30 noviembre, 2021

[Videojuegos] A Plague Tale: Innocence, aprendiendo a manejar el horror

Uno de los grandes males que nos han traído las últimas generaciones de consolas ha sido la progresiva desaparición de los juegos de gama media, los que habitualmente se conocían como doble A (en contraposición a los juegos triple A, es decir, las superproducciones que cuentan con un mayor presupuesto y, como consecuencia, con muchos más recursos para su desarrollo). Esos juegos medianos, que no aspiraban necesariamente a convertirse en grandes blockbusters, se permitían riesgos impensables en las grandes franquicias de la industria y ofrecían experiencias novedosas y estimulantes. Algunos exploraban ambientaciones o temáticas poco habituales, curiosas o inusuales. Otros introducían mecánicas de corte experimental embebidas en otras mucho más familiares. Unos cuantos contaban con un diseño artístico peculiar o una estética memorable. Pero, al mismo tiempo, todos ellos tenían unos valores de producción más elevados que los juegos indie que ya entonces empezaban a despuntar. Muchos de mis juegos favoritos de la generación de PlayStation 3 y Xbox 360 se podrían considerar juegos doble A, como Majin and the Forsaken Kingdom o El Shaddai: Ascension of the Metatron. A medida que las franquicias millonarias iban sumando secuelas y que las editoras dejaban de apostar por propuestas que se desviasen de lo habitual, he ido echando más y más de menos los juegos de este tipo. No han desaparecido del todo, desde luego, pues aún quedan exponentes como la saga Life is Strange o este A Plague Tale: Innocence del que voy a hablar continuación, pero cada vez son menos frecuentes... aunque esta industria está muy necesitada de la frescura que aportan.


A Plague Tale: Innocence es un juego de Asobo Studio, una desarrolladora francesa que no cuenta con demasiados títulos de renombre en su haber más allá del celebrado Microsoft Flight Simulator. Se trata, de hecho, de su segundo juego original y corrió a cargo de un equipo compuesto por cerca de cincuenta personas. Parece que el origen del proyecto se encuentra en las nuevas tecnologías desarrolladas por el estudio, cuyos miembros descubrieron una forma de renderizar miles de objetos en pantalla sin sacrificar el rendimiento. Por algún motivo que se me escapa, decidieron que esos objetos podían ser ratas, dando lugar al elemento más llamativo de A Plague Tale: Innocence: las hordas de ratas, que pueden llegar a sumar hasta cinco mil de estos animales en pantalla al mismo tiempo. Este hallazgo llevó a que esta desarrolladora especializada en juegos de simulación desarrollase un título de acción y aventura para un jugador con claros tintes cinematográficos, inspirándose en otros como The Last of Us y Brothers: A Tale of Two Sons. Todo un acierto, desde luego.

El juego nos traslada a Francia en el año 1348 d.C., época en la que el país estaba librando la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Fue un momento de conflicto, sufrimiento, plagas y miseria, cosa que Asobo Studio muestra sin ningún tipo de miramiento. Es más, diría que el estudio aprovecha la ambientación histórica real para ir sumergiéndose más y más en un mundo de fantasía oscura que me ha recordado a otros como el de la saga Dishonored, por ejemplo. Nuestra protagonista es Amicia de Rune, una chica de quince años que pertenece a una familia noble y acaudalada, por lo que su vida ha sido acomodada y ha estado alejada de penurias hasta el momento en el que comienza la acción. Pronto descubre que su familia se ha convertido en objetivo de la Inquisición y debe escapar de casa junto a su enfermizo hermano pequeño, Hugo, al que su madre ha mantenido prácticamente aislado durante sus cinco años de vida por motivos que se descubrirán más adelante. Amicia tendrá que aprender a convivir con Hugo, con el que apenas ha tenido relación alguna, además de mantenerle a salvo de la Inquisición y de las hordas de ratas que asolan la región y transmiten una enfermedad similar a la Peste Negra que se ha empezado a conocer como "el Mordisco". Hay que tener buen pulso para manejar adecuadamente una ambientación histórica y mucho más si dicha ambientación incluye elementos fantásticos, reto del que Asobo Studio ha salido bien parado. En este caso, la fantasía no destruye la verosimilitud pese a que en la parte final del juego es el elemento principal.

