28 de julio de 2016

[Cómic] Reseña de "Los Nuevos Mutantes: Tercera Génesis", de Chris Claremont y Bob McLeod


Por un momento estuve tentado de empezar este texto diciendo que la única flaqueza que se puede achacar a las primeras historias de los Nuevos Mutantes, el equipo de alevines de la Patrulla X, recopiladas en este tomo de la línea Marvel Gold de Panini es que pecan de ser un tanto blandas. Sin embargo, sería un error por mi parte si confundiese la ternura que siempre me despierta el reencuentro con estos personajes tan estupendamente caracterizados con la falta de solidez en sus números fundacionales. Aunque tras su primera aparición los Nuevos Mutantes no tardaron mucho tiempo en recibir el apelativo cariñoso de Bebés-X, lo cierto es que sus historias tienen poco que envidiar a las de sus hermanos mayores de la Patrulla X. En sus primeros números estos personajes afrontan retos que van más allá de la amenaza de los alienígenas del Nido o de una nueva generación de Centinelas, como los sentimientos de culpa tras la pérdida de un ser querido, la falta de confianza en sí mismos, las dificultades para integrarse en un grupo, el establecimiento de lazos de amistad verdadera o los primeros enamoramientos. Puede que el hecho de tener estos elementos de fondo transmita la impresión de que estas historias son "blandas", cuando en realidad esa es la clave para que conecten de forma íntima con el lector.

La presentación de los Nuevos Mutantes supuso la tercera génesis mutante, un momento clave para la expansión de una franquicia que no tardaría mucho en convertirse en una de las más extensas y rentables de Marvel. El principal mérito de esta colección iniciada a principios de la década de los ochenta consistía en combinar los mejores elementos tanto de la primera como de la segunda génesis de la Patrulla X (el equipo original concebido por Stan Lee y Jack Kirby y la reinvención a la que fue sometido por Len Wein, Chris Claremont y Dave Cockrum, respectivamente). En los años anteriores la Patrulla X había pasado de ser una escuela para jóvenes mutantes que debían aprender a controlar sus poderes a convertirse en un grupo de aventureros internacionales temidos y odiados por un mundo al que habían jurado proteger. Al guionista Chris Claremont nunca le interesó demasiado el concepto de escuela y en su defensa habría que puntualizar que los propios Lee y Kirby lo olvidaron al poco de comenzar la colección cuando mostraron la graduación de los primeros estudiantes del Profesor Xavier. No obstante, en aquel momento el editor Jim Shooter presionaba a Claremont para que retomase lo que él consideraba el concepto base de la franquicia. Fruto de la insistencia del editor se introdujo en las páginas de la Patrulla X a la joven Kitty Pryde, primer personaje destinado a unirse a las filas de los Nuevos Mutantes (aunque luego la historia avanzase por otros derroteros). Pero eso no fue suficiente para el editor, que insistió en que el concepto de la escuela para mutantes fuese central en la nueva colección que se iba a lanzar al mercado gracias a las buenas ventas de la serie madre de los mutantes. Antes de que otros autores metiesen las zarpas en el delicado ecosistema de sus personajes, Claremont se alió con su editora de confianza, Louise Simonson, para dar forma a la nueva cabecera, que sería bautizada como "Los Nuevos Mutantes".

Diversas vicisitudes editoriales llevaron a que la presentación de los personajes que iban a protagonizar la nueva serie se llevase a cabo en una novela gráfica (incluida en este tomo) cuyo apartado artístico corrió a cargo del solvente dibujante Bob McLeod. Las fechas de entrega le pusieron contra la cuerdas y de hecho se dice que tuvo que acabar su trabajo durante su luna de miel, aunque el resultado es admirable. Me atrevería a decir que McLeod brilla más en la novela gráfica que en los primeros números de la serie regular de los Bebés-X, aunque en esto ayuda mucho el color de Glynis Wein (mucho más bonito de lo habitual gracias a la superior calidad del papel en el que se editó originalmente la novela).


Siguiendo los pasos de la segunda génesis de la Patrulla X, los Nuevos Mutantes se concibieron como un equipo diverso, con personajes de distintos orígenes, etnias y nacionalidades: Sam Guthrie (Bala de Cañón) es el hijo de un humilde minero de Kentucky, Roberto DaCosta (Mancha Solar) procede de una adinerada familia brasileña, Danielle Moonstar (primero Psique y después Espejismo, que sería su nombre código definitivo) es una india Cheyenne de Colorado, Rahne Sinclair (Loba Venenosa) es una huérfana escocesa y Xi'an Coy Manh (Karma) es una exiliada de Vietnam. Por otro lado, de la primera génesis se recuperó la idea de que el equipo no estaba destinado a luchar contra supervillanos ni a salvar el mundo, sino que estaba formando por unos estudiantes que aún tenían que aprender a dominar sus poderes mutantes.

