11 de abril de 2010

[Cómic] John Constantine, ese adorable bastardo: Un comentario sobre los orígenes del personaje

Adorable bastardo: no hay palabras más adecuadas para definir a John Constantine, personaje que ha sido durante años el principal representante de la Línea Vértigo, la línea de cómics para adultos de DC. Nacido a imagen y semejanza del músico Sting, Constantine comenzó su carrera como secundario de lujo de "La Cosa del Pantano", serie que por aquel entonces estaba en manos de un británico barbudo que comenzaba a destacar por encima de los demás autores de cómics de la época: Alan Moore. Éste ideó a Constantine como un personaje completamente opuesto a la Cosa del Pantano. Frente a la elegancia y barroquismo del elemental del pantano, Constantine era un hombre desagradable y vulgar cuyas principales bazas eran una lengua mordaz, un pasado oscuro y un cinismo sin parangón. Moore estableció las bases de este mago y ocultista moderno (el omnipresente cigarrillo, un ácido sentido del humor inglés, una actitud de lobo solitario y unas heridas pasadas por algo ocurrido en Newcastle que no acababan de cicatrizar), pero el personaje aún era arcilla dispuesta a ser moldeada por un autor talentoso. La creciente popularidad de Constantine le llevó a aparecer en distintas series, desde "Los Nuevos Titanes" a "Los Libros de la Magia" pasando por un memorable número de "The Sandman" en el que se encontraba con el Señor de los Sueños y las Pesadillas. Los lectores demandaban cada vez más historias de Constantine.

Cuando la editora Karen Berger (responsable del desembarco en DC Comics de grandes talentos británicos como el propio Moore, Grant Morrison o Neil Gaiman durante la década de los ochenta) pensó en comenzar una serie protagonizada en solitario por Constantine, se la ofreció a Moore, pero éste la rechazó proponiendo a un escritor buen amigo suyo para tal responsabilidad: Jamie Delano. El título de la serie sería "Hellblazer" y cuando se publicó su primer número en 1988 Delano auguró que no duraría más de doce números. A día de hoy sigue publicándose mes a mes.


En la primera etapa de la serie, de unos cuarenta números de duración, Delano terminaría de dar forma a Constantine, convirtiéndole en todo en referente dentro del mundo del cómic. Constantine era un bastardo egoísta que había trasteado con fuerzas que escapaban a su comprensión en su juventud, trayendo la desgracia a todos los que le rodeaban. Aunque su intención era ayudar, siempre eran otros los que pagaban el precio por él. La magia era algo peligroso y aterrador que convertía a este remedo de mago en un hombre solitario y taciturno que enmascaraba su verdadera personalidad bajo un caparazón de ironía y sarcasmo. Pero la caracterización de Constantine no fue el único pilar de la serie, pues la política y la situación social de la Inglaterra de la época tuvieron un papel fundamental. "Hellblazer" supuso un viaje a la Inglaterra más oscura y desagradable, la Inglaterra de los pobres y desahuciados, de los parias producidos por el thatcherismo. Drogadicción, paro, xenofobia, revueltas sociales, represión policial... ése es el mundo en el que vemos a John Constantine. En ocasiones, el argumento místico u ocultista en manos de Delano se convierte en una sutil crítica hacia la realidad de su país natal, en el que la diferencia entre clases sociales no hacía más que acrecentarse, sumiendo a la mayor parte de la masa social en la desesperanza. No hay más que recordar ese número en el que un grupo de demonios especulan en el mercado de almas del Infierno ante la avalancha de nuevos humanos que caerán en sus garras tras la victoria de Margaret Thatcher en las elecciones (titulado "Ir a por todas").

Criaturas sobrenaturales y personajes que juegan con fuerzas ocultas son habituales en esta etapa, aunque siempre de una forma velada, como si el guionista se negase a convertir la serie en un artificioso despliegue de magia barata. La verdadera magia no reside en invocar demonios ni en hacer levitar objetos, sino que es algo mucho más profundo y primario que responde a sus propias reglas y demanda un alto precio por su utilización. No obstante, no deja de resultar curioso que una de las mayores amenazas a las que tiene que enfrentarse Constantine en esta etapa no es ninguna criatura sobrenatural surgida del averno, sino un muy humano asesino en serie que le obliga a cruzar una línea que nunca antes había cruzado; momento que supondrá el declive personal de Constantine, quien acabará enfrentándose a su profundo miedo a la muerte y aceptando una gran verdad: el simple conocimiento místico no hace de uno un mago.


Algunos números memorables son los que componen "La Máquina del Miedo", la primera gran saga del personaje, en la que se mezclan sociedades secretas, paganismo y rituales sexuales, y "Newcastle: Un Atisbo de lo que Vendrá", en el que se desvela la tragedia pasada que casi vuelve loco a Constantine a causa de la culpa. Igualmente memorables son los números centrados en las tempranas experiencias de un jovencísimo Constantine con el mundo de la magia, augurios del destino que le esperaba, como "El Duelo del Mago" y "Corazón de Niño Muerto". Y, aunque no son obra de Delano, en esta etapa nos encontramos con un par de números de relleno guionizados por Grant Morrison ("Alarma Preventiva" y "Cómo Aprendí a Amar la Bomba", una historia de fanatismo y terror psicológico) y Neil Gaiman ("Abrázame", un emotivo relato de ultratumba) que merecen ser mencionados por su tremenda calidad.

La marcha de Delano dejó a Constantine en manos de otros guionistas que han sabido continuar sus andanzas con mayor o menor acierto, pero es indudable que, pese a no ser estrictamente su creador, Delano es sin duda el padre espiritual de este adorable bastardo. Las bases que él estableció pueden verse en el personaje incluso en sus números más recientes... y algunas de ellas fueron tomadas por los guionistas de Hollywood para dar a luz a ese horrible engendro que fue la película de "Constantine" protagonizada por Keanu Reeves, aunque eso ya es otra historia.

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