27 de abril de 2010

[Cine] Crítica de Gattaca: la distopía elegante

Si bien el cine no es un tema habitual en el blog, hay algunas películas que sin duda merecen ser comentadas aquí, ya sea por su temática, su destreza narrativa o su capacidad para resultar sugerentes o evocadoras. Tras su enésimo visionado, estoy absolutamente convencido de que "Gattaca" es una de ellas.


Guanina, adenina, timina, citosina. G, A, T, C. Éstas son las cuatro bases nitrogenadas cuya sucesión en cadena compone la doble hélice de ADN, la molécula que codifica nuestra información genética y, por tanto, nuestra herencia, nuestras potencialidades y nuestros defectos. El ADN nos define en gran parte; hasta qué punto lo hace ha sido debatido durante décadas en los círculos científicos, donde la postura a favor del completo determinismo genético siempre ha despertado gran atracción. Qué fácil es poner toda la responsabilidad en nuestros genes y aceptar que todo nuestro ser está predeterminado desde nuestro nacimiento, eliminando toda influencia de la crianza y la experiencia. Qué fácil, qué tentador... y al tiempo qué aterrador. Aceptar que los seres humanos no son más que la mera expresión de sus genes es el primer paso para eliminar la ética de la ecuación y dar rienda suelta a la ciencia desencadenada. Cuando una persona deja de ser tal y se convierte en un simple vehículo para sus genes nos acercamos peligrosamente a las ideas eugenésicas. Y de la eugenesia a la distopía existe una distancia muy corta, pues gestionar la vida es desear dominarla.

Pero antes de perdernos en disertaciones científico-filosóficas repasemos brevemente el argumento de "Gattaca". La historia de nuestro protagonista, narrada en un magistral flashback poco después del inicio de la película, está marcada por su concepción; una concepción realizada de forma natural, fruto del amor entre sus padres. En el futuro cercano que muestra este film, este hecho es lo menos habitual, pues es preferible consultar con un genetista que asegure que el niño concebido in vitro posea las mejores características genéticas posibles, eliminando todo aquello que pueda resultar negativo, como la predisposición a enfermedades o problemas físicos. Nuestro protagonista, Vincent (interpretado por Ethan Hawke), es un niño natural y, precisamente por ello, porta la pesada carga de una tara genética: una alta probabilidad de fallo cardíaco que reduce notablemente su esperanza de vida (algo que es comunicado a sus padres apenas unos instantes después de su nacimiento). Por su parte, su hermano Anton es un in vitro, concebido de forma artificial y con un material genético superior que le asegura un puesto elevado en la sociedad. Los genes de Vincent, en cambio, le condenan a la mediocridad a pesar de las altas aspiraciones del propio Vincent, cuyo mayor deseo es ser astronauta.

Sabiendo que el sistema discrimina inevitablemente a los genéticamente inferiores o "no válidos", Vincent llega a la conclusión de que la única forma de conseguir su deseo es hacer trampas. Un hombre de dudosa moral se presenta en su casa para hacerle una proposición: tomar la identidad de un "válido", quien le proporcionará sus propias muestras genéticas para sortear los controles del sistema y entrar en Gattaca (nótese que el nombre está compuesto por las letras G, A, T y C), el centro espacial desde el que constantemente se lanzan misiones hacia las estrellas. A cambio, Vincent tendrá que mantener a dicho válido, Jerome (un magistral Jude Law), postrado en una silla de ruedas a causa de un accidente. A costa de vivir un riesgo constante, Vincent consigue entrar en Gattaca e incluso aspira a participar en el primer vuelo tripulado a Titán, satélite de Saturno. Sin embargo, el asesinato de uno de los directores del centro y su intensa relación con otra aspirante, la bella Irene (interpretada por una deslumbrante Uma Thurman), pondrán en peligro el secreto de su identidad.

Este argumento, obviamente, esconde mucho más de lo que aparenta. El contenido implícito de la película supera con creces a los mensajes explícitos, resultando así un film que, tras su visionado, invita a la reflexión y la disertación ética y filosófica. La genética desmedida, la eugenesia, la discriminación de los "no válidos" y la generación de la distopía (entiéndase por distopía lo opuesto a utopía) son meras excusas para explorar unos de los temas más interesantes y complejos: la propia naturaleza humana. ¿Qué nos define como seres humanos? ¿Somos algo más que un puñado de genes? ¿Podemos aspirar a ser algo más que lo que la genética ha dispuesto que seamos? Y, más importante aún, "Gattaca" explora la necesidad de trascendencia que caracteriza a los seres humanos. Nosotros no nos conformamos con transmitir nuestros genes y perpetuar nuestra especie, sino que siempre vamos un paso más allá. Aunque somos seres minúsculos e imperfectos como Vincent, siempre aspiramos a llegar a las estrellas.