Como es lógico esperar, hay un misterio que resolver y está relacionado con la misteriosa enfermedad de Hugo, pero para alcanzar las respuestas primero es necesario sobrevivir a numerosos retos que combinan el sigilo, la acción, la exploración y la resolución de puzzles. Por el camino, iremos conociendo mejor tanto a Amicia como a Hugo e iremos viendo cómo maduran y cómo se endurecen ante la crudeza de los acontecimientos que les ha tocado vivir. No es de extrañar que el juego lleve la coletilla "inocencia" en su título, pues una gran parte de la evolución de los personajes tiene que ver con el conflicto entre la inevitable pérdida de la inocencia y el deseo de mantenerla a toda costa. Después de todo, proteger al niño es nuestro principal objetivo. En lo que se refiere a la caracterización de sus protagonistas y el desarrollo de la tensión dramática, A Plague Tale: Innocence tiene un planteamiento excelente. Además, los personajes protagonistas generan una gran empatía en el jugador; no sólo por el sufrimiento en el que se ven inmersos, sino porque transmiten una gran humanidad, cosa que no siempre es fácil cuando hablamos de criaturas poligonales existiendo al otro lado de una pantalla.


En esto último influye en gran medida el extraordinario trabajo por parte de los actores de voz: Charlotte McBurney en el caso de Amicia y Logan Hannan en el de Hugo. Pese a tener relativamente poca experiencia en su campo, ambos ofrecen unas interpretaciones de primer nivel. Quizá se puede criticar el hecho de que intenten imprimir un cierto acento francés a sus personajes pese a que hablen en perfecto inglés, pero carezco de familiaridad suficiente con los matices del idioma como para juzgarlo en su justa medida. Sólo puedo decir que en ocasiones ese acento no acaba de resultarme del todo natural. No obstante, el juego también incluye la opción de jugar con voces francesas, que en este caso puede ser recomendado por estar ambientado en Francia. Parece lo más apropiado, al menos.

Otro aspecto interesante de A Plague Tale: Innocence es la habilidad con la que combina su temática oscura con un cierto tono juvenil. Sin entrar en demasiados detalles para no estropear la experiencia a los que no conozcan el juego, a partir de determinado momento se forma un pequeño grupo de jóvenes forajidos alrededor de Amicia y Hugo. Esos personajes secundarios gozan de un menor desarrollo, pero también acaban despertando las simpatías del jugador por sus acciones y su relación con los dos hermanos. En cierto sentido, nos encontramos ante una de esas historias en las que los adultos traen la oscuridad al mundo y los más jóvenes son los únicos que parecen estar dispuestos a posicionarse en contra y evitarlo. En ese sentido, es comprensible que los villanos de la Inquisición estén algo más desdibujados y rocen lo estereotípico, pues su objetivo no es buscar la conexión con el jugador sino generar un rechazo instantáneo. En ningún momento nos interesan las motivaciones de los villanos ni sus justificaciones para perseguir a Amicia y a Hugo. De hecho, cuanto más descubrimos sobre ellos más rechazo generan por ser unos adultos desagradables y crueles, la antítesis de nuestros protagonistas.

El juego, por cierto, es bastante más largo de lo que puede parecer al principio, aunque el hecho de estar dividido en capítulos hace que la experiencia resulte cómoda y agradable. Justo cuando empieza a hacerse pesado y las situaciones que propone empiezan a percibirse como algo repetitivo es cuando se acaba, por lo que es un título largo (entre diez y doce horas quizá) pero no lo suficiente como para incluir relleno innecesario. Por lo general, la partida avanza con toda naturalidad y se percibe una progresión fluida, en la que todo aporta y (casi) nada resta. Unos puntos de guardado automático justo antes de las situaciones más complicadas y unos capítulos de duración ajustada (en general no suelen superar la hora) hacen que se trate de una muy buena opción para los jugadores que prefieren dosificar su tiempo de juego o que sencillamente no disponen de mucho tiempo para jugar.