Quizá estos Bebés-X no tuvieran los poderes más espectaculares, pero el atractivo del reparto residía en la autenticidad de sus caracterizaciones y la riqueza de sus interacciones. La novela gráfica que sirvió de presentación dejaba intuir parte de la dinámica que se iba a establecer entre estos personajes, pero Claremont se encargó de hacer que evolucionase de forma natural a lo largo de los números. De esta forma, los lectores pudieron descubrir las inseguridades de Sam, las fanfarronadas de Berto o la rebeldía de Dani (uso los diminutivos con toda intención, porque casi podría considerar a estos personajes como si fuesen amigos de toda la vida). Pero quizá el personaje más atrevido fue Rahne por la dicotomía entre su recatada educación cristiana y las furiosas pasiones animales que experimentaba al adquirir su forma lupina, un tema que apenas se intuía en las primeras entregas de la colección pero que acabaría ganando peso con el tiempo.

La acción y la aventura nunca fueron los componentes fundamentales de la Patrulla X de Chris Claremont, sino que las relaciones entre los personajes eran el auténtico pilar que sostenía todo lo demás. Lo mismo se puede decir de la serie de los Nuevos Mutantes, donde lo más interesante no está en las batallas superheroicas sino en la vida personal de los jóvenes estudiantes de Xavier: los aparentemente inofensivos coqueteos entre Rahne y Berto, la disputa por el liderazgo del equipo, la vida a la sombra de los mayores de la Patrulla X, los desafíos a la autoridad del Profesor Xavier... En ese sentido, los primeros números de la colección son especiales por sentar las bases sobre las que se iría construyendo todo lo demás.


Pese a todo, sus primeras aventuras no estuvieron faltas de villanos de altura, empezando por Donald Pierce, antiguo miembro del Círculo Interno del Club Fuego Infernal, y continuando por los Centinelas y los eslizoides del Nido. Todos ellos procedían de la serie madre, ampliando tramas presentadas allí (Patrulla X y Nuevos Mutantes se retroalimentaban la una a la otra). Lo curioso es que entre los primeros grandes villanos de los Nuevos Mutantes encontramos al propio fundador de la Patrulla X, el Profesor Xavier, que incubaba en su interior a una de las reinas parasitarias del Nido. Claremont incluso llegó a explicitar que Xavier reunió al equipo bajo el influjo de la reina del Nido, que deseaba nuevos anfitriones a los que infectar. Aquello coincidió con un largo y recordado arco argumental en el que la Patrulla X combatía contra el Nido en el espacio exterior mientras su mentor los daba por muertos y que alcanzó su conclusión con el descubrimiento de que Xavier también había sido infectado. Así fue como se produjo la confluencia de las dos cabeceras y el primer encuentro entre los Hombres-X y los Bebés-X. Para facilitar la lectura de esta interesante trama, la edición española ofrecida por Panini incluye el número de la Patrulla X en el que se soluciona el asunto del Nido y que se sitúa a continuación de las tres primeras entregas de la serie regular de los Nuevos Mutantes.

A continuación, el tomo incluye un cruce de los Nuevos Mutantes con Spiderman y los añorados Capa y Puñal, en una aventura escrita por Bill Mantlo en la que la pareja de justicieros marginados eclipsa al resto de personajes. Capa y Puñal volverían a aparecer más adelante en la cabecera de los Bebés-X, con los que establecieron una efímera amistad. Finalmente, el tomo se cierra con el cuarto número de la colección de los jóvenes mutantes, en el que el grupo investiga el acoso al que está siendo sometida Stevie Hunter, amiga de la Patrulla X y profesora en la Escuela de Xavier. La identidad del acosador se intuye casi desde el principio del número, pero el contexto que hay a su alrededor sigue siendo igual de chocante ahora que cuando Claremont escribió el argumento por primera vez. En este tipo de historias el acosador suele ser presentado como cualquier otro villano de cómic, pero aquí Claremont lo mostró como una persona que había sido víctima a su vez de la violencia familiar y que sufría severas carencias afectivas. Es posible que la intención de Claremont se viese un tanto diluida por el exceso de melodrama que tanto gustaba al guionista, pero su esfuerzo por mostrar al acosador como un ser humano complejo y no como una caricatura bidimensional es bastante loable.


Lo mejor que ofrecerían los alevines de la Patrulla X llegaría más adelante, pero las historias recopiladas en este tomo de la línea Marvel Gold de Panini supusieron un prometedor arranque. Para los conocedores de la franquicia mutante, su lectura supone un viaje nostálgico a una época más sencilla en la que el nombre de Chris Claremont era una garantía de calidad y en la que los personajes parecían tan tridimensionales que bien podrían haber sido seres reales. Para mí es una lectura imprescindible dentro del microcosmos mutante, aunque no deja de ser un simple aperitivo ante lo que Claremont (posteriormente acompañado por autores como el excelso Bill Sienkiewicz) estaba a punto de desplegar.

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