7 de enero de 2012

[Cómic] Reseña de "Supreme", de Alan Moore

Tuvimos que esperar mucho para que las historias de Supreme escritas por Alan Moore viesen la luz en nuestro país, hasta tal punto que la publicación de estos cómics se había convertido en una broma recurrente en los blogs y foros dedicados a este mundillo. Tras varios intentos de editoriales como Recerca y Dolmen, que se saldaron con la publicación de un arco argumental cada una, la espera llegó a su fin hace unos meses, cuando Random House Mondadori anunció que publicaría el Supreme de Alan Moore al completo en dos tomos de su colección DeBolsillo.

"Supreme: La Historia del Año" y "Supreme: El Retorno" recopilan al completo la etapa de Alan Moore al frente de las historias del personaje. Quizá el formato de estos tomos no sea el más indicado para publicar este material, pero se trata de una edición bastante cuidada y con una buena relación entre precio y cantidad de páginas. Hay algunos fallos tipográficos puntuales que pueden resultar molestos y en ocasiones la reproducción del color no es tan buena como debería, siendo estos dos pequeños detalles lo único criticable de esta edición. Me gustaría destacar que ambos tomos cuentan con un texto que indica que han sido impresos en papel fabricado a partir de madera procedente de bosques y plantaciones gestionadas con los más altos estándares medioambientales, lo cual está acreditado por Greenpeace. Esto me parece muy loable.


Dejando a un lado el tema de la edición, pasemos a comentar brevemente quién es Supreme y por qué es tan importante la etapa de este personaje que guionizó Alan Moore. No hace falta ser un experto en cómics para saber que la década de los 80 fue un punto de inflexión de crucial importancia en el cómic americano en general y en el cómic de superhéroes en particular. Autores como Frank Miller ("Batman: Año Uno", "Batman: El Regreso del Caballero Oscuro") y el propio Alan Moore ("Watchmen") redefinieron radicalmente la visión del superhéroe durante esta década, convirtiéndolo en una parodia violenta y amoral de sí mismo. En los años siguientes, muchos otros cómics trataron de forma errónea de incorporar la esencia de las obras de Miller y Moore. El resultado fue una era de superhéroes oscuros, carentes de principios éticos, ultraviolentos y pretendidamente realistas.

Un buen ejemplo del arquetipo del superhéroe de la década de los 90 es Supreme, personaje creado por el infame Rob Liefeld en el tercer número de "Youngblood" (1992). Se trataba de un descarado plagio de Superman pasado por el particular filtro pasado de rosca de Liefeld: Supreme era un Superman hipermusculado, violento y presumido que se consideraba a sí mismo poco menos que un dios. Su serie, publicada dentro del sello Image, alcanzó la friolera de 40 números hasta que la llegada de Alan Moore lo cambió todo.

En aquella época Moore tenía ciertos problemas para sacar adelante sus proyectos más personales, así que decidió volver al mundo del cómic americano y acabó colaborando puntualmente con Image Comics. Rob Liefeld le pidió entonces que se encargase de Supreme, a lo que Moore accedió con una condición: debía tener absoluta libertad creativa para hacer lo que quisiese con el personaje. Dicho y hecho. A partir del número 41 de su colección, Moore reescribió la historia de Supreme, relanzándola por completo y convirtiéndola en un sentido homenaje a los cómics de Superman de la Edad de Oro y la Edad de Plata, los cómics de los años 40, 50 y 60 que habían contribuído a generar el arquetipo del superhéroe que el propio Moore había puesto patas arriba en los años 80. De esta forma, Supreme se convirtió en un homenaje a los cómics clásicos de superhéroes, con toda su fantasía, su inocencia y su absurdo.


Moore pretendía alejarse de sus obras anteriores, excesivamente complejas y enrevesadas, buscando un cómic más sencillo, más clásico. Se basó especialmente en la mitología del Superman de la etapa de Mort Weisinger, editor del Hombre de Acero durante los años 50 y 60. Para ello desechó todas las historias previas de Supreme y reescribió su origen. En apenas unos números, Moore fulminó todo lo que se había escrito antes sobre el personaje (no fue una gran pérdida, puesto que poco o nada merecía la pena) y creó toda una nueva mitología basada en sus historias favoritas de Superman. De repente, un personaje absolutamente plano como Supreme se convirtió en un sosías absoluto del icónico Hombre de Acero.

Moore escribía los guiones como si los cómics de Supreme, en lugar de haber comenzado apenas unos años antes, estuviesen publicándose desde los años 40. A modo de retrospectiva, Moore incluía pequeñas historias cortas dentro de cada número, escritas y dibujadas al estilo de los cómics de las décadas anteriores, que rescataban parte de esa historia ficticia de Supreme. Esa retrospectiva no está exenta de dobles lecturas y de mensajes metalingüísticos: al recrear la historia de Supreme/Superman, Moore recrea la historia del propio cómic de superhéroes, enfrentando sus etapas más clásicas con los excesos hiperviolentos de la década de los 90.

Éste no es el único ejercicio de metalenguaje que encontramos en el Supreme de Alan Moore. El alter ego de Supreme, una suerte de moderno Clark Kent llamado Ethan Crane, trabaja como dibujante de cómics y se encarga de ilustrar las aventuras de un personaje que sigue el mismo arquetipo que Superman o el propio Supreme llamado Omniman. Las historias de Omniman son un cómic dentro de un cómic, ficción dentro de ficción. Hablar de Omniman es hablar de Supreme, lo que a su vez es hablar de Superman, lo que a su vez es hablar de un arquetipo (el del superhombre) presente en la mente humana desde tiempos inmemoriales.