A Plague Tale: Innocence cuenta con un surtido de mecánicas limitado, pero en Asobo Studio han sabido sacarle el máximo partido. Nos encontramos ante una aventura de exploración y sigilo con algunos toques de acción, menos frecuentes en los capítulos iniciales que en los finales. Además, se trata de un juego que, pese a sus pretensiones cinematográficas, no reniega de su naturaleza videolúdica ni de las convenciones de su género, las cuales incluyen la inclusión de algunos jefes finales de los que no daré detalles para, de nuevo, no chafarle la sorpresa a nadie. La dificultad también está bien ajustada, encontrándose los únicos picos cerca del final. De todas formas, esos pocos momentos son retantes hasta el punto de requerir algunas repeticiones pero sin resultar frustrantes en exceso, aunque eso ya depende de la tolerancia de cada jugador.


Hay que reconocer que, al principio, nos encontramos con un juego de sigilo bastante limitado, pero la situación pronto va cambiando cuando Amicia, el personaje que controlamos durante la gran mayoría del tiempo, va reuniendo un pequeño arsenal de herramientas. La primera y fundamental es su honda, con la que puede defenderse de los guardias, pero utilizarla hace ruido y llama la atención de otros guardias cercanos (aunque puede mejorarse reuniendo los materiales necesarios más adelante). Por tanto, el jugador descubre muy pronto que el entorno puede ser otra herramienta que manipular, especialmente si dicho entorno incluye peligros. Las mencionadas hordas de ratas, sin ir más lejos, tienen una serie de comportamientos fáciles de predecir (no se acercan a la luz y devoran todo lo que entra en la oscuridad) y, por tanto, fáciles de manipular. De esta forma, es sencillo volverlas en contra de los guardias apagando y encendiendo antorchas o desplazando las barreras que les impiden el paso. Sin embargo, la progresión con la que están planteados los escenarios del juego es tan natural y está tan bien medida que el jugador apenas se da cuenta de la rapidez con la que pasa de huir de las ratas como si fuesen una amenaza terrible a considerarlas una pieza más en la resolución de los puzzles. Y aún así, A Plague Tale: Innocence se reserva muchas sorpresas, de forma que incluso en su tramo final se introducen mecánicas nuevas que alteran nuestra percepción del entorno y de las propias ratas, que están siempre presentes y esconden más de lo que parece.

En definitiva, puede que el suyo no sea un diseño de niveles sobresaliente. En muchos casos es convencional y, el jugador acostumbrado al género del sigilo, no se encontrará con un reto demasiado grande. En cambio, el diseño de progresión es absolutamente magnífico, en consonancia con la progresión de la historia...  y sin necesidad de subir niveles ni acumular puntos de experiencia. De hecho, la mejora de las herramientas en base a los materiales encontrados es uno de los peores elementos del juego, no por ser malo sino por ser convencional y aburrido: es relativamente fácil obtener materiales suficientes para obtener casi todas las mejoras sin arriesgarse demasiado y los recursos más frecuentes (como las piedras para la honda) nunca escasean, por lo que el jugador no llega a verse apurado ni tiene que dosificar nunca su inventario. Tampoco es que el título lo necesite, pues funciona bien tal y como está. La presencia de los inevitables coleccionables, por otro lado, está bien medida. Son suficientes como para que recolectarlos todos suponga un cierto esfuerzo pero no son demasiados como para que que buscarlos resulte tedioso. Como casi todo en este juego, ese es otro aspecto muy bien equilibrado y una muestra del buen hacer del estudio.

