7 de mayo de 2010

[Literatura] Reseña de "Psiquiatras, Psicólogos y Otros Enfermos", de Rodrigo Muñoz Avia

Dos son las máximas virtudes a las que, en mi opinión, puede aspirar un libro: divertir e invitar a la reflexión. Si el libro no sólo entretiene y ofrece una lectura agradable, sino que además proporciona el punto de partida al lector para que construya sus propias críticas y reflexiones acerca de la temática propuesta, nos encontramos sin duda ante un buen libro. Si a estas dos virtudes se les añade una tercera constituida por una prosa hábil e ingeniosa, el libro pasa entonces a ser excelente. El libro que hoy nos ocupa, "Psiquiatras, Psicólogos y Otros Enfermos" de Rodrigo Muñoz Avia, cuenta con estas tres virtudes aderezadas con mucho sentido del humor.

El autor:

Rodrigo Muñoz Avia nació en Madrid en 1967. Se licenció en filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y escribió varios libros infantiles y juveniles ("Lo que no sabemos", "El Portero de Hockey" y "Julia y Gus visitan el top manta"), así como varios guiones para largometrajes (destacando "Rewind" y "Operación Salida"). Hijo de dos pintores, Lucio Muñoz y Amalia Avia, también ha ejercido como crítico de arte, difundiendo la obra de sus padres y colaborando en medios como el suplemento ABC Cultural como articulista. Durante un tiempo también escribió en su blog personal, El Gato de Guardia, ahora cerrado. Su mayor éxito ha sido la novela "Psiquiatras, Psicólogos y Otros Enfermos", que supone un análisis crítico de la necesidad humana de alcanzar la felicidad.

La obra:
"Hola. Me llamo Rodrigo. Rodrigo Montalvo Letellier. Antes de ir al psiquiatra yo era una persona feliz. Ahora soy disléxico, obsesivo, depresivo y tengo diemo a la muerte, o sea, miedo."
Este hilarante libro nos relata en tono de comedia las desventuras de Rodrigo, un hombre normal y corriente en cuyo camino se cruza un día un psiquiatra que le hace plantearse preguntas que nunca antes se había planteado. Esto le lanzará a una aparentemente interminable espiral en la que irá saltando de un profesional a otro: psiquiatras, psicólogos, naturópatas, hipnotizadores... Toda una pléyade de auténticos enfermos cuya existencia misma depende del sufrimiento de los demás, el cual irónicamente quizá derive en gran parte de sus propias intervenciones. Rodrigo jamás había sufrido trastorno alguno. Su único problema, si es que puede considerarse tal, es su falta de criterio. De repente, un día un incidente con Ernesto, su insoportable cuñado psiquiatra, le provoca un ataque de nervios que rápidamente es interpretado por el psiquiatra como el resultado de un trastorno del lenguaje denominado parafasia. Colocada entonces la etiqueta de parafásico a Rodrigo, éste comenzará casi sin darse cuenta a comportarse como un auténtico parafásico, exprimentando unas dificultades cada vez más pronunciadas en la ordenación de sílabas y palabras. Huyendo de Ernesto, Rodrigo caerá entonces en las manos de una psicóloga que le marcará con un nuevo estigma: el de la depresión, tema estrella de los profesionales de la psicología. Posteriormente, un nuevo psiquiatra marcará de nuevo la psique de nuestro protagonista con el latigazo de la angustia existencial y el miedo a la muerte que tanto preocupa a los profesionales de orientación psicoanalítica.

Rodrigo, preocupándose de sus cada vez más preocupantes trastornos, comienza a preguntarse si es realmente feliz. Es más, comienza a preguntarse si realmente ha sido feliz alguna vez. Tales dudas, por supuesto, le llenan de infelicidad. A pesar de tener una mujer que le quiere, dos hijos maravillosos y un trabajo satisfactorio, Rodrigo se deja arrastrar por las etiquetas que se le han impuesto, dando pie a situaciones tan ridículas que acaban despertando las carcajadas del lector. Su día a día, tan cotidiano, tan cercano, comienza a teñirse de miedos y preocupaciones estrafalarias y de razonamientos extraños y retorcidos. Una vez ha perdido el norte y a merced de los terribles artificios de los enfermos profesionales de la mente humana, Rodrigo se convierte en un esperpento, una pobre parodia de sí mismo. El humor negro salpica entonces cada una de las facetas de su vida. Y la única salida a su situación no está en manos de un psiquiatra o psicólogo, sino única y exclusivamente en sus propias manos.