Por otro lado, los seguidores de la peculiar filosofía de Mooore pueden encontrar en estos cómics algunos indicios de las ideas que el autor desarrollaría más adelante, en la vertiente más mística de su producción. Es el caso, por ejemplo, del "ideaespacio" o mundo de las ideas, un lugar habitado por seres que son en sí mismos meros conceptos.


Como hemos visto, la mitología de Superman obtiene su reflejo en la de Supreme: Kid Supreme es Superboy; Suprema es Supergirl; Radar, el sabueso supremo, es Krypto, el superperro; Judy Jordan es Lana Lang; Diana Dane es Lois Lane; Darius Dax es Lex Luthor; Emerpus, el Supreme Reverso, es Bizarro; Optilux es Brainiac; la Liga del Infinito es la Legión de Superhéroes; el Profesor Night y Twilight son Batman y Robin; los Aliados son la Liga de la Justicia y el supremio es la kryptonita. Moore aprovecha esta algarabía de referencias para ensalzar la simplicidad de los cómics clásicos y sus elementos característicos, desde las aliteraciones en los nombres de los personajes al patriotismo exacerbado.

Consciente de los mecanismos inherentes al medio en el que trabaja, el guionista juega con el concepto mismo y la dinámica del cómic y presenta algunas aportaciones brillantes. Ya en su primer número, cuando Moore se dispone a reescribir la historia previa de Supreme, se saca de la manga un lugar llamado la Supremacía. Se trata del lugar en el que acaban las versiones de Supreme cuya continuidad ha sido reescrita. Ya desde el mismísimo inicio, Moore juega con elementos propios del mundo del cómic como son las continuas reescrituras a las que se ven sometidos los personajes cada cierto tiempo.

Pero la presentación de la Supremacía no es más que el primero de una serie de números memorables. Destaca igualmente el número dedicado a los antiguos amores de Supreme, donde se referencia descaradamente el eterno cuadrado amoroso que en su día formaron Superman, Lana Lang, Lois Lane y Lori Lemaris. En este número, una discusión sobre un posible romance para el cómic de Omniman sirve como interesante reflexión acerca de los amores de Supreme/Superman y los dilemas que plantea una relación con un superhombre. Finalmente, otro número destacable (y además mi favorito) es aquel en el que Moore escribe una hermosa oda a uno de los artistas más creativos e imaginativos de la historia del cómic: Jack Kirby, cocreador del Universo Marvel junto a Stan Lee. En esta historia, Supreme salta de un mundo a otro, cada cual más grande que el anterior, hasta que descubre que todos esos mundos e incluso ese universo entero se encuentran dentro de la mente de una entidad que se hace llamar "El Rey" (en referencia al apodo de Jack "The King" Kirby).


Por desgracia, la etapa de Moore al frente de Supreme quedó inconclusa. La mala gestión que hizo Rob Liefeld del personaje, que pasó de ser publicado en Image a Maximum Press y posteriormente a Awesome Entertainment, fue quizá una de las causas. La serie fue cancelada, dejando varios guiones de Moore a la espera de ser dibujados. Su etapa, que había abarcado los números 41 a 56 de "Supreme" y los 6 números de "Supreme: The Return", alcanzó un prematuro final cuando la editorial entró en bancarrota. Uno de los trabajos más bonitos del guionista (por el que incluso había recibido un Premio Eisner al Mejor Escritor en 1997) quedó de esta manera inacabado justo cuando estaba preparando su traca final. En la Comic-Con del año pasado se anunció que existían planes para publicar esos números inéditos hasta ahora, pero ya no será lo mismo. Ya nunca podrá ser lo mismo.

Los dos tomos publicados por Random House Mondadori, "Supreme: La Historia del Año" y "Supreme: El Retorno", son una buena oportunidad para hacerse con el Supreme de Alan Moore. No sólo se trata de una lección magistral sobre el funcionamiento de los mecanismos del cómic de superhéroes, sino también un sentido homenaje a este medio y a sus inicios en tiempos más inocentes. Sus páginas concentran todas las razones por las que tantos y tantos lectores se han enamorado del cómic de superhéroes a lo largo de sus muchas décadas de historia. Por tanto, sobran las razones para atesorar estos cómics.

4 comentarios:

  1. Estupendo artículo. Muchas gracias por compartirlo.

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  2. Como de costumbre, excelente entrada, mira que sabes que yo no estoy muy metido (o, mejor dicho, nada) en el mundo del cómic americano, pero lo he leído del tirón y hasta me dan ganas de ir a cogerme Supreme por Moore.

    A todo esto, no sé si habrás notado algo, pero intenté enviar varias veces una respuesta a tu comentario de la anterior entrada y Blogger no me lo permitía. Supongo que se habrá solucionado o que era parte mía el fallo.

    Un saludo, amigo.

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  3. Me alegro de que haya gustado la entrada. Tenía pensado escribirla siguiendo la estructura de una reseña normal en lugar de una reseña breve, pero creo que el formato ha sido el más indicado. Más que una reseña es una alabanza a un cómic fantástico.

    M2Hero, no quiero ser una mala influencia, pero pocas veces se puede comprar semejante derroche de imaginación por un precio tan ajustado ;)

    Respecto a lo de los comentarios, no he notado nada raro. No me aparece ningún comentario tuyo en espera de ser moderado. Y no he cambiado nada de la configuración, así que es posible que a blogger se le hayan cruzado los cables. Vuelve a intentarlo, por si acaso.

    ¡Un saludo!

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  4. Muy bueno , muchas gracias ¡

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