Tratar tan amplia y compleja temática no es tarea fácil, especialmente tratándose de un temática tan próxima a la ciencia ficción (o ficción científica, si se prefiere). Obras literarias y cinematográficas de esta índole suelen perderse en los aspectos científicos y éticos, si bien el verdadero objetivo es hablar de la filosofía. En el caso de "Gattaca" (como en el caso de otro gran film de culto de esta temática: "Blade Runner"), el objetivo final es hablar de la trascendencia, de las grandes preguntas del ser; en definitiva, de filosofía pura y dura. "Gattaca" consigue el equilibrio perfecto entre ambos aspectos, ciencia y filosofía, gracias a su espíritu minimalista. Minimalismo: esta palabra es la que mejor describe a la película, tanto por su dirección artística (aspecto por el que fue nominada al Óscar) como por su banda sonora (compuesta por uno de los grandes maestros del minimalismo musical: Michael Nyman, autor de otras bandas sonoras como la de "El Piano"). La sencillez del diseño de los escenarios, el corte algo retro de vestuario y atrezzo y la sencilla fluidez de las melodías forman un conjunto de gran sobriedad, estilo y elegancia. Incluso la perfectamente comedida expresión de emociones, ayudada e impulsada por las composiciones de Nyman (algunas de ellos francamente memorables, como "The Morrow" o "The Departure"), ayuda a mantener la sobriedad, la elegancia. Los grandes temas tratados en el film exigen dicha elegancia como respetuoso tributo. No obstante, este hecho, en lugar de hacer que la película pierda en intensidad y capacidad expresiva, provoca el efecto contrario. "Gattaca" es una película evocadora, tan apta para el espectador que quiera sumergirse en su intrincado dialecto filosófico como para el que desee dejarse llevar por ella y soñar con las brumas que rodean al lejano Titán.

Otro aspecto sobre el que merece la pena llamar la atención, sin apartarnos mucho de la elegancia de su puesta en escena, es el soberbio uso de metáforas e imágenes simbólicas que realiza el film. Las escenas de la playa, en las que Vincent y su hermano Anton compiten, nos sirven para contraponer dos formas opuestas de ver, entender y vivir la vida. La escalera que divide la casa compartida por Vincent y Jerome forma una proverbial doble hélice, al igual que la doble hélice de ADN les ha colocado a distintos lados del sistema: a uno en el de los "no válidos" y a otro en el de los "válidos". El guante que arroja el pianista en el concierto al que asisten Vincent e Irene está confeccionado para una mano de seis dedos, como una aterradora promesa de los inabarcables límites eugenésicos: no basta con gestionar la vida, también queremos controlarla, cambiarla, mejorarla. ¿Dónde está el límite? Y hay muchas más metáforas de una belleza que roza el lirismo más absoluto, como el hecho de que el mayor acto de confianza al que puede llegar una persona en esta distopía es arrancarse un pelo y entregárselo a otro, permitiendo así que acceda a sus más recónditas intimidades codificadas en su material genético. La respuesta de Vincent e Irene a este acto no podía ser más bella ni más profunda en su elegante simplicidad.

A todo esto se añaden las extraordinarias intervenciones de los actores, que alcanzan una perfección casi insultante. Entre ellos brilla con luz propia Jude Law, dando vida a un "válido" de potencial genético infinito reducido a un estado lamentable por los azarosos dados del destino. Suyas son algunas de las mejores y más potentes escenas, incluyendo el desgarrador momento en el que él, un ser cuasiperfecto, creado para ser siempre el mejor, admite con tristeza e infinita frustración, que lo máximo que pudo obtener en su más importante competición fue una medalla de plata. Dicha medalla vuelve a aparecer en la conclusión final de la película, que combina acertadamente triunfo y tragedia, los elementos mismos que componen la propia vida.

Pero más allá de ser una gran película, de mostrar unas fabulosas interpretaciones, de tener un rico contexto científico-filosófico y un emocionante mensaje vital, "Gattaca" es una película capaz de llegar al aspectador. Sin necesidad de burdos recursos argumentales o de aprovecharse indiscriminadamente de la emoción, tratando al aspectador como un ente racional, crítico y capaz de comprender las complejidades mostradas, "Gattaca" es capaz de alcanzar nuestra naturaleza más profunda y de transmitirnos su mensaje. Esta elegante distopía fue concebida para disertar acerca de la naturaleza humana y para transmitir esa disertación al espectador, haciéndole partícipe de una bella oda a la vida en su forma más pura, con todas sus virtudes y todas sus imperfecciones. Porque la vida es así, con sus luces y sus sombras, y el hecho de que predominen unas u otras no depende de la cadena de la doble hélice de guanina, adenina, timina y citosina de nuestras células, sino de algo que va más allá de la simple biología: aquello que nos hace verdaderamente humanos.

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