Evidentemente, el argumento de este libro esconde ciertas connotaciones críticas hacia los profesionales a los que hace referencia, aunque desde un punto de vista más amplio su crítica se dirige a la sociedad al completo y a sus incoherencias respecto a la búsqueda de la felicidad. Centrándonos en el primer foco de las críticas, nadie está más capacitado que yo, un profesional de la psicología, para apreciar la certeza de las críticas vertidas sobre mi campo por el autor. El libro constituye todo un manual de cómo no debe ser un profesional de la salud mental, ya sea psiquiatra o psicólogo. Para ello utiliza ciertos tópicos, quizá algo exagerados y trasformados en parodia, pero no demasiado alejados de la realidad: psiquiatras que lo solucionan todo con pastillas, psicólogos que lo reducen todo a la emoción y ven depresiones donde no las hay, profesionales que proyectan de forma completamente subjetiva sus propios problemas en el paciente, etc. La práctica profesional está llena de estos peligrosos elementos y cualquier persona es un Rodrigo en potencia, capaz de sufrir la sugestión que produce el estigma de un juicio diagnóstico incorrecto. Evidentemente, el libro no es un ataque frontal a estos profesionales, pues es innegable su importancia, sino un recordatorio de lo delicada que es su labor, de la necesidad de objetividad y de la importancia de su propio equilibrio personal de cara a trabajar sobre la salud mental de sus clientes.

Valoración:

Escrito en un lenguaje cotidiano, cercano al lector y sin demasiadas florituras, éste es un libro ameno, de lectura rápida y con gran facilidad para generar empatía en el lector, de forma que en el mismo momento en el que Rodrigo comienza a plantearse sus preguntas, arrastra irremediablemente al lector hacia sus propias dudas internas. No obstante, el libro no deja la puerta abierta a las dudas, sino que se encarga (y de forma muy acertada, además) de proporcionar una alternativa al círculo vicioso de la eterna persecución de una felicidad imposible. Si el pobre Rodrigo consigue al fin levantar cabeza gracias a algún que otro apoyo que no desvelaremos aquí y, sobre todo, gracias a su propia voluntad para salir adelante, indudablemente todos podemos superar una parafasia, una depresión o lo que sea. Lo único que nos falla es la perspectiva. Y he aquí el segundo foco de las críticas del libro: la imposibilidad social para alcanzar la felicidad. En una sociedad tan individualista, tan materialista y con tantas aspiraciones contradictorias, ¿qué significa la felicidad? ¿Se puede ser realmente feliz si siempre nos fijamos en lo que no tenemos en lugar de en lo que tenemos?

El trasfondo filosófico está presente, desde luego, e invita al lector a llevar a cabo sus propias reflexiones sobre esta imposibilidad social para alcanzar la felicidad. Estas reflexiones deben ser personales e intrasferibles, pues la felicidad depende en última instancia de uno mismo. Nada de lo que diga un psiquiatra, un psicólogo u otro enfermo similar debe condicionar tu felicidad. Independientemente de lo que teorizase Freud, de lo que postulasen Watson y Skinner o de lo que escriba el puñetero Jorge Bucay (de quien podemos encontrar una cómica parodia en el libro, por cierto) tu felicidad sólo depende de una persona: tú. Dicho de otra forma, ningún problema (aunque éste sea una parafasia galopante) es tal si tú no lo consideras un auténtico obstáculo insalvable. El primer paso es exclusivamente tuyo.

Si tenéis la oportunidad de echarle un vistazo a este libro, hacedlo sin dudar. No sólo reiréis muchísimo con las peripecias del probre Rodrigo y con los hilarantes juegos de palabras con los que el autor salpica toda la obra, sino que además tendréis la oportunidad de reflexionar acerca de algo tan importante como es la propia felicidad. Y quizá, sólo quizá, su lectura os sirva para alcanzar una perspectiva que os libre de caer en manos de alguno de estos numerosos enfermos que vierten peligrosos venenos en nuestra psique.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu estupenda reseña. Estas cosas animan mucho a los que nos dedicamos a un trabajo tan solitario. Un saludo. Rodrigo Muñoz Avia

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