A este título se le puede criticar, eso sí, el control con mando. Pese a que existe la opción de activar una ayuda para el apuntado, el manejo de la honda es algo lento y torpe, sobre todo antes de mejorarla, por lo que las situaciones en las que hay que utilizarla con rapidez pueden dar lugar a algunas muertes injustas. Seguramente se juegue mucho mejor con teclado y ratón, preferiblemente en un ordenador potente. Si bien se juega sin problema en una PlayStation 4, el recorte gráfico es bastante evidente cuando se ve el juego en movimiento (no tanto en las cinemáticas). Ya existe un parche para consolas de nueva generación, pero al igual que el celebrado Microsoft Flight Simulator, A Plague Tale: Innocence parece pensado para ser jugado en el PC y seguramente sea en esa plataforma en donde mejor se puede disfrutar.


También diré que el juego no precisa unos gráficos espectaculares para que su ambientación resulte fascinante; siempre opresiva, angustiosa y, a medida que avanza el juego, más propia de un descenso a los infiernos que de una aventurilla histórica. El diseño artístico es una de las puntas de lanza de A Plague Tale: Innocence y, sobre todo, el trabajo realizado en los escenarios. Hay una amplia variedad y muchos de ellos son tan memorables como una aldea asolada por la plaga, un campo de batalla cubierto por miles de cadáveres, una madriguera subterránea habitada por incalculables ratas o una catedral que parece haber salido del Infierno de Dante. Para aumentar el impacto entre uno y otro, el juego también sabe tomarse un respiro de vez en cuando, con capítulos más tranquilos y contemplativos para enmarcar las secuencias de una acción más intensa. Incluso cuenta con alguna que otra secuencia onírica muy bien resuelta y, por supuesto, con el esperable nivel en el que pasamos de controlar a Amicia a jugar en la piel de Hugo, que además viene con girito final. El ritmo es otro de esos aspectos resueltos con una maestría y un pulso admirables. Insisto: hay algunos momentos en los que una secuencia en particular empieza a resultar cansina, pero son escasos y ya cerca de la conclusión.

De todas formas, este es un juego al que se le perdonan sin problema las pocas asperezas que tiene. Quizá es por el carisma de sus protagonistas, por lo curioso de su argumento, por la habilidad con la que se va desvelando y ampliando el misterio, por lo mucho que transmite su ambientación o por lo satisfactorias que resultan sus mecánicas. Sea como sea, es un juego que deja huella. Si te gusta la fantasía oscura incluso lo calificaría de imprescindible, porque es un muy buen exponente de ese género pese a su aparente disfraz de aventura histórica. Por suerte, al contrario que otros títulos similares, este no se va a quedar en un simple experimento con buenas críticas y poco éxito entre el público. Al parecer, A Plague Tale: Innocence ha funcionado lo suficientemente bien como para que Asobo Studio ya esté trabajando en su secuela, titulada A Plague Tale: Requiem, por lo que la historia de Amicia y Hugo continuará en el futuro. La primera entrega contaba con un final contundente y satisfactorio, pero el hecho de que se puedan seguir explorando sus misterios en una continuación me parece algo digno de celebrar.

Hacen falta más juegos como este... aunque, a ser posible, con menos ratas. Nunca he sentido ningún tipo de animadversión hacia estos animales (o al menos no más de la habitual), pero en A Plague Tale: Innocence me han parecido unos seres de pesadilla. Las hordas de ratas de Asobo Studio son una auténtica puerta hacia un horror primigenio, brutal e incomprensible, ante el que incluso los horrores ideados por los humanos, con todas sus guerras y torturas, palidecen. Cerca de su conclusión, la propuesta del estudio francés coquetea con el horror cósmico y eso me hace pensar en un prometedor futuro en el que A Plague Tale: Requiem nos ofrezcan terrores aún más fascinantes. Si este juego utilizó la tecnología como punto de partida para canalizar ese horror primigenio de forma tan efectiva... ¿hasta dónde llegará su secuela gracias al salto derivado de la nueva generación y el avance que se ha producido en estos años? Por suerte, no vamos a librarnos fácilmente de estas ratas. 


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