14 de junio de 2016

[Videojuegos] Análisis de El Shaddai: Ascension of the Metatron

Esta entrada se publicó originalmente en el foro de ultimonivel.net el 22 de abril de 2012


¿Qué puedes esperar de un juego japonés basado en el Antiguo Testamento? Sólo por esa premisa inicial sabes que te vas a encontrar con un juego raro. El Shaddai: Ascension of the Metatron es un juego atípico, que se sale de lo habitual en muchos sentidos. Se podría decir que es un juego experimental, pues experimenta con distintos tipos de narrativa y con distintos estilos visuales. En él prima el diseño artístico por encima de todo, incluso de la propia jugabilidad. Esto lo convierte en un juego interesante y curioso, pero también arriesgado. No es un juego apto para todos los jugadores.

La historia del juego comienza con la traición de los Ángeles Caídos, que han bajado a la Tierra y están manipulando a los humanos, forzándolos a evolucionar de forma antinatural. Como era de esperar, esto no ha gustado nada en el Cielo, que ha decidido enviar un gigantesco diluvio que purifique el mundo. Enoch, un escriba del Cielo, es enviado a la Tierra para encontrar a los Ángeles Caídos y evitar así el diluvio. Para ello contará con la ayuda del ángel Lucifel y de los cuatro arcángeles Uriel, Michael, Gabriel y Raphael. Lucifel es el narrador de la historia. Se trata de un ángel que existe fuera del flujo del tiempo, por lo que viste de forma moderna pese a que el juego transcurre en tiempos bíblicos y usa su teléfono móvil para informar a Dios de los progresos de Enoch. Los cuatro arcángeles acompañan a Enoch en su viaje encarnados en cuatro cisnes y sus voces aconsejan y avisan de los peligros. Uriel incluso ayuda directamente a Enoch, permitiéndole utilizar poderes especiales.

Pese a lo atractiva que pueda parecer en un principio, la historia puede resultar confusa en algunos momentos. De no ser por los textos ocultos que vamos encontrando y por los comentarios de los arcángeles, es fácil perderse y no entender bien qué está pasando. El juego tiene más de una escena que descoloca completamente el jugador. No obstante, lo más criticable del argumento es el final. Se trata de un final abierto y poco resolutivo, por lo que deja cierta sensación de insatisfacción. ¿Quizá tienen planeada una continuación?

Pasando a la jugabilidad, nos encontramos secciones de plataformas y secciones de combate que van alternando las 2D y las 3D. Las secciones de plataformas tienen cierto componente de exploración, pues es necesario recorrer todos sus rincones para encontrar los textos ocultos y las entradas al Inframundo (donde hay que realizar un minijuego a contrarreloj para encontrar objetos ocultos). Las secciones de plataformeo en 2D son muy divertidas y recuerdan a juegos de tiempos pasados. En cambio, las secciones de plataformeo en 3D pueden llegar a hacerse frustrantes. El juego no permite mover la cámara y muchos de los saltos requieren rapidez y precisión, por lo que es inevitable caerse en repetidas ocasiones.

El combate en 2D aparece sólo en un par de ocasiones y se utiliza como recurso narrativo, mostrando diversas imágenes en la parte posterior de la pantalla mientras avanzamos matando enemigos. La parte principal del juego es el combate en 3D, en el que disponemos de tres tipos de armas que podemos robar a los enemigos. Las armas tienen una dinámica en plan "piedra - papel - tijera", de forma que cada una es superior a otra y débil ante la restante. No hay combos como tales, sino que se le da más importancia al ritmo con el que se pulsa el botón de ataque para modificar éste (por ejemplo, si lo pulsas rápidamente realizas varios ataques consecutivos, pero si lo pulsas más lentamente tus ataques son capaces de romper la guardia de los enemigos).

Teniendo en cuenta que cada una de las tres armas tiene sus propias características y lo importante que es el ritmo, el sistema de combate resulta más complejo de lo que parece. No obstante, en este aspecto El Shaddai no llega al nivel de otros juegos como Ninja Gaiden o Bayonetta. El sistema de combate tiene grandes limitaciones que además se ven acrecentadas por otros aspectos. La variedad de enemigos es escasa (sólo hay cuatro o cinco tipos de enemigo y sus variantes), lo que hace que los combates se vuelvan algo monótonos con el tiempo. Da la impresión de que han pulido más las animaciones (los movimientos de combate y el robo y posterior purificación de las armas son muy teatrales) que el combate en sí.

No hay medidor de vida. A medida que recibes daño vas perdiendo piezas de armadura, hasta que acabas luchando a pecho descubierto. Si te hieren cuando estás sin armadura mueres, aunque puedes "resucitar" gracias al apoyo de los arcángeles pulsando los botones rápidamente. Esto no suele gustarme, pero en este juego lo he agradecido. Los combates contra los Ángeles Caídos son bastante difíciles (de hecho, las primeras veces que te los encuentras te matan con un par de golpes) y, puesto que el sistema de combate es limitado, esta ayuda extra viene muy bien.

También hay algún puzzle muy sencillito, así como una fase de conducción completamente inesperada que, pese a no ser especialmente brillante, a mí me ha gustado mucho. Quizá más por la estética y el diseño que por la fase en sí, pero este juego es así: El Shaddai sería un juego del montón de no ser por su extraordinario apartado artístico.

Cada una de las fases es completamente distinta a la anterior. Cada una aplica distintos tipos de filtro, texturas o efectos. Cada una tiene un diseño y una ambientación radicalmente distintos. Cada una es una experiencia visual alucinante. El Shaddai es un juego que entra por los ojos y te atrapa con una delirante sucesión de estímulos visuales extraños y fantásticos. A esto habría que añadir el diseño de personajes, que es genial (detrás de este juego está el diseñador de personajes de Okami). Todo ello complementado por una gran banda sonora en la que abundan los segmentos instrumentales y los coros.

En resumidas cuentas, El Shaddai es un juego raro. Es muy japonés, por decirlo de alguna forma, y tiene un cierto afán experimental que no será del agrado de todo el mundo. Es un juego con más pretensiones artísticas que jugables. De hecho, como decía antes, jugablemente es un juego del montón. Sin embargo, artísticamente es sobresaliente. Generalmente me suelen gustar los juegos con estéticas peculiares, así que estoy acostumbrado a los juegos raros. Aun así, El Shaddai me ha sorprendido y me ha maravillado. Pese a sus muchos defectos, es un juego extraordinario.


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