillas tecnológicas donde una civilización altamente avanzada convivía con extrañas y peligrosas criaturas. Su caracter aventurero le hizo ganarse el corazón de Alanna, la bella hija de Sardath, con la que compartiría muchas de sus aventuras. Durante los años siguientes a su primera aparición en la colección "Showcase" Adam sería una presencia habitual en diversos cómics DC.

Sin embargo, la naturaleza despreocupada y aventurera de sus aventuras originales de finales de los años 50 sufrió un brusco giro tres décadas después. El pesimismo era la tónica reinante en los cómics de los años 80 (baste recordar "Batman: El Regreso del Caballero Oscuro" o "Watchmen") y no tardó en apoderarse del destino de este alegre aventurero. El guionista británico Alan Moore recuperó a Adam Strange en una de sus historias para "La Cosa del Pantano", en la que narró una versión bastante más siniestra de su origen. Moore presentó un planeta Rann devastado por una antigua guerra nuclear y casi carente de vida. Sus habitantes, pese a sus conocimientos tecnológicos, habían ido perdiendo progresivamente la fertilidad, por lo que eran incapaces de concebir y se enfrentaban a una lenta extinción. Por este motivo Sardath exploró el universo con la esperanza de traer alguien a Rann que consiguiese revitalizar a su decadente especie. Lo consiguió cuando la casualidad guió a los Rayos Zeta hasta Adam Strange, quien acabaría emparejándose con su hija Alanna y dejándola embarazada.

Esta visión mucho más cínica del personaje es la que se exploró con más detalle en "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", miniserie que iba a titularse originalmente y de forma muy apropiada "La Caída de Adam Strange", obra de Richard Bruning, Andy Kubert y Adam Kubert.


Bruning, que había colaborado con Alan Moore como editor durante la creación de "Watchmen", siempre se había sentido atraído por el personaje y llevaba tiempo tratando de devolverle algo del protagonismo que había perdido con el tiempo. A pesar de su inexperiencia como escritor, se encargó de realizar los guiones de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", muy influenciados por la visión de Moore y por la dinámica de los cómics del momento. La parte gráfica contó con los hermanos Kubert (Andy a los lápices y Adam como colorista), hoy artistas consagrados pero quienes por aquel entonces aún estaban empezando a hacerse un nombre en la industria del cómic. Finalmente, "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" se publicó en 1990.

La historia crepuscular narrada por Bruning comienza cuando Sardath encuentra la manera de transportar a Adam de forma permanente a Rann (hasta entonces el efecto de los Rayos Zeta había sido temporal, devolviendo a Adam a su mundo natal tras cada aventura). Con Alanna embarazada y una hija en camino, Adam desea despedirse de su familia terrestre para asentarse definitivamente en Rann. Sin embargo, las cosas no van como esperaba. Su padre se está muriendo y su hermana le culpa por haber desatendido sus responsabilidades familiares en favor de su loca pasión por la arqueología, desconociendo sus aventuras en el lejano planeta. Todo empeora al volver a Rann: el nuevo Rayo Zeta enloquece temporalmente a Adam y hace que ataque brutalmente a Sardath, dejándolo malherido. Perseguido y exiliado por aquellos a los que antes protegía, temeroso de haber perdido tanto su vida en la Tierra como su vida en Rann, Adam se encontrará en su situación que cambiará radicalmente su vida.

Adam descubre, muy a su pesar, que pertenecer a dos mundos es como no pertenecer a ninguno. Durante su visita a la Tierra, los recuerdos sobre su hermano muerto, las recriminaciones de su hermana y el delicado estado de su padre le torturan. Al volver a Rann confirma lo que ya sospechaba: por muy heroico que sea, para los rannianos siempre será un simple alienígena. Sardath es un hombre de ciencia obsesionado por preservar el futuro de su mundo a cualquier precio y por cualquier método. Nunca buscó a un héroe, sino a alguien capaz de procrear. El atractivo planeta Rann dista mucho de ser un paraíso de ciencia ficción: aquellos que amenazan el orden son condenados al exilio y el fantasma de la guerra nuclear vuelve a estar presente. Esta dura realidad azota despiadadamente a Adam, de forma que el lector asiste atónico al completo desmoronamiento del héroe.


Se trata, como ya he comentado, de una historia con un marcado tono crepuscular, como el "Hawkworld" de Timothy Truman y Quique Alcatena. Sin embargo, mientras que las vicisitudes de Katar Hol en "Hawkworld" contribuían a forjar la personalidad desencantada y cínica de Hawkman, los eventos de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" le arrebatan la inocencia de épocas pasadas al personaje y lo lanzan a una realidad mucho más oscura de la que no hay salida posible. Ésta bien podría haber sido la última historia de Adam Strange, pues tiene aroma de epílogo. En cambio, la historia de Adam prosiguió y sus posteriores aventuras recuperaron un tono más jovial, proyectándole hacia su madurez como criatura de ficción.

No obstante, pese a lo interesante que resulta su argumento, esta miniserie cuenta con un elemento mucho más destacado: su magnífico apartado artístico. Andy Kubert realizó este trabajo cuando aún era una estrella emergente, por lo que puso un gran esfuerzo en él. Se trata de un trabajo heredero de las fórmulas clásicas, minuciosamente detallista y profundamente expresivo. Kubert demuestra que en ocasiones el talento se hereda (no en vano es hijo del gran Joe Kubert) y que trabajar codo con codo con alguien conocido influye con intensidad en el resultado final. En conjunción con el coloreado de su hermano Adam, el trabajo de Andy se convierte en una deliciosa obra de artesanía de las que hoy en día escasean en el cómic comercial. Basta un mero vistazo a sus páginas para despertar la nostalgia por tiempos pasados.

Quizá resulte una obra muy pesimista, pero "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" es un trabajo a reivindicar. Es un valeroso intento por humanizar al personaje y cuenta con un dibujo verdaderamente estupendo. Es también una gran historia de ciencia ficción, con muchos elementos de las corrientes cyberpunk. Es, en último lugar, el reflejo de una época en la que los creadores parecían haber perdido la fe en los héroes de antaño, a los que enfrentaban a una realidad menos idealista y más dañina que aquella que habían conocido en sus orígenes. Bien podría haberse titulado "La Caída de Adam Strange", puesto que esto es precisamente lo que narra y esto es lo que transmite al lector, al que consigue sumir en la tristeza en la que se sumerge este personaje y despertar más de una emoción encontrada con la triste conclusión de la historia